Capítulo 7
La protesta en las calles y en las redes
29. ¿Por qué en un momento la gente
decide movilizarse?
Sube el precio del transporte; la inflación deteriora la capacidad
adquisitiva de los asalariados; un escándalo de corrupción indigna a la
ciudadanía; una mujer que había denunciado violencia de género
muere asesinada por su ex pareja, ante la indiferencia o incompetencia
de las autoridades. Hechos como los mencionados generan desencanto,
rechazo o angustia, pero tan sólo en algunas ocasiones se traducen en
una expresión pública de demandas, en una cacerolada, la ocupación de
una plaza o una marcha, y aun en menos oportunidades derivan en la
organización de movimientos, campañas o plataformas que sostengan
los reclamos en el tiempo. ¿Que desencadena la acción colectiva?
En el pasaje a la acción, hay un momento en que una persona insatisfecha
decide trascender su incomodidad individual para formar parte de un
reclamo colectivo y público, sumándose a un grupo de dimensiones
variables o apelando a generarlo. Pero hay un segundo pasaje, que refiere al
proceso por el que un estallido, la salida a la calle, la masiva participación
en un reclamo expresado en la red o cualquier otra forma de acción de
protesta, singular o acotada, se convierte en algo más. Este “algo más”
puede adquirir distintas formas en lo que refiere a la organización. Puede
ser rígida, con estatutos que delimitan roles y procedimientos; o flexible, sin
una modalidad predefinida. Puede ser jerárquica, como suelen ser los
sindicatos, u horizontal, como suelen ser los movimientos sociales de base.
También varía la definición de objetivos: derogar o aprobar una ley, exigir
el reconocimiento de derechos, obtener una compensación material. Tan
diversos como los objetivos suelen ser los repertorios de actuación: huelgas,
manifestaciones, paros, firma de peticiones; la definición de alianzas y/o
adversarios, el gobierno, los medios de comunicación, los partidos políticos,
fundaciones, organizaciones de la sociedad civil, otros movimientos
sociales, y, entre otros, la obtención de los recursos necesarios para
mantener activa la organización (aportes de los miembros, subsidios
públicos, etcétera).
El movimiento de las sufragistas surgió en Inglaterra, antes de la Primera Guerra Mundial.
Su lucha se centró en conseguir derechos políticos y sociales para la mujer, especialmente
el derecho al voto (como sugiere el nombre del movimiento). En 2015 la directora británica
Sarah Gavron estrenó Suffragette, una película en que se narra la lucha por el sufragio
femenino a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Fue la primera película de la
historia en filmar escenas dentro del Parlamento británico. Cuenta, entre otras, con la
actuación de Meryl Streep.
La cuestión de por qué en un momento determinado la gente decide
abandonar su apatía y movilizarse es un tema clásico para la Sociología y la
Ciencia Política, campos desde los que se han ofrecido diferentes visiones
que han dominado o convivido a lo largo del tiempo. Entre ellas, destacan
las teorías de la privación relativa, la elección racional, la movilización de
recursos y la estructura de oportunidades políticas.
la privación relativa: en su versión clásica, asociaba crisis económicas
o marginación extrema, que conducirían a situaciones de angustia
individual, con la emergencia de la protesta (Gurr, 1970). Sin
embargo, la evidencia empírica sugiere que no hay una relación
directa o automática entre peores condiciones de vida y surgimiento de
la protesta. Por el contrario, podría ser que los grupos con mayores
carencias no sean en general los más activos. Adquiere relevancia,
entonces, el proceso en que una carencia se traduce en una demanda
colectiva y el contar con recursos materiales y humanos para dicha
acción.
la elección racional: la verdadera dificultad para los teóricos de la
elección racional es explicar la movilización, ya que parten de
considerar que los individuos hacen un cálculo del coste-beneficio de
participar que los conduciría a, en general, no involucrarse en acciones
de protesta (Tullok 1971). Sin embargo, las protestas ocurren, debido a
incentivos que podrían asociarse a contextos específicos en que el
coste de participar es bajo y son altas las posibilidades de obtener
reformas. Así, se considera improbable que ocurran protestas en
contextos autoritarios. Pero aunque menos frecuentes, también
ocurren.
la movilización de recursos: se pone énfasis en la capacidad de un
grupo de traducir una situación en un reclamo y trasladar ese reclamo
al resto de la sociedad. Una versión clásica enfatiza en el rol de las
élites (Gamson, 1975), mientras otros estudios relacionan la capacidad
de organizar movimientos sociales con la construcción de capital
social (Putnam, 2000). Aquí adquieren un especial valor los liderazgos
y las narrativas que generan una identidad común.
la estructura de oportunidades políticas (EOP): la EOP explica la
emergencia de un movimiento social como resultado de condiciones
estructurales y coyunturales en un sistema lo suficientemente abierto
como para permitir que esa protesta emerja, pero relativamente
cerrado como para no ofrecer mecanismos institucionales capaces de
canalizar la demanda (lo que explica la opción por la política
contenciosa) (Eisinger 1973). Algunos de los elementos destacados
por esta teoría refieren a la unidad o división del poder entre ramas del
gobierno (Ejecutivo y Legislativo, gobiernos subnacionales), el
sistema de partidos (competencia, transparencia), la disponibilidad de
aliados (medios de comunicación, la oposición política) o las
estrategias dominantes para la resolución de conflictos (negociación o
represión) (Tilly y Tarrow, 2007).
Cronología
1351-1368
En China se produce la “Revuelta de los Turbantes Rojos”, iniciada por los miembros de la sociedad
del Loto Blanco contra la dinastía gobernante, los Yuan. Las inundaciones provocaron hambrunas y
alimentaron el descontento de la población contra el gobierno. Las
luchas culminaron con el triunfo de Zhu Yuanzhang y la fundación de la dinastía Ming.
1542-1543
Los campesinos suecos encabezados por Nils Dacke se levantan contra el rey Gustavo I, en rechazo a
sus política fiscal y adopción del luteranismo. La revuelta quería derrocar al monarca y reinstalar la
iglesia católica pero fue sofocada.
1896-1897
En Brasil se produce la guerra de Canudos cuando el ejército intenta sofocar un movimiento popular
liderado por Antonio Conselheiro en Bahía.
¿Sabías que... en 1791 Olympe de Gouges publicó la Declaración de los Derechos de la
Mujer para completar la de los Derechos del Hombre aprobada durante la Revolución
Francesa?
Las críticas a estas visiones son numerosas. A la teoría de la privación
relativa se le ha criticado su énfasis en lo individual y psicológico; a las de
la elección racional, su incapacidad para explicar protestas en contextos
autoritarios; a las de movilización de recursos, su excesivo énfasis en el rol
de las élites y a la de oportunidades políticas el estar demasiado asociada a
un modelo de relación entre Estado y sociedad basado en la organización
política estadounidense. Los autores que han trabajado bajo el paraguas de
los Nuevos Movimientos Sociales enfatizan en las capacidades de los
movimientos para traducir problemas en demandas y construir procesos
colectivos de cambio. Desde este enfoque, la pertenencia a un grupo, la
definición de ideales comunes y la posibilidad de vivir en el movimiento la
sociedad que se quiere conseguir pueden funcionar como poderosos
incentivos para movilizarse.
En definitiva, los contextos son claves para comprender procesos y
condicionan las estrategias de los actores (contextos democráticos o
autoritarios, con élites proclives a la negociación o a reprimir, con medios
abiertos o cerrados para la circulación de información alternativa); pero los
repertorios de acción y la capacidad del grupo de organizarse y articular una
estrategia no están determinados.
Siguiendo la definición de Tilly y Tarrow (2007), un movimiento social es
una campaña de demandas sostenida en el tiempo, que usa repertorios
repetidos para expresar sus reclamos, basada en organizaciones, redes,
tradiciones y solidaridades que sostienen estas actividades. La literatura
coincide en destacar el rol de los medios digitales, en la actualidad, para
facilitar el contacto entre los activistas, propulsar la protesta, expandir
reclamos en el territorio, etcétera. Varios elementos destacan en esta
definición que permite diferenciar un movimiento de una acción singular de
protesta. Por un lado, la identidad: un movimiento social no suele,
difícilmente pueda, ser homogéneo, pero sí está unido en torno a uno o
varios valores identitarios que lo definen. Por otro, la organización: que
remite a formas variadas, desde la clásica estructura jerárquica de los
sindicatos hasta formas en red, flexibles y autoorganizadas como las del
Movimiento por la Justicia Global. Los repertorios de acción son claves ya
que están condicionados (no determinados) por la posición de los actores en
disputa: los obreros pueden parar la fábrica haciendo huelga, los estudiantes
pueden tomar las aulas, los desocupados pueden cortar las rutas.
El piquete era una forma de lucha propia de la época industrial:
consistía en impedir que los esquiroles entraran a la fábrica en las
jornadas de huelga para impedir la producción. En la época
neoliberal, donde casi no hay industrias que detener, los
desocupados buscan salir del silencio, ganar visibilidad con el corte
de ruta.
Los movimientos sociales surgen porque existen demandas insatisfechas, son una reacción
frente a carencias (simbólicas y/o materiales) o frente al hartazgo (abusos de poder,
corrupción). Sin embargo, la Historia muestra que esta condición no es suficiente. Los
pueblos o colectivos más pobres no son necesariamente los que más protestan ni los que
más se organizan, aunque puede haber momentos específicos en que se produzca una
revuelta ante una situación considerada insostenible (como ocurrió con las revueltas
generadas a causa de las hambrunas que asolaron Europa durante la Edad Media). Aun así,
la revuelta suele ser concreta y momentánea, mientras el movimiento implica organización
y sostenimiento en el tiempo, al menos hasta que la causa por la que el grupo se moviliza
sea atendida o el movimiento se disuelva por otras razones.
Al set de preguntas que han ocupado a los analistas por largo tiempo se
agrega ahora la discusión sobre los efectos que las herramientas de
comunicación puedan tener sobre el lanzamiento y sostenimiento de
protestas. Las conclusiones de los estudios más recientes en torno a la
capacidad de los medios digitales para fomentar protestas y movimientos
sociales pueden agruparse en tres:
El rol de los medios digitales estaría sobrestimado: Weyland (2012),
en su análisis de la primavera árabe, sostiene que Twitter jugó un
papel menos fundamental del atribuido por algunos investigadores y
analistas, mientras la TV, en particular la difusión de programas de
AlJazeera, habría motivado un efecto contagio entre países. La
evolución del proceso mostraría que otras condiciones tienen mayor
peso al explicar resultados de la protesta (la fortaleza de los actores del
antiguo régimen y su apertura al cambio).
Los medios digitales tendrían efectos negativos: el enfoque resalta dos
aspectos, el efecto de la brecha digital incrementando desigualdades
sociales, y la rápida difusión de protestas, pero con cierto componente
de superficialidad. Sin profundización ideológica ni programas
concretos que puedan provocar transformaciones, se reducen las
posibilidades de sostener la demanda (Van Laer y Van Aelst 2010).
Los medios digitales tendrían efectos positivos: especialmente por
facilitar la distribución rápida de información a muy bajo coste en
amplias extensiones de territorio (Breuer 2012, Hussain y Howard
2011). A partir de 2006 y 2007, la difusión exponencial de las redes
sociales digitales (Youtube, Twitter, Facebook entre otras) ha
cambiado profundamente la producción y circulación de información,
mientras la proliferación de dispositivos móviles conectados a Internet
(teléfonos celulares, tablets, etc.) convierte a cualquier usuario con
disponibilidad de estos recursos en un potencial testigo incómodo para
el poder y multiplican la velocidad y llegada del mensaje, que
rápidamente puede conectar a cientos, miles o incluso millones de
usuarios.
Los fenómenos sociales no pueden ser explicados linealmente. No hay
causas únicas ni automáticas, a menos que se elaboren a costa de sacrificar
en el relato muchas otras condiciones. La investigación –histórica, política,
sociológica– ayuda a reflexionar sobre el presente trazando caminos desde
el pasado, aporta datos, permite sistematizar procesos. La reflexión sobre la
realidad permite comprender y también planificar, proponer ideas. Los
contextos importan, la política y las ideas importan, por eso las sociedades
cambian.
En pocas palabras
La percepción de una carencia inaceptable y de una ventana de
oportunidad para el cambio, y el rol de los liderazgos son algunas
de las condiciones que explican por qué la gente se moviliza con
cierta frecuencia.
30. Una ola de protestas recorre el mundo
Desde fines de 2010, una ola de protestas liderada por jóvenes y
caracterizada por un uso intensivo de nuevas tecnologías se expandió
por países del este y norte de África –“la primavera árabe” en Túnez,
Egipto y otros–, Europa –con la ola de protestas en Grecia y el
movimiento “Indignados” en España–, el norte de América –con el
movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos– y América Latina –
el movimiento estudiantil en Chile o el #yosoy132 en México. Estas
protestas urbanas, que emergieron rápida y en ocasiones
inesperadamente, han abierto un debate sobre las características y
alcances de estos nuevos movimientos sociales.
Las protestas sociales no son nuevas, aunque sí se transforman sus
repertorios, las formas de organización, las estrategias de lucha. Siempre
hubo movilizaciones y revueltas. Durante la época industrial se tomaban las
fábricas o se activaban las huelgas, que siguen siendo un mecanismo de
lucha destacado en nuestros tiempos. Sin embargo, la desocupación condujo
a pensar en otras formas de expresión, como también ocurre con las
demandas que no están ligadas al trabajo sino a otros temas, como el
reconocimiento de la diversidad cultural, de las minorías, de la diversidad
sexual o la lucha por el medioambiente.
En la actualidad, una característica de muchas protestas es la utilización
intensiva de medios digitales. Los teléfonos móviles permiten transmitir
fotos y videos al momento y las redes sociales pueden multiplicar la
información exponencialmente. Internet ya había comenzado a cambiar las
formas de interconexión y denuncia en décadas previas. Un antecedente de
estas protestas de nuevo cuño se remonta a 1994, cuando se produjo en
México el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN). El EZLN, también conocido como Zapatismo, surgió en Chiapas
agrupando las demandas indígenas, tanto materiales como simbólicas:
tierra, agua y educación, reconocimiento de la lengua y la cultura. El
Zapatismo hizo su aparición pública condicionado por la geografía
montañosa, la escasez de medios y la tradicional forma de enfrentar la
problemática indígena del gobierno mexicano, que se había basado en la
represión de cualquier intento de reivindicación sociopolítica, en particular
los surgidos desde sectores marginalizados y excluidos, como los indígenas.
En aquel momento, la mayor parte del país recibía información a través de
la cadena de comunicación controlada por el Estado (Televisa), pero a
través del fax y el correo electrónico y con la ayuda de periodistas y
activistas por los derechos humanos de distintos lugares del planeta, los
zapatistas lograron superar el aislamiento, hicieron circular sus protestas
alrededor del mundo y consiguieron así el apoyo de buena parte de la
comunidad internacional. Estos pasos iniciales promovieron el crecimiento
de la adhesión que despertaban entre otros sectores de la sociedad
mexicana, estudiantes, profesionales liberales, ecologistas, etcétera. La
simbiosis entre las potencialidades de las nuevas tecnologías y las formas
autónomas de organización indígena fueron un modelo y un ejemplo de
lucha para otras agrupaciones del mundo.
¿Sabías que... el texto fundamental que Lenin publicó en 1902, ¿Qué hacer?, estuvo
inspirado en la novela homónima que el pensador Nikolay Chernyshevsky escribió en
1863?
Aunque el ciberespacio fue clave para la supervivencia del Zapatismo, los
promotores de estas organizaciones no lo consideran una panacea: hace ya
casi dos décadas y aún hoy, los problemas de acceso a las nuevas
tecnologías siguen dejando a buena parte de la población mundial excluida.
Más aún, como señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) hay millones de personas que jamás han realizado una
llamada telefónica. En Chiapas, estos problemas se resolvieron en parte
llevando los mensajes a través de redes de solidaridad desde la montaña
hasta espacios en que había conexiones a Internet.
Los grupos que vieron en la articulación de la lucha de los zapatistas un
modelo encontraron que la red no sólo era una tecnología indispensable
sino también una estructura de funcionamiento a imitar. Los medios
digitales se adaptan especialmente a nuevas formas de organización, más
flexibles, horizontales y asamblearias que a formas jerárquicas y rígidas.
Esto sugiere una explicación para un uso más intensivo en protestas
lideradas por nuevos movimientos sociales, frente a las lideradas, por
ejemplo, por sindicatos de corte tradicional. La difusión de Internet en el
territorio y el perfil de los activistas también son influyentes.
Poco tiempo después del surgimiento del zapatismo, el 30 de noviembre de
1999, cincuenta mil personas tomaron las calles de Seattle (Estados Unidos)
para protestar contra la Ronda del Milenio de la Organización Mundial del
Comercio (OMC). Los zapatistas habían logrado movilizar a un sector de la
sociedad a partir de una causa que reunía lo global -la defensa de los
derechos humanos- y lo local -las reivindicaciones indígenas de Chiapas.
En Seattle se fue más lejos para poner en marcha, quizá por primera vez, un
movimiento que buscaba y sigue buscando una transformación global, de
oposición al neoliberalismo y a sus consecuencias generales sobre la
sociedad y el planeta. El encuentro se organizó a partir de la reunión en
grupos de afinidad, la coordinación descentralizada y la resistencia civil
pacífica. Algunos de los lemas eran: “Comercio justo, no libre comercio”,
Power to the people” (el poder a la gente), “Resistencia global” o “better
naked than Nike” (Mejor desnudos que Nike). Los reunidos incluían a
ecologistas disfrazados de árboles, gays y lesbianas, anarquistas,
campesinos, obreros y hasta ex militantes de Vietnam, entre muchos otros.
Si a principios del siglo XX primaban las reivindicaciones
asociadas al eje izquierda-derecha y, en particular, al mercado de
trabajo, a mediados de siglo emergieron nuevos movimientos
reivindicativos de los derechos étnicos, de la mujer, la no
discriminación o el reconocimiento de la diversidad sexual.
Cronología
2001
Se organiza en Porto Alegre, Brasil, el primer Foro Social Mundial, organizado por la Asociación
Internacional para la Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda al Ciudadano
(ATTAC) y el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT).
2004
Se realiza el cuarto encuentro del Foro Social Mundial en Bombay, India. Asistieron más de 75 mil
personas, la diversidad cultural fue notable. La asociación de Software Libre con la ayuda de
voluntarios permitió evitar el software propietario.
2013-2015
En estos años el Foro Social Mundial tuvo lugar en Túnez. Se dio especial atención a las revueltas de
la Primavera Árabe, al rechazo al terrorismo y al desarrollo sostenible, con eslóganes como “el agua,
la tierra y las semillas son bienes públicos, no mercancías”.
Con estos y muchos otros antecedentes se llega a la segunda década del dos
mil, y a la explosión de protestas de nuevo cuño. Lideradas por jóvenes,
usuarios intensivos de nuevas tecnologías, sin participación destacada de
los partidos políticos y los sindicatos, entre 2010 y 2013 se extendió una ola
de protestas por lugares tan diversos como Túnez, Egipto, Chile, México,
Estados Unidos, Grecia o España.
El investigador norteamericano Jeff Juris (2006) caracteriza los movimientos por la justicia
global por tres aspectos: en primer lugar, por ser globales, en tanto están coordinados y
comunicados a través de redes transnacionales mientras vinculan sus protestas y
actividades locales con luchas diversas en otras partes. En segundo lugar, por ser
informacionales, lo que se observa en que, a pesar de la diversidad de tácticas surgidas en
muy diferentes contextos culturales, los movimientos producen imágenes muy visibles,
teatrales, para el consumo de los medios de masa. Por último, por estar organizados en
torno a redes flexibles y descentralizadas.
En 2008, los griegos tomaron las calles y plazas para protestar por las
políticas de ajuste. Por la misma época estallaba en Estados Unidos
Occuppy Wall Street, como una movilización espontánea contra la crisis
financiera. Entre 2010 y 2012, se expandían por el norte de África las
revueltas conocidas como la “Primavera Árabe”. Primero Túnez, y en un
lapso muy breve de tiempo casi una docena de países que incluyeron a
Libia, Argelia o Egipto fueron sacudidos por protestas ciudadanas
demandando democratización y mejoras en las condiciones de vida. El rol –
más o menos determinante– asignado a los medios digitales en estas
revueltas sigue siendo objeto de controversia, aunque la mayoría de los
analistas coinciden en identificar novedades vinculadas a la espontaneidad y
rapidez de organización, el perfil de muchos de los movilizados y la
ausencia de liderazgos políticos. También el movimiento estudiantil en
Chile alzó las banderas contra el modelo educativo heredado del régimen
dictatorial de Augusto Pinochet (1973-1989) y consolidado con la economía
de mercado, instalada tras la transición. El #yosoy132, en México, centró su
reclamo en el ámbito nacional, pidiendo más democracia y la
democratización de los medios de comunicación. Vistos en perspectiva,
algunos movimientos se han diluido sin alcanzar mayor incidencia. En
algunos países del norte de África se han instalado dictaduras aun más
represivas. En otros casos como Grecia y España nuevos partidos han
pasado a ocupar espacios de representación.
Estos movimientos no desplazaron a otros de corte rural y campesino, pero
ampliaron el repertorio de luchas y demandas proyectando a los jóvenes
urbanos a la primera línea de la protesta organizada.
La “Revolución Verde” ocurrió en Irán tras las elecciones de junio de 2009, en que triunfó
el Presidente Mahmud Ahmadineyad. El líder de la oposición Mir Hoseín Musaví y sus
seguidores denunciaron un fraude y organizaron protestas en la Capital, Teherán. Lo
novedoso en esta protesta con fuertes raíces locales y si se quiere convencionales –la
denuncia de fraude electoral– fue el uso de Twitter y Facebook para comunicarse con el
exterior y organizarse internamente. El gobierno bloqueó las comunicaciones telefónicas
de los principales líderes de la oposición, pero los activistas y hackers facilitaron que se
mantuviera la comunicación a través de los medios digitales.
En pocas palabras
Entre 2008 y 2012 una ola de protestas con fuerte presencia de
jóvenes usuarios intensivos de nuevas tecnologías tuvo lugar en
distintos países del mundo.
31. Ciudadanos contra leyes
En América Latina, el aparente progreso hacia la consolidación de la
democracia no puede ocultar las contradicciones inherentes en un
sistema que combina un compromiso formal hacia la igualdad de
derechos, con altos niveles de desigualdad económica y una
significativa insatisfacción con las instituciones democráticas. Por eso
no sorprende que a menudo la gente se movilice y reclame. Suele
ocurrir para enfrentar decisiones consideradas injustas por amplios
sectores de la población. Una sociedad civil activa es clave para la
democracia, pero, a la vez, si la protesta no tiene respuestas
satisfactorias puede alimentar la espiral del desencanto.
Muchos países de América Latina han regulado mecanismos que permiten a
la ciudadanía hacer oír su voz, derogar leyes, proponerlas y en ocasiones
incluso votarlas. Sin embargo, más allá del caso uruguayo, estos
mecanismos apenas se han utilizado. Esto ocurre tanto por trabas ad hoc
que imponen los gobiernos para evitar las iniciativas contra sus decisiones
como por dificultades que encuentra la misma sociedad civil para cumplir
con requisitos de forma no siempre fácilmente comprensibles y realizables
(altos números de firmas, requisitos formales complejos). Por esto, es
corriente que se opte por tomar las calles.
En Argentina la iniciativa de agenda permite a un porcentaje de ciudadanos
elaborar una propuesta de ley y proponérsela al Parlamento. A pesar de que
se han elaborado al menos una docena, probablemente más (los datos son
de difícil acceso, los registros de la década del dos mil no parecen estar ya
disponibles), casi ninguna ha sido exitosa y pocas han arribado a una
discusión parlamentaria. Curiosamente, hay dos que lo han logrado,
compartiendo ambas el ser inconstitucionales ya que referían a cuestiones
presupuestarias que la ley que las regula excluye.
Las mencionadas propuestas surgieron en 2002, en un contexto de profunda
crisis económica y rechazo a la clase política. Una buscaba la derogación de
determinadas “jubilaciones de privilegio” (aquellas que le permiten a
funcionarios que hayan cumplido su mandato o bien hayan renunciado a su
cargo acceder a un beneficio previsional excepcional), la otra sobre la
creación de un programa de nutrición infantil denominado “El Hambre más
Urgente”. El programa de nutrición infantil fue aprobado y la ley contra las
jubilaciones de privilegio recibió media sanción. Hubo una tercera
iniciativa, promovida por la Fundación Blumberg, que recolectó más de
5.500.000 firmas para reclamar a las autoridades nacionales más controles
en carreteras y una ley integral de seguridad vial, contraria a la limitación
de materia penal. Todo parece indicar que estas iniciativas tuvieron éxito en
ser discutidas no tanto porque el diseño institucional del mecanismo lo
facilitara como por la fuerte presión ejercida por la protesta ciudadana en un
contexto como fue el de los años que siguieron a la crisis del 2001.
¿Sabías que... Argentina fue el primer país latinoamericano en aprobar la ley de
matrimonio de personas del mismo sexo en 2010?
Los conflictos medioambientales han sido en las últimas décadas fuentes de
innumerables conflictos en toda la región. Asambleas de ambientalistas,
piquetes, caceroladas, cortes de ruta, son algunos de los mecanismos que
han escogido los activistas para protestar.
En mayo de 2009, el gobierno de República Dominicana otorgó a un
Consorcio Minero el derecho de extraer piedra caliza para fabricar cemento
en una zona lindante con el Parque Nacional Los Haitises, en el municipio
de Gonzalo, una de las ciudades más pobres del país. La zona es un
depósito de vastas reservas de agua que benefician a más de un millón de
personas. La fábrica desplazaría a 500 familias campesinas además de tener
el potencial de producir otros impactos medioambientales. Inmediatamente
se organizó un movimiento de protesta denunciando el daño ecológico que
esperaban se produciría y también la falta de transparencia con que el
gobierno había gestionado la concesión que, según los activistas, ocultaba
prácticas de corrupción.
Durante la última década, la República Dominicana ha experimentado el
surgimiento y el empoderamiento de los movimientos de protesta, así como
una mayor coordinación entre ellos. Evidencias de esto se encuentran en la
movilización de varios grupos ecológicos y juveniles como el Movimiento
Campesino Comunidades Unidas, Espeleogrupo, La Revuelta, Felabel,
Juventud Caribe, Projuventud, La Multitud y Revolución. Tras la concesión
del gobierno al Consorcio Minero, estos grupos, así como el principal
partido de oposición, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), se
unieron para solicitar al gobierno que diera marcha atrás y anulara su
decisión. Reconocidos geólogos y ambientalistas señalaron que el plan para
la producción de cemento violaba más de veinte leyes ambientales vigentes.
Un informe emitido conjuntamente por la Academia de Ciencias y la
Comisión Ambiental de la Universidad Estatal (UASD) pidió la revocación
inmediata de la concesión del gobierno y la reubicación de las comunidades
campesinas que habían sido desplazadas. Como resultado de la presión, a
fines de junio de 2009, el gobierno acordó encargar un informe del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre el
impacto ambiental del proyecto. La protesta a través de las redes sociales y
las acciones en el propio Parque Nacional continuaron hasta el final del año,
cuando se publicó el informe del PNUD. El informe fue muy crítico con el
gobierno dominicano y su resolución final fue contra la instalación de la
fábrica de cemento.
Las redes digitales, la calle y la activación de mecanismos de
participación (referendos abrogativos o iniciativas ciudadanas) son
las tres formas a las que la ciudadanía recurre, a menudo de forma
complementaria, para luchar contra decisiones políticas que
considera injustas.
Lo que muestra esta campaña es que la asociación virtuosa entre grupos
muy diversos (jóvenes usuarios intensivos de nuevas tecnologías,
ambientalistas, indígenas y campesinos) permite instalar un tema en la
agenda nacional. El conflicto deja de ser un problema de los campesinos
que viven junto al Parque Los Haitises para convertirse en un tema que
atañe a todos los dominicanos, que piden al gobierno mayor transparencia y
la defensa de los derechos humanos, políticos y sociales de la población.
Como en muchas otras experiencias, que organizaciones internacionales se
involucren suele jugar a favor de los activistas, que así tienen más chances
de que sus gobiernos atiendan a los reclamos.
Cronología

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