En estos años el Foro Social Mundial tuvo lugar en Túnez. Se dio especial atención a las revueltas de
la Primavera Árabe, al rechazo al terrorismo y al desarrollo sostenible, con eslóganes como “el agua,
la tierra y las semillas son bienes públicos, no mercancías”.
Con estos y muchos otros antecedentes se llega a la segunda década del dos
mil, y a la explosión de protestas de nuevo cuño. Lideradas por jóvenes,
usuarios intensivos de nuevas tecnologías, sin participación destacada de
los partidos políticos y los sindicatos, entre 2010 y 2013 se extendió una ola
de protestas por lugares tan diversos como Túnez, Egipto, Chile, México,
Estados Unidos, Grecia o España.
El investigador norteamericano Jeff Juris (2006) caracteriza los movimientos por la justicia
global por tres aspectos: en primer lugar, por ser globales, en tanto están coordinados y
comunicados a través de redes transnacionales mientras vinculan sus protestas y
actividades locales con luchas diversas en otras partes. En segundo lugar, por ser
informacionales, lo que se observa en que, a pesar de la diversidad de tácticas surgidas en
muy diferentes contextos culturales, los movimientos producen imágenes muy visibles,
teatrales, para el consumo de los medios de masa. Por último, por estar organizados en
torno a redes flexibles y descentralizadas.
En 2008, los griegos tomaron las calles y plazas para protestar por las
políticas de ajuste. Por la misma época estallaba en Estados Unidos
Occuppy Wall Street, como una movilización espontánea contra la crisis
financiera. Entre 2010 y 2012, se expandían por el norte de África las
revueltas conocidas como la “Primavera Árabe”. Primero Túnez, y en un
lapso muy breve de tiempo casi una docena de países que incluyeron a
Libia, Argelia o Egipto fueron sacudidos por protestas ciudadanas
demandando democratización y mejoras en las condiciones de vida. El rol –
más o menos determinante– asignado a los medios digitales en estas
revueltas sigue siendo objeto de controversia, aunque la mayoría de los
analistas coinciden en identificar novedades vinculadas a la espontaneidad y
rapidez de organización, el perfil de muchos de los movilizados y la
ausencia de liderazgos políticos. También el movimiento estudiantil en
Chile alzó las banderas contra el modelo educativo heredado del régimen
dictatorial de Augusto Pinochet (1973-1989) y consolidado con la economía
de mercado, instalada tras la transición. El #yosoy132, en México, centró su
reclamo en el ámbito nacional, pidiendo más democracia y la
democratización de los medios de comunicación. Vistos en perspectiva,