simplemente del significado de las palabras sino de la intención del hablante y del reconocimiento de esa
intención por el oyente y es convencional porque ese intercambio comunicativo obedece a reglas.
Para Searle fuerza ilocucionaria y forma lingüística están íntimamente unidos por una relación regular y
constante, es decir, existe una relación sistemática entre la forma lingüística “imperativo" y el acto de habla
"mandato" o, entre "oración interrogativa" y acto de habla "preguntar", por ejemplo. Así incluye una buena
parte de lo que normalmente consideramos pragmático en el terreno de la semántica: puesto que fuerza
ilocucionaria pasa a ser una parte constitutiva de la caracterización sintáctica de las estructuras oracionales
mismas, el estudio de los actos ilocucionarios es una parcela de la semántica.
La distinción propuesta por Austin entre oración y enunciado era un intento de mantener independientes
desde el punto de vista teórico el estudio de las propiedades puramente lingüísticas, abstractas y las acciones
que pudieran realizarse por medio de emisiones concretas. Para Searle, en cambio, la diferencia entre
semántica y pragmática es artificial y no debe ser mantenida, ya que, en su opinión, cada uno de los distintos
tipos de acto de habla está asociado convencionalmente con una determinada estructura lingüística.
Sin embargo Searle distingue entre el contenido proposicional y la fuerza ilocucionaria. Veamos un poco
más en detalle esta cuestión. Para Searle, cuando un hablante enuncia una oración, lleva a cabo al menos
tres tipos de actos diferentes:
a. Acto de emisión: consiste en enunciar palabras (morfemas, oraciones).
b. Acto proposicional: consiste en referir y predicar (por ejemplo: si se enuncia “María sale”, ese
enunciado predica algo “salir” sobre una referencia “María”).
c. Acto ilocucionario: como enunciar, preguntar, ordenar, prometer, etc.
Así, entonces, supongamos que un hablante emite en circunstancias apropiadas las siguientes oraciones:
María lee mucho.
¿María lee mucho?
¡María, leé mucho!
Prometo que María leerá mucho.
En cada caso, el hablante emite una oración formada por palabras del español, efectúa simultáneamente,
un acto de emisión y un acto ilocucionario (aserción, pregunta, orden y promesa). Pero, además, al
realizar cada uno de estos actos, también lleva a cabo un acto proposicional a través del cual se “refiere a”,
menciona o designa una determinada entidad "María" y “predica” a propósito de ella la expresión "lee
mucho".
Esto constituye para Searle un acto de habla completo y los actos de habla completos son, como ya se
señaló, actos ilocucionarios. Searle entiende que al realizar un acto ilocucionario se realizan necesariamente
tanto el acto proposicional como el acto de emisión. Aclara, asimismo, que los actos proposicionales no
ocurren solos, puesto que no se puede referir y predicar sin más, sin hacer una aserción, plantear una
pregunta o ilocucionar algo.
Y aún más: como aparece en los ejemplos precedentes, el mismo acto proposicional puede encontrarse
realizado en actos ilocucionarios diferentes. De esta manera, retomando lo enunciado anteriormente
respecto de la íntima relación entre la fuerza ilocucionaria y la estructura sintáctica de la oración podemos
determinar en esta última dos partes:
A) Un indicador proposicional: que es el contenido expresado por la proposición (por lo general, la unión
de una referencia y una predicación).
B) Un indicador de fuerza ilocucionaria: que muestra en qué sentido (con qué fuerza) debe interpretarse la
proposición, y, en suma, cuál es el acto ilocucionario que está realizando el hablante al emitir la oración.
Entre los indicadores de fuerza ilocucionaria se encuentra el orden de palabras, el énfasis, la curva de
entonación, la puntuación, el modo y los verbos realizativos.