tendería a incluir lo personal como factor pasivo. El rechazo de la mismidad ataca al
otro reconocimiento que el adolescente tiene, el generacional y el de las nuevas
ideologías que surgen de la cultura.
Si pensamos en una educación impersonal, estandarizada y autoritaria, es decir
con una fuerte incapacidad de reconocimiento del sujeto que aprende (el púber)
también tendremos que pensar en un púber con sentimientos de inferioridad como
causales de inhibiciones y pseudoidentidades, por autodesprecio y sobrevaloración
de lo extraño (con lo cual se identifica).
Habría entonces tres configuraciones de la Identidad del Yo. La primera, interna,
formada por identificaciones infantiles (identidad infantil) que dan continuidad a las
nuevas identificaciones adultas; este "encuentro" sufre las viscisitudes de todo
duelo y se expresa mediante sentimientos de unidad, mismidad y continuidad que,
unidos, dan un nuevo sentimiento en el tiempo, en el espacio y durante la crisis.
Este es el sentimiento de la identidad del Yo psicológico.
La segunda configuración es la forma de reconciliación entre el concepto de sí y
el reconocimiento que la comunidad hace de él, configuración que también se
expresa a través de sentimientos de unidad, mismidad y continuidad, crean juntos
el nuevo sentimiento: el de Identidad del Yo social.
La tercera configuración es la de la nueva gestalt que se forma en el tiempo, en
el espacio y durante la crisis de los sucesivos esquemas corporales y las vicisitudes
de la libido a través del desarrollo físico. Se expresa con los mismos sentimientos
que, unidos, forman la identidad del Yo corporal. El Yo psicológico, el Yo social y el
Yo corporal configuran, a su vez, la identidad del Yo adolescente, que necesita, por
la fase que atraviesa, formarse sin más retardos y permitir la expansión del sujeto
como una persona capaz de sostener intimidades, ya no grupales, sino personales,
en la pareja, en la tarea social y en su soledad.
Durante el período puberal se subraya la búsqueda de la identidad, se estimulan
determinadas conductas que tienen sentido de lucha. Una lucha por la unidad
perdida que se puede detectar en algunas conductas regresivas, como por ejemplo
los regímenes de comida, la voracidad o la inapetencia, la suciedad, constipación,