
humano cuando nace, está en un“estado de prematuración”: el ser humano cuando llega al mundo siga
prematuro aunque nazca a los nueve meses, en comparación a otras especies, porque las otras especies en
lo general, una vez que el sujeto viviente ha sido parido, ya está en condiciones de responder motrizmente,
por ejemplo a lo que serían los movimientos ápticos de su especie. Al ser humano esto le lleva mucho tiempo,
un año de vida por lo menos para conseguir la bipedestación, en cambio si uno lo compara con un potrillo
por ejemplo, que nace y a la hora ya está parado en sus cuatro patas, el ser humano continuaría en un
estado inacabado. El hecho de nacer inacabados nos lleva a un largo período dependencia, si no hay otro que
nos asista nos morimos al poco tiempo. El segundo gran problema que tiene es que ese otro habla.
Este punto que llamamos
Otro con mayúscula condensa todos estos problemas.
Las necesidades del niño no se pueden satisfacer directamente, tiene que pasar por otro, a su vez ese otro es
otro parlante lo que va a hacer es transformar esas necesidades en demanda. ¿ qué significa trasformar una
necesidad en demanda? Varias cosas; la primera es que esa persona que cumple el papel de Otro con
mayúscula, le va a asignar a las distintas manifestaciones de ese bebé, un carácter de significantes. El bebé
grita, llora, patalea, mucho más que eso no hace, y sin embargo esas manifestaciones no van a ser leídas por
la madre, supongamos, como manifestaciones inespecíficas que son como la irradiación de las necesidades
en el cuerpo del niño, ¡no!, van a ser leídas, como un mensaje que está dirigido a la madre, como un
reclamo, como una demanda de alimentos, un reclamo de que lo alce en brazos o cambie los pañales, o sea
lo que sea, que le cante determinada canción. Él no transmite nada, quizás llora, o quizás ni siquiera llora,
pero que eso que haga o no haga, va a ser puesto en término significantes por el otro. O sea el otro va a ser
las dos cosas: va a convertir el grito inespecífico en significante y luego le va a dar un significado. ¿ Qué
pasó allí? Nos metieron de prepo en este circuito del lenguaje, al cual Lacan llama primeramente el
“circuito de la demanda”. Es el Otro quien nos dice que es lo que queremos o más nos conviene. Nos
introducen, nos imponen un lenguaje.
Esa suerte de ser natural se pierde y se empiezan a recibir palabras; es así que se inserta aquello que se
transmite como demanda. El niño va a tener que aprender los términos del otro, para poder agenciarse de los
objetos, convirtiéndose así en un sujeto. Es decir, alguien que está abrochado a la cadena significante, al
discurso, el que ocupe el lugar del Otro va a suponer en ese llanto un sujeto. El mensaje tiene que volver al
otro para recibir su sanción, su significado. El lugar del Otro es asimétrico al lugar del hablante.
Imaginen una discusión entre madre y abuela, respecto de un bebé recién nacido, donde el bebé llora, y la
abuela que se ubica en el lugar del Otro, dice: no seguramente está muy abrigado, hay que desabrigarlo, por
eso llora; la madre puede que le responda: no, cuando él llora de esa manera es porque tiene hambre. No
importa quien tiene razón, entendamos que aquí nadie tiene razón, de esa manera es porque tiene una verdad en
juego, sino que lo que hay es una imposición de significantes, y una suposición de que allí ya hay un sujeto
que incluso llora de maneras diferentes, aunque todavía no puede hablar, para hacerse entender por la madre.
Supongamos ahora que ha pasado el tiempo, y ya tenemos un hablante, no solo un niñito que berrea sino
alguien que puede emitir palabras, de todas formas ese niñito o esa persona adulta, cuando quiera emitir
palabras hambre. No importa quien tiene razón, entendamos que aquí nadie tiene razón, no hay va a tener que
pasar por el otro como tesoro del significante, elegir los términos con los que quiera expresarse, aquí va a
constituirse su mensaje, pero necesariamente ese mensaje tiene que volver al otro, para recibir su sanción, para
recibir el significado. Como el mensaje está estructurado en significantes encadenados, es necesaria esta doble
vuelta, por la cual yo reciba la sanción. Por eso que el lugar del otro es asimétrico respecto del lugar del sujeto
al lugar del hablante, el otro aparece, como va a decir Lacan como “Omnipotente”, en más de un sentido: es
omnipotente en principio porque el otro es el que nos provee los significantes, es decir el que nos dice como y
en qué término tenemos que pedir las cosas, y es también el que va a decidir finalmente qué es eso que
estamos pidiendo. Pero también ese Otro es omnipotente, porque en este circuito de la demanda que se
empieza a instalar, el otro es ese al cual le dirigimos nuestro pedido, cosa que si piensan un poquito, en
principio no era así, en principio en ese origen mítico, podríamos suponer que el bebé berreaba porque tenía una
necesidad, pero no estaba pidiendo nada, ni estaba implorándole a otro que sea ese que le de lo que necesita; el
otro es el que se erige en ese lugar, el que lo instituye como sujeto, el otro es omnipotente, porque si bien a él
se le dirige la demanda y el sanciona esa demanda, puede responder o no.
No nos confundamos ni tendamos a pensar que el otro con mayúscula, es la mamá, porque reducimos mucho el
uso de este esquema, más bien pensemos que el otro con mayúscula es un operador, que puede estar
ocupado por la madre, pero también puede estar ocupado por cualquiera a quien se le dirija una demanda.
Una vez que entramos en este circuito, este circuito se sostiene solo de si mismo porque cualquier objeto que
tuviera relación con la necesidad originaria, ya ha quedado absolutamente perdido, ya de lo que se trata es de
palabras. Tanto es así, que hay un objeto peculiar, que Lacan va a recortar, en este circuito de la demanda, que