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en el sexo que, más allá de su —a nuestro parecer— saludable liberación, es
disuelto en la frecuente promiscuidad y desarticulado de la "re-producción" humana.
La propia crítica del consumo suele convertirse en importante objeto de consumo.
En relativa semejanza con el Rey Midas, el hombre actual convierte todo en objeto
de consumo.
Para consumir el hombre acentúa su alienación. El hombre entregado al
consumismo suele ser considerado débil, a veces se dice "light"
(10)
. La búsqueda del
consumo sin tramas profundas ha promovido una sociedad en rizoma
(11)
. La sed
insaciable de consumo se consume a sí misma y produce sujetos vacíos, a
menudo insatisfechos
(12)
, disconformes, que al fin no pueden ser satisfechos.
La radicalización de la búsqueda del consumo contribuye a producir
grandes migraciones y conflictos interregionales. La ruptura del equilibrio del
hombre con su medio genera frecuente contaminación. A menudo se busca la
satisfacción en la evasión a través de las drogas, "medicinales" o no. Si se atiende
a las condiciones en que pueden encontrarse las sociedades, de
cultura, civilización y decadencia, el consumismo actual se ubica en las dos
últimas
(13)
.
2. Las respuestas vitales tienen alcances interrelacionados materiales,
personales, espaciales y temporales y el consumo las abarca de modo a menudo
avasallante en el conjunto y cada uno de todos estos aspectos
(14)
. Se consumen las
oportunidades vitales que esos alcances brindarían, es decir, la vitalidad, la
materialidad, la personalidad, la espacialidad y la temporalidad. La multiplicación de
los "objetos consumibles", cuya utilidad se extingue con el primer uso, es una de las
características de nuestro tiempo
(15)
. Sin embargo, el ideal de una legítima
expansión del consumo no se cumple totalmente.
Las respuestas vitales pueden encontrarse en situaciones de coexistencia de
unidades independientes, dominación, integración y aislamiento, evidenciadas por
quienes califican, pueden hacer fraude, están en condiciones de rechazar, etc. El
consumo es el gran calificador, facilitador del fraude y factor de rechazo en nuestras
posibilidades vitales, de modo que resulta claro que es en gran medida
el dominador de todas ellas.
3. Los poderes de la ciencia, la técnica y la economía e incluso las invocaciones
de moralidad de nuestro tiempo confluyen en promover el consumo y producir el
consumidor. Hay un círculo de influencias recíprocas entre unos y otros. Se llega a
trastornar la personalidad a través de la compra compulsiva. Se producen el objeto
y el sujeto
(16)
. A su vez, la lógica del consumo radicalizada tiende a
generar excluidos
(17)
que responden a la propuesta más o menos violenta de
consumir con la violencia del desafío a los cauces de la sociedad desafiante.
En cierto sentido se puede llegar a afirmar que la ciencia, la técnica, la moral y el
resto de la economía están sometidas al consumo y los requerimientos de los
consumidores que ellas producen. Parafraseando títulos de Gabriel Marcel y Erich
Fromm podría decirse que hay una alternativa en consumir (de cierto modo tener) o
ser
(18)
y con excesiva frecuencia nos orientamos por la vertiente del consumir.
4. El consumo es hoy uno de los grandes movilizadores de la inmaterialidad,
la impersonalidad, la globalización (inespacialidad) y la intemporalidad. Pasada por
esas limitaciones, la vida se empobrece al punto que quizás pueda decirse que la
ilusión consumista tiene significados de "no-vida", en cierto sentido, de "muerte". El
consumo es una línea de unidimensionalidad del hombre del capitalismo tardío
(19)
,
cuyos despliegues democráticos y de derechos humanos suelen ser pasados por su