Principalmente al referir que “los psicóticos serian máquinas con palabra”
(Lacan,1956/2004, p.63), Lacan hace referencia a que el nivel de lo simbólico
en los psicóticos está trastornado de tal forma, que padece del discurso en
su conjunto.
psicótico tiene la sensación de estar poseído por el lenguaje y atribuye sus
pensamientos a un agente exterior a él, no se concibe como el productor del
lenguaje, por lo que en muchos casos se puede hablar del psicótico como
alguien que “imita” el habla.
Los fenómenos elementales pueden ser la irrupción de voces en la esfera
psíquica de la persona, donde el sujeto manifiesta escuchar una voz que
viene referida a él.
Por otra parte, se pueden presentar fenómenos que involucran una
fragmentación en la imagen del cuerpo, así como distorsión en la percepción
del espacio y el tiempo. Además, acontecimientos en los que el sujeto
testimonia tener experiencias de certeza absoluta, ya sea con respecto a su
identidad “soy Dios” u hostilidad por parte de otros “me quieren matar”
(Miller, 1997). De esta manera, el psicótico funda su delirio y alucinación en
base a la certeza de que todo va dirigido a él, característica esencial de la
psicosis (Lacan, 1956/2004).
En este punto es pertinente aclarar, que la alucinación no es
exclusiva de la psicosis, ni es un criterio definitivo para su
diagnóstico. En contraste con el psicótico, en la alucinación del neurótico,
existe la duda; el neurótico se puede preguntar sobre la veracidad del
fenómeno. La duda es el rasgo distintivo de la neurosis, la certeza es la cosa
más inusitada en esta estructura (Lacan, 1956/2004)
Por su parte, la estructura perversa tiene como paradigma al sujeto
fetichista, aquel que necesita de un objeto para alcanzar la satisfacción
sexual. Sin embargo, cabe mencionar dos grandes divisiones de las
perversiones. Primero, aquellas en las que el perverso centra su acción y
pulsión libidinal en un fin, tal como se observa en el fetichismo, voyerismo,
exhibicionismo, sadismo o masoquismo, entre otras. Y por otro lado, en las