
Test del Arbol
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Adriana S. Masuello
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Es decir, el estado de dominio absoluto de los instintos no dura mucho tiempo, pronto el niño comprende
que frente a los impulsos instintivos hay otro mundo, la realidad a la cual debe adaptarse, y una parte del
Ello se va moldeando y modificando debido al contacto y relación con el mundo exterior.
Esta parte del Ello es el Yo (o también llamado ego). En otras palabras, el Yo es la región del Ello
modificada por la influencia del mundo exterior que se ejerce mediante la percepción, la cual es para el
Yo lo que los instintos son para el Ello.
Entendemos entonces que el contenido de ese Yo es el resultado de identificaciones con rasgos de
otras personas que van teniendo influencia en la vida del niño (especialmente las identificaciones con los
padres).
En primera instancia el Yo es preconsciente y luego consciente. Su tarea fundamental es percibir y al
mismo tiempo establecer si aquello percibido se encuentra en el mundo externo o interno.
El Yo se encuentra en una posición de compromiso entre las exigencias pulsionales del Ello, los
imperativos del Súper-Yo y las exigencias de la realidad.
La actividad de este Yo consciente es la percepción exterior, la percepción interna y los procesos
intelectuales; el papel principal del Yo es el de coordinar funciones e impulsos internos y tratar de que
los mismos puedan expresarse en el mundo exterior sin conflictos. Para esto, el Yo tiene una gran tarea
organizativa. Deberá integrar la conciencia, fiscalizar los procesos que ocurren en el ser, ejercer
censura. De este Yo van a partir las represiones de determinadas tendencias anímicas del sujeto,
también provendrán las resistencias.
En síntesis, la posición del Yo no es nada fácil, es por ello que muchas veces el Yo es presa de la
angustia y buscar el equilibrio no es fácil; tiene entonces que poner en marcha mecanismos de defensa
para evitar excesivos impulsos pulsionales. Es aquí donde encontramos la causa de muchos conflictos
psicopatológicos.
El Súper-Yo:
Finalmente, en el desarrollo de la personalidad se constituye una tercera instancia al separarse una
parte del Yo y observarse a sí misma juzgando y criticando.
Su papel sería la de un juez o censor del Yo. Su acción se manifiesta en la conciencia moral, en la
autocrítica, en la prohibición, y funciona en oposición a la gratificación de los impulsos o enfrentándose a
las defensas que el Yo opone a dichos impulsos.
Es una especie de censura que inspira el sentimiento neurótico de culpabilidad y de autocastigo; es la
instancia represora por excelencia, es el soporte de todas las prohibiciones y de todas las obligaciones
sociales y culturales.
El Súper-Yo es la instancia psíquica desglosada del Yo que autoobserva y critica las acciones del ser
humano y le presenta la imagen ideal a la que debe parecerse.
Además de la censura, el Súper-Yo preside también la formación de los ideales, las funciones
imaginarias del Yo, juzga y critica, representa las exigencias de la moralidad y de la sociedad.
Es por ello, entonces que el correcto equilibrio de estas tres instancias de la personalidad asegura la
estabilidad psíquica, mientras que la desproporción supondría la aparición de la patología.
Los síntomas neuróticos surgen, pues, ante el fracaso del Yo de mediar entre los impulsos instintivos del
Ello (eróticos y destructivos), la realidad externa y las demandas del Súper-Yo.