
de ambas permitía explicar los fenómenos de la vida. En la pulsión de muerte? una parte de la esta se dirigía al mundo
exterior y salía a la luz como pulsión a agredir y destruir. Así la pulsión sería obligada a ponerse al servicio del Eros, en
la medida que el ser vivo aniquilaba a un otro, animado o inanimado, y no a su sí mismo propio. A la inversa, si esta
agresión hacia afuera era limitada, traería por consecuencia un incremento de la autodestrucción. Al mismo tiempo, a
partir de este ejemplo podría deducirse que las dos variedades de pulsiones rara vez aparecían aisladas entre sí, sino
que se ligaban en proporciones muy variables, volviéndose irreconocibles. En el sadismo, la pulsión parcial de la
sexualidad, estaba frente a la aspiración de amor y la pulsión de destrucción; y el masoquismo, frente a una conexión de
la destrucción dirigida hacia dentro con la sexualidad.
EL PROBLEMA ECONÓMICO DEL MASOQUISMO (1924).
El principio de placer gobierna los procesos anímicos, su meta es la evitación de displacer. Es así que el masoquismo
(en donde el dolor y displacer son metas) es incomprensible a partir de este principio.
El propósito del principio de Nirvana (principio de constancia, tendencia a la estabilidad) es el de reducir las sumas de
excitación, o al menos mantenerlas en el mínimo grado posible. Todo displacer debería coincidir con una elevación de la
tensión de estímulo y el placer con su disminución. Sin embargo, esto no es correcto ya que existen tensiones
placenteras (ej. la excitación sexual) y distensiones displacenteras. Entonces placer y displacer parecieran no depender
del factor cuantitativo sino de un factor cualitativo.
El principio de Nirvana expresa la tendencia de la pulsión de muerte; el principio de placer, el guardián de la vida,
subroga la exigencia de la de la libido y su modificación,y el principio de realidad, el influjo del mundo exterior. Estos
principios se concilian entre sí y no se destruyen entre ellos.
El masoquismo se observa en tres figuras:
-como una condición a la que se sujeta la excitación sexual, el masoquismo erógeno,
es el placer de recibir dolor,
también se encuentra en el fundamento de las otras dos formas, tiene bases biológicas y constitucionales.
En tres ensayos de teoría sexual,
Freud dice que la excitación sexual se genera como efecto colateral, a raíz de que la
intensidad de procesos internos rebase ciertos límites cuantitativos, y que quizás en el organismo no ocurra nada de
cierta importancia que no ceda sus componentes a la excitación de la pulsión sexual. Según eso, la excitación de dolor y
la de displacer tendrían esa consecuencia. Esa excitación libidinosa provocada por una tensión dolorosa y displacentera
sería un mecanismo fisiológico infantil que se agotará luego. En las diferentes constituciones sexuales experimentaría
diversos grados de desarrollo, y proporciona la base fisiológica sobre la cual se construiría después como
superestructura psíquica, el masoquismo erógeno.
En el ser vivo, la libido se enfrenta con la pulsión de destrucción o de muerte; que está dentro de él, querría descargarlo
y llevarlo a la estabilidad inorgánica. La libido debe hacer inocua esta pulsión destructora desviándose hacia los objetos
del mundo exterior. Recibe el nombre de pulsión de destrucción, pulsión de apoderamiento, voluntad de poder. Un sector
de esta pulsión está al servicio de la función sexual, es el sadismo propiamente dicho. Otro sector no obedece a este
traslado hacia afuera, permanece en el interior del organismo y allí es ligado libidinosamente con ayuda de la excitación
sexual antes mencionada. Se producen una mezcla entre las dos clases de pulsión; debemos contar con
contaminaciones de una pulsión de muerte y una de vida.
La pulsión de muerte en el interior del organismo, el sadismo primordial, es idéntica al masoquismo. Después de que su
parte principal fue trasladada afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como su residuo, el genuino
masoquismo erógeno, que por una parte ha devenido un componente de la libido, pero por la otra sigue teniendo como
objeto al ser propio. Ese masoquismo sería testigo de la fase de formación en que aconteció la liga entre Eros y pulsión
de muerte. El sadismo proyectado hacia afuera puede ser vuelto hacia dentro, regresando así a su situación anterior. En
tal caso da por resultado el masoquismo secundario, que viene a añadirse al originario.
El masoquismo erógeno acompaña a la libido en sus fases de desarrollo: fase oral (angustia de ser devorado por el
padre), fase sádico–anal (deseo de ser golpeado por el padre), fase fálica (castración que interviene en las fantasías
masoquistas), organización genital definitiva (ser poseído sexualmente y parir).
-como una expresión de la naturaleza femenina, masoquismo femenino
. En el varón, las escenificaciones de los
perversos responden a fantasías de personas masoquistas que desembocan en el acto onanista o figuran la satisfacción
sexual por sí solos. El masoquista quiere ser tratado como un niño pequeño, desvalido y dependiente. Ponen a la
persona en una situación característica de la feminidad, significa ser castrado, poseído sexualmente o parir. Por eso se
da a esta forma de manifestación del masoquismo el nombre "femenina".
El contenido manifiesto de estas fantasías, ser maltratado, sometido. Se expresa un sentimiento de culpa cuando se
supone que la persona afectada incumple algo que debe pagar mediando todos esos procedimientos dolorosos. Detrás
se esconde el nexo con la masturbación infantil. Este masoquismo se basa en el masoquismo primario, erógeno.
-como una norma de la conducta en la vida, el masoquismo moral
. Los individuos no buscan placer en el dolor corporal
que se infligen sino en la humillación y en la mortificación psíquica. El padecer es lo que importa; no interesa quien.
Debemos dejar de lado la libido y limitarnos a la pulsión de destrucción que fue vuelta de nuevo hacia dentro y ahora
debe su furia sobre el sí-mismo propio.
La forma extrema de este masoquismo se presenta en el tratamiento analítico, bajo el sentimiento icc de culpa
(necesidad de castigo). Ciertos pacientes frente a la cura, fuerzan a que se les atribuya un sentimiento de culpa
(reacción terapéutica negativa) es una de las resistencias más graves y el mayor peligro para el éxito del tratamiento. Lo
que le interesa a esta tendencia masoquista es retener cierto grado de padecimiento.
El superyó tiene la función de la conciencia moral, el sentimiento de culpa expresa una tensión entre el yo y el superyó.
El yo reacciona con sentimiento de culpa (angustia de la conciencia moral) ante la percepción de que no está a la altura
de los reclamos de su ideal, su superyó. El superyó debe su génesis a los primeros objetos de las mociones libidinosas
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