TERCER PARCIAL PSICOANÁLISIS.
ESQUEMA DEL PSICOANÁLISIS. [Totem y tabu, I,S;A (castración en la madre)]
Todos los niños están destinados a pasar por el Complejo de Edipo, llamado así por el rey Edipo, quien sin saberlo, mata
a su padre y toma por esposa a su madre.
El primer objeto erótico del niño [objeto de la pulsión] es el pecho materno. Este primer objeto se completa en la persona
de la madre, quien nutre y cuida, provocando sensaciones corporales. En el cuidado del cuerpo, ella deviene como la
primera seductora del niño. Es incomparable y se fija para toda la vida, como el primero y más intenso objeto de amor,
como arquetipo de todos los vínculos posteriores de amor en ambos sexos.
Cuando el varón entra en la fase fálica de su desarrollo libidinal (a partir de los dos o tres años) ha recibido sensaciones
placenteras de su miembro sexual y realiza una estimulación manual, deviene el amante de la madre. Desea poseerla
corporalmente y procura seducirla mostrándole su miembro, el cual está orgulloso. Su masculinidad busca sustituir junto
a ella al padre, quien hasta entonces fue su envidiado arquetipo por la fuerza corporal y autoridad. El padre es su rival,
estorba y quiere quitárselo de su camino.
La madre comprende que la excitación del niño se dirige a ella, por eso le prohíbe el quehacer manual con su miembro.
Como la prohibición dura poco, lo amenaza con quitarle la cosa. Para hacerla más creíble y terrorífica se lo dirá al padre
y él le cortara el miembro. Esta amenaza sólo produce efectos si puede recordar los genitales femeninos o poco después
los ve, genitales a los que les falta esa pieza apreciada, entonces cree en lo que le dijeron y vivencio, y cae bajo el
complejo de castración. Para salvar su miembro, renuncia a la posesión de la madre. Toma una actitud pasiva hacia los
padres y a consecuencia de la amenaza ahora solo fantasea. La vivencia integra, cae bajo represión, y posteriormente
perturban el desarrollo yoico.
La condición del no saber de Edipo es la figuración de la condición de inconsciente y la compulsión del oráculo es el
reconocimiento de lo inevitable del destino que condena a los hijos varones a vivir el complejo de Edipo.
La niña pequeña no tiene que temer la pérdida del pene, pero reacciona por no haberlo recibido. Desde el comienzo
envidia al varón por su posesión: envidia del pene. Al principio tiene intenciones por equipararse al muchacho y luego
empeños por vengarse de su defecto, que pueden conducir a la actitud femenina normal.
El otro camino pasa por el desligamiento de la madre amada, a quien la hija, bajó la envidia del pene, no puede perdonar
que la haya hecho defectuosa. Resigna a la madre y la sustituye por otra persona como objeto de amor: el padre.
Cuando uno pierde un objeto de amor, se identifica con él. La identificación-madre puede relevar a la ligazón-madre. La
hijita se pone en el lugar de la madre; quiere sustituirla al lado del padre, y ahora odia a la madre antes amada. Su nueva
relación con el padre al principio se da por el deseo de disponer de su pene, pero culmina con recibir el regalo de un hijo
de él.
En la mujer la relación entre complejo de Edipo y complejo de castración da de manera diversa, contrapuesta con el
varón. En este, la amenaza de castración pone fin al complejo de Edipo; y en el caso de la mujer, ella es forzada hacia
su complejo de Edipo por el efecto de la falta de pene [asimetría de los Edipos].
Tanto en el hombre como en la mujer, lo que queda rechazado es la cuestión de lo femenino como tal.
LA ORGANIZACIÓN GENITAL INFANTIL.
En la niñez se produce la elección de objeto se dirigen a una persona única y pretenden alcanzar su meta. El interés por
los genitales y el quehacer genital cobran una significatividad dominante en esta etapa. Esta organización genital infantil
a diferencia del adulto posee una particularidad: sólo desempeña un papel el genital masculino
(falo
) debido a que la
vagina no se conoce.
El varón percibe la diferencia con las mujeres pero no la relaciona con una diversidad de sus genitales. Presupone que
todos los otros seres poseen un genital parecido al suyo.
Esta parte del cuerpo que se excita con facilidad, ocupa un alto grado de interés y plantea investigaciones, querría verlo
en otra persona para compararlo con el suyo. La fuerza pulsionante que esta parte desplegará más tarde en la pubertad
se exterioriza en aquella época de la vida, como curiosidad sexual.
Debido a las indagaciones el niño descubre q el pene no es común a todos. Su reacción frente a las primeras impresiones
de falta de pene es que la desconocen, piensan que ya crecerá, y después llegan a la conclusión de que estuvo pero fue
removido. La falta de pene es entendida como el resultado de una castración. Sólo alcanza significación el complejo de
castración si su génesis se articula con el primado del falo.
La castración es a modo de castigo y sólo las personas despreciables del sexo femenino (culpables de las mismas
emociones prohibidas en que él incurrió) habrían perdido el genital. Pero las personas respetables, como su madre, lo
siguen conservando. Para el niño, ser mujer no coincide con la falta del pene.
Cuando se plantea los problemas de la génesis y el nacimiento de los niños, y deduce que solo las mujeres pueden parir
hijos, también la madre perderá el pene y se edificarán teorías que explican el trueque del pene a cambio de un hijo.
La elección de objeto introduce la primera oposición sujeto-objeto
. En la fase pregenital la oposición activo-pasivo
es la
dominante; en la fálica la oposición es genital masculino-castrado
; sólo con la culminación del desarrollo en la pubertad la
polaridad sexual coincide con masculino-femenino
. Lo masculino es el sujeto, la actividad y el pene; lo femenino el objeto,
la pasividad.
PEGAN A UN NIÑO.
I.
 La representación-fantasía "pegan a un niño" [fijación, represión primaria, no retorna de lo reprimido, es construido] es
confesada con frecuencia por personas en el tratamiento analítico a causa de una histeria o de una neurosis obsesiva.
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A esta fantasía se anudan sentimientos placenteros y conlleva a una satisfacción organista al comienzo por voluntad
propia, y luego con carácter compulsivo.
La confesión de esta fantasía aparece con titubeos; el recuerdo es inseguro y la vergüenza y el sentimiento de culpa se
dan a raíz de comunicaciones sobre los comienzos recordados de la vida sexual.
La representación-fantasía de "un niño es azotado" era investida con placer y desembocaba en un acto de satisfacción
autoerótica placentera, co-vivenciar escenas paliza provocan en el niño espectador sentimientos insoportables.
II
. Una fantasía que emerge en la temprana infancia y se retiene para la satisfacción autoerótica ,es un rasgo primario de
perversión, es decir,
alguno de los componentes de la función sexual se anticipa a los otros en el desarrollo, se vuelve
autónomo fijándose luego y abstrayéndose de los procesos evolutivos.
Estas fantasías, las más de las veces permanecen apartadas del restante contenido de la neurosis [cadena asociativa, icc]
y no ocupan un lugar dentro de su ensambladura.
III.
 La fantasía de paliza tiene una prehistoria, recorre un desarrollo y corresponde a un resultado final, aparece hacia el
final del complejo de Edipo. Tiene una historia evolutiva, en cuyo transcurso cambia más de una vez: su vínculo con la
persona fantaseado, su objeto [quien es ese niño pegado?], contenido y significado.
La primera fase
 de la fantasía es: "El padre pega al niño”. El contenido es: "El padre pega al niño que yo odio”. El niño
azotado nunca es el fantaseador, lo regular es q sea otro niño, casi siempre un hermanito. El significado de la fantasía es
sádica
, ya que el niño fantaseador nunca es el que pega, sino que lo hace un adulto, el padre
o queda indeterminada.
La segunda fase
 de la fantasía es:

Yo soy azotado por el padre

. La persona que pega sigue siendo la misma pero el
niño azotado es el niño fantaseador mismo. La fantasía se tiñe de placer y se llenó con un contenido sustantivo. Se vuelve
masoquista
. Esta segunda fase nunca tuvo existencia real, cc. Se trata de una construcción del análisis.
La tercera fase
 se aproxima a la primera. La persona que pega nunca es la del padre, queda indeterminada o es investida
por un subrogante del padre. El niño fantaseador no sale a la luz en la fantasía de la paliza “probablemente yo estoy
mirando”.
En lugar del niño azotado casi siempre están presentes muchos niños y en la fantasía de las niñas con
frecuencia, los azotados son los varones pero ninguno de ellos resulta familiar. La fantasía ahora es portadora de una
excitación intensa, sexual, y procura la satisfacción onanista.
IV.
 En la época donde se sitúa la fantasía de paliza, la niña aparece enredado en las excitaciones de su complejo parental.
Pronto se comprende que ser azotado significa una destitución del amor y una humillación. Por eso es una representación
agradable que el padre azote a este niño odiado, que el padre le pegue, en la primer fase significa que no ama a ese niño,
sino “sólo a mí”. La fantasía satisface los celos del niño y depende de su vida amorosa, pero también recibe apoyo de sus
interés egoísta. Por eso es dudoso que se la pueda calificar de puramente "sexual"; pero tampoco la llamamos "sádica".
En esta elección de objeto del amor incestuoso, la vida sexual del niño alcanza el estadio de la organización genital.
Ninguno de esos enamoramientos incestuosos puede escapar de la represión. Lo que estuvo presente inconscientemente
como resultado psíquico de las mociones incestuosas de amor ya no es acogido más por la cc de la nueva fase. Con este
proceso represivo aparece una cc de culpa,
de origen desconocido, anudada a aquellos deseos incestuosos.
La fantasía de la época del amor incestuoso [primera fase] era: "el padre me ama solo a mí, no al otro niño, pues a este le
pega". La conciencia de culpa lo castiga: "no, no te ama a ti, te pega". La fantasía de la segunda fase, la de ser uno mismo
azotado por el padre, pasaría a ser la expresión de la conciencia de culpa ante la cual ahora sucumbe el amor por el
padre. La fantasía devino masoquista, en todos los casos la conciencia de culpa es quien transmuta el sadismo en
masoquismo. Pero no es este el contenido íntegro del masoquismo, además de la conciencia de culpa; la moción de amor
tiene que haber tenido su parte. Son niños en quienes el componente sádico pudo salir a primer plano de manera aislada
y prematura por razones constitucionales. Justamente en estos niños se ve facilitado un retroceso a la organización
pregenital sádico-anal de la vida sexual. Cuando la represión afecta la organización genital recién alcanzada, no sólo el
amor incestuoso deviene icc sino también la organización genital experimenta un rebajamiento regresivo. "El padre me
ama" se entendía en el sentido genital; por medio de la regresión se muda en "el padre me pega". Este ser-azotado es una
conjunción de cc de culpa y erotismo: no sólo es un castigo por la referencia genital prohibida sino su sustituto regresivo
y
recibe a partir de esta fuente su excitación libidinosa que se descargara en actos onanistas. Esta es la esencia del
masoquismo.
La fantasía de la segunda fase, la de ser uno mismo azotado por el padre, permanece por regla general icc a
consecuencia de la intensidad de la represión y debe reconstruirla en el análisis. Esto da la razón a los pacientes que
pretenden recordar que el onanismo emergió en ellos antes que la fantasía de paliza de la tercera fase, y esta última se le
habría unido más tarde.
Concebimos como una sustitución a la fantasía de la tercera fase
, su configuración definitiva en que el niño fantaseador
sigue apareciendo a lo sumo como espectador. La fantasía semejante a la de la primer fase, parece haberse vuelto de
nuevo hacia el sadismo. Produce la impresión como si en la frase "el padre pega a otro niño, sólo me ama a mí” el acento
se hubiese retirado sobre la primera parte después que la segunda es reprimida. Sólo la forma de la fantasía es sádica; la
satisfacción que se gana con ella es masoquista, su intencionalidad reside en que tomó sobre sí la investidura libidinosa
de la parte reprimida y se adhiere la conciencia de culpa. Los niños indeterminados a quienes el maestro azota, son solo
sustituciones de la persona propia.
V.
La perversión no es aislada en la vida sexual del niño. Permanece como secuela del complejo de edipo y grabada con
la conciencia de culpa. La perversión infantil puede convertirse en el fundamento para el despliegue de una perversión
para toda la vida o puede ser interrumpida y conservarse en el trasfondo de un desarrollo sexual normal [puede suceder
que la perversión no se desarrolle y si una fijación: rasgo primario].
El complejo de Edipo es el núcleo de la neurosis, y la sexualidad infantil, lo que resta de él como secuela constituye la
predisposición del adulto a contraer más tarde una neurosis. La fantasía de paliza y otras fijaciones perversas análogas,
serán precipitados del complejo de Edipo, las cicatrices que el proceso deja tras su expiración.
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El masoquismo no es una exteriorización pulsional primaria sino que nace por una reversión del sadismo hacia la persona
propia, o sea por regresión del objeto al yo. Al masoquismo le pertenece el carácter de displacentero, extraño para un
cumplimiento pulsional. El sadismo se muda en masoquismo bajo conciencia de culpa en el acto de la represión. La
represión se exterioriza en tres clases de afectos: vuelve icc el resultado de la organización genital, la regresión de lo
genital hasta el estadio sádico-anal y muda su sadismo en el masoquismo pasivo, narcisista [vuelve al propio yo]. De estos
tres resultados, el intermedio es posibilitado por la endeblez de la organización genital; el tercero se produce de manera
necesaria porque a la conciencia de culpa le escandaliza tanto el sadismo como la elección incestuosa de objeto
entendida en sentido genital.
La tercer fase, sádica, de la fantasía de paliza suele cobrar como portadora de la excitación que esfuerza al onanismo, y la
actividad fantaseada que ella suele incitar, una actividad que en parte la continua en su mismo sentido y en parte la
cancela por vía compensatoria. Es de importancia mayor la segunda fase, inconsciente y masoquista: la fantasía de ser
uno mismo azotado por el padre. No sólo porque continúa su acción eficaz por mediación de aquella que la sustituye;
también se pesquisan efectos suyos sobre el carácter, derivados de manera inmediata de su versión inconsciente.
EL SEPULTAMIENTO DEL COMPLEJO DE EDIPO. [premisa universal del pene]
El complejo de Edipo es el fenómeno central del período sexual de la primera infancia. Después cae en represión y es
seguido por el período de latencia. Se viene a pique a raíz de las dolorosas desilusiones acontecidas, caería a causa de
una imposibilidad interna.
El desarrollo sexual del niño progresa hasta una fase en que el genital, el falo ya tomado sobre sí el papel rector. Este
genital es solamente el masculino, porque los femeninos siguen sin ser descubiertos. La fase fálica, contemporánea al
complejo de Edipo, no prosigue su desarrollo hasta la organización genital definitiva, sino que se hunde y es relevada por
el periodo de latencia.
Cuando el varón entra en la fase fálica de su desarrollo libidinal, estimula su miembro, los adultos están en desacuerdo
con ese obrar, y sobreviene la amenaza de castración, proveniente de las mujeres, ellas buscan reforzar su autoridad
con el padre. La tesis es que la organización genital fálica en el niño se va a pique a raíz de esta amenaza de castración.
Al principio, el varón no presta atención a esta amenaza. El retiro del pecho materno y la separación de las heces no
tienen efecto. Lo que quiebra su incredulidad es la observación de los genitales femeninos. Con ello se vuelve
representable la pérdida de su propio pene y la amenaza de castración obtiene su efecto con posterioridad.
La masturbación es la descarga genital de la excitación sexual perteneciente al complejo. El complejo de Edipo ofrece
dos posibilidades de satisfacción: una activa, situándose en el lugar del padre (madre: objeto de amor, padre: obstáculo);
y una pasiva queriendo sustituir a la madre (padre: objeto de amor). La aceptación de la posibilidad de la castración puso
fin a las dos posibilidades de satisfacción derivadas del complejo de Edipo. Ambas conllevan la pérdida del pene; una, la
masculina, en calidad de castigo, y la otra, la femenina, como premisa. Si la satisfacción amorosa en el terreno del
complejo de Edipo debe costar el pene, entonces por fuerza estallara el conflicto entre el interés narcisista en esta parte
del cuerpo [valor fálico] y la investidura libidinosa de los objetos parentales. En este conflicto triunfa el yo del niño
renuncia el complejo de Edipo.
Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del padre es introyectada al yo,
forma el núcleo del superyó, que toma prestada del padre su severidad y perdura la prohibición del incesto y, así,
asegura al yo contra el retorno de la investidura libidinosa de objeto. Las aspiraciones libidinosas son desexualizadas y
sublimadas, inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas. Con este proceso se inicia el período de latencia que
interrumpe el desarrollo sexual del niño. El extrañamiento del yo respecto del complejo de Edipo es producto de la
represión, pero equivale a la destrucción y cancelación del complejo. Si esto último no ocurre, el complejo subsistirá en el
icc y más tarde exterioriza su efecto patógeno.
En la niña, el clítoris se comporta al comienzo como un pene, pero ella, por la comparación con un varón, percibe que es
"demasiado corto" y siente perjuicio e inferioridad. Durante un tiempo se consuela con que después le crecerá. La niña
comprende su falta actual explicando que una vez poseyó un miembro grande, y después lo perdió por castración,
acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el varón tiene miedo a la posibilidad de su consumación.
Excluida la angustia de castración, está ausente también un poderoso motivo para instituir el superyó e interrumpir la
organización genital infantil. El complejo de Edipo de la niña es más unívoco que en el varón. Es raro que vaya más allá
de la sustitución de la madre y de la actitud femenina hacia el padre. Desliza del pene al hijo; su complejo de Edipo
culmina en el deseo de recibir como regalo un hijo del padre. Se tiene la impresión de que el complejo de Edipo es
abandonado después poco a poco porque este deseo no se cumple nunca.
ALGUNAS CONSECUENCIAS PSÍQUICAS DE LA DIFERENCIA ANATÓMICA ENTRE LOS SEXOS (1925)
La madre fue el primer objeto de amor para el niño y la niña. ¿Cómo llega la niña a resignarse y tomar al padre por
objeto? En la fase fálica, al notar el pene de un niño, lo supone como el correspondiente superior de su órgano y cae
víctima de la envidia de pene. Hay una oposición en la conducta de ambos sexos: cuando el varón ve por primera vez los
genitales femeninos, se muestra poco interesado, más tarde cobra influencia la amenaza de castración, que vuelve
significativa su observación: su recuerdo lo somete a la creencia de la efectividad de la amenaza.
Nada de eso ocurre en la niña. En el acto se forma su juicio y su decisión. Vio eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo.
Si la mujer no logra superar pronto el complejo de masculinidad,
puede deparar dificultades al desarrollo hacia la
feminidad. La esperanza de recibir un pene o al no aceptar su castración, afirma que posee un pene y se comporta como
un varón. Con la admisión de la herida narcisista se establece un sentimiento de inferioridad.
La masturbación en el clítoris sería una actitud masculina y el despliegue de la feminidad tendría por condición la
remoción de la sexualidad clitorídea. Tras la envidia de pene se produce una corriente opuesta al onanismo, que es un
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preanuncio de aquella oleada represiva que en la pubertad eliminará gran parte de la sexualidad masculina para dejar
espacio a la feminidad.
El conocimiento de la diferencia anatómica entre los sexos esfuerza a la niña a apartarse de la masculinidad y del
onanismo masculino, y a encaminarse por nuevas vías que llevan a la feminidad. Hasta este momento no tuvo en juego
el complejo de Edipo, ahora la libido de la niña se desliza, resigna el deseo del pene para reemplazarlo por el deseo de
un hijo y toma al padre [portador del falo] como objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos, y la niña
deviene una pequeña mujer.
En la niña, el complejo de castración precede y prepara al complejo de Edipo, este es una formación secundaria.
Mientras que el complejo de Edipo del varón cae debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e
introducido por este último
[asimetría de los Edipos]. El complejo de castración produce en cada caso efectos:
inhibidores y limitadores de la masculinidad, y promotores de la feminidad. La diferencia entre el varón y la mujer en
cuanto a esta pieza del desarrollo sexual es una consecuencia de la diversidad anatómica de los genitales y de la
situación psíquica enlazada con ella; correspondiente al distinto entre castración consumada y amenaza de castración.
CONFERENCIA 33: LA FEMINIDAD.
Freud se pregunta por la esencia de lo femenino, pasa por diferentes respuestas: la primera es biológica, la mujer tiene
óvulos, el hombre espermatozoides. La segunda es psicológica, la mujer es pasiva, el hombre activo. Ninguna le
convence.
El desarrollo de la niña incluye dos tareas adicionales diferentes al varón: cambio de objeto (pasaje de la madre al padre)
y cambio de zona erógena.
Los dos sexos recorren las primeras fases del desarrollo libidinal de forma similar. Con el ingreso en la fase fálica, el
varón procura sensaciones placenteras con su pene, y la niña con su clítoris. Pero no está destinada a seguir siéndolo;
con la vuelta hacia la feminidad el clítoris debe ceder su sensibilidad y valor a la vagina.
El primer objeto de amor del varón y la niña es la madre, en el varón lo sigue siendo también en el complejo de Edipo, en
cambio en la niña es el padre.
En la niña hay un estadio previo (preedípico) de ligazón-madre donde el padre es solo un rival. Casi todo lo que más
tarde hallamos en el vínculo con el padre pre existió en la ligazón-madre y fue transferido
al padre.
Los vínculos libidinosos de la niña con la madre atraviesan las tres fases de la sexualidad infantil, cobran los caracteres
de cada una de ellas, se expresan mediante deseos orales, sádico-anales, y fálicos.
Subrogan tanto mociones activas
como pasivas.
El destino es que esta ligazón-madre se vaya a pique y de lugar a la ligazón-padre. El extrañamiento de la madre se
produce con hostilidad y odio a partir de diversos reproches. Una fuente de la hostilidad del niño a la madre, la
proporcionan los múltiples deseos sexuales, variables de acuerdo con la fase libidinal, que no son satisfechos.
Todos estos reproches adquieren eficacia también en la relación del varón con la madre pero no son capaces de
enajenar del objeto-madre. La diferencia reside en el complejo de Edipo donde la niña hace responsable a la madre de
su falta de pene y no le perdona ese perjuicio. Ese factor específico se halla en el complejo de castración. Y la diferencia
anatómica (entre los sexos) no puede menos que imprimirse en consecuencias psíquicas.
El complejo de castración de la niña se inicia con la visión de los genitales del otro sexo. Nota la diferencia y su
significación, se siente perjudicada entonces cae presa de la envidia del pene
. Que la niña admita el hecho de su falta de
pene hace que se aferre por largo tiempo al deseo de llegar a tener algo así.
El descubrimiento de su castración es un punto de cambio de orientación en el desarrollo de la niña. Parten tres
orientaciones del desarrollo:
Inhibición sexual o neurosis: la niña, hasta ese momento había vivido como varón, procuraba placer por excitación de su
clítoris y lo relacionaba con sus deseos sexuales, referidos a la madre. La comparación con el varón es una ofensa a su
amor propio entonces renuncia a la satisfacción masturbatoria en el clítoris y desestima su amor por la madre. El
extrañamiento respecto de la madre no se producen de un golpe, al comienzo considera su castración como una
desdicha personal, poco a poco la extiende a otras personas del sexo femenino, y por último a la madre. Su amor se
había dirigido a la madre fálica; con el descubrimiento de que la madre es castrada la abandona como objeto de amor.
Cuando el quehacer onanista hace largo tiempo fue sofocado, se exterioriza simpatía hacia personas a quienes se
atribuyen dificultades parecidas y puede comandar la elección del marido.
Feminidad normal: con el abandono de la masturbación clitorídea, la niña renuncia a una porción de actividad, prevalece
la pasividad, la vuelta hacia el padre se consuma con ayuda de mociones pulsionales pasivas. Tal oleada de desarrollo
que remueve la actividad fálica, allana el terreno a la feminidad. Cuando no es mucho lo que a raíz de ello se pierde por
represión, esa feminidad pueda resultar normal. El deseo con que la niña se vuelve hacia el padre es el deseo del pene
que la madre le denegó y ahora lo espera de él. La situación femenina sólo se establece cuando el deseo del pene se
sustituye por el deseo del hijo siguiendo una equivalencia simbólica, el hijo aparece en el lugar del pene. La niña ya
había deseado un hijo antes, en la fase fálica no perturbada; ese era el sentido de su juego con muñeca. Solo con el
deseo del pene, el hijo-muñeca deviene un hijo del padre y la más intensa meta de deseo femenina.
Con la transferencia al deseo hijo-pene al padre, la niña ingresa en la situación Edípica. La hostilidad con la madre
experimenta un refuerzo, deviene la rival que recibe del padre todo lo que la niña anhela de él. Por largo tiempo el C de
E de la niña nos impidió ver esa ligazón-madre preedípica. Para la niña, la situación edípica es el desenlace de un largo
proceso. En este punto, en la relación del complejo de Edipo con el de castración, salta a la vista una diferencia entre los
sexos.
El complejo de Edipo del varón (anhela a su madre y querría eliminar a su padre) se desarrolla a partir de la fase de su
sexualidad fálica. La amenaza de castración hace que resigne esta postura. Bajo la impresión del peligro de perder el
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pene, el complejo de Edipo es abandonado. Lo que acontece en la niña es casi lo contrario. El complejo de castración
prepara al complejo de Edipo en vez de destruirlo; por la envidia del pene, la niña es expulsada de la ligazón-madre y
desemboca en la situación edípica. La niña permanece dentro de él por un tiempo indefinido, sólo después lo
deconstruye y lo hace de manera incompleta.
Complejo de masculinidad: la niña se rehúsa a reconocer la falta de pene y mantiene su quehacer clitorideo buscando
una identificación con la madre fálica o con el padre. Lo decisivo para este desenlace es un factor constitucional, una
proporción mayor de actividad. Se evita la oleada de pasividad que inaugura la feminidad.
Llamamos libido a la fuerza pulsional de la vida sexual. La vida sexual está gobernada por la polaridad
masculino-femenina. La libido es una sola que entra al servicio de la función sexual tanto masculina como femenina. Es
activa, pero también subroga aspiraciones de meta pasiva.
En la feminidad se puede ver un alto grado de narcisismo, que influye en la elección de objeto, la necesidad de ser
amada es más intensa que la de amar. La vergüenza busca ocultar el defecto de los genitales. La mujer sigue
participando el efecto de la envidia del pene.
INHIBICIÓN, SÍNTOMA Y ANGUSTIA.
Capítulo IV.
El pequeño Hans se rehúsa a andar por la calle porque tiene angustia ante el caballo. La angustia frente al caballo es el
síntoma; la incapacidad para andar por la calle, un fenómeno de inhibición, una limitación que el yo se impone para no
provocar el síntoma-angustia. No es una angustia indeterminada frente al caballo, sino de una determinada expectativa
angustiada: el caballo lo morderá. Este contenido procura sustraerse de la cc y sustituirse mediante la fobia.
Se encuentra en la actitud edípica de celos y hostilidad hacia su padre, a quien a la vez ama (ambivalencia). La moción
pulsional (impulso hostil hacia el padre) sufre la represión. Hans vio lastimarse a un compañero con quien había jugado
al caballito. Moción de deseo: eliminar al padre. No podemos designar como síntoma la angustia de esta fobia; si el
pequeño Hans, que está enamorado de su madre, mostrará angustia frente al padre, no podríamos atribuirle una
neurosis, una fobia. Nos encontraríamos con una reacción afectiva. Lo que la convierte en neurosis es otro rasgo: la
sustitución del padre por el caballo.
Este desplazamiento hace acreedor al nombre de síntoma. A esa edad todavía están
prontas a reanimarse las huellas innatas del pensamiento totemista.
Tramitó mediante su fobia las dos mociones principales del complejo de Edipo, la agresiva hacia el padre y la tierna
hacia la madre. La angustia frente a una castración inminente. Por angustia de castración resigna la agresión hacia el
padre: su angustia de que el caballo lo muerda puede completarse, le arranque los genitales, lo castre [angustia motor
de la represión]. El motor de la represión es la angustia frente a la castración; el contenido angustiante, ser mordido por
el caballo es un sustituto desfigurado.
El afecto de la fobia, no proviene del proceso represivo, de las investiduras libidinosas de las mociones reprimidas, sino
de lo represor mismo; la angustia de la zoofobia es la angustia de castración, es una angustia realista, angustia frente a
un peligro que amenaza considerada real. La angustia crea la represión y no la represión a la angustia.
[3° versión]
Freud sustentó la tesis de que por obra de la represión el representante de la pulsión es desplazada en tanto que la
libido de la moción pulsional es mudada en angustia (2da versión). La indagación de las fobias, no corrobora esta tesis y
parece contradecirla. La angustia de las zoofobias es la angustia de castración del yo. La mayoría de las fobias se
remontan a una angustia del yo, frente a las exigencias de la libido. La actitud angustiada del yo es primario, y es la
impulsión para la represión. La angustia nunca proviene de la libido reprimida (3era versión).
Capitulo VII.
En las zoofobias infantiles el yo debe proceder contra una investidura libidinosa de objeto del ello (ya sea del complejo
de Edipo positivo o negativo) porque comprendió que ceder a ella aliviaria el peligro de la castración. [articulación entre
las mociones pulsionales y el complejo de castración]
En el caso de Hans (complejo de Edipo positivo) la moción tierna hacia la madre sólo puede considerarse erótica pura, la
agresiva (hacia el padre) depende de la pulsión de destrucción, y en la neurosis, el yo se defiende de exigencias de la
libido, no de las otras pulsiones. Tras la formación de la fobia la ligazón-madre tierna desapareció por la represión y la
formación sintomática (formación sustitutiva) es una sustitución en torno de la moción agresiva.
Tan pronto como entiende el peligro de castración, el yo da la señal de angustia e inhibe el proceso de investidura
amenazador en el ello [represión]; por medio de la instancia placer-displacer. Al mismo tiempo se concluye la formación
de la fobia. La angustia de castración recibe otro objeto y una expresión desfigurada: ser mordido por el caballo, en vez
de ser castrado por el padre. La formación sustitutiva tiene dos ventajas: esquiva un conflicto de ambivalencia, el padre
es un objeto amado; y permite al yo suspender el desarrollo de angustia. La angustia de la fobia solo emerge cuando su
objeto es percibido, sólo entonces está presente la situación de peligro. Si se sustituye al padre por un animal, se evita la
presencia de este, para quedar exento de peligro y de angustia. Por lo tanto, el pequeño Hans impone a su yo una
limitación, no sale para no encontrarse con caballos.
La fobia sustituye un peligro pulsional interior por un peligro de percepción exterior, del que puede protegerse mediante
la huida y la evitación de percibirlo, mientras que la huída no vale frente al peligro interno. La exigencia pulsional no es
un peligro en sí misma; lo es sólo porque conlleva un peligro exterior, el de la castración. Por lo tanto, en la fobia, en el
fondo sólo se sustituye un peligro exterior por otro. El yo puede sustraerse de la angustia por medio de una evitación o
de un síntoma-inhibición, esa angustia es solo una señal-afecto, y nada ha cambiado en la situación económica.
La angustia de las zoofobias es una reacción afectiva del yo frente al peligro; y el peligro frente al cual se emite la señal
es el de la castración.
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En la fobia, el motor de la formación del síntoma es la angustia del yo frente al superyó. La hostilidad del superyo es la
situación de peligro de la cual el yo debe evitar. El peligro está interiorizado. Lo que el yo teme del superyó, es el castigo
de este que es un eco del castigo de castración. Así como el superyó es el padre apersonal, la angustia frente a la
castración con que este amenaza se transmuta en una angustia social o de cc moral. La angustia es la reacción frente a
la situación de peligro; se la ahorra si el yo hace algo para evitar la situación o sustraerse de ella. Los síntomas son
creados para evitar la situación de peligro
que es señalada mediante el desarrollo de angustia. Ese peligro es el de la
castración o algo derivado de ella.
La neurosis traumática se concibe como una consecuencia de la angustia de supervivencia o de muerte, dejando de
lados los vasallajes del yo y la castración. Se aportaron pruebas de que una amenaza a la pulsión de autoconservación
podía producir una neurosis sin participación de la sexualidad.
En lo icc no hay nada que pueda dar contenido a la muerte. La angustia de muerte puede representarse a través de la
castración, debe concebirse como un análogo a la angustia de castración. La situación frente a la cual el yo reacciona es
la de ser abandonado por el superyó protector, los poderes del destino. A raíz de las vivencias que llevan a la neurosis
traumática es quebrada la protección contra los estímulos exteriores y en el aparato anímico ingresan volúmenes
hipertróficos de excitación, estamos ante una segunda posibilidad: la angustia no se limita a ser una señal-afecto, sino
que también es producida como algo nuevo a partir de las condiciones económicas de la situación.
La angustia es considerada una señal-afecto del peligro, se trata tan a menudo del peligro de la castración como de la
reacción frente a una pérdida, una separación. La primera vivencia de angustia es la del nacimiento, significa la
separación de la madre, podría compararse a una castración de la madre (de acuerdo con la ecuación hijo=pene). El
nacimiento no es vivenciado como una separación de la madre, esta es ignorada como objeto por el feto narcisista.
Capitulo VIII.
El análisis del estado de angustia se distingue: 1) un carácter displacentero específico, 2) acciones de descarga y 3)
percepciones de éstas.
La angustia es un estado displacentero particular con acciones de descarga que siguen determinadas vías. En la base
de la angustia hay un incremento de la excitación, que da lugar al carácter displacentero y por la otra es aligerado
mediante descargas. Es la reproducción de una vivencia que reunió las condiciones para un incremento del estímulo y
para la descarga por determinadas vías, a raíz de los cual, el displacer de la angustia recibió su carácter específico. En
el humano, el nacimiento es una vivencia arquetípica
de tal índole y por eso nos inclinamos a ver en el estado de
angustia como una reproducción del trauma de nacimiento.
La reconducción de la angustia al suceso del nacimiento debe ser protegida. La angustia se generó como reacción a un
estado de peligro
, se la reproducirá cuando un estado semejante vuelva a presentarse (arquetipo). Las inervaciones del
estado de angustia originario tuvieron pleno sentido y fueron adecuadas al fin. Así, se separan dos posibilidades de
emergencia de la angustia: una, desacorde con el fin, en una situación nueva de peligro; la otra, acorde con el fin, para
señalar y prevenirlo.
En el acto de nacimiento amenaza un peligro objetivo para la conservación de la vida. Sabemos lo que ello significa en
realidad, pero psicológicamente no nos dice nada (algo de la angustia queda fuera de la representación: perturbación
económica). El feto nota una perturbación en la economía de su libido narcisista. Grandes sumas de excitación irrumpen
hasta él, producen novedosas sensaciones de displacer; muchos órganos se conquistan elevadas investiduras. ¿qué es
lo que podría emplearse como signo distintivo de una "situación de peligro"?
La angustia del niño es entendida debido a que extraña a la persona amada (añorada). La imagen mnémica de la
persona añorada es investida, al comienzo de manera alucinatoria. Parece como si esta añoranza se trocara de pronto
en angustia. Esa angustia sería una expresión de desconcierto, como si no supiese qué hacer con su investidura
añorante. Así, la angustia se presenta como una reacción frente a la ausencia del objeto de amor.
La reflexión nos lleva más allá de esa pérdida de objeto. Cuando el niño añora la percepción de la madre, es porque ya
sabe, que ella satisface sus necesidades. Entonces, la situación que valora como "peligro" y de la cual quiere protegerse
es la de la insatisfacción, el aumento de la tensión de necesidad
(niño desamparado). La situación de insatisfacción, en
que las magnitudes de estímulo alcanzan un nivel displacentero sin que se las domine por empleo psíquico y descarga,
tiene que establecer para el lactante la analogía con la vivencia de nacimiento, la repetición de la situación de peligro; lo
común en ambas es la perturbación económica por el incremento de las magnitudes de estímulo en espera de
tramitación; este factor constituye el núcleo genuino del "peligro". En ambos casos sobreviene la reacción de angustia.
[angustia automática]
Con la experiencia de que un objeto exterior, aprehensible por percepción, puede poner término a la situación peligrosa
que recuerda al nacimiento, el contenido del peligro se desplaza de la situación económica a su condición, la pérdida del
objeto. Ahora el peligro es la ausencia de la madre; el lactante da la señal de angustia tan pronto ella se ausenta, antes
que sobrevenga la situación económica temida. Esta mudanza significa un primer gran progreso en el logro de la
autoconservación; encierra el pasaje de la neoproducción involuntaria y automática de la angustia a su reproducción
deliberada como señal del peligro. [angustia señal: anticipa el peligro]
En ambos aspectos, como fenómeno automático y como señal de socorro, la angustia demuestra ser producto del
desvalimiento psíquico del lactante. En la angustia del nacimiento como la angustia del lactante se reconoce por
condición la separación de la madre.
La pérdida del objeto como condición de la angustia persiste por todo un tramo. También la siguiente mudanza de la
angustia, la angustia de castración que sobreviene en la fase fálica, es una angustia de separación y está ligada a
idéntica condición. El peligro es la separación de los genitales. En la castración la alta consideración narcisista por el
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pene se basa en la garantía de la reunión con la madre en el coito. La privación de este órgano equivale a una nueva
separación con la madre y a una tensión displacentera de la necesidad.
Al despersonalizarse la instancia parental , el peligro se vuelve más indeterminado. La angustia de castración se
desarrolla como angustia de la cc moral, como angustia social. Esa angustia frente al superyó es la angustia de muerte,
angustia frente a los poderes del destino.
El peligro del desamparo psíquico se adecua al periodo de la inmadurez del yo, el peligro de la pérdida de objeto a la
falta de autonomía de los primeros años de la niñez, el peligro de castración a la fase fálica y la angustia frente al
superyó al periodo de latencia. El yo es el genuino almácigo de la angustia.
Capitulo XI.
a)Resistencia y contrainvestidura.
La represión reclama un gasto permanente. Si este falta, la moción reprimida, que recibe continuos flujos desde sus
fuentes, retomaría el mismo camino que fue esforzada a desalojar y debería repetirse. La naturaleza de la pulsión exige
asegurar al yo su acción defensiva mediante un gasto continuo: resistencia.
La contrainvestidura,
necesaria para la
resistencia, en la neurosis obsesiva presupone una alteración del yo como formación reactiva
en el interior del mismo.
Son exageraciones de rasgos de carácter normales.
En la histeria hay un cierto grado de alteración del yo que resuelve la ambivalencia (amor-odio). Tales formaciones
reactivas no muestran la naturaleza general de rasgos de carácter sino que se limitan a relaciones muy especiales;
retiene un objeto determinado. La contrainvestidura se dirige hacia fuera contra una percepción peligrosa para evitar
situaciones en que emergería esa percepción.
En las fobias hay un nexo mayor entre represión y contrainvestidura externa, y regresión y contrainvestidura interna
(alteración del yo por formación reactiva). La resistencia la ópera el yo por sus contrainvestiduras.
Las defensa contra la percepción peligrosa es una tarea universal de las neurosis. Diversos mandamientos y
prohibiciones de la neurosis obsesiva están destinados a servir a este mismo propósito.
La resistencia que debemos superar en el análisis, es operada por el yo, que se afirma a sus contrainvestiduras.
Hacemos cc la resistencia toda vez que ella misma es icc a raíz de su nexo con lo reprimido; si devino cc, o después que
lo ha hecho, le contraponen argumentos lógicos, y prometemos al yo ventajas y premios si abandona la resistencia. En
cuanto a la resistencia de yo, es cuestionable que ella sola recubra el estado de cosas que nos sale al paso en el
análisis. Hacemos la experiencia de que el yo sigue hallando dificultades para deshacer las represiones aun después
que se formó el designio de resignar sus resistencias, y llamamos "reelaboración” a la fase de trabajoso empeño que
sigue a ese loable designio: tras cancelar la resistencia yoica, es preciso superar todavía el poder de la compulsión de
repetición, la atracción de los arquetipos inconscientes sobre el proceso pulsional reprimido; y nada habría que objetar si
se quisiese designar ese factor como resistencia de lo inconsciente.
Existen cinco clases de resistencia que provienen de tres lados:
Yoicas:
 la represión
(resistencia radial y longitudinal),
la transferencia
(establece vinculo con la situacion analitica y
consigue reanimar la represión mediante un vínculo con el analista) y la ganancia de la enfermedad
(integración del
síntoma en el yo. Corresponde a la resistencia a renunciar a una satisfacción).
Ello:
 la necesidad de
reelaboración
(satisfacción de una fantasía icc que es necesario elaborarla varias veces en el
análisis para q el paciente tome noticia que en su padecimiento hay algo que le produce satisfacción).
Superyó: cc de culpa o necesidad de castigo
(se opone a todo éxito y a la curación mediante el análisis).
b)Complemento sobre la angustia.
La angustia es expectativa; es angustia ante
algo. Lleva adherido un carácter de indeterminación
y ausencia de objeto
;
cuando hallamos un objeto es miedo.
La angustia también tiene un vínculo con la neurosis.
Peligro realista es uno del que tomamos noticia, y angustia realista es la que sentimos frente a un peligro de esa clase.
La angustia neurótica lo es ante un peligro del que no tenemos noticia.
El peligro realista desarrolla dos reacciones: la afectiva, el estallido de angustia y la acción protectora.
Hay casos donde se presenta la angustia realista y la neurótica. El peligro es real pero la angustia desmedida.
El núcleo de la situación de peligro es el
desamparo material en el caso del peligro realista, y psíquico en el del peligro
pulsional. Llamemos traumática
a una situación de desamparo vivenciada; tenemos razones para diferenciar la situación
traumática de la situación de peligro
(esta para evitar la situación traumática).
Constituye un importante progreso en nuestra autopreservación no aguardar a que sobrevenga una de esas situaciones
traumáticas de desamparo, sino preverla, estar esperándola. Llámanos situación de peligro a aquella en que se contiene
la condición de esa expectativa; en ella se da la señal de angustia. Esto quiere decir: yo tengo la expectativa de que se
produzca una situación de desamparo, o la situación presente me recuerda a una de las vivencias traumáticas que antes
experimenté. Por eso anticipó ese trauma, quiero comportarme como si ya estuviera ahí, mientras es todavía tiempo de
exiliarse de él. La angustia es expectativa del trauma [señal], y por la otra parte, una repetición miserable de él. Su
vínculo con la expectativa se vincula a la situación de peligro; su indeterminación y ausencia de objeto, a la situación
traumática del desamparo que es anticipada en la situación de peligro.
La situación de peligro es la situación de desamparo entendida, recordada, esperada. La angustia es la reacción
originaria frente al desamparo en el trauma [angustia traumática], que más tarde es reproducida como señal de socorro
en la situación de peligro [angustia señal]. El yo, que vivencio pasivamente el trauma, repite ahora de manera activa una
producción de este, con la esperanza de poder guiar su decurso.
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Lo decisivo es el primer desplazamiento de la reacción de angustia desde su origen en la situación de desamparo hasta su
expectativa, la situación de peligro. Y de ahí siguen los posteriores desplazamientos del peligro a la condición del peligro,
así como la pérdida de objeto y sus ya mencionadas modificaciones.
El peligro de la pérdida de objeto, siendo este la protección frente a todas las situaciones de desvalimiento.
MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER. [I.sobre los mecanismos psiq. III. recordar,repetir, r.]
I.
 El decurso de los procesos anímicos es regulado por el principio de placer (pérdida, AP deseante, búsqueda del
objeto perdido, repetición/desplazam). En todos los casos lo pone en marcha una tensión displacentera y su resultado
final coincide con una disminución de aquella, con una evitación de displacer o una producción de placer. Placer y
displacer dependen de la cantidad de excitación presente en la vida anímica y no ligada: el displacer corresponde a un
incremento de esa cantidad, y el placer a una reducción de ella. El aparato anímico se afana por mantener lo más bajo
posible, o al menos constante, la cantidad de excitación presente en él. (sobre los mecanismos psiq). El principio de
placer se deriva del principio de constancia
 (disminución de la cantidad, tramitación por descarga, representación de
descarga (curación), homeostasis, trauma: carga excesiva). Sin embargo existen también fuerzas que contrarían este
principio.
Es incorrecto hablar de un imperio del principio de placer sobre el decurso de los procesos anímicos, en el alma existe
una fuerte tendencia al principio de placer, pero otras fuerzas lo contrarían, el resultado final puede tender al displacer.
Existen dos rupturas/inhibiciones por dentro del principio de placer: este es reemplazado por el de realidad, se pospone
la satisfacción y se tolera el displacer; o el displacer surge de los conflictos y escisiones producidos en el aparato
mientras el yo recorre su desarrollo hacia organizaciones más complejas, las rep. inconciliables son separadas del yo por
la represión que les corta, al comienzo la posibilidad de alcanzar la satisfacción.
II.
 Se llama neurosis traumática a un estado que sobreviene tras accidentes con riesgo de muerte. El cuadro de la
neurosis traumática se aproxima al de la histeria por presentar en abundancia síntomas motores similares; pero lo
sobrepasa, por lo regular, en sus indicios de padecimiento subjetivo. En la neurosis traumática común se destacan dos
rasgos: la causación se sitúa en el factor sorpresa, en el terror y que un daño físico o herida contrarresta la producción
de la neurosis.
La angustia
designa cierto estado de expectativa frente al peligro y preparación para él, aunque se trate de un peligro
desconocido. El miedo
requiere un objeto determinado presente. El terror
se produce cuando se corre un peligro sin
estar preparado: destaca el factor sorpresa.
El sueño de los neuróticos traumáticos reconduce al enfermo a la situación de su accidente de la cual despierta con
renovado terror [función del sueño alterada]. El enfermo está fijado psíquicamente al trauma. La función del sueño
resultó afectada y desviada de sus propósitos. Ahora pasa a ser un intento
de cumplimiento de deseo.
Freud observa el juego infantil, un niño jugaba a arrojar lejos de sí todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance.
Y al hacerlo decía con expresión satisfacción "o-o-o-o", que significaba “fort” (se fue). El niño jugaba que sus juguetes
"se iban". Al tirar su yoyo, desaparecia y este decia "n-o-o-o", luego tiraba del hilo, apareciendo así el yoyo mientras y
decía “da” (acá está). Este era, el juego completo. La mayor parte de las veces no realizaba el juego completo (lo cual
sería placentero), sino que repetía el primer acto (fort). Esta interpretación fue certificada con otra observación, en la
cual, luego de que su madre se ausentó muchas horas, fue saludada por el niño diciendo “bebé o-o-o-o”, durante la
soledad el niño había encontrado hacerse desaparecer a sí mismo.
El juego simbolizaba su renuncia pulsional (renuncia a la satisfacción pulsional) de admitir sin protestas la partida de la
madre. Se satisfacía escenificando, con los objetos de su alcance, ese desaparecer y regresar de su madre.
Si la partida de la madre era desagradable ¿Cómo se concilia con el principio de placer que repitiese en calidad de juego
esa vivencia penosa? Se pueden hacer varias interpretaciones: jugaba a la partida porque era condición previa de la
gozosa reaparición, la cual contendría el genuino propósito del juego, aunque la mayoría de las veces sólo jugaba a la
partida; en la vivencia era pasivo, era afectado por ella, ahora se ponía en un papel activo repitiendola como juego, a
pesar de que fue, vuelve activo lo que vivió pasivo; el acto de arrojar el objeto para que se vaya, quizás es la satisfacción
de un impulso, sofocado por el niño en su conducta, a vengarse de la madre por su partida (no te necesito, te echo).
Cuando el niño repitió en el juego una impresión desagradable, se debió a que la repetición iba conectada a una
ganancia de placer de otra índole, pero directa.
Bajo el imperio del principio de placer existen medios y vías para convertir en objeto de recuerdo y elaboración anímica
lo que es displacentero.
III
. El médico dedicado al análisis deduce, reconstruye y comunica en el momento oportuno lo icc oculto para el enfermo.
El psicoanálisis era un arte de interpretación pero como no se solucionaba la tarea terapéutica, se planteó otro propósito:
pedir al enfermo a corroborar la construcción mediante su propio recuerdo. El centro de gravedad recayó en las
resistencias, el arte consistía ahora en describirlas a la brevedad, mostrarlas y por medio de la influencia humana
moverlo a que las resigne.
Se hizo claro que devenir cc lo icc no podía alcanzarse por ese camino., El enfermo no puede recordar todo lo reprimido,
se ve forzado a repetir
lo reprimido como vivencia presente, en vez de recordarlo.
Esta reproducción tiene por contenido
un fragmento de la vida sexual infantil y, por tanto, del complejo de Edipo, se escenifica en el terreno de la transferencia
en relación con el médico. La neurosis original se sustituye por una nueva neurosis à neurosis de transferencia. A esta
repetición la llamaremos compulsión de repetición.
Lo reprimido no ofrece resistencia a la cura sino que aspira a invadir a la cc. La resistencia proviene de los mismos
sistemas de la vida psíquica que en su momento llevaron a cabo la represión. Eliminamos esta oscuridad poniendo en
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oposición el yo coherente y lo reprimido. En el interior del yo es mucho lo icc lo que puede llamarse el "núcleo del yo";
solo una pequeña parte la llamaremos preconciente.
La resistencia del analizado parte de su yo, designamos la
compulsión de repetición
a lo reprimido icc. (3 versión, luego del icc dinámico y descriptivo).
La resistencia del yo cc y precc está al servicio del principio de placer, quiere ahorrar el displacer que se excitaría por la
liberación de lo reprimido, nosotros queremos conseguir que ese displacer se tolere invocando el principio de realidad.
Lo que la compulsión de repetición hace re vivenciar provoca displacer al yo, saca a luz mociones pulsionales
reprimidas. Esta clase de displacer no contradice al principio de placer, es displacer para un sistema y satisfacción para
el otro. La compulsión de repetición devuelve vivencias pasadas que no producen placer, tampoco en aquel momento
pudieron ser satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas.
Los neuróticos repiten en la transferencia todas ocasiones indeseadas y situaciones afectivas dolorosas, remojandolas.
Nada de eso pudo procurar placer; la acción de pulsiones que estaban destinadas a conducir a la satisfacción, en aquel
momento no lo produjeron, sino que conllevaron displacer. Se la repite a pesar de todo; una compulsión esfuerza a ello.
Eso mismo que el psicoanálisis revela en los fenómenos de transferencia de los neuróticos puede encontrarse también
en la vida de las personas no neuróticas. En estas hace la impresión de un destino que las persiguiera, y desde el
comienzo el psicoanálisis juzgo que ese destino fatal era autoinducido y estaba determinado por la temprana infancia. La
persona parece vivenciar algo pasivamente sustraído a su poder, a despecho de lo cual vivencia una y otra vez la
repetición del mismo destino.
En la vida anímica existe una compulsión de repetición que se instaura más allá del principio de placer.
Los fenómenos de la transferencia están al servicio de la resistencia del yo, persistente en la represión; la compulsión de
repetición, que la cura pretendía poner a su servicio, es ganada para el bando del yo, que quiere aferrarse al principio de
placer.
IV.
 El aparato anímico tiene un sistema precc-cc, donde llegan las percepciones del mundo exterior y las sensaciones de
placer y displacer que se originan en el interior del aparato. Se encuentra en la frontera entre lo exterior y lo interior.
Estas sensaciones y percepciones que llegan no dejan huellas en el sistema cc, la cc surge en reemplazo de la huella
mnémica. El sistema cc se singulariza por la particularidad de que en él, el proceso de excitación no deja una alteración
permanente de sus elementos, sino que se agota en el fenómeno de devenir-conciente.
Imaginemos una vesícula de sustancia estimulable, su superficie vuelta hacia el mundo exterior se diferencia por su
ubicación y sirve como órgano receptor de estímulos. Por el persistente ataque de estos estímulos externos contra su
superficie, se forma una corteza que ofrece las condiciones más favorables para la recepción de estímulos y ya no puede
modificarse. En el sistema cc, esto significa que el paso de la excitación ya no puede recibir ninguna alteración
permanente en sus elementos, están modificados al máximo.
Esta vesícula sería aniquilada por la acción de los estímulos del mundo si no estuviese provista por una protección
antiestimulo. La obtiene cuando su superficie más externa se vuelve inorgánica, y opera apartando los estímulos, como
una membrana. Hace que las energías del mundo exterior puedan propagarse solo con una fracción de su intensidad a
los estratos.
Para el organismo vivo, la tarea de protegerse contra los estímulos es más importante que la de recibirlos; está dotado
de una reserva energética y transforma la energía. Los órganos sensoriales, además de recibir acciones estimuladoras
específicas, tienen particulares mecanismos preventivos para la protección contra volúmenes super grandes e
inadecuados de estímulos.
La vesícula viva está dotada de una protección anti estímulo frente al mundo exterior. El estrato cortical es un órgano
para la recepción de estímulos externos. Este, más tarde será el sistema cc, y recibe también excitaciones desde
adentro; la posición del sistema entre el exterior y el interior, y la influencia desde un lado y desde el otro, se vuelven
decisivas para su operación y la del aparato anímico como un todo. Hacia afuera hay una protección anti estímulo; hacia
adentro, la protección es imposible, y las excitaciones se propagan de manera directa y no reducida, produciendo
sensaciones de placer y displacer. Las excitaciones provenientes del interior serán por su intensidad y caracteres
cualitativos. Esta constelación determinara dos cosas: la prevalencia de las sensaciones de placer y displacer sobre los
estímulos externos; y cierta orientación de la conducta respecto de las excitaciones internas que produzcan demasiado
displacer. Se tenderá a tratarlas como si no obraran desde adentro, sino desde afuera, para poder aplicarles el medio
defensivo de la protección antiestimulo.
Serán traumáticas
aquellas excitaciones externas que poseen la fuerza suficiente para perforar la protección
antiestimulo, lo que provocará una perturbación energética del organismo y pondrá en acción todos los medios de
defensa. En un primer momento el principio de placer quedará abolido entonces, se deberá dominar el estímulo,
ligandolo psíquicamente a fin de conducirlos, después de su tramitación.
El displacer específico del dolor corporal se debe a que la protección antiestimulo fue perforada en un área limitada. Y
entonces, desde este lugar afluyen al aparato anímico excitaciones continuas, que por lo regular solo podrían venirle del
interior del aparato. Es movilizada la energía de investidura energética a fin de crear una investidura energética de nivel
correspondiente. Se produce una enorme "contrainvestidura" y se produce una parálisis u otra operación psíquica. Un
sistema de elevada investidura en sí mismo es capaz de recibir nuevos aportes de energía fluyente y "ligarlos"
psíquicamente. Cuanto más alta sea su energía ligada propia, tanto mayor será también su fuerza ligadora y cuanto más
baja su investidura, menos capacitado estará el sistema para recibir energía afluente.
En el aparato psíquico pueden ocurrir dos cosas frente a los estímulos que se le presentan: la energía inviste a una
huella y se liga (no perturba) o la energía irrumpe y rompe la cadena de representaciones. Si esto último ocurre, el
aparato psíquico intentará ligar para poder conducir su tramitación de acuerdo con el principio de placer. La compulsión a
la repetición tiene como función ligar la excitación.
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La neurosis traumática es el resultado de una ruptura en la protección antiestimulo (terror, peligro de muerte). El terror
tiene falta de angustia (esta conlleva a la sobreinvestidura de los sistemas que reciben primero el estímulo). A raíz de
esta investidura más baja, la protección antiestimulo se rompe más fácil. La angustia constituye la última protección
antiestimulo. Si en la neurosis traumática los sueños reconducen al enfermo a la situación en que sufrió el accidente, es
visible que no están al servicio del cumplimiento de deseo, cuya producción alucinatoria devino la función de los sueños
bajo el imperio del principio de placer. Estos sueños buscan recuperar el dominio sobre el estímulo por medio del
desarrollo de angustia cuya falta causó la neurosis traumática. Esto es independiente del principio de placer, muestra
una función del aparato psíquico más originaria que el propósito de ganar placer y evitar el displacer. Es una excepción a
la tesis de que el sueño es cumplimiento de deseo. Los sueños traumáticos ya no pueden verse como cumplimiento de
deseo. Más bien obedecen a la compulsión de repetición, que en análisis se apoya en el deseo de convocar lo olvidado y
reprimido.
Las neurosis de guerra podría tratarse de neurosis traumáticas facilitadas por un conflicto en el yo. Las posibilidades de
contraer neurosis se reducen cuando el trauma es acompañado por una herida física. La violencia mecánica del trauma
liberaría el quantum de excitación sexual, cuya acción traumática es debida a la falta de angustia; y, por otra parte, la
herida física simultánea ligaría el exceso de excitación al reclamar una sobreinvestidura narcisista del órgano doliente.
V.
 Las excitaciones que ingresan al aparato sin el resguardo de la protección, adquieren la mayor importancia económica
y dan lugar a perturbaciones. Las fuentes de esa excitación interna son las pulsiones: los representantes de todas las
fuerzas eficaces del interior del cuerpo que se transfieren al aparato anímico. Las mociones pulsionales obedecen al
proceso móvil. En el icc las investiduras pueden transferirse, desplazarse y condensarse. Se llama proceso psíquico
primario a la modalidad de estos procesos que ocurren en el icc, a diferencia del proceso secundario, que rige nuestra
vida normal de vigilia. Debido a que todas las mociones pulsionales afectan a los sistemas icc, obedecen al proceso
psíquico primario; y por otra parte, este se identifica con la investidura móvil y el proceso secundario con las alteraciones
de la investidura ligada. La tarea de los estratos superiores del aparato anímico sería ligar la excitación de las pulsiones
que entra en operación en el proceso primario. El fracaso de esta ligazón provocaría una perturbación análoga a la
neurosis traumática; solo tras una ligazón lograda podría establecerse el principio de placer.
Las exteriorizaciones de una compulsión de repetición muestran en alto grado un carácter pulsional y se encuentran en
oposición al principio de placer. En el caso del juego infantil, el niño repite la vivencia displacentera porque mediante su
actividad consigue un dominio sobre la impresión intensa que el que era posible en el vivenciar pasivo. Cada nueva
repetición parece perfeccionar ese dominio; pero la repetición de vivencias placenteras será bastante para el niño. En el
adulto la novedad es condición de goce, la repetición no. En cambio, en el niño se muestra firme a la repetición. La
repetición, el reencuentro de la identidad, constituye una fuente de placer.
En el análisis la compulsión de repetición de la transferencia se sitúa más allá del principio de placer. El enfermo se
comporta de manera infantil, muestra que las huellas mnémicas reprimidas de sus vivencias de tiempo primordial
subsisten en estado no ligado y son insusceptibles de proceso secundario.
La compulsión a la repetición es un carácter universal de las pulsiones. Una pulsión es un esfuerzo, inherente a lo vivo,
de reproducir un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas.
VI
. Las pulsiones sexuales son llamadas así por su relación con los sexos y con la función de reproducción. Con la tesis
de la libido narcisista y el concepto de libido, la pulsión sexual se convirtió en Eros, que procura esforzar las partes de la
sustancia viva unas hacia otras y unirlas; y las llamadas pulsiones sexuales aparecieron como la parte de este Eros
vuelta hacia el objeto. Eros actúa desde el comienzo de la vida como "pulsión de vida", entra en oposición con la "pulsión
de muerte" nacida por la animación de lo inorgánico.
Llamamos pulsiones yoicas a aquellas orientaciones pulsionales que podían diferenciarse de las pulsiones sexuales
dirigidas al objeto; pusimos las pulsiones yoicas en oposición a las pulsiones sexuales. Más tarde entramos en el análisis
del yo y aclaramos que una parte de las pulsiones yoicas es de naturaleza libidinosa y toma por objeto al yo propio.
Estas pulsiones de autoconservación narcisistas debieron computarse, entonces, entre las pulsiones sexuales
libidinosas. La oposición entre pulsiones yoicas y pulsiones sexuales se convirtió en la que media entre pulsiones yoicas
y pulsiones de objeto, ambas de naturaleza libidinosas. Pero en su lugar surgió una nueva oposición entre pulsiones
libidinosas (yoica y de objeto) y otras que están en el interior del yo y quizá puedan indagar en las pulsiones de
destrucción. La especulación convirtió esta oposición en la que media entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte.
EL MALESTAR EN LA CULTURA.
Al comienzo se opusieron pulsiones yoicas y pulsiones de objeto
(dualismo pulsional). Para designar la energía de estas
últimas se introdujo el nombre de libido; la oposición corría entre las pulsiones yoicas
y las pulsiones "libidinosas"
del
amor, dirigidas al objeto. La neurosis se presentó como el desenlace de una lucha entre el interés de la
autoconservación y de las demandas de la libido: triunfo el yo.
Nuestra investigación avanzó de lo reprimido a lo represor, de las pulsiones de objeto al yo con una modificación. Fue
decisiva la introducción del concepto de narcisismo, es decir, el yo
mismo es investido con libido. Esta libido narcisista se
vuelca a los objetos, deviniendo libido de objeto
, y puede volver a mudarse en libido narcisista. El concepto de
narcisismo nos permitió aprehender la neurosis traumática y otras afecciones.
El siguiente paso fue en más allá del principio de placer
cuando por primera vez se vio la compulsión de repetición y del
carácter conservador de la vida pulsional. Freud concluyó que, además de la pulsión a conservar la sustancia viva y
reunirse en unidades cada vez mayores, debía haber otra pulsión, opuesta a ella, que quisiera disolver esas unidades y
conducirlas al estado inorgánico inicial. Una pulsión de vida
y una pulsión de muerte
, la acción conjugada y compuesta
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de ambas permitía explicar los fenómenos de la vida. En la pulsión de muerte? una parte de la esta se dirigía al mundo
exterior y salía a la luz como pulsión a agredir y destruir. Así la pulsión sería obligada a ponerse al servicio del Eros, en
la medida que el ser vivo aniquilaba a un otro, animado o inanimado, y no a su sí mismo propio. A la inversa, si esta
agresión hacia afuera era limitada, traería por consecuencia un incremento de la autodestrucción. Al mismo tiempo, a
partir de este ejemplo podría deducirse que las dos variedades de pulsiones rara vez aparecían aisladas entre sí, sino
que se ligaban en proporciones muy variables, volviéndose irreconocibles. En el sadismo, la pulsión parcial de la
sexualidad, estaba frente a la aspiración de amor y la pulsión de destrucción; y el masoquismo, frente a una conexión de
la destrucción dirigida hacia dentro con la sexualidad.
EL PROBLEMA ECONÓMICO DEL MASOQUISMO (1924).
El principio de placer gobierna los procesos anímicos, su meta es la evitación de displacer. Es así que el masoquismo
(en donde el dolor y displacer son metas) es incomprensible a partir de este principio.
El propósito del principio de Nirvana (principio de constancia, tendencia a la estabilidad) es el de reducir las sumas de
excitación, o al menos mantenerlas en el mínimo grado posible. Todo displacer debería coincidir con una elevación de la
tensión de estímulo y el placer con su disminución. Sin embargo, esto no es correcto ya que existen tensiones
placenteras (ej. la excitación sexual) y distensiones displacenteras. Entonces placer y displacer parecieran no depender
del factor cuantitativo sino de un factor cualitativo.
El principio de Nirvana expresa la tendencia de la pulsión de muerte; el principio de placer, el guardián de la vida,
subroga la exigencia de la de la libido y su modificación,y el principio de realidad, el influjo del mundo exterior. Estos
principios se concilian entre sí y no se destruyen entre ellos.
El masoquismo se observa en tres figuras:
-como una condición a la que se sujeta la excitación sexual, el masoquismo erógeno,
es el placer de recibir dolor,
también se encuentra en el fundamento de las otras dos formas, tiene bases biológicas y constitucionales.
En tres ensayos de teoría sexual,
Freud dice que la excitación sexual se genera como efecto colateral, a raíz de que la
intensidad de procesos internos rebase ciertos límites cuantitativos, y que quizás en el organismo no ocurra nada de
cierta importancia que no ceda sus componentes a la excitación de la pulsión sexual. Según eso, la excitación de dolor y
la de displacer tendrían esa consecuencia. Esa excitación libidinosa provocada por una tensión dolorosa y displacentera
sería un mecanismo fisiológico infantil que se agotará luego. En las diferentes constituciones sexuales experimentaría
diversos grados de desarrollo, y proporciona la base fisiológica sobre la cual se construiría después como
superestructura psíquica, el masoquismo erógeno.
En el ser vivo, la libido se enfrenta con la pulsión de destrucción o de muerte; que está dentro de él, querría descargarlo
y llevarlo a la estabilidad inorgánica. La libido debe hacer inocua esta pulsión destructora desviándose hacia los objetos
del mundo exterior. Recibe el nombre de pulsión de destrucción, pulsión de apoderamiento, voluntad de poder. Un sector
de esta pulsión está al servicio de la función sexual, es el sadismo propiamente dicho. Otro sector no obedece a este
traslado hacia afuera, permanece en el interior del organismo y allí es ligado libidinosamente con ayuda de la excitación
sexual antes mencionada. Se producen una mezcla entre las dos clases de pulsión; debemos contar con
contaminaciones de una pulsión de muerte y una de vida.
La pulsión de muerte en el interior del organismo, el sadismo primordial, es idéntica al masoquismo. Después de que su
parte principal fue trasladada afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como su residuo, el genuino
masoquismo erógeno, que por una parte ha devenido un componente de la libido, pero por la otra sigue teniendo como
objeto al ser propio. Ese masoquismo sería testigo de la fase de formación en que aconteció la liga entre Eros y pulsión
de muerte. El sadismo proyectado hacia afuera puede ser vuelto hacia dentro, regresando así a su situación anterior. En
tal caso da por resultado el masoquismo secundario, que viene a añadirse al originario.
El masoquismo erógeno acompaña a la libido en sus fases de desarrollo: fase oral (angustia de ser devorado por el
padre), fase sádico–anal (deseo de ser golpeado por el padre), fase fálica (castración que interviene en las fantasías
masoquistas), organización genital definitiva (ser poseído sexualmente y parir).
-como una expresión de la naturaleza femenina, masoquismo femenino
. En el varón, las escenificaciones de los
perversos responden a fantasías de personas masoquistas que desembocan en el acto onanista o figuran la satisfacción
sexual por sí solos. El masoquista quiere ser tratado como un niño pequeño, desvalido y dependiente. Ponen a la
persona en una situación característica de la feminidad, significa ser castrado, poseído sexualmente o parir. Por eso se
da a esta forma de manifestación del masoquismo el nombre "femenina".
El contenido manifiesto de estas fantasías, ser maltratado, sometido. Se expresa un sentimiento de culpa cuando se
supone que la persona afectada incumple algo que debe pagar mediando todos esos procedimientos dolorosos. Detrás
se esconde el nexo con la masturbación infantil. Este masoquismo se basa en el masoquismo primario, erógeno.
-como una norma de la conducta en la vida, el masoquismo moral
. Los individuos no buscan placer en el dolor corporal
que se infligen sino en la humillación y en la mortificación psíquica. El padecer es lo que importa; no interesa quien.
Debemos dejar de lado la libido y limitarnos a la pulsión de destrucción que fue vuelta de nuevo hacia dentro y ahora
debe su furia sobre el sí-mismo propio.
La forma extrema de este masoquismo se presenta en el tratamiento analítico, bajo el sentimiento icc de culpa
(necesidad de castigo). Ciertos pacientes frente a la cura, fuerzan a que se les atribuya un sentimiento de culpa
(reacción terapéutica negativa) es una de las resistencias más graves y el mayor peligro para el éxito del tratamiento. Lo
que le interesa a esta tendencia masoquista es retener cierto grado de padecimiento.
El superyó tiene la función de la conciencia moral, el sentimiento de culpa expresa una tensión entre el yo y el superyó.
El yo reacciona con sentimiento de culpa (angustia de la conciencia moral) ante la percepción de que no está a la altura
de los reclamos de su ideal, su superyó. El superyó debe su génesis a los primeros objetos de las mociones libidinosas
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del ello: la pareja parental, fueron introyectados en el yo, a raíz de lo cual el vínculo fue desexualizado y se superó el
complejo de Edipo. El superyó conservó caracteres esenciales de las personas introyectada: su poder, severidad y
castigo. Ahora el superyó, la conciencia moral, se vuelve duro, cruel, es la herencia del complejo de Edipo.
EL YO Y EL ELLO (1923).
I. Conciencia e inconsciente.
La premisa básica del psicoanálisis es la diferenciación de lo psíquico en cc e icc. Ser consciente es una expresión
puramente descriptiva. La experiencia muestra que un elemento psíquico (una representación) no suele ser consciente
de manera duradera. El estado de la conciencia pasa con rapidez; la representación ahora cc no lo es más en el
momento que sigue. Estuvo latente
, en todo momento fue susceptible de conciencia
. También podríamos decir que ha
sido inconsciente
. Eso "inconciente" coincide con "latente-susceptible de conciencia" [descriptivo].
Desde el punto de vista dinámico, existen procesos anímicos o representaciones muy intensos (factor cuantitativo y
económico) que no pueden devenir cc porque cierta fuerza se resiste a ello. La represión
(esfuerzo de desalojo)
es el
estado en que estas representaciones se encontraban antes de hacerse cc y durante el trabajo analítico sentimos como
resistencia
a la fuerza que produjo y mantuvo la represión.
Por lo tanto, es de la represión de donde extraemos nuestro concepto de lo icc. Lo reprimido es para nosotros el modelo
de lo icc. Tenemos dos clases de icc: lo latente (susceptible de cc) y lo reprimido (insusceptible de cc). Llamamos
preconciente
a lo latente, que es icc sólo descriptivamente, no en el sentido dinámico, y limitamos el nombre inconciente
a lo reprimido icc dinámicamente, de modo que ahora tenemos tres términos: cc, precc, e icc, cuyo sentido ya no es
puramente descriptivo. El prcc está mucho más cerca de las cc que el icc.
El término "icc", en su sentido descriptivo abarca: lo icc latente y lo icc reprimido, en su sentido dinámico abarca: lo icc
reprimido.
Llamamos yo a la representación de una organización coherente de los procesos anímicos en una persona. De este yo
depende la cc y gobierna los accesos a la motilidad, a la descarga de las excitaciones en el mundo exterior, ejerce
control sobre los procesos parciales, y por la noche aplica la censura onírica.
En el análisis lo reprimido se contrapone al yo y cancela las resistencias que el yo exterioriza a ocuparse de lo reprimido.
El paciente se encuentra bajo resistencia pero nada sabe de esta. La resistencia parte de su yo y es resorte de este.
Hallamos que hay algo icc en el yo que se comporta como lo reprimido, exterioriza efectos sin devenir cc y se necesita
de un trabajo para hacerlo cc. Entonces, no podemos reconducir la neurosis a un conflicto entre lo cc y lo icc, sino
reemplazar esa oposición por la del yo coherente y lo reprimido dividido de él.
Las consideración dinámica nos aportó la primera corrección; la intelección estructural trae la segunda. Todo lo reprimido
es icc, pero no todo lo icc es reprimido.
También una parte del yo puede ser icc y no es latente en el sentido de lo prcc.
Así establecemos un tercer Icc, no reprimido.
II. El yo y el ello.
 [rep-palabra]
La cc es la superficie
del aparato anímico, espacialmente es lo primero desde el mundo exterior. Son cc todas las
percepciones que nos vienen de afuera (percepciones sensoriales) y de adentro, los sensaciones y sentimientos.
La diferencia entre una representación (un pensamiento) icc y una prcc, consiste en que la primera permanece no
conocida, la segunda se añade a la conexión con representaciones-palabra.
Estas representaciones-palabra son restos
mnémicos,
fueron percepciones y pueden devenir de nuevo cc por conexión con las representaciones-palabras. Sólo
puede devenir cc lo que una vez fue percepción cc; y exceptuando los sentimientos, lo que desde adentro quiere devenir
cc tiene que intentar transponerse en percepciones exteriores. Esto se vuelve posible por medio de huellas mnémicas.
Concebimos a los restos mnémicos como contenidos en sistemas contiguos al sistema precc-cc, por lo cual sus
investiduras pueden transmitirse hacia adelante, viniendo desde adentro, a los elementos de este último sistema.
Los restos de palabra provienen de percepciones acústicas, a través de lo cual es dado un origen para el sistema prcc.
El modo en que podemos hacer (pre)cc algo reprimido (esforzado de desalojo) es restableciendo, mediante el trabajo
analítico, aquellos eslabones intermedios prcc.
La percepción interna proporciona sensaciones de procesos que vienen de los estratos más diversos y profundos del
aparato anímico. Son mal conocidos, aunque podemos considerar como su mejor paradigma a los de la serie
placer-displacer.
Las sensaciones de carácter placentero no tienen en sí nada esforzante, a diferencia de las displacenteras que
esfuerzan a la alteración, a la descarga y por eso referimos el displacer a una elevación y el placer a una disminución, de
la investidura energética. Lo que deviene cc como placer y displacer es un otro cuantitativo-cualitativo. Un otro de esta
índole para devenir cc debe ser conducido hacia adelante, hasta el sistema P. La experiencia clínica nos muestra que
eso otro se comporta como una moción reprimida. Puede desplegar fuerzas pulsionantes sin que el yo note la
compulsión. Sólo una resistencia a la compulsión, un retardo de la reacción de descarga, hace cc a eso otro. Las
sensaciones y sentimientos sólo devienen cc si alcanzan el sistema P; si les es bloqueada su conducción hacia adelante,
no afloran como sensaciones. Hablamos de sensaciones icc
: mantenemos la analogía con "representaciones icc". Para
traer a la cc la representación icc es preciso procurar eslabones de conexión, lo cual no tiene lugar para las sensaciones,
que se transmiten hacia adelante, es decir, la diferencia entre cc y prcc carece de sentido para las sensaciones porque
son cc o icc. Y cuando se liguen a representaciones-palabra, no deben a estas su devenir-conciente, sino que devienen
tales de manera directa.
Llamamos “yo” a la esencia que parte del sistema P y qué es primero Prcc y "ello
". Un individuo es para nosotros un ello
psíquico, no conocido e icc, sobre el cual, como una superficie, se asienta el yo, desarrollado desde el sistema P como si
fuera su núcleo. El yo no envuelve al ello por completo, sino sólo en la extensión en que el sistema P forma su superficie.
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El yo no está separado del ello, sino que confluye hacia abajo con el ello. Lo reprimido confluye con el ello, es una parte
de él. Lo reprimido sólo es segregado del yo por las resistencias de represión, pero puede comunicar con el yo a través
del ello. El yo lleva un "casquete auditivo" y según la anatomía del cerebro, lo lleva de un lado. Se le asienta
transversalmente.
El yo es la parte del ello alterada por la influencia directa del mundo exterior, con mediación de sistema p-cc. Se empeña
por hacer valer sobre el ello el influjo del mundo externo, así como sus propósitos propios; y reemplazar el principio de
placer, que rige en el ello, por el principio de realidad. Para el yo, la percepción cumple un papel que en el ello
corresponde a la pulsión. El yo es el representante de lo que puede llamarse razón y prudencia, por oposición al ello, que
contiene las pasiones.
El yo gobierna los accesos a la motilidad. Se parece al jinete que debe enfrentar la fuerza superior del caballo, con la
diferencia de que el jinete lo intenta con sus propias fuerzas, mientras que el yo lo hace con fuerzas prestadas. Así como
al jinete, si quiere permanecer sobre el caballo, a menudo no le queda otro remedio que conducirlo adonde este quiere ir,
también el yo suele trasponer en acción la voluntad del ello como si fuera la suya propia.
Además del influjo del sistema P, otro factor parece ejercer una acción eficaz sobre la génesis del yo y su separación del
ello. El cuerpo propio y su superficie es un lugar del que pueden partir percepciones internas y externas. El yo no es solo
escencia- superficie, es también una esencia-cuerpo.
Hay personas en quienes la autocrítica y la conciencia moral, son icc, y exteriorizan los afectos más importantes; por lo
tanto, el permanecer-inconscientes las resistencias en el análisis no es la única situación de esta clase. La experiencia
nueva que nos fuerza a hablar de un sentimiento icc de culpa
desempeña un papel económico decisivo en gran número
de neurosis y levanta los más poderosos obstáculos en el camino de la curación.
III. El yo y el superyo.
 [ideal del yo]
La existencia de un grado en el interior del yo, una diferenciación dentro de él, se la llama ideal del yo o superyó. Tras
este se esconde la identificación primera: la identificación con el padre de la prehistoria personal. A primera vista no
parece el desenlace de una investidura de objeto: es una identificación directa e inmediata (no mediada) y más temprana
que cualquier investidura de objeto. Las elecciones de objeto que corresponden a los primero periodos sexuales y
atañen a padre y madre parecen tener su desenlace, en una identificación de esa clase.
El caso del niño varón, en época temprana, desarrolla una investidura de objeto hacia la madre, tiene su punto de
arranque en el pecho materno y se identifica con su padre. Ambos vínculos marchan un tiempo juntos hasta que por el
refuerzo de los deseos sexuales hacia la madre, y la obstaculización del padre, nace el complejo de Edipo. La
identificación-padre ahora es hostil, desea eliminarlo y sustituirlo. La relación con el padre es ambivalente.
Con la demolición del complejo de Edipo tiene que ser resignada la investidura de objeto de la madre. Puede tener dos
reemplazos: una identificación con la madre o un refuerzo de la identificación-padre.
A raíz del sepultamiento del complejo de Edipo, las cuatro aspiraciones contenidas en él se desmontan de tal manera
que de ellas surge una identificación-padre y madre; la identificación-padre retendrá el objeto-madre del complejo
positivo y, el objeto-padre del complejo invertido; y lo análogo es válido para la identificación-madre.
Como el resultado de la fase sexual gobernada por el complejo de Edipo, se puede suponer una sedimentación en el yo,
que consiste en el establecimiento de estas dos identificaciones, unificadas de alguna manera entre sí. Esta alteración
del yo recibe su posición especial: se enfrenta al otro contenido del yo como ideal del yo o superyó.
El superyó no es solo un residuo de las primeras elecciones de objeto del ello, sino que también tiene la significatividad
de una enérgica formación reactiva frente a ellas. Su vínculo con el yo puede ser: advertencia: "así debes ser" o
prohibición: "así no”. Esta doble faz deriva del hecho que estuvo en la represión del complejo de Edipo. Los obstáculos
para la realización de los deseos del Edipo, hacen que el yo infantil se fortalezca, toma prestada del padre la fuerza para
lograrlo. El superyó conserva el carácter del padre y cuanto más intenso fue el complejo de Edipo más severo el imperio
del superyó como conciencia moral y como sentimiento inconsciente de culpa sobre el yo. [animal totémico: protege y
castiga]
La génesis del superyó es el resultado de dos factores biológicos: la dependencia del ser humano durante su infancia y
el hecho de su complejo de Edipo.
Es necesario que haya en el hombre una esencia superior, una entidad más alta, el ideal del yo o superyó y es la
agencia representante de nuestro vínculo parental. [introduc. al narcisismo] De niños pequeños las admiramos y
temíamos, más tarde las acogimos en el interior de nosotros. El ideal del yo satisface todas las exigencias que plantea la
esencia superior.
El ideal del yo es la herencia del complejo de Edipo. Mientras que el yo es esencialmente representante del mundo
exterior, de la realidad, el superyó se le enfrenta como abogado del mundo interior, del ello.
V. Los vasallajes del yo.
El yo se forma desde identificaciones de investiduras del ello resignadas; las primeras de estas identificaciones se
comportan como una instancia particular dentro del yo, se contraponen al yo como superyó, en tanto el yo fortalecido,
ofrecen mayor resistencia a tales influjos de identificación. El superyó debe su posición particular dentro del yo a un
factor que se aprecia desde dos lados. La identificación inicial, ocurrida cuando el yo era débil; y es el heredero del
complejo de Edipo. Conserva su carácter originario, proveniente del complejo paterno: su capacidad para contraponerse
al yo y dominarlo. Es el recordatorio de la debilidad y dependencia en que el yo se encontró en el pasado y mantiene su
imperio sobre el yo maduro. El yo se somete al imperativo categórico de su superyó.
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El superyó entra en relación con las adquisiciones de ello y lo convierte en reencarnación de anteriores formaciones
yoicas, que dejaron sus sedimentos en el ello. Por esto, el superyó mantiene afinidad con el ello y puede subrogarse
frente al yo.
En la clínica, cuando se le informa al paciente una mejora sobre el tratamiento, su estado empeora, refuerzan su
padecer, esto se llama reacción terapéutica negativa. En estas personas no prevalece la voluntad de curación, sino la
necesidad de estar enfermas. Esta resistencia a la cura es más poderosa que otras. Se trata de un factor moral, de un
sentimiento de culpa que halla su satisfacción en la enfermedad y no quiere renunciar al castigo del padecer. Ese
sentimiento de culpa es mudo para el enfermo, no le dice que es culpable y éste no se siente así sino que se siente
enfermo. Solo se exterioriza en una resistencia a la curación, difícil de reducir. La conducta del ideal del yo es la que
decide la gravedad de la neurosis.
El sentimiento de culpa normal, consciente (conciencia moral), no ofrece dificultades a la interpretación; descansa en la
tensión entre el yo y el ideal del yo, es la expresión de una condena del yo por su instancia crítica. La conducta del ideal
yo presenta entre ambos estados, la neurosis obsesiva y la melancolía.
En la neurosis obsesiva el sentimiento de culpa es súper claro, pero no puede justificarse ante el yo. El yo produce
formaciones reactivas. El superyó está influido por procesos de que el yo no se percató.
En la melancolía es más fuerte la impresión de que el superyó arrastró hacia sí la conciencia. El yo se confiesa culpable
y se somete al castigo. El objeto, a quien se dirige la cólera del yo, fue acogido en el yo por identificación.
En la histeria el sentimiento de culpa permanece icc, el yo se defiende de la percepción penosa que lo amenaza la crítica
del superyó y lo reprime. Mantiene lejos el material a que se refiere su sentimiento de culpa.
Gran parte del sentimiento de culpa tiene que ser icc porque la génesis de la conciencia moral se enlaza con el complejo
de Edipo, que pertenece al icc.
El superyó es independiente del yo cc y de su vínculos con el ello icc. El superyó proviene también de lo oído, es una
parte del yo y permanece accesible a la cc desde esas representaciones-palabras (conceptos, abstracciones), pero la
energía de investidura la aportan las fuentes del ello.
El componente destructivo se depositó en el superyó y se volvió hacia el yo. Lo que gobierna en el superyó es la pulsión
de muerte. En la neurosis obsesiva nunca se llega a la muerte.
Las peligrosas pulsiones de muerte son tratadas de diversas maneras en el individuo: en parte se las toma inofensivas
por mezcla con componentes eróticos, en parte se desvían hacia afuera como agresión, pero en buena parte prosiguen
su trabajo interior sin ser obstaculizadas.
El ello es amoral, el yo se empeña en ser moral y el superyó es hipermoral entonces, puede volverse tan cruel como el
ello. Cuanto más se empeñe el ser humano en limitar su agresión, más severo se torna su superyó. Mientras más un ser
humano sujete su agresión, tanto más aumentará la inclinación de su ideal a agredir a su yo. La moral normal tiene el
carácter de prohibición cruel. Y de ahí proviene la concepción de un ser superior en el castigo.
El superyó se engendró por una identificación con el arquetipo paterno. Hay una desmezcla de pulsiones, el componente
erótico no tiene más la fuerza para ligar toda la destrucción aleada con el, y esta se libera como inclinación de agresión y
destrucción. De esta desmezcla, el ideal extrae todo el sesgo duro y cruel del deber-ser.
El yo está encargado de establecer el ordenamiento temporal de los procesos anímicos y someterlos al examen de la
realidad, aplaza las descargas motrices y gobierna los accesos a la motilidad. El yo se enriquece desde todas las
experiencias de vida que le vienen de afuera, pero el ello es su otro mundo exterior, que él procura someter. Sustrae
libido al ello, transforma las investiduras de objeto del ello en conformaciones del yo y con ayuda del superyó se nutre de
las experiencias de la prehistoria almacenadas en el ello.
Hay dos caminos por los cuales el contenido del ello puede penetrar en el yo, Uno es el directo, el otro pasa a través del
ideal del yo.
El yo es sometido a tres servidumbres y sufre la amenaza de tres clases de peligros: del mundo exterior, de la libido del
ello y de la severidad del superyó. Tres variedades de angustia corresponden a estos tres peligros, la angustia es la
expresión de una retirada frente al peligro. El yo quiere mediar entre el mundo y el ello, hacer que el ello obedezca al
mundo, y hacer que el mundo haga justicia al deseo del ello. Con su miramiento por el mundo real se recomienda al ello
como objeto libidinal y quiere dirigir sobre si la libido del ello. No solo es el auxiliador del ello, también es su siervo.
Recubre órdenes icc del ello con sus racionalizaciones Prcc, simula la obediencia del ello a las admoniciones de la
realidad, aun cuando el ello ha permanecido rígido e inflexible, disimula los conflictos del ello con la realidad y con el
superyó.
Mediante su trabajo de identificación y sublimación, presta auxilio a las pulsiones de muerte para dominar a la libido,
pero cae en el peligro de devenir objeto de la pulsión de muerte y extinguirse. Este trabajo de sublimación tiene por
consecuencia una desmezcla de pulsiones y una liberación de las pulsiones de agresión dentro del superyó.
Entre los vasallajes del yo, el más interesante es el que lo somete al superyó.
El yo es el almácigo de la angustia. Amenazado por las tres clases de peligro, el yo desarrolla el reflejo de huida
retirando su propia investidura de la percepción amenazadora, o del proceso del ello estimado amenazador, y emitiendo
aquella como angustia. Esta reacción primitiva es descargada por la ejecución de investiduras protectoras (mecanismo
de las fobias). El yo obedece al principio de placer. Del ser superior que devino ideal del yo pendió una vez la amenaza
de castración, y esta angustia de castración es el núcleo entorno del cual se depositó posterior angustia de la conciencia
moral; ella es la que se continúa como angustia de la conciencia moral.
El ello no tiene medio alguno para testimoniar amor u odio al yo. Ello no puede decir que lo que ello quiere. Eros y
pulsión de muerte luchan en el ello.
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RECORDAR, REPETIR, REELABORAR.
Al principio, en la fase de la catarsis breweriana, se enfocó directamente el momento de la formación de síntoma y se
debía reproducir los procesos psíquicos de aquella situación para guiar su decurso a través de una actividad cc.
Recordar y abreaccionar eran las metas que se procuraba alcanzar mediante el estado hipnótico. Después que se
renunció a la hipnosis, paso en primer plano la tarea de recordar desde las ocurrencias libres del analizado. El paciente
se trasladaba a una situación anterior, que no parecía confundir nunca con la situación presente; comunicaba los
procesos psíquicos de ella y agregaba lo que pudiera resultar por la trasposición de los procesos icc en cc.
El analizado no recuerda
nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa
. No lo reproduce como recuerdo, sino como
acción; lo repite
, sin saber que lo hace. Repite todo cuando desde las fuentes de su reprimido ya se abrieron paso hasta
su ser manifiesto: sus inhibiciones, sus rasgos patológicos, sus síntomas.
El repetir en el curso del tratamiento analítico, equivale a convocar un fragmento de la vida real.
CONF 29: REVISIÓN DE LA DOCTRINA DE LOS SUEÑOS.
Dos dificultades se opusieron a la teoría: “el sueño es un cumplimiento de deseo” primero, las personas que pasaron por
una vivencia de choque, un grave trauma psíquico, se ven remitidas por el sueño, con regularidad, a aquella situación
traumática. Es algo que no debería suceder de acuerdo al supuesto de la función del sueño.
Segundo, las primeras vivencias sexuales del niño están enlazadas con impresiones dolores de angustia, prohibición,
desengaño y castigo; uno comprende que hayan sido reprimidas, pero no que posean acceso a la vida onírica, que
proporcionen fantasías, que los sueños reproduzcan esas escenas infantiles y alusiones a ellas. A esas vivencias
infantiles van adheridos deseos incumplidos que a lo largo de la vida donan la energía de la formación del sueño y
esfuerzan hasta la superficie el material de episodios sentidos como penosos.
Dada la manera en que este material es reproducido resulta inequívoco el trabajo del sueño, que quiere desmentir el
displacer mediante una desfiguración y mudar el desengaño en confirmación. No ocurre lo mismo en la neurosis
traumáticas; en ellas, los sueños desembocan en un desarrollo de angustia. En este caso falla la función del sueño. El
sueño es el intento de un cumplimiento de deseo. Bajo la fijación icc a un trauma parece contarse entre los principales
impedimentos de la función del sueño.
CONF 32: ANGUSTIA Y VIDA PULSIONAL.
La angustia realista
 se produce frente al peligro real, daño esperado de afuera, está al servicio de la autoconservación.
Dos desenlaces: desarrollo de angustia
, la repetición de la antigua vivencia traumática, se limita a una señal, y entonces
la restante reacción puede adaptarse a la nueva situación de peligro, desembocar en la huida o ponerse a salvo; o lo
antiguo prevalece, toda reacción se agota en el desarrollo de angustia, y el estado afectivo resulta paralizante y
desacorde con el fin para el presente.
La angustia neurótica
 se observa bajo tres clases: angustia expectante (un estado de angustia flotante, pronta a
enlazarse de manera pasajera con cada nueva posibilidad que emerja); fobias (ligada a determinados contenidos de
representación. Un peligro interior se traspone a uno exterior. De ésta forma cree poder defenderse mejor mediante la
huida. En la fobia sobreviene un desplazamiento); histeria (acompaña a síntomas o emerge de manera independiente
como ataque o estado prolongado, pero siempre sin que se le descubra fundamento alguno en un peligro exterior).
La represión es responsable de la angustia. Si mantenemos separado el destino de la representación por reprimir del
destino del monto de libido adherido a ella. Es la representación la que experimenta la represión y llegado el caso es
desfigurada hasta que se vuelve irreconocible; pero su monto de afecto es mudado comúnmente en angustia [2 versión]
Hay un vínculo significativo entre el desarrollo de angustia y formación de síntoma, ambos se relevan entre sí. El
desarrollo de angustia primero, y la formación de síntoma lo posterior, como si los síntomas fueran creados para evitar el
estallido de angustia. La angustia se genera porque la libido se ha vuelto inaplicable.
En las fobias se puede discernir con mucha nitidez el modo en que este peligro interior se traspone en uno exterior, vale
decir, una angustia neurótica se muda en aparente angustia realista. Es manifiesto que gana con ello, pues se cree
poder protegerse mejor así. De un peligro externo uno puede salvarse mediante la huida, pero es difícil el intento de huir
de un peligro interno.
El yo es el almácigo de la angustia, sólo él puede producirla y sentirla y cada una corresponde a los tres vasallajes del
yo: respecto del mundo exterior (realista), del ello (neurótica), y del superyó (cc moral). [mas I;S;A cap 8)
Acerca del vínculo entre la angustia y represión pueden saberse dos cosas: la primera, que la angustia crea a la
represión y no a la inversa; y la segunda, que una situación pulsional temida se remonta, a una situación de peligro
exterior. El yo nota que la satisfacción de una exigencia pulsional emergente convocaría una de las recordadas
situaciones de peligro. Por lo tanto, esa investidura pulsional debe ser sofocada
de algún modo, cancelada. El yo
desempeña esa tarea cuando es fuerte e incluye en su organización la respectiva moción pulsional. El caso de la
represión es aquel en que la moción pulsional sigue siendo nativa del ello y el yo se siente débil. Entonces el yo recurre a
una técnica que en el fondo es idéntica a la del pensar normal. El pensar es un obrar tentativo con pequeño volúmenes
de investidura, el yo anticipa así la satisfacción de la moción pulsional de displacer que corresponde al inicio de la
situación de peligro temida. Así se pone en juego el automatismo del principio de placer-displacer que lleva a cabo la
represión de la moción pulsional peligrosa. Lo que hace el yo es dirigir una investidura tentativa y suscita el automatismo
placer-displacer mediante la señal de angustia. Entonces son posibles diversas reacciones o una mezcla de ellas en
montos variables. O bien el ataque de angustia se desarrolla plenamente y el yo se retira por completo de la excitación
chocante, o bien, en lugar de salirle al encuentro con una investidura tentativa, el yo lo hace con una contrainvestidura, y
esta se conjuga con la energía de la moción reprimida para la formación de síntoma o es acogida en el interior del yo
como formación reactiva, como refuerzo de determinadas disposiciones, como alteración permanente. Mientras más
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