Así se instruiría el psicoanálisis al yo. Aquí se puntúan dos cosas: que la vida pulsional de la sexualidad propia de
cada uno no puede dominarse plenamente, y que los procesos anímicos en sí son inconscientes, volviéndose accesibles al yo
solo de manera sospechosa e incompleta –el yo no es el amo en su propia casa.
Conferencias de introducción al psicoanálisis. (1916-17 [1915-17])
Primera conferencia. Introducción.
El psicoanálisis es una modalidad de tratamiento médico de pacientes neuróticos, donde hay un intercambio de palabras entre el
analizado y el médico. El paciente habla, cuenta sus vivencias pasadas y sus impresiones presentes, se queja, confiesa sus deseos y sus
mociones afectivas. El médico escucha, tratando de dirigir las conexiones de pensamiento del paciente, y empuja su atención a ciertas
direcciones, le da esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o rechazo que provoca en el enfermo. Las palabras son
importantes para el psicoanálisis, ya que despiertan sentimientos y son el medio universal con que los hombres se influyen los unos a los
otros. Por eso, no hay que despreciar el empleo de la palabra en la psicoterapia.
El intercambio de palabras entre el analista y su paciente no puede tener terceros oyentes. Las comunicaciones que se dan en el
análisis ocurren con la condición de que se haya establecido un particular lazo afectivo entre los involucrados; callaría tan pronto notara
la presencia de un solo testigo indiferente, ya que en esas comunicaciones se pone en juego lo más íntimo de la vida anímica, todo lo que
él como persona socialmente autónoma tiene que ocultar a los otros y, además, todo lo que no quiere confesarse a sí mismo.
Ahora, si no existe ninguna certificación objetiva del psicoanálisis ni posibilidad alguna de hacer demostración pública del mismo,
¿cómo se puede aprenderlo y convencerse de la verdad de sus declaraciones? El psicoanálisis se aprende primero en uno mismo, por el
estudio de la personalidad propia. Esto no coincide con lo que se llama “observación de sí”, pero puede subsumírselo (inluir, englobar) a
ella. Existe una serie de fenómenos anímicos frecuentes que tras alguna instrucción técnica pueden ser objeto del análisis de uno mismo.
Más lejos se llega cuando uno se hace analizar por alguien experto, si se vivencian en el yo los efectos del análisis y poder descubrir
finamente la técnica del procedimiento.
Hay una segunda dificultad. Si se tiene en cuenta un punto de vista médico, donde hay fundamentos anatómicos para las
funciones del organismo y sus perturbaciones, y que pueden encontrarse explicaciones químicas, físicas y biológicas, se va a encontrar
con una controversia al hablar de la vida psíquica que corona el funcionamiento de este organismo complejo. Por eso puede ser ajeno, y
se lo mira con desconfianza, se le niega el carácter de cientificidad.
Ni la filosofía, ni la psicología descriptiva, ni la psicología experimental son capaces de explicar la relación que hay entre lo
corporal y lo anímico o ponerles al alcance las claves para la comprensión de una perturbación posible en las funciones anímicas. Dentro
de la medicina, por momentos, hasta los propios psiquiatras dudan de que las clasificaciones descriptivas merezcan el nombre de una
ciencia. Los síntomas que componen esos cuadros clínicos no les corresponden alteraciones registrables en el órgano anatómico del
alma. Y estas alteraciones solo son registrables con influencia terapéutica cuando se las puede individualizar como efectos colaterales de
una afección orgánica por lo demás.
Aquí es donde el psicoanálisis intenta llenar esa laguna. Quiere dar a la psiquiatría esa base psicológica, que permita hacer
inteligible el encuentro entre la perturbación corporal con la anímica.
Una tercera dificultad se rige en dos de sus tesis, trayendo un prejuicio intelectual y otro estético-moral.
La primera de esas declaraciones dice que los procesos anímicos son inconscientes, y los procesos conscientes son actos regulares
y partes de la vida anímica total. Por el contrario, se está habituado a identificar lo psíquico con lo consciente. A la conciencia se la
considera con el carácter definitorio de lo psíquico, y a la psicología como la doctrina de los contenidos de la conciencia. El psicoanálisis
debe plantear esa contradicción; le es imposible tomar como supuesto la identidad de lo consciente y lo anímico. Su definición de lo
anímico dice que consiste en procesos como sentir, pensar, querer; y está obligado a decir que también existen pensamientos
inconscientes, y hay un querer inconsciente. Entonces, ¿se hace coincidir lo psíquico con lo consciente o debe extendérselo más allá? Con
el supuesto de que hay procesos anímicos inconscientes se ha reorientado al mundo y a la ciencia.
La segunda declaración es que mociones pulsionales que son designadas como sexuales desempeñan un papel importante en la
causación de enfermedades nerviosas y mentales; más aún, que esas mociones sexuales participan en las más elevadas creaciones
culturales, artísticas y sociales.
¿Cómo se explica esto? Se cree que la cultura fue creada bajo la satisfacción pulsional, y a su vez es recreada por los individuos
que van ingresando en la comunidad de los hombres, que repiten ese sacrificio de satisfacción pulsional, a favor del todo. Entre estas
fuerzas pulsionales, están las sexuales, que desempeñan un papel importante; estas se subliman en el proceso, es decir, desvían sus
metas sexuales y se dirigen hacia otras, que se sitúan socialmente en un plano más elevado, no sexual. Así, las pulsiones sexuales no
quedan bien domadas; existe un peligro para todo individuo que ingrese a la sociedad y sus pulsiones sexuales se rehúsen a ese empleo.