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es básicamente un teatro popular. Retomando el enfoque de Augusto Boal,
Rizk entiende “lo popular” como la asunción de “la perspectiva del pueblo
en el análisis del microcosmos social” (Boal en Rizk 19). Bolivia también
fue parte de este movimiento continental.
Durante la segunda mitad de la década del 60 se observa el oreci-
miento de grupos cuyo rasgo dominante es el uso del teatro como medio de
lucha política, protesta y concientización: “es nacional y popular, es decir
reinvindicador de una cultura e identidad nacionales cuya carga ideológica
es signicativamente superior en comparación con los contenidos estéticos
y con la calidad y cantidad de recursos materiales disponibles y utilizados
para la producción teatral” (Carraffa 60). Se trata de un momento fructífero
donde se produce teatro en las universidades, barrios y centros de cultura,
aparecen nuevas producciones dramáticas, se promueven encuentros, festi-
vales, revistas y se asumen públicamente posiciones intelectuales críticas.
El modelo privilegiado de producción fue la creación colectiva, con fuerte
inuencia del teatro épico y el teatro político (con referentes como Erwin
Piscator y Peter Weiss: historización consciente, relecturas escénicas de la
historia ocial, debates públicos). También se observa como modalidad el
teatro de calle (teatralidad circense, uso de máscaras, zancos, etc.). Sin el
privilegio de la palabra escrita ni la gura del autor, se destacó el rol creativo
y productivo del actor, que además se convirtió en formador y alumno de sus
pares. Como tópico, fue frecuente el problema de la búsqueda de identidad
histórica y cultural, de ahí la recuperación de guras históricas populares y
de tradiciones nativas menospreciadas.
Muy cerca de La Paz, desde 1973 se abren espacios artísticos y de
alfabetización popular en barrios de El Alto con sede en el Centro Juvenil Don
Bosco, impulsados por Jaime Sevillano, Javier Paredes, Freddy Amusquivar
y Gonzalo Cuellar y asociado a educadores populares, comunidades de base
cristianas inspiradas en la Teología de la Liberación, sectores universitarios
radicalizados, medios escritos como el semanario Aquí y radiales mineros.
Emerge un movimiento de teatro popular juvenil con la creación de varios
grupos, formándose paulatinamente el Taller de Teatro Popular que los nuclea
y organiza. Así se preparan talleres y funciones clandestinas, relacionados con
organizaciones de trabajadores (apoyando huelgas, manifestaciones, ayunos
colectivos) y la Asamblea de DD.HH. Sin obviar las diferencias internas, es
posible decir que se trató de un proyecto abiertamente opositor y de resistencia
estética y política, cuyos espectáculos se producían a partir de discusiones
sobre la historia y la dictadura, mientras que los temas, personajes y estética