
MAS
ALLA
DE
LO
IMAGINARIO,
LO
SIMBOLICO
mismo lugar no nos lo mostraron primero los planetas:
si1:10
las
estrellas. El movimiento perfectamente regular del dia sideral
es, con seguridad, lo que
por
vez primera permitió a los
hom-
bres experimentar la estabilidad del cambiante mundo que los
rodea, y comenzar a establecer la dialéctica de lo simbólico y lo
real, donde lo simbólico brota aparentemente de lo real, lo cual
naturalmente no está más justificado que
el
pensar que las lla-
madas estrellas fijas giran realmente alrededor de la Tierra.
!)e
igual modo, no debería creerse que los símbolos han salido
efectivamente de lo real. Pero no
por
ello
es
menos asombroso
advertir hasta qué punto
esas_
singular~s formas fueron
~aut~-
vantes, formas cuyo agrupamiento,
al
fm y
al
cabo, nada
JUStl-
fica. ¿
Por
qué vieron los humanos a la
Osa
Mayor como tal?
¿Por qué
las
Pléyades son tan evidentes? ¿Por qué
se
vio a
Orión
del modo en que
se
lo vio? Sería incapaz de decirlo.
No
creo que esos puntos luminosos alguna vez hayan sido agrupa-
dos de
otro
modo, se lo pregunto. Este hecho no dejó de jugar
su papel en
las
auroras de la humanidad, que
por
otra parte
distinguimos mal. Esos signos
se
perpetu_aron en
_forma
~e.naz
hasta la actualidad, lo que constituye
un
e1emplo smgulan~imo
de la forma en que lo simbólico atrapa. Las célebres propieda-
des de la forma no parecen en absoluto convincentes para ex-
plicar
el
modo en que hemos agrupad? las con~telaciones.
Dicho esto, habríamos estado perdiendo
el
tiempo, pues no
hay nada fundado en esa aparente estabilidad
~~
las est~ellas
que encontramos siempre en
el
mismo lugar. Hicimos eviden-
temente
un
progreso esencial cuando nos percatamos de
que
había cosas que,
por
el
contrario, realmente estaban en
el
mismo lugar, cosas que
se
divisaron primero bajo la forma
de
planetas errantes, y nos percatamos de que no era sólo en fun-
ción de nuestra propia rotación, sino que realmente una
parte
de los astros que pueblan
el
cielo
se
desplazan y reaparecen
siempre en
el
mismo lugar.
Esta realidad
es
una primera razón para que los planetas no
hablen. Sin embargo, sería
un
error creer que sean tan mudos,
Lo son tan poco que durante mucho tiempo
se
los confundió
358
INTRODUCCION
DEL
GRAN
OTRO
con los símbolos naturales. Nosotros los hemos hecho hablar,
y sería
un
gran
error
no preguntarnos cómo
es
esto posible.
Durante muchísimo tiempo y hasta una época
muy
avanzada,
les quedó
el
residuo de una suerte de existencia subjetiva.
Co-
pérnico, quien .sin embargo realizó
un
paso decisivo en la de-
terminación de la perfecta regularidad del movimiento de los
astros, pensaba todavía que
si
un
cuerpo terrestre estuviera en
la Luna
no
dejaría de hacer los mayores esfuerzos
por
volver a
casa,
es
decir, a la Tierra, y que, inversamente,
un
cuerpo lunar
no pararía hasta emprender nuevo vuelo hacia su tierra ma-
terna. Esto
les
prueba cuán largo tiempo persistieron estas no-
ciones, y que
es
difícil no hacer seres con realidades.
Finalmente llegó Newton. Y a hacía
un
tiempo que esto ve-
nía preparándose: no hay mejor ejemplo que la historia de las
ciencias para mostrar hasta qué
punto
el
discurso humano
es
u_niversal.
Newton
acabó
por
dar
la fórmula definitiva alrede-
dor
de la cual todo
el
mundo ardía desde hacía un siglo. Hacer-
los callar;
Newton
lo consiguió definitivamente. El silencio
eterno de los espacios infinitos, que causaba espanto a Pascal,
es
algo adquirido después de
Newton:
las estrellas no hablan,
los planetas son mudos porque
se
los ha hecho callar, única
verdadera razón, pues finalmente nunca
se
sabe lo que puede
ocurrir con una realidad. ·
¿
Por
qué no hablan los planetas? Es realmente una pre-
gunta.
Nunca
se
sabe lo que puede ocurrir con una realidad,
hasta
el
momento en que se la ha reducido definitivamente ins-
cribiéndola en un lenguaje. Sólo se está definitivamente seguro
de que los planetas no hablan a partir del momento en que
se
les
ha cerrado
el
pico, o sea, a partir del momento en que la teoría
newtoniana produjo la teoría del campo unificado, y bajo una
forma que
se
completó después pero que ya era perfecta-
mente satisfactoria para todas las mentes humanas. La teoría del
campo unificado está resumida en la ley de gravitación, que
consiste esencialmente en que hay una fórmula que mantiene
todo esto unido, en un lenguaje ultrasimple constituido
por
tres letras.
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