
Es evidente que el campo discursivo de lo político implica un enfrentamiento, relación
con un enemigo, lucha entre enunciadores
. Se ha hablado de la dimensión polémica del
discurso político.
Esta parece inseparable de la construcción de un adversario.
Hablar de enunciador
implica una modelización abstracta que permite el anclaje de las
operaciones discursivas a través de las cuales se construye, en el discurso, la imagen
del
que habla. Para designar el acontecimiento singular que es la producción de un enunciado o
una sucesión de enunciados hablaremos de acto de enunciación.
La cuestión del adversario
significa que todo acto de enunciación política supone
necesariamente que existen otros actos de enunciación reales o posibles, opuestos al
propio. A la vez es una réplica y supone una réplica.
Metaforicamente podes decir que
todo discurso político está habitado por un otro negativo
y un otro positivo. Una suerte de
desdoblamiento que se sitúa en la destinación. El imaginario político supone no menos de
dos destinatarios: un destinatario positivo y un destinatario negativo
. También puede
dirigirse a ambos al mismo tiempo.
Al construir su destinatario positivo y negativo, el enunciador político entra en relación con
ambos. El lazo con el primero reposa en lo que podemos llamar creencia presupuesta.
El
destinatario positivo es esa posición que corresponde a un receptor que participa de las
mismas ideas. Hablamos de pordestinatario
. La relación entre el enunciador y el
prodestinatario cobra la forma característica de una entidad que llamaremos colectivo de
identificación.
Este se expresa en él nosotros inclusivo.
El destinatario negativo
está excluido del colectivo de identificación, esta exclusión es la
definición misma del destinatario negativo
. En este caso lo llamaremos
contradestinatario.
El lazo con este reposa en una inversión de la creencia: Lo que es
verdadero para el enunciador es falso para el contradestinatario e inversamente. Ese otro
discurso que habita todo discurso político no es otra cosa que la presencia de la lectura
destructiva
que define la posición del adversario.
En contextos democraticos, se revela la presencia de un tercer tipo de destinatario
.
Corresponde a la presencia de sectores de la ciudadanía que se mantiene, en cierto modo,
fuera del juego y que, en elecciones, son identificados como los indecisos
. La posición de
los indecisos
tiene, en el discurso político, el carácter de una hipótesis de suspención de
la creencia. Desgnamos esta posición como la posición del paradestinatario
. Para este
último, van dirigidos todos los discursos políticos que son del orden de la persuación.
Las funciones
del discurso político son variadas, es un discurso de refuerzo para el
prodestinatario
, uno de polémica para el contradestinatario y de persuasión solo para
el paradestinatario.
Entidades y componentes
El discurso político está habitado por diversas entidades:
1. El colectivo de identificación
marcado por el nosotros en el plano de la
enunciación. Fundamento de la relación entre el enuncador y el prodestinatario.
Aparece habitualmente en el plano del enunciado, y se designa de manera explícita.
2. Entidades enumerables
, que designan colectivos que no funcionan como
operadores de identificación de los actores en presencia, sino que corresponden a
entidades más amplias que los colectivos
. (Ciudadanos, argentinos, etc).
colectivos asociados habitualmente al paradestinatario
.