E. Verón - La palabra adversativa.
Hablar de discurso político
presupone necesariamente que existen discursos no políticos.
Esto presupone hablar de una tipología del discurso social.
El Discurso político se ha
desarrollado sobre la base de ciertas instituciones
y a partir de una identificación de
sentido común. ej: Los textos producidos por partidos políticos.
Pensar el discurso político
de esta forma podría tacharse de circular, ya que el término
a definir forma parte de la definición.
A pesar de esto, es difícil imaginar el concepto de
discurso político
fuera de la producción discursiva explícitamente articulada a las
instituciones del Estado.
Para identificar a nuestro objeto, el discurso político
hacemos intervenir a las instituciones
políticas. El concepto de político
clarifica dos instancias diferentes, por un lado discurso
por el otro instituciones.
Una teoría de los discursos sociales parte del supuesto que las
unidades de análisis significativas deben estar asociadas a condiciones sociales de
producción más o menos estables.
Llegado a este punto, la pregunta decisiva sería: ¿En qué medida el análisis de los
discursos asociados a estructuras institucionales determinadas permite comprender
mejor los mecanismos de dicha institución, su naturaleza y sus transformaciones?
Todo indica que hay niveles del funcionamiento de lo político que solo podemos acceder a
través del análisis del discurso.
La caracterización de un tipo de discurso, supone trabajar en varios niveles al mismo
tiempo.
Primer lugar:
Lo que se trata de conceptualizar no es un discurso sino un campo
discursivo
. Es construir una tipología de juegos de discurso.
Segundo lugar:
Definir un tipo supone definir una series de variantes del mismo, que no
son otra cosa que variantes del mismo juego
. La definición de tipo supone la definición de
un núcleo invariante y de un sistema de variaciones, sin la cual la descripción de las
relaciones inter-discursivas dentro del campo en cuestión es imposible.
Tercer lugar:
La descripción de intercambios discursivos implica que trabajamos en
diacronía
, los intercambios ocurren en el tiempo. Y una misma estrategia varía a lo largo
del tiempo.
Cuarto lugar: Los diferentes tipos de manifestaciones del discurso no pueden ser
dejados de lado.
Los discursos sociales aparecen materializados en soportes significantes
que determinan las condiciones de su circulación.
La descripción de un tipo
supone la descripción de múltiples estrategias, de procesos
de intercambio, de variaciones de cada estrategia a lo largo de un proceso discursivo,
de modificaciones de las estrategias según el soporte significante. En cada novel de
análisis, es necesario dispones de criterios que permitan distinguir los invariables de
las variaciones.
A través de esto, es preciso distinguir lo esencial de lo accesorio, lo específico del discurso
político de lo que no lo es, es decir, los elementos que constituyen el núcleo del juego
discursivo
, pero que aparecen en otros juegos de discurso que no son el político.
Tres destinatarios para un enunciador:
Es evidente que el campo discursivo de lo político implica un enfrentamiento, relación
con un enemigo, lucha entre enunciadores
. Se ha hablado de la dimensión polémica del
discurso político.
Esta parece inseparable de la construcción de un adversario.
Hablar de enunciador
implica una modelización abstracta que permite el anclaje de las
operaciones discursivas a través de las cuales se construye, en el discurso, la imagen
del
que habla. Para designar el acontecimiento singular que es la producción de un enunciado o
una sucesión de enunciados hablaremos de acto de enunciación.
La cuestión del adversario
significa que todo acto de enunciación política supone
necesariamente que existen otros actos de enunciación reales o posibles, opuestos al
propio. A la vez es una réplica y supone una réplica.
Metaforicamente podes decir que
todo discurso político está habitado por un otro negativo
y un otro positivo. Una suerte de
desdoblamiento que se sitúa en la destinación. El imaginario político supone no menos de
dos destinatarios: un destinatario positivo y un destinatario negativo
. También puede
dirigirse a ambos al mismo tiempo.
Al construir su destinatario positivo y negativo, el enunciador político entra en relación con
ambos. El lazo con el primero reposa en lo que podemos llamar creencia presupuesta.
El
destinatario positivo es esa posición que corresponde a un receptor que participa de las
mismas ideas. Hablamos de pordestinatario
. La relación entre el enunciador y el
prodestinatario cobra la forma característica de una entidad que llamaremos colectivo de
identificación.
Este se expresa en él nosotros inclusivo.
El destinatario negativo
está excluido del colectivo de identificación, esta exclusión es la
definición misma del destinatario negativo
. En este caso lo llamaremos
contradestinatario.
El lazo con este reposa en una inversión de la creencia: Lo que es
verdadero para el enunciador es falso para el contradestinatario e inversamente. Ese otro
discurso que habita todo discurso político no es otra cosa que la presencia de la lectura
destructiva
que define la posición del adversario.
En contextos democraticos, se revela la presencia de un tercer tipo de destinatario
.
Corresponde a la presencia de sectores de la ciudadanía que se mantiene, en cierto modo,
fuera del juego y que, en elecciones, son identificados como los indecisos
. La posición de
los indecisos
tiene, en el discurso político, el carácter de una hipótesis de suspención de
la creencia. Desgnamos esta posición como la posición del paradestinatario
. Para este
último, van dirigidos todos los discursos políticos que son del orden de la persuación.
Las funciones
del discurso político son variadas, es un discurso de refuerzo para el
prodestinatario
, uno de polémica para el contradestinatario y de persuasión solo para
el paradestinatario.
Entidades y componentes
El discurso político está habitado por diversas entidades:
1. El colectivo de identificación
marcado por el nosotros en el plano de la
enunciación. Fundamento de la relación entre el enuncador y el prodestinatario.
Aparece habitualmente en el plano del enunciado, y se designa de manera explícita.
2. Entidades enumerables
, que designan colectivos que no funcionan como
operadores de identificación de los actores en presencia, sino que corresponden a
entidades más amplias que los colectivos
. (Ciudadanos, argentinos, etc).
colectivos asociados habitualmente al paradestinatario
.
3. Meta-colectivos singulares: Por lo general, no admiten cuantificación y son
difícilmente fragmentables. Son más abarcadores que los colectivos propiamente
políticos que fundan la identidad de los enunciados. (El país, la república, el mundo).
4. Ciertas formas normalizadas que el enunciador utiliza para ritmar sus argumentos.
Se trata de expresiones que adquieren una cierta autonomía semántica respecto del
contexto discursivo. Funcionan como fórmulas. La función específica de estas
entidades es poseer un valor metafórico respecto del conjunto de la doctrina
de un enunciador o posición política ya sea positiva o negativa.
5. Formas nominales que, a diferencia de las precedentes, poseen un poder
explicativo
, son verdaderos operadores de interpretación, supone un efecto
inmediato de inteligibilidad por parte, al menos, del prodestinatario. (la crisis, el
imperialismo).
El segundo nivel fundamental es el de los componentes
. Opera como articulación entre el
enunciado y la enunciación
Componente descriptivo:
Es aquel en el que enunciador político ejercita la constatación:
Balance de la situación. Comporta a la vez una lectura del pasado y una lectura del
presente. esta lectora se articula una con la otra por medio del fantasma del saber colectivo
o a través de la imagen del propio enunciador tanto Líder.
Componente didáctico:
Los dos componentes. Corresponden a modalidad del saber.
Este componente formula una verdad universal
. En la zona de la didáctica, las marcas del
la subjetividad del enunciador son mucho menos frecuentes: Los principios se enuncian en
el plano intemporal de la verdad.
Componente prescriptivo:
Este componente entreteje lo que es del orden del deber, del
orden de la necesidad deontológica. Dicha necesidad aparece naturalmente, como de
carácter impersonal, como un imperativo universal o al menos universalizable. El
enunciador puede cobrar la forma de un principio impersonal, sin que el enunciador busque
articularse explícitamente a la legitimidad de la regla en cuestión.
Componente programático: Es del orden del poder hacer. Aquí es donde el hombre
político promente, anuncia. Se caracteriza por el predominio de las formas verbales en
infinitivo y en futuro.
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