Principio de simplicidad: Viene de la Gestalt, todo esquema visual tiende a presentar la configuración
más simple que sea posible para el sentido de la vista en las circunstancias dadas. La sola tendencia a la
simplicidad no puede explicar todo lo que vemos.
La descripción de cualquier objeto visual será incompleta si se limita a señalar que todo encaja bien
entre sí. Análisis de Equilibrio y Unidad.
La tendencia a la simplicidad crea la organización más armoniosa y unificada que sea posible en cada
momento para la constelación de fuerzas dada, asegurando de ese modo el mejor funcionamiento
posible de la mente y del cuerpo, y en la relación de estos con el entorno social y material.
La tendencia anabólica o constructiva es un tema estructural que constituye el objeto buscado por la
mente, lo que ésta persigue. Las funciones y actividades mentales son serían posibles si, por ejemplo, el
cerebro estuviera regido únicamente por la tendencia a la simplicidad.
TODO OBJETO VISUAL ES ALGO DINÁMICO.
La percepción visual consiste en la experiencia de las fuerzas visuales. Una figurada pintada que carezca
de la cualidad <<se mueve perpetuamente en su quietud>> estará <<doblemente muerta, pues ya lo
estaba por ser una ficción, y vuelve a estarlo cuando no muestra movimiento ni de la mente ni del
cuerpo>>.
Hablar de movimiento es metafórico cuando uno se refiere a las cosas artísticas en las que nada se
mueve materialmente (escultura, fotografía, arquitectura, etc.). El observador es presa de la ilusión de
hallarse ante una verdadera locomoción, o, que se siente la imagen como si estuviera en movimiento, tal
vez porque el observador genera dentro de su propio cuerpo las reacciones cinestésicas pertinentes.
Hermann Rorschach propone la teoría de que la imagen -como objeto material inmóvil- no puede poseer
propiedades dinámicas, que han de ser añadidas a partir de algún otro recurso del observador. Por
ejemplo, al contemplar la figura de bronce de un bailarín, se acuerda de cómo es un bailarín en
movimiento. Ese conocimiento le engaña haciéndole ver movimiento allí donde no lo hay, o por lo
menos haciéndole atribuir al objeto inmóvil una vaga movilidad.
Las objeciones a esta teoría son: Aunque algo pueda demostrar movimiento, podemos llegar a entender
que eso es lo representado, pero aun así no lo vemos y, además, lo encontramos ausente.
Otra dice que la asociación no se funda en los objetos como tales, sino que en las formas, direcciones
con que aquellos están representados. La experiencia cotidiana nos enseña que ciertas propiedades
perceptuales se asocian con el movimiento y con los objetos que se mueven; por ej., el movimiento por
el agua deja un rastro en forma de cuña; los peces, los barcos, las fechas, las aves.
Entonces, cabe suponer que toda imagen visual que presente los objetos mediante cualidades
perceptuales tales como forma en cuña, dirección oblicua, superficie sombreada o borrosa, dará una
impresión de movimiento, mientras que los mismos objetos parecerán rígidos en aquellas
representaciones que no satisfagan las condiciones perceptuales.
Ambas teorías suponen que la cualidad que se percibe en la imagen es una reconstrucción plena o
parcial de esa locomoción real. Este supuesto es falso. Paradójicamente, donde las formas inmóviles se
acercan más a dar la impresión de un desplazamiento real en el espacio, no parecen dinámicas, sino,
paralizadas. En las composiciones mal equilibradas, las diferentes formas no estabilizan entre sí sus
ubicaciones respectivas, sino que parece como si quisieran pasar a ocupar otros lugares más adecuados.