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huellas en el sistema Cc, la consciencia surge en reemplazo de la huella mnémica. El sistema Cc se
singulariza por la particularidad de que en él, el proceso de excitación no deja una alteración
permanente de sus elementos, sino que se agota en el fenómeno del devenir-consciente.
Freud propone imaginar una vesícula de sustancia estimulable, su superficie vuelta hacia el mundo
exterior se diferencia por su ubicación y sirve como órgano receptor de estímulos. Por el
persistente ataque de estos estímulos externos contra su superficie, se forma una corteza que
ofrece las condiciones más favorables para la recepción de estímulos y que ya no puede
modificarse. En el sistema Cc, esto significa que el paso de la excitación ya no puede recibir
ninguna alteración permanente en sus elementos, están modificados al máximo, quedando
entonces habilitados para generar la consciencia. Esta vesícula sería aniquilada por la acción de los
estímulos del mundo si no estuviese provista por una protección antiestímulo. La obtiene cuando
su superficie más externa se vuelve inorgánica, y opera apartando los estímulos, como una
membrana. Hace que las energías del mundo exterior puedan propagarse solo con una fracción de
su intensidad a los estratos. Para el organismo vivo, la tarea de protegerse contra los estímulos es
casi más importante que la de recibirlos; está dotado de una reserva energética propia y
transforma la energía. Los órganos sensoriales, además de recibir acciones estimuladoras
específicas, tienen particulares mecanismos preventivos para la protección contra volúmenes
grandes e inadecuados de estímulos. La vesícula viva está dotada de una protección antiestímulo
frente al mundo exterior. El estrato cortical es un órgano para la recepción de estímulos externos.
Esta corteza, más tarde será el sistema Cc, quien recibe también excitaciones desde adentro. Hacia
afuera hay una protección antiestímulo, y las magnitudes de excitación accionaran solo en
escala reducida; hacia adentro, la protección antiestímulo es imposible, y las excitaciones se
propagan de manera directa y no reducida, produciendo sensaciones de placer y displacer. Esta
constelación determinara dos cosas: La prevalencia de las sensaciones de placer y displacer sobre
todos los estímulos externos; y cierta orientación de la conducta respecto de las excitaciones
internas que produzcan demasiado displacer. Se tenderá a tratarlas como si no obraran desde
adentro, sino desde afuera, para poder aplicarles el medio defensivo de la protección
antiestímulo. Este es el origen de la proyección
1
.
Freud denomina ahora como traumáticas a las excitaciones externas que poseen fuerza
suficiente para perforar la protección antiestímulo, lo que provocará una perturbación en la
economía energética del organismo y pondrá en acción todos los medios de defensa. En un primer
momento quedará abolido el principio de placer. No podrá impedirse que el aparato anímico
resulte anegado por grandes volúmenes de estímulo. La tarea será entonces, dominar el
estímulo, ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo que penetraron violentamente a fin de
conducirlos a su tramitación.
Un sistema de elevada investidura en sí mismo es capaz de recibir nuevos aportes de energía
fluyente y transmudarlos en investidura quiescente, es decir, ligarlos psíquicamente. Cuanto más
alta sea su energía quiescente propia, tanto mayor será también su fuerza ligadora; y a la inversa,
cuanto más baja su investidura, tanto menos capacitado estará el sistema para recibir energía
afluyente, y más violentas serán las consecuencias de una perforación de la barrera antiestímulo.
La ligazón de la energía que afluye al aparato anímico consiste en un transporte desde el estado
de libre fluir hasta el estado quiescente.
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Proyección: Operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos,
deseos, que no reconoce o que rechaza en sí mismo.
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