
Las metas sexuales de la niña junto a la madre son de naturaleza tanto activa como pasiva, y están
comandadas por las fases libidinales que atraviesan los niños. Es fácil observar que en todos los ámbitos del
vivenciar anímico, no sólo en el de la sexualidad una impresión recibida pasivamente provoca en el niño la
tendencia a una reacción activa. Intenta hacer lo mismo que antes le hicieron o que hicieron con él. El juego
infantil es puesto al servicio de este propósito de complementar una vivencia pasiva mediante una acción y
cancelarla de ese modo, por así decir. Si el doctor hace abrir la boca al niño renuente para examinar su
garganta, luego que él se aleje el niño jugará al doctor y repetirá el violento procedimiento en un hermanito
tan desvalido frente a él como él lo estuvo frente al doctor. No en todos los niñosse da con igual regularidad
y energía esa alternancia de la pasividad a la actividad, y en muchos puede faltar. De esta conducta del niño
se puede extraer una inferencia acerca de la intensidad relativa de la masculinidad y feminidad que habrá de
mostrar en su sexualidad.
Las primeras vivencias sexuales y de tinte sexual del niño junto a la madre son desde luego de naturaleza
pasiva. Es amamantado, alimentado, limpiado, vestido por ella, que le indica todos sus desempeños. Una
parte de la libido del niño permanece adherida a estas experiencias y goza de las satisfacciones conexas; otra
parte se ensaya en su re-vuelta a la actividad. Primero, en el pecho materno, el ser-amamantado es relevado
por el mamar activo. En los otros vínculos, el niño se contenta con la autonomía, o sea, con el triunfo de
ejecutar él mismo lo que antes le sucedió, o con la repetición activa de sus vivencias pasivas en el juego.
La niña casi siempre cumple esos deseos activos de manera indirecta, en el juego con la muñeca, donde ella
misma figura a la madre como la muñeca al nene.
La actividad sexual de la niña hacia la madre, tan sorprendente, se exterioriza siguiendo la secuencia de
aspiraciones orales, sádicas y, por fin, hasta fálicas dirigida a aquella. Hallamos los deseos agresivos orales y
sádicos en la forma a que los constriñó una represión prematura: como angustia de ser asesinada por la
madre, a su vez justificatoria del deseo de que la madre muera, cuando este deviene consciente.
En el estadio sádico-anal la intensa estimulación pasiva de la zona intestinal es respondida por un estallido
de placer de agredir, que se da a conocer de manera directa como furia o, a consecuencia de su sofocación,
como angustia. Esta reacción parece agotarse en años posteriores.
Entre las mociones pasivas de la fase fálica, se destaca que por regla general la niña inculpa a la madre como
seductora, ya que por fuerza debió registrar las primeras sensaciones genitales, o al menos las más intensas,
a raíz de los manejos de la limpieza y el cuidado del cuerpo realizados por la madre A la niña le gustan esas
sensaciones y pide a la madre las refuerce mediante repetido contacto y frote. Al tiempo que se cumple el
extrañamiento respecto de la madre, se trasfiere al padre la introducción en la vida sexual. En la fase fálica
sobrevienen por último intensas mociones activas de deseo dirigidas a la madre. El quehacer sexual de esta
época culmina en la masturbación en el clítoris, a raíz de la cual es probable que sea representada la madre.
Ahora queda expedito para la niña el camino hacía el desarrollo de la feminidad, en tanto no lo angosten los
restos de la ligazón-madre preedípica superada.
ADOLESCENCIA: TIEMPO DE TRANSGRESIÓN” (7909) DIMOV
ADOLESCENCIA: desde la psicología del desarrollo se la entiende en los términos de un trabajo psíquico, un
nuevo conflicto para el psiquismo y sus consecuencias no se manifiestan exactamente igual en todos.
El lazo que une al niño con su familia suele ser firme por un tiempo prologado, hasta que de repente ese lazo
comienza a experimentar sacudidas que se hacen más frecuentes. Se suceden pequeñas o grandes tensiones
cotidianas que pronuncian la irrupción de la adolescencia.
Eso que irrumpe es un cuerpo torpe, risa a destiempo, extravagancia, respuestas inoportunas y
desmesuradas, mutismo fastidioso y obstinado, desconsideración, pereza, despreocupación, pereza,
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