La palabra “amar” se instala entonces, cada vez más, en la esfera del puro vínculo de placer
del yo con el objeto, y se fija en definitiva en los objetos sexuales en sentido estricto y en
aquellos objetos que satisfacen las necesidades de las pulsiones sexuales sublimadas.
La división entre pulsiones yoicas y pulsiones sexuales que hemos impuesto a nuestra
psicología está acorde con el espíritu de nuestro lenguaje.
● Si no solemos decir que la pulsión sexual singular ama a su objeto, y en cambio
hallamos que el uso más adecuado de la palabra «amar» se aplica al vínculo del yo
con su objeto sexual
● esta observación nos enseña que su aplicabilidad a tal relación sólo empieza con la
síntesis de todas las pulsiones parciales de la sexualidad bajo el primado de los
genitales y al servicio de la función de la reproducción.
● El yo odia, aborrece y persigue con fines destructivos a todos los objetos que se
constituyen para él en fuente de sensaciones displacenteras, indiferentemente de
que le signifiquen una frustración de la satisfacción sexual o de la satisfacción de
necesidades de conservación
Amor y odio no mantienen una relación simple. No han surgido de la escisión de algo común
originario, sino que tienen orígenes diversos y cada uno ha recorrido su propio desarrollo
antes que se constituyeran como opuestos bajo la influencia de la relación placer-displacer.
● El amor proviene de la capacidad del yo para satisfacer de manera autoerótica, por la
ganancia de un placer de órgano, una parte de sus mociones pulsionales. Es
originariamente narcisista, después pasa a los objetos que se incorporaron al yo
ampliado, y expresa el intento motor del yo por alcanzar esos objetos en cuanto
fuentes de placer. Se enlaza íntimamente con el quehacer de las posteriores
pulsiones sexuales y coincide, cuando la síntesis de ellas se ha cumplido, con la
aspiración sexual total.
● Etapas previas del amar se presentan como metas sexuales provisionales en el curso
del complicado desarrollo de las pulsiones sexuales. Discernimos la primera de ellas
en el incorporar o devorar, una modalidad del amor compatible con la supresión de
la existencia del objeto como algo separado, y que por tanto puede denominarse
ambivalente.
● En la etapa que sigue, la de la organización pregenital sádico-anal, el intento de
alcanzar el objeto se presenta bajo la forma del esfuerzo de apoderamiento, al que le
es indiferente el daño o la aniquilación del objeto. Por su conducta hacia el objeto,
esta forma y etapa previa del amor es apenas diferenciable del odio.Sólo con el
establecimiento de la organización genital el amor deviene el opuesto del odio.
● El odio es, como relación con el objeto, más antiguo que el amor; brota de la repulsa
primordial que el yo narcisista opone en el comienzo al mundo exterior prodigador
de estímulos. Como exteriorización de la reacción displacentera provocada por
objetos, mantiene siempre un estrecho vínculo con las pulsiones de la conservación