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2) Autonomía del grupo: toda acción debe decidida, organizada y realizada con una
orientación democrática, por y con los grupos organizados de la comunidad y todos
aquellos miembros de esta que deseen participar, empleando sus capacidades, sus
recursos materiales y espirituales y sus potencialidades, así como aquellos provenientes
de fuera que puedan y deseen obtener. Los valores subyacentes son la democracia y la
autonomía.
3)
Prioridades: la jerarquización, por parte de las personas de la comunidad participantes,
de las necesidades o acciones que se desea atender o cumplir. Este principio supone una
organización interna que diseña una estrategia de acción. Los valores subyacentes son la
organización y la autonomía.
4)
Realizaciones: la necesidad de obtener logros, de producir resultados en el sentido de la
transformación deseada. Valores subyacentes: trabajo, cooperación, conciencia y logro.
5)
Estímulos: necesidad de que la comunidad en general y en particular aquellos de sus
integrantes que se organizan en grupos de trabajo construyan y definan como estímulos,
tanto materiales como inmateriales, aspectos relacionados con sus logros. Estos pueden
ser formas de reconocimiento externo, la satisfacción por el éxito o la calidad de la tarea
realizada o el propio cambio o transformación logrados.
EL TRATAMIENTO EXPLICITO DE LOS VALORES EN LA PSICOLOGIA COMUNITARIA
El primero valor general que aparece relacionado con la psicología comunitaria es la
transformación social dirigida al logro del bienestar demandado.
No puede haber bienestar sin liberación. La introducción de la idea de la liberación como un
objetivo fundamental es un avance. Por un lado, reconoce de manera expresa la importancia de
las ideas centradas en la opresión y la necesidad de superarla, en las carencias, en la miseria y las
limitaciones que ellas ocasionan y, por el otro, pone de relieve el reconocimiento del saber
popular, la igualdad social y el fortalecimiento de los recursos que tienen las personas.
Hay cuatro requisitos que debe cumplir un valor para orientar eficazmente el trabajo
comunitario:
• Guiar los procesos conducentes hacia un escenario ideal. Ese escenario es la idea de
sociedad buena que se tenga.
• Evitar el dogmatismo y el relativismo. El primero impone ciertos valores sobre otros
según lo determine un grupo dentro de una sociedad; el relativismo los considera a todos
en el mismo plano, conduciendo así a la parálisis.
• Los valores deben ser complementarios y no contradictorios entre sí.
• Promover el bienestar personal, colectivo y relacional.
Todas las sociedades humanas llevan soñando con lograr una sociedad mejor, donde haya una
vida mejor. Las utopías son prueba de ello. Tanto las retrospectivas (la idea mítica de que en el
pasado hubo un momento feliz, una “edad de oro”, cuando alcanzo el máximo bien posible) como
las prospectivas (llegara algún día la “edad de oro”) presentan modelos de esa vida buena en el
mejor de los mundos posibles. Cada comunidad tiene su propia manera de construir esa
“operacionalización” del sueño, que, por efecto de las circunstancias de vida, de la historia vivida,
de la educación recibida, del poder que se ejerza, puede ser mas o menos amplia o restringida,
viable o inviable, y siempre discurre entre valores.