
placer y se llenó con un contenido sustantivo. Se vuelve masoquista. Esta segunda fase nunca
tuvo existencia real, cc. Se trata de una construcción del análisis.
La tercera fase se aproxima a la primera. La persona que pega nunca es la del padre, queda
indeterminada o es investida por un subrogante del padre. El niño fantaseador no sale a la luz
en la fantasía de la paliza “probablemente yo estoy mirando”. En lugar del niño azotado casi
siempre están presentes muchos niños y en la fantasía de las niñas con frecuencia, los
azotados son los varones pero ninguno de ellos resulta familiar. La fantasía ahora es portadora
de una excitación intensa, sexual, y procura la satisfacción onanista.
IV. En la época donde se sitúa la fantasía de paliza, la niña aparece enredado en las
excitaciones de su complejo parental. Pronto se comprende que ser azotado significa una
destitución del amor y una humillación. Por eso es una representación agradable que el padre
azote a este niño odiado, que el padre le pegue, en la primer fase significa que no ama a ese
niño, sino “sólo a mí”. La fantasía satisface los celos del niño y depende de su vida amorosa,
pero también recibe apoyo de sus interés egoísta. Por eso es dudoso que se la pueda calificar
de puramente "sexual"; pero tampoco la llamamos "sádica". En esta elección de objeto del
amor incestuoso, la vida sexual del niño alcanza el estadio de la organización genital. Ninguno
de esos enamoramientos incestuosos puede escapar de la represión. Lo que estuvo presente
inconscientemente como resultado psíquico de las mociones incestuosas de amor ya no es
acogido más por la cc de la nueva fase. Con este proceso represivo aparece una cc de culpa, de
origen desconocido, anudada a aquellos deseos incestuosos.
La fantasía de la época del amor incestuoso [primera fase] era: "el padre me ama solo a mí, no
al otro niño, pues a este le pega". La conciencia de culpa lo castiga: "no, no te ama a ti, te
pega". La fantasía de la segunda fase, la de ser uno mismo azotado por el padre, pasaría a ser
la expresión de la conciencia de culpa ante la cual ahora sucumbe el amor por el padre. La
fantasía devino masoquista, en todos los casos la conciencia de culpa es quien transmuta el
sadismo en masoquismo. Pero no es este el contenido íntegro del masoquismo, además de la
conciencia de culpa; la moción de amor tiene que haber tenido su parte. Son niños en quienes
el componente sádico pudo salir a primer plano de manera aislada y prematura por razones
constitucionales. Justamente en estos niños se ve facilitado un retroceso a la organización
pregenital sádico-anal de la vida sexual. Cuando la represión afecta la organización genital
recién alcanzada, no sólo el amor incestuoso deviene icc sino también la organización genital
experimenta un rebajamiento regresivo. "El padre me ama" se entendía en el sentido genital;
por medio de la regresión se muda en "el padre me pega". Este ser-azotado es una conjunción
de cc de culpa y erotismo: no sólo es un castigo por la referencia genital prohibida sino su
sustituto regresivo y recibe a partir de esta fuente su excitación libidinosa que se descargara
en actos onanistas. Esta es la esencia del masoquismo.
La fantasía de la segunda fase, la de ser uno mismo azotado por el padre, permanece por regla
general icc a consecuencia de la intensidad de la represión y debe reconstruirla en el análisis.
Esto da la razón a los pacientes que pretenden recordar que el onanismo emergió en ellos
antes que la fantasía de paliza de la tercera fase, y esta última se le habría unido más tarde.
Concebimos como una sustitución a la fantasía de la tercera fase, su configuración definitiva
en que el niño fantaseador sigue apareciendo a lo sumo como espectador. La fantasía
semejante a la de la primer fase, parece haberse vuelto de nuevo hacia el sadismo. Produce la
impresión como si en la frase "el padre pega a otro niño, sólo me ama a mí” el acento se
hubiese retirado sobre la primera parte después que la segunda es reprimida. Sólo la forma de
la fantasía es sádica; la satisfacción que se gana con ella es masoquista, su intencionalidad
reside en que tomó sobre sí la investidura libidinosa de la parte reprimida y se adhiere la
conciencia de culpa. Los niños indeterminados a quienes el maestro azota, son solo
sustituciones de la persona propia.
V. La perversión no es aislada en la vida sexual del niño. Permanece como secuela del complejo
de edipo y grabada con la conciencia de culpa. La perversión infantil puede convertirse en el
fundamento para el despliegue de una perversión para toda la vida o puede ser interrumpida y
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