angustia. La formación sustitutiva de la parte constituida por la representación [en el
representante de pulsión] se ha establecido por la vida del desplazamiento a lo largo de una
trabazón regida por cierto determinismo. El resultado es una angustia frente al lobo en lugar
de un requerimiento de amor al padre. Una represión como la del caso de la fobia a los
animales puede definirse como fracasada. La obra de la represión consistió en eliminar y
sustituir la representación pero el ahorro de displacer no se consiguió en modo alguno. Así
se llega a la formación de un intento de huida, la fobia en sentido estricto: una cantidad de
evitación es destinadas a excluir el desprendimiento de angustia.
La historia de conversión consigue hacer desaparecer el monto de afecto. El enfermo
exhibe hacia sus síntomas la conducta que charcot ha llamado la bella indiferencia de
histéricas. Otras veces esta sofocación no se logra completa y una dosis de sensaciones
penosas se anuda a los síntomas mismos, o no puede evitarse el desprendimiento de
angustia que pone en acción el mecanismo de fobia. El contenido de representación de la
agencia representante de pulsión se ha sustraído radicalmente de la cc; como formación
sustitutiva(y síntoma) se encuentra una inervación hiperintensa, de naturaleza sensorial o
motriz, como excitación o inhibición. El lugar hiperinervado se revela, a una consideración
más atenta, como una porción de la agencia representante de pulsión reprimida que ha
traído hacia sí, por condensación la investidura íntegra. Tampoco estás puntualizaciones
describen x completo el mecanismo de una histeria de conversión, sobre todo resta agregar
el factor de la regresión, que debe ser apreciado en otro contexto. La represión de
conversión puede juzgarse fracasada en la medida en que solo se ha vuelto posible
mediante unas extensas formaciones sustitutivas; respecto al monto de afecto constituye un
éxito completo. El proceso represivo de la histeria de conversión se clausura con la
formación del síntoma y no necesita un segundo tiempo como en la histeria de angustia.
La neurosis obsesiva descansa en la premisa de una regresión por la cual una aspiración
sádica remplaza a una aspiración tierna. Este impulso hostil hacia una persona amada el
que cae bajo la represión. El efecto es diverso que j una primera fase del trabajo represivo
que en una fase posterior. Primero alcanza un éxito pleno: el contenido de representación
es rechazado y se hace desaparecer el afecto. Como formación sustitutiva hallamos una
alteración del yo en la forma de unos escrúpulos de CC extremos q no pueden llamarse
propiamente síntoma. Divergen formación sustitutiva y formación de síntoma. La represión
ha producido una sustracción de libido, pero a este fin se sirve de la formación reactiva por
fortalecimiento de un opuesto. La formación sustitutiva responde aquí al mismo mecanismo
que la represión pero se aparta de la formación del síntoma. La ambivalencia (en q se
insertó el impulso sádico q debe reprimirse), en virtud de la cual se había hecho posible la
represión es tambn el lugar en el cual lo reprimido consigue retornar. El afecto reprimido
retorna mudándose en angustia social, en angustia de la CC moral, en reproches sin
medida; la representación rechazada se reemplaza mediante un sustituto por
desplazamiento. El fracaso en la represión del factor cuantitativo, afectivo, pone en juego el
mismo mecanismo de la huida por medio de evitaciones y prohibiciones de que tomamos
conocimiento en la fobia histérica. Pero el rechazo que pesa sobre la representación en
cuanto a su ingreso a lo CC se mantiene porque trae consigo la coartación de la acción, el
aherrojamiento motor del impulso. En la neurosis obsesiva el trabajo de la represión
desemboca en una pugna estéril e interminable. La pequeña serie comparativa que hemos
presentado basta para convencernos de que se requieren indagaciones todavía más
abarcadoras antes q pueda esperarse penetrar en los procesos en que se entran de manera
íntima la represión y la formación de síntomas neuróticos