
ENRIQUEZ – EL ANALISIS CLÍNICO EN CIENCIAS HUMANAS
Podemos preguntarnos si en realidad no esta funcionando un mecanismo maniqueísta: la ciencia clínica vista
como el blanco más puro y las ciencias "objetivas" como el negro más sombrío.
El deseo de saber se origina en el problema existencial que se plantea todo ser humano. ¿Quién soy yo?
¿Porque estoy acá? Las sociedades (las culturas) humanas se hacen la misma pregunta. ¿Por que razones se
ha constituido esta sociedad? ¿Qué ha precedido a su nacimiento?. Cada sociedad ha encontrado su
respuesta, que es siempre la misma, a pesar de que se presenta en formas múltiples: en el origen, un gran
ancestro, un Tótem, Dioses o un Dios único han querido crear seres humanos que vivan en una forma social
definida. Así la religión, dicho de otra manera, aquello que nos une al cosmos y a los otros seres humanos,
tiene por función calmar la ansiedad social y favorecer la vida en común.
No es lo mismo para el niño. El sólo puede encontrar respuesta inmediata al primer elemento de su pregunta:
¿quién soy yo?, teniendo cierto dominio de las cosas y de los seres. Para él, conocer un objeto (el pecho de su
madre o un objeto físico), es poder tocarlo, manipularlo, desarmarlo, es decir, en todo caso, tener satisfacciones
inmediatas. No existe sadismo en el niño: cuando él destruye es siempre para conocer. La pulsión
epistemofílica, bajo la cual yace la pulsión de posesión, le permite situarse en el mundo y constituir el mundo.
Cuando crezca y hable, cuando se haya transformado en adulto, continuará, junto a los otros, tratando de crear
su mundo.
El sujeto humano (individual o colectivo) tiene conciencia, ya que ha entrado en el orden del lenguaje, de vivir
en un universo dado qué determina en parte sus conductas. Pero siente que puede actuar sobre ese mundo al
percibirlo, forjándose representaciones sobre él y también constituyéndolo y cambiándolo, transformándolo
profundamente gracias a la "imaginación radical" que le ha sido dada.
Podemos preguntarnos si una psicología objetivante que clasifica a las personas en categorías (ej.: histérica,
paranoica o introvertida-extrovertida, o incluso, nerviosa, sentimental, colérica) no nos encierra en
determinaciones de las que no podemos salir. Estaremos, entonces, encasillados definitivamente y a merced
de disectores que "analizarán" nuestras conductas y personalidad, concebidas como inmutables o susceptibles
de poco cambio. Los tests psicotécnicos, la grafología, los tests de personalidad, así como los tarots de hoy, y
la astrología, son instrumentos -cuya fiabilidad es naturalmente cuestionable- de conocimiento neutro,
distanciado del ser humano que puede sentirse, con derecho, reificado.
Los especialistas de las ciencias que se llaman exactas, en particular los físicos, han planteado desde hace
mucho, que el observador no puede ubicarse en una posición neutra, ya que toda observación tiene un impacto
sobre el fenómeno observado.
Tal constatación no puede más que plantear al análisis clínico como la única aproximación, no objetivante y
respetuosa del objeto estudiado, con el cual se establecen relaciones de transferencia y de contratransferencia,
digna de ser utilizada en las ciencias humanas.
La aproximación clínica, se ha dicho en las exposiciones precedentes, se caracteriza por el hecho de que el
clínico está, de cierta manera, al pie de la cama, al borde de la cama de su paciente, trata de escuchar el
sufrimiento de su paciente con su "tercer" oreja. El objetivo del clínico (psicólogo, psicosociólogo, sociólogo) es
ayudar a su cliente a encontrar su propio camino, a ser capaz de salir del stress y de la enfermedad, a
comprender el sentido de sus síntomas (y no forzosamente a erradicarlos), a llegar a un estado de equilibrio
superior al precedente, a desarrollar orientaciones normativas y a acceder a un cierto grado de autonomía. (La
autonomía total no puede realizarse, ya que todo individuo tiene necesidad, para vivir, de conservar una parte
de heteronomía en la medida que pertenece a un grupo social que le dicta, a él también, sus propias normas).
La perspectiva clínica en psicología se desarrolló al final del Siglo XIX y principios del Siglo XX con objetivos
profundamente operativos. Su finalidad era formular un diagnóstico que permitiera distinguir los individuos
normales de los patológicos. Así el famoso test de Binet, perfeccionado por Simon, para medir la inteligencia,
tenía por objetivo -más o menos explícito- separar a los niños idiotas o retardados de los niños capaces, y así
integrarlos al sistema escolar y a la vida de la nación. Numerosos ensayos de pedagogía centrados en el niño,
adoptan una concepción de éste como un animal fogoso que hay que dominar y normalizar.