
inacabado otra propiedad de la complejidad. Pareciera que el pensamiento complejo aspira a la
completud en tanto tiene presente la multidireccionalidad. Pero esto es inexacto ya que no se
puede escapar de la incertidumbre y por lo tanto jamás se podrá tener un saber total.
Se puede decir entonces que hay complejidad donde se produzca un enmarañamiento de acciones,
de interacciones, de retroacciones, pero también otra complejidad que proviene de la existencia de
fenómenos aleatorios. Morín plantea reemplazar el concepto de objeto por el de sistema. El objeto
alude a una cierta pasividad, monotonía y encierro mientras que la idea de sistema alude a una
cierta movilidad, variabilidad y apertura. Todos los objetos que conocemos son sistemas. Puede
definirse a un sistema como un conjunto de elementos en interacción, en donde hay intercambio de
información, de materia, de energía y cuya asociación implica propiedades desconocidas
considerando el nivel de las partes que lo componen en forma separada. El todo tiene una cantidad
de cualidades y propiedades que no las tienen las partes al estar separadas.
Desde la complejidad se trata de identificar los elementos que componen el sistema, sus relaciones
y lo emergente en ello. Siguiendo a Morin, podemos reunir en dos conjuntos a las dificultades que
enfrentamos cuando de complejidad se trata: las empíricas y las lógicas. Las dificultades empíricas
aparecen en tanto en el Universo nada está realmente aislado. Todo está en relación con todo. Pero
incluso hay algo de esas relaciones que se nos escapan: el azar, los fenómenos aleatorios, la
incertidumbre. las de índole lógico en tanto nuestra estructura de pensamiento tampoco puede
recubrirlas. Se impone a nuestro pensamiento reductor y disyuntor la explicación de un todo a
través de sus partes, pero algo siempre se escapa. La lógica deductiva-inductiva no puede dar
respuesta a ello. La dialógica, en tanto trata de dos nociones que se rechazan mutuamente (orden
–desorden), intenta dar cuenta de éste modo de funcionamiento. Este principio dialógico nos dice
que la coherencia de un sistema no está en el orden del mismo sino en el encuentro de fuerzas a
priori antagónicas, vale decir, en el desorden. Debemos trabajar con la incertidumbre y el desorden
pero eso no implica sumergirse en el caos, sino poner a prueba un pensamiento enérgico que los
mire de frente, que los incluya. Podemos pensar que al ser requeridos para trabajar en una
organización cualquiera (una empresa, un hospital, una fundación) nos vamos a encontrar con un
modo particular de la circulación del poder. Desde el organigrama podremos ubicar aquellos
lugares formales en la estructura jerárquica y asociarlos con el poder que dicho cargo representa.
Pero a estos lugares consignados en la estructura se les contraponen otros, los informales, otras
redes de poder internas que hacen al funcionamiento de esa organización-sistema.
Ante la caída de la mirada positivista sobre la “neutralidad” del investigador se redobla la necesidad
de pensarlo formando del fenómenos a estudiar. En todo caso, se redobla la necesidad de
repensar-se en la propia práctica. Conceptos como implicación, contratransferencia y su análisis
vienen en nuestro auxilio. Resta enunciar un principio fundamental de la complejidad: el “principio
ecológico de la acción” que dice “…la acción escapa a la voluntad del actor político para entrar en el
juego de las inter-retroacciones, retroacciones, recíprocas del conjunto de la sociedad”