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TEORIA DEL ESTADO
BOLILLA I
I-NOCIONES PRELIMINARES
Teoría del Estado es el nombre con que se ha conocido en varios países una especie de curso general o
elemental de Ciencia Política en Facultades de Derecho y Ciencias Sociales.
Desde otro punto de vista, la Teoría del Estado es una parte muy importante del conjunto de la Ciencia
Política, disciplina que estudia y procura llegar a un conocimiento riguroso y confiable de los fenómenos
políticos.
EL ANÁLISIS POLÍTICO. NORMATIVO Y EMPÍRICO:
*La Ciencia Política estudia su objeto en términos empíricos, o sea, de lo que es en la realidad, como
también en términos normativos, es decir, de lo que se considera un “deber ser” o que debe ser.
Algunos autores suelen sustituir la clasificación “normativo/empírico” por la de filosófico/científico”.
Sin embargo, el análisis científico no es sólo empírico: no necesariamente está exento ni muchas veces
puede eximirse de puntos de vista valorativos y de juicios normativos. Asimismo, el análisis filosófico no
se refiere sólo a lo que “debe ser” ni prescinde del dato empírico.
Por ello, la clasificación “empírico/normativo” es mas clara y satisfactoria.
*En un sentido ideal, o por definición, el análisis empírico es el análisis de la empiria, de la realidad, lo
que existe, de las cosas y los hechos. El problema está en que el análisis de lo que vemos y lo que
enfrentamos es un análisis de objetos y de hechos que, pese a todos los empeños, depende de la
interpretación del observador. Somos nosotros quienes les damos un sentido, su significación.
Por ello, el análisis empírico procura atenerse a la realidad y busca ser estrictamente descriptivo de lo que
es, sea que eso que es nos guste o nos disguste. En consecuencia, la valoración debe, en principio, dejarse
de lado.
*En la historia de la Ciencia Política, este análisis empírico existe desde siempre, pero ha podido
desarrollarse en los tiempos modernos y contemporáneos.
En cualquier caso, el análisis empírico no ha sustituido al análisis normativo, como, en general, el
análisis científico no puede anular ni dejar de valerse del estudio filosófico. En consecuencia, la Ciencia
Política contemporánea abarca tanto el análisis empírico como el normativo y tanto el estudio científico
como el filosófico.
La Ciencia Política se ocupa, pues, del ser y del deber ser, de cómo son aparentemente las cosas en la
realidad y cómo nos parece deberían ser; de, por ejemplo, cómo está constituido el orden político en un
país y en un tiempo determinados, por una parte, y, por la otra, de cómo debería estar formado ese orden
político para la mejor realización de los valores que nos guían, a saber, los valores de justicia, libertad,
igualdad, etc.
EL ANÁLISIS POLITICOLOGICO, SOCIOLÓGICO, JURÍDICO-INSTITUCIONAL; OTROS: Sea
que el análisis consista de enfoques empíricos o normativos, existen por otra parte diversas maneras
disciplinarias de abordar el estudio de los fenómenos políticos.
*Una de esas maneras es la político-lógica, la más especifica de la Ciencia Política como disciplina
autónoma y es la que se ha desarrollado desde Maquiavelo y su obra mas conocida “El Príncipe”, primera
parte del siglo XVI.
Si hasta entonces los estudios políticos entremezclaron las perspectivas políticas con las perspectivas
éticas, como fue el caso de la Grecia clásica, o con las perspectivas religiosas, como fue el caso típico
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durante la Edad Media, a partir de Maquiavelo se hace habitual que los fenómenos políticos se expliquen
por otros tantos fenómenos también políticos; por ejemplo, la conquista del poder se explica así por
recursos también de poder , con prescindencia de consideraciones éticas o de cualquier cuestión de tipo
religioso.
*Al lado del análisis político propiamente dicho está el análisis de la Sociología Política o el análisis
sociológico-político, en el cual los fenómenos políticos se explican por fenómenos o datos del orden
social.
Lo político aparece como un resultado o una consecuencia de ciertas condiciones sociales de existencia.
Así, por ejemplo, la vieja clasificación de formas de gobierno que era común desde los tiempos de Platón
y Aristóteles es retomada por Montesquieu pero con unos agregados sociológicos.
La antigua clasificación decía que las formas de gobierno posibles eran monarquía, aristocracia o
democracia, según que gobernaran uno o unos pocos o el conjunto de los ciudadanos; y era tiranía,
oligarquía o demagogia según que aquellos que gobernaban lo hicieran en interés no ya del pueblo sino de
ellos mismos, los gobernantes.
Lo que hace Montesquieu con esta clasificación es preguntarse dónde es que en efecto aparecen o pueden
aparecer o establecerse formas monárquicas o aristocráticas o democráticas o tiránicas de gobierno.
Retoca un poco la vieja clasificación en cuanto divide a las formas de gobierno en monarquía, republica
(aristocrática o democrática) y tiranía, pero, sobre todo, lo que hace es analizar estas formas de gobierno
como el producto natural de unas ciertas condiciones geográficas, culturales y sociales. Así, por ejemplo,
la republica democrática existe o puede existir únicamente donde el territorio es pequeño y, en
consecuencia, los habitantes de ese territorio están en un contacto permanente entre si, comparten
lenguas, costumbres, tradiciones e ideas y pueden reunirse y decidir en asamblea las políticas de la
republica. En cambio, la tiranía existe y ha de existir necesariamente donde el territorio es muy extenso,
la población está dispersa, los medios de comunicación son precarios, de modo que la comunicación
social se hace difícil cuando no imposible. La tiranía aparece allí como respuesta política adecuada, pues
sólo un gobierno fuerte, centralizado y que se vale de medios terroríficos puede mantener la unidad
política en esas condiciones.
Naturalmente, el análisis politicológico y el sociológico de la política se complementan. El empleo de
uno o el otro o de los dos enfoques simultáneamente dependerán de qué es lo que queremos explicar.
*Una tercera línea de abordaje de los fenómenos políticos es la institucional-jurídica, que privilegia el
estudio de los institutos de derecho público y constitucional en su incidencia sobre el quehacer político.
*Otros enfoques de análisis político son los de la antropología política, la psicología política y la
economía de la política.
Ahora bien, en todos estos análisis lo político es la variable dependiente y lo sociológico, lo
antropológico, etc., la variable independiente, es decir, que se toma como base de la explicación, aunque
sus propios parámetros y datos puedan y suelan variar.
CONOCIMIENTO E IDEOLOGÍA: El análisis político procura en todos los casos elaborar
conocimiento político, conocimiento propiamente dicho, confiable, que tiene pruebas, que se somete a la
discusión racional, a la critica y al juicio inter-subjetivo, entre las personas; un conocimiento, entonces,
no subjetivo o propio de cada uno sino con validez universal, que en la medida que puede ser corroborado
por todos merece el nombre de conocimiento objetivo, es decir, de conocimiento de la realidad o ajustado
a la realidad. En este sentido, el conocimiento es lo opuesto de la ideología, que seria un discurso quizás
ocasionado por la realidad pero en todo caso no verificado ni verificable.
Conocimiento e ideología son, de este modo, los dos polos opuestos de un continuo de conocimiento;
dos polos ideales, extremos, en el sentido de que probablemente no haya en el campo de las teorías
políticas nada que sea enteramente conocimiento objetivo ni nada que sea única y exclusivamente
ideología.
El estudioso responsable tiene que tratar de no caer en los enfoques ideológicos o, dicho a la inversa,
tiene que tratar de eliminar hasta donde pueda todo aquello que vaya a afectar la objetividad del
conocimiento. Que no lo consiga por completo no quita una aproximación a esa meta y el esfuerzo por
acercarnos a ella el máximo posible.
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CONOCIMIENTO Y POLÍTICA: Hay, sin duda, relaciones entre ellas. Pero, en principio, se trata de
dos actividades distintas, cada una de las cuales está guiada por un valor diferente.
El valor que guía la actividad del conocimiento es la verdad y el valor que guía la actividad de la
política es el bien común. Los dos valores son no sólo distintos sino que eventualmente incompatibles.
En el camino de la realización de la actividad política, el político puede encontrar muchas veces que la
realización del bien común, según él la entiende, debe de alguna forma soslayar la verdad.
II- ESFERA PÚBLICA Y ESFERA PRIVADA
EL HOMBRE: ANIMAL SOCIAL O POLÍTICO: La vita activa, vida humana hasta donde se halla
activamente comprometida en hacer algo, está siempre enraizada en un mundo de hombres y de cosas
realizadas por éstos, que nunca deja ni trasciende por completo. Ninguna clase de vida humana ni siquiera
la del ermitaño en la agreste naturaleza, resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente
testifica la presencia de los otros seres humanos.
Todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que los hombres viven juntos, si
bien es sólo la acción lo que no cabe ni siquiera imaginarse fuera de la sociedad de los hombres. Sólo la
acción es prerrogativa exclusiva del hombre; ni una bestia ni un dios son capaces de ella y sólo ésta
depende por entero de la constante presencia de los demás.
Esta relación especial entre acción y estar juntos parece justificar la primitiva traducción del zoon
politikon aristotélico por animal socialis, que luego se convirtió en la traducción modelo a través de
Santo Tomas: “el hombre es político por naturaleza, esto es, social”. Esta inconsciente sustitución de lo
social por lo político revela hasta qué punto se había perdido el original concepto griego sobre la política.
No es que Platón o Aristóteles desconocieran el hecho de que el hombre no puede vivir al margen de la
compañía de sus semejantes sino que no incluían esta condición entre las específicas características
humanas; por el contrario, era algo que la vida humana tenia en común con el animal.
Según el pensamiento griego, la capacidad del hombre para la organización política se halla en
oposición a la asociación natural cuyo centro es el hogar y la familia. El nacimiento de la ciudad-estado
significó que el hombre recibía además de su vida privada, una especie de segunda vida, su bios polítikos.
Ahora todo ciudadano pertenece a dos órdenes de existencia y hay una tajante distinción entre lo que es
suyo y lo que es comunal.
De todas las actividades necesarias y presentes en las comunidades humanas sólo dos se consideraron
políticas y aptas para constituir lo que Aristóteles llamó bios polítikos: la acción (praxis) y el discurso
(lexis), de los que surge la esfera de los asuntos humanos.
En la experiencia de la polis, la acción y el discurso se separaron y cada vez se hicieron actividades más
independientes. El interés se desplazó de la acción al discurso, entendido mas como medio de persuasión
que como especifica arma humana de contestar, replicar y sopesar lo que ocurría y se hacía. Ser político,
vivir en una polis, significaba que todo se decía por medio de palabras y de persuasión y no con la fuerza
de la violencia.
El profundo malentendido que expresa la traducción latina de “político” como “social”, donde quizá se
ve mas claro es en el párrafo que Santo Tomas dedica a comparar la naturaleza del gobierno familiar con
el político; a su entender, el cabeza de familia tiene cierta similitud con el principal del reino, si bien,
añade, su poder no es tan “perfecto” como el del rey. No sólo en Grecia y en la polis sino en toda la
antigüedad occidental habían tenido como la evidencia misma de que incluso el poder del tirano era
menor, menos “perfecto”, que el poder con el que el paterfamilias gobernaba a su familia y esclavos.
LA POLIS Y LA FAMILIA: La distinción entre la esfera privada y publica de la vida corresponde al
campo familiar y político, que han existido como entidades diferenciadas al menos desde el surgimiento
de la antigua ciudad-estado.
Históricamente, es muy probable que el nacimiento de la ciudad-estado y la esfera pública ocurriera a
expensas de la esfera privada familiar.
Sin embargo, la antigua santidad del hogar nunca llegó a perderse por completo. Lo que impedía a la
polis violar las vidas privadas de sus ciudadanos y mantener como sagrados los limites que rodeaban cada
propiedad no era el respeto hacia dicha propiedad tal como lo entendemos nosotros sino el hecho de que
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sin poseer una casa, el hombre no podía participar en los asuntos del mundo debido a que carecía de un
sitio que propiamente le perteneciera.
El rasgo distintivo de la esfera domestica era que en dicha esfera los hombres vivían juntos llevados por
sus necesidades y exigencias. Esa fuerza que los unía era la propia vida que, para su mantenimiento
individual y supervivencia de la especie, necesita la compañía de los demás.
La esfera de la polis, por el contrario, era la de la libertad y existía una relación entre estas dos esferas,
ya que resultaba lógico que el dominio de las necesidades vitales en la familia fuera la condición para la
libertad de la polis. En todos los casos, la libertad de la sociedad es lo que exige y justifica la restricción
de la autoridad política.
La polis se diferenciaba de la familia en que aquella sólo conocía “iguales” mientras que la segunda era
el centro de la más estricta desigualdad. Así, pues, dentro de la esfera domestica la libertad no existía ya
que al cabeza de familia sólo se le consideraba libre en cuanto que tenia la facultad de abandonar el hogar
y entrar en la esfera política donde todos eran iguales. Pero esta igualdad tiene muy poco en común con
nuestro concepto de igualdad: significaba vivir y tratar sólo entre pares, lo que presuponía la existencia de
“desiguales” que, naturalmente, siempre constituían la mayoría de la población de una ciudad-estado.
La desaparición de la zanja que los antiguos tenían que saltar para superar la estrecha esfera domestica
y adentrarse en la política es esencialmente un fenómeno moderno. Tal separación entre lo público y lo
privado aun existía de algún modo en la Edad Media. Se ha señalado que, tras la caída del Imperio
Romano, la Iglesia Católica ofreció a los hombres un sustituto a la ciudadanía que anteriormente había
sido la prerrogativa del gobierno municipal.
El ascenso de lo secular a lo religioso corresponde en muchos aspectos al ascenso de lo privado a lo
público en la antigüedad.
La esfera secular bajo el feudalismo fue lo que había sido en la antigüedad la esfera privada. Su
característica fue la absorción, por la esfera domestica, de todas las actividades y, por tanto, la ausencia de
una esfera publica.
Propio de este crecimiento de la esfera privada y de la diferencia entre el antiguo jefe de familia y el
señor feudal es que éste podía administrar justicia en su territorio mientras que el primero, si bien tenia el
derecho de aplicar unas normas mas duras o mas suaves, no conoció leyes ni justicia al margen de la
esfera publica.
No es, pues, sorprendente que el pensamiento político medieval, interesado en la esfera secular, siguiera
desconociendo la separación existente entre la vida domestica y la exposición de la polis y, en
consecuencia, la virtud del valor como una de las mas elementales actitudes políticas.
Dejar la casa para dedicar la propia vida a los asuntos de la ciudad requería valor, ya que sólo allí
predominaba el interés por la supervivencia personal.
EL AUGE DE LO SOCIAL: El surgimiento de la sociedad desde el oscuro interior del hogar a la luz de
la esfera publica no sólo borró la antigua nea fronteriza entre lo privado y lo político sino que también
cambió casi mas alde lo reconocible el significado de las dos palabras y su sentido para la vida del
individuo y del ciudadano.
Hemos dejado de pensar en privación cuando usamos la palabra “privado” y esto se debe al enorme
enriquecimiento de la esfera privada a través del individualismo moderno.
El sentido moderno de lo privado está tan agudamente opuesto a la esfera social como a la política,
propiamente hablando. Lo privado moderno en su mas apropiada función, la de proteger lo intimo, se
descubrió como lo opuesto no a la esfera política sino a la social, con la que, sin embargo, se halla mas
próxima y auténticamente relacionado.
El primer explotador claro y teórico de la intimidad fue Jean Jacques Rousseau, para quien lo íntimo y
lo social eran más bien modos subjetivos de la existencia humana.
La asombrosa coincidencia del auge de la sociedad con la decadencia de la familia indica que lo que
verdaderamente ocurrió fue la absorción de la unidad familiar en los correspondientes grupos sociales.
Es decisivo que la sociedad, en todos sus niveles, excluya la posibilidad de acción, como anteriormente
lo fue de la esfera familiar. En su lugar, la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase
de conducta mediante la imposición de innumerables y variadas normas, las cuales tienden a “normalizar”
a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o el logro sobresaliente.
El auge de este ultimo tipo de sociedad indica que los diversos grupos sociales han sufrido la misma
absorción en una sociedad que la padecida anteriormente por las unidades familiares; con el ascenso de la
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sociedad de masas, la esfera de lo social, tras varios siglos de desarrollo, ha alcanzado finalmente el
punto desde el que abarca y controla a todos los miembros de una sociedad determinada, igualmente y
con idéntica fuerza.
La economía sólo pudo adquirir carácter científico cuando los hombres se convirtieron en seres sociales
y unánimemente siguieron ciertos modelos de conducta, de tal modo que quienes no observaban las
normas podían ser considerados como asociales o anormales.
Puesto que las leyes de la estadística son perfectamente validas cuando tratamos con grandes números,
resulta evidente que todo incremento en la población significa una incrementada validez y una marcada
disminución de error. Políticamente quiere decir que cuanto mayor sea la población en un determinado
cuerpo político, mayor posibilidad tendrá lo social sobre lo político de constituir la esfera pública. Los
griegos sabían que la polis, con su énfasis en la acción y en el discurso, solo podía sobrevivir si el número
de ciudadanos permanecía restringido.
Si la economía es la ciencia de la sociedad en sus primeras etapas, cuando solo podía imponer sus
normas de conducta a sectores de la población y a parte de su actividad, el auge de las “ciencias del
comportamiento” señala la etapa final de este desarrollo, cuando la sociedad de masas ha devorado todos
los estratos de la nación y la “conducta social” se ha convertido en modelo de todas las fases de la vida.
Este constante crecimiento adquiere su fuerza debido a que, a través de la sociedad, de una forma u otra
ha sido canalizada hacia la esfera pública el propio proceso de la vida.
La actividad laboral, bajo todas las circunstancias relacionada con el proceso de la vida en su sentido
mas elemental, permaneció estacionaria durante miles de años, encerrada en la eterna repetición del
proceso vital al que estaba atada. La admisión del trabajo en la esfera publica, lejos de eliminar su
carácter de proceso, lo ha liberado de su circular y monótona repetición, transformándolo en un
progresivo desarrollo cuyos resultados han modificado todo el mundo habitado.
La división del trabajo es lo que le sobreviene a la actividad laboral sometida a las condiciones de la
esfera pública, lo que nunca le ha acaecido en la esfera privada familiar. En ningún otro campo de la vida
hemos alcanzado tal excelencia como en la revolucionaria transformación del trabajo. Mientras la
necesidad hacía del trabajo algo indispensable para mantener la vida, la excelencia era lo último que cabía
esperar de él.
LA ESFERA PUBLICA: LO COMUN: La palabra “publico” significa dos fenómenos estrechamente
relacionados, si bien no idénticos por completo.
En primer lugar significa que todo lo que aparece en publico puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene
la mas amplia publicidad posible. Para nosotros, la apariencia (algo que ven y oyen otros al igual que
nosotros) constituye la realidad. La presencia de otros que ven lo que vemos y oyen lo que oímos nos
asegura de la realidad del mundo y de nosotros mismos.
En segundo lugar, el termino “publico” significa el propio mundo, en cuanto es común a todos nosotros
y diferenciado de nuestro lugar poseído privadamente en él. Este mundo, sin embargo, no es idéntico a la
Tierra o a la naturaleza, como el limitado espacio para el movimiento de los hombres y la condición
general de la vida orgánica. Más bien está relacionado con los objetos fabricados por las manos del
hombre, así como con los asuntos de quienes habitan juntos en el mundo hecho por el hombre.
La esfera pública, al igual que el mundo en común, nos junta y no obstante impide que caigamos uno
sobre otro. Lo que hace tan difícil de soportar a la sociedad de masas no es el número de personas sino el
hecho de que entre ellas el mundo ha perdido su poder para agruparlas, relacionarlas y separarlas.
Si bien el mundo común es el lugar de reunión de todos, quienes están presentes ocupan diferentes
posiciones en él y el puesto de uno puede no coincidir más con el de otro que la posición de dos objetos.
Ser visto y oído por otros deriva su significado del hecho de que todos ven y oyen desde una posición
diferente. Este es el significado de la vida publica, comparada con la cual incluso la mas rica y
satisfactoria vida familiar solo puede ofrecer la prolongación o multiplicación de la posición de uno con
sus acompañantes aspectos y perspectivas.
Bajo las condiciones de un mundo común, la realidad no está garantizada principalmente por la
“naturaleza común” de todos los hombres que la constituyen, sino mas bien por el hecho de que, a pesar
de las diferencias de posición y la resultante variedad de perspectivas, todos están interesados por el
mismo objeto.
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LA ESFERA PRIVADA: LA PROPIEDAD: Vivir una vida privada por completo significa estar
privado de cosas esenciales a una verdadera vida humana: estar privado de la realidad que proviene de ser
visto y oído por los demás, estar privado de una “objetiva” relación con los otros que proviene de hallarse
relacionado y separado de ellos a través del intermediario de un mundo común de cosas, estar privado de
realizar algo mas permanente que la propia vida.
La privación de lo privado radica en la ausencia de los demás; hasta donde concierne a los otros, el
hombre privado no aparece y, por lo tanto, es como si no existiera. Cualquier cosa que realiza carece de
significado y consecuencia para los otros y lo que importa a él no interesa a los demás.
Bajo las circunstancias modernas, esta carencia de relación “objetiva” con los otros y de realidad
garantizada mediante ellos se ha convertido en el fenómeno de masas de la soledad. La razón de este
extremo consiste en que la sociedad de masas no solo destruye la esfera publica sino también la privada,
quita al hombre no solo su lugar en el mundo sino también su hogar privado, donde en otro tiempo se
sentía protegido del mundo y donde, en todo caso, incluso los excluidos del mundo podían encontrar un
sustituto en el calor del hogar y en la limitada realidad de la vida familiar.
La profunda relación entre lo público y lo privado se manifiesta en la cuestión de la propiedad privada.
Riqueza y propiedad son de naturaleza diferente. Antes de la Edad Moderna, todas las civilizaciones se
habían basado en lo sagrado de la propiedad privada. La riqueza, por el contrario, nunca fue sagrada.
En sus orígenes, la propiedad significaba ni más ni menos el tener un sitio de uno en alguna parte
concreta del mundo y, por lo tanto, pertenecer al cuerpo político, es decir, ser el cabeza de una de las
familias que juntas formaban la esfera pública. Este sitio del mundo privadamente poseído era tan
idéntico al de la familia que lo poseía, que la expulsión de un ciudadano no solo podía significar la
confiscación de su hacienda sino también la destrucción real del propio edificio. La riqueza de un
extranjero o de un esclavo no era bajo ninguna circunstancia sustituta de su propiedad y la pobreza no
privaba al cabeza de familia de su sitio en el mundo ni de la ciudadanía resultante de ello.
Lo sagrado de lo privado era como lo sagrado de lo oculto, es decir, del nacimiento y de la muerte.
Por lo tanto, no es exacto decir que la propiedad privada, antes de la Edad Moderna, era la condición
para entrar en la esfera pública; era mucho más que eso. Lo privado era semejante al aspecto oscuro y
oculto de la esfera pública y si ser político significaba alcanzar la más elevada posibilidad de la existencia
humana, carecer de un lugar privado propio (como era el caso del esclavo) significaba dejar de ser
humano.
De origen posterior y diferente por completo es el significado político de la riqueza privada, de la que
salen los medios para la subsistencia.
La riqueza privada se convirtió en condición para ser admitido en la vida pública no porque su poseedor
estuviera entregado a acumularla sino, por el contrario, debido a que aseguraba que su poseedor no
tendría que dedicarse a buscar los medios de uso y consumo y quedaba libre para la actitud publica.
La vida pública solo era posible después de haber cubierto las más urgentes necesidades de la vida. Los
medios para hacerles frente procedían del trabajo, y de ahí que a menudo la riqueza de una persona se
estableciera por el número de trabajadores, es decir, de esclavos, que poseía. Ser propietarios significaba
tener cubiertas las necesidades de la vida y, por tanto, ser potencialmente una persona libre para
trascender la propia vida y entrar en el mundo que todos tenemos en común.
Si el propietario decidía ampliar su propiedad en lugar de usarla para llevar una vida política, era como
si de modo voluntario sacrificara su libertad y pasara a ser lo que era el esclavo en contra de su voluntad,
o sea, un siervo de la necesidad.
Hasta el comienzo de la Edad Moderna, esta especie de propiedad nunca se había considerado sagrada,
y solo donde la riqueza como fuente de ingreso se identificaba con el trozo de tierra donde se asentaba la
familia, es decir, en una sociedad esencialmente agrícola, coincidieron estos dos tipos de propiedad y
asumieron el carácter de sagrado.
LO SOCIAL Y LO PRIVADO: La sociedad, cuando entró por primera vez en la esfera pública, adoptó
el disfraz de una organización de propietarios que, en lugar de exigir el acceso a la esfera pública debido a
su riqueza, pidió protección para acumular más riqueza. En palabras de Bodin, el gobierno pertenecía a
los reyes y la propiedad a los súbditos, de manera que el deber de los reyes era gobernar en interés de la
propiedad de sus súbditos.
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Por lo tanto, la riqueza nunca puede llegar a ser común en el sentido que hablamos de un mundo común;
quedó o más bien se procuró que quedara estrictamente privada. Sólo era común el gobierno nombrado
para proteger entre sí a los poseedores privados en su competitiva lucha por aumentar la riqueza.
La disolución de la esfera privada en lo social puede observarse en la transformación de la propiedad
inmóvil hasta que finalmente la distinción entre propiedad y riqueza pierde todo significado, ya que la
cosa tangible se ha convertido en un objeto de “consumo”; perdió su privado valor, de uso, que estaba
determinado por su posición y adquirió un valor exclusivamente social, determinado mediante su
intercambiabilidad, cuya fluctuación solo podía fijarse temporalmente relacionándola con el común
denominador del dinero. En contacto con esta vaporización de lo tangible se hallaba la mas revolucionaria
contribución moderna al concepto de propiedad, según la cual ésta no era una localizada parte del mundo
adquirida por su dueño de una u otra manera, sino que, por el contrario, tenia su origen en el propio
hombre, en su posesión de un cuerpo y su indisputable propiedad de la fuerza de este cuerpo, que Marx
llamó “fuerza de trabajo”.
Así, la propiedad moderna perdió su carácter mundano y se localizó en la propia persona, es decir, en lo
que un individuo solo puede perder con su vida.
Con el fin de comprender el peligro que para la existencia humana deriva de la eliminación de la esfera
privada, para la que lo intimo no es un sustituto muy digno de confianza, conviene considerar esos rasgos
no privativos de lo privado que son mas antiguos que el descubrimiento de la intimidad. La diferencia
entre lo que tenemos en común y lo que poseemos privadamente radica, en primer lugar, en que nuestras
posesiones privadas, que usamos y consumimos a diario, se necesitan mucho más apremiadamente que
cualquier porción del mundo común. La misma necesidad que, desde el punto de vista de la esfera
publica, solo muestra su aspecto negativo como una carencia de libertad, posee una fuerza impulsora que
impedirá también la apatía y la desaparición de la iniciativa que, de manera evidente, amenaza a las
comunidades ricas de todo el mundo. Necesidad y vida están tan íntimamente relacionadas que la propia
vida se halla amenazada donde se elimina por completo a l necesidad.
La segunda característica sobresaliente y no privativa de lo privado es que las cuatro paredes de la
propiedad de uno ofrecen el único lugar seguro y oculto del mundo común público, no solo de todo lo que
ocurra en él sino también de su publicidad, de ser visto y oído. Una vida que transcurre en público, en
presencia de otros, se hace superficial.
La distinción entre las esferas publica y privada es igual a la diferencia entre cosas que deben mostrarse
y cosas que han de permanecer ocultas. Solo la época moderna, en su rebelión contra la sociedad, ha
descubierto lo rica y diversa que puede ser la esfera de lo oculto bajo las condiciones de la intimidad.
EL LUGAR DE LAS ACTIVIDADES HUMANAS: Aunque la distinción entre lo publico y lo privado
coincide con la oposición de necesidad y libertad, de futilidad y permanencia y, finalmente, de vergüenza
y honor, en modo alguno es cierto que solo lo necesario, lo fútil y lo vergonzoso tengan su lugar adecuado
en la esfera privada. El significado más elemental de las dos esferas indica que hay cosas que requieren
ocultarse y otras que necesitan exhibirse públicamente para que puedan existir. Si consideramos estas
cosas sin tener en cuenta el lugar en que las encontramos en cualquier civilización determinada, veremos
que cada una de las actividades humanas señala su propio lugar en el mundo.
La bondad en sentido absoluto se conoció en nuestra civilización con el auge del cristianismo. Desde
entonces conocemos las buenas acciones como una importante variedad de la posible acción humana.
La única actividad que enseñó Jesús con palabras y hechos fue la bondad e indudablemente ésta acoge
una tendencia a no ser vista ni oída. En el momento en que la buena acción se hace publica y conocida
pierde su específico carácter de bondad, aunque pueda seguir siendo útil como caridad organizada o como
acto de solidaridad. La bondad solo existe cuando no es percibida ni siquiera por su autor.
Tanto el amor a la sabiduría como el amor a la bondad, si se determina en actividades filosóficas y en el
bien obrar, tienen en común que llegan a un fin inmediato, que se cancelan a si mismos, siempre que se de
por supuesto que el hombre puede ser sabio o bueno.
Y aquí acaba la similitud entre las actividades que surgen del amor a la bondad y a la sabiduría. Es
cierto que ambas se hallan en cierta oposición a la esfera pública pero el caso de la bondad es mucho mas
extremo a este respecto. Si no quiere quedar destruida, solo la bondad ha de ser absolutamente secreta y
huir de toda apariencia. El filósofo, incluso si decide abandonar la “caverna” de los asuntos humanos, no
tiene que ocultarse de si mismo.
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El filosofo siempre puede confiar en sus pensamientos para mantenerse en compañía, mientras que las
buenas acciones jamás acompañan y han de olvidarse en el momento en que se realizan porque incluso su
recuerdo destruye la cualidad de “bueno”.Las buenas acciones, puesto que han de olvidarse
instantáneamente, jamás pueden convertirse en parte del mundo; vienen y van sin dejar huella.
Verdaderamente no son de este mundo.
Este no ser del mundo hace del amante de la bondad una figura esencialmente religiosa y, de la bondad,
al igual que la sabiduría en la antigüedad, una cualidad en esencia no humana, superhumana. Sin
embargo, el amor a la bondad, a diferencia del amor a la sabiduría, no está limitado a la experiencia de
unos pocos; se halla al alcance de la experiencia de cualquier hombre.
La ultramundanidad de la experiencia religiosa se manifiesta dentro del mundo; ésta, al igual que todas
las otras actividades, no abandona el mundo sino que ha de realizarse dentro de él. Pero dicha
manifestación, aunque se presenta en el espacio en que se realizan otras actividades y depende de dicho
espacio, es de naturaleza activamente negativa; al huir del mundo y esconderse de sus habitantes, niega el
espacio que el mundo ofrece a los hombres y, mas que todo, esa porción publica donde todas las cosas y
personas son vistas y oídas por los demás.
La bondad, por lo tanto, como forma de vida, no es solo imposible dentro de los confines de la esfera
publica sino que incluso es destructiva.
Hemos elegido el ejemplo extremo de realizar buenas obras con el fin de indicar que los juicios
históricos de las comunidades políticas, por los que cada una determinaba qué actividades de la vita
activa debían mostrarse en publico y cuáles tenían que ocultarse en privado, pueden tener su
correspondencia en la naturaleza de estas mismas actividades.
III-EL ORDEN POLITICO
EL PROBLEMA DEL ORDEN POLÍTICO.ORDEN Y CONFLICTO: Uno de los mayores problemas
de la política y del conocimiento político consiste en cómo instituir el orden a partir de la existencia del
conflicto.
Sin orden no hay sociedad. La sociedad es un desarrollo a partir de comportamientos y actividades
diferentes; también, de ideas, valores e intereses diferentes; que, al cruzarse entre si engendran conflictos.
La gran cuestión está en cómo canalizarlos y regularlos.
La vida en sociedad requiere ordenamiento por ser lo que nos da cierta seguridad, nos permite saber a
qué atenernos, qué podemos hacer y qué podemos esperar y no esperar.
Lo contrario a la vida en sociedad es la vida entre los hombres fuera de la sociedad. Como lo llamaron
los clásicos contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau), es el estado de naturaleza, el estado en que
dominan el conflicto, la inseguridad, la incertidumbre, el estado en que no podemos vivir en paz ni crecer.
La escasez de los bienes, sea absoluta o relativa, es una de las raíces del conflicto; y otra es, a partir del
hecho de la escasez, la oposición entre los distintos modelos de orden que elaboramos para solucionar ese
problema de la escasez y su consecuencia, l conflicto.
TIPOS DE CONFLICTO: Hay diferentes tipos de conflictos: aquellos que tienen que ver con
diferencias de posición o de intereses, con diferencias de proyectos, de ideas, de valores.
Al respecto hay y ha habido distintas teorías; por ejemplo en la antigüedad la de Platón y
contemporáneamente la de Marx, que se propusieron la eliminación de la política creyendo posible la
eliminación de su raíz, el conflicto. En este sentido, Marx fue todavía más lejos, en cuanto pensó también
la extinción del Estado, considerado por él como un producto necesario de la lucha de clases.
Sin embargo, desde que existen diferentes tipos de conflictos y no solamente los del tipo de lo que Marx
ha llamado la lucha de clases, que básicamente tienen relación con diferencias económicas, no cabe
pensar como posible ni la extinción de la política ni la del Estado ni la del origen de todo esto, que es el
conflicto mismo.
Actualmente estamos viendo en todo el mundo el surgimiento de sectores que se movilizan en razón de
preocupaciones y programas relacionados no tanto con los tradicionales temas del poder y la riqueza y
demás, sino con cuestiones ecológicas o el pacifismo o el estatuto y las condiciones de vida de la mujer,
etc.
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EL ESTADO COMO CONDICION DE LA SOCIEDAD: Si no hay sociedad sin orden, entonces no
hay sociedad sin Estado, porque el Estado es el ordenador de la sociedad, la estructura o el estructurante
de la sociedad. Por otra parte, es un instrumento de dominación política cuyo objeto es imponer ese orden
que está en su función.
Esta dominación política es expresión a la vez de un interés general y del interés de uno o más sectores
dominantes en toda suerte de sociedad. Ese interés general puede ser variable en tiempo y espacio y
también puede ser variable el sector o los sectores dominantes que representa en alguna medida el Estado
o que están en cierta forma en posesión de él.
EL DERECHO Y EL ESTADO: Si el Estado es el ordenador de la sociedad, uno de los instrumentos
fundamentales de los que se vale para instaurar el orden es su sistema normativo, en especial el Derecho,
entendido como el conjunto de normas y de reglas y aun de sanciones tendientes al ordenamiento de la
sociedad.
Así, pues, desde el punto de vista político, el derecho es un elemento de orden.
Además del derecho el Estado tiene otros componentes e instrumentos para establecer y desarrollar el
orden. Ellos son el gobierno, la administración pública o burocracia y las fuerzas armadas.
LO PRIVADO Y LO PÚBLICO: La distinción entre estado y sociedad tiene su paralelismo con la
distinción entre lo público y lo privado.
Lo publico es aquello que concierne a todos y del interés de todos, mientras que lo privado es aquello
que concierne únicamente al interés de algunos, muchos o pocos, grupos o individuos determinados.
SOCIEDAD CIVIL Y SOCIEDAD POLÍTICA: La sociedad que reconocemos como distinta del estado
que la estructura y organiza se desdobla en sociedad civil y sociedad política.
Es sociedad civil esa sociedad en tanto esenvuelta en actividades del orden privado y es sociedad
política en tanto está empeñada en actividades relacionadas con lo público o el orden político.
ESTADO Y NACIÓN: En el lenguaje corriente se produce una identificación o confusión entre las
palabras “estado” y “nación”; pero son dos conceptos distintos y que se refieren a entidades distintas.
El estado es una institución del orden político que tiene soberanía. La nación, en cambio, es una
realidad orden cultural constituido por tradiciones comunes, lengua común, vínculos religiosos comunes,
hábitos y estilos de vida compartida y, desde ya, una historia en común.
Ahora bien, ni el estado ni la nación existen desde siempre: se forman uno y otra en el tiempo. La
nación alemana o la nación judía son anteriores a la constitución del estado alemán contemporáneo o del
estado israelí actual.
ESTADO, REGIMEN Y GOBIERNO. REVOLUCION Y GOLPE: Cuando se produce una revolución
o un golpe ¿qué es lo que cambia? ¿El tipo de estado? ¿El tipo de régimen? ¿El gobierno? Para dar una
respuesta debemos distinguir entre estos conceptos.
El estado es la organización institucional-jurídica fundamental y mas global de una sociedad, que
impone y obtiene acatamiento de la población valiéndose, a la vez, de poder o coerción y de autoridad o
legitimidad.
Régimen es un modo característico de funcionamiento y gobierno de un estado. Por ello no hay régimen
político sino de estado. Comprende, de por sí, la forma, legalidad y el estilo de selección e incorporación
de su personal político, directivo y funcionarial y de la representatividad o clases de representación de
este personal.
El gobierno es el complejo de puestos o posiciones y roles estatal de mando y administración. Sus
ocupantes toman y ejecutan las decisiones estatales.
Así, pues, el estado es la institución; el régimen es el modo regular de gobierno y funcionamiento de
esa institución y el gobierno son los cargos y los funcionarios superiores de la institución.
Una revolución altera el tipo de estado o el tipo de régimen, mientras que un golpe(a pesar de su
nombre más habitual “golpe de estado”) es sólo recambio de gobierno hecho fuera de las maneras
regulares previstas.
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Esto no quita que un golpe pueda dar paso a una revolución y entonces se llame revolución a lo que
empezó siendo un golpe.
SOBERANIA. MONARQUIA Y REPUBLICA: La soberanía de un estado alude a su independencia
respecto de otro estado; la soberanía en un estado se refiere a la titularidad legítima del mando político
último dentro de sus fronteras. Así, no puede haber soberanía interior si no la hay que sea exterior. Y en
los dos casos es soberano sólo quien no depende de una decisión ajena superior a la propia y establecida o
reconocida como tal.
Dentro del territorio de un estado las dos formas de soberanía típicas son las del monarca por derecho
propio y la del pueblo en su conjunto: monarquía y republica democrática.
El derecho propio de la soberanía monárquica supo basarse en un pretendido origen divino como en la
aceptación de una tradición hereditaria.
La soberanía en la republica democrática es del conjunto de los ciudadanos, quienes, por otro lado,
pudiendo conferirla, no la delegan (en teoría, al menos, solo se dejan representar).
La monarquía constitucional-parlamentaria moderna está, en cierto modo, entre la monarquía sin más y
la republica democrática.
AUTORIDAD Y PODER: Todo orden político se mantiene sobre la base de autoridad y/o poder o, en
otros términos, legitimidad y/o coerción.
La coerción es fuerza desnuda, ejercicio o amenaza de aplicación de fuerza desnuda. Disuade o
persuade por el temor o el dolor, físico o psíquico. Sin embargo, al menos en lo político, la coerción
jamás puede ser total ni duraderamente efectiva. Provoca siempre resistencias activas o pasivas.
Si un orden político se establece y permanece es porque media otro elemento. De hecho, observando la
vida de cualquier sociedad puede verse que el orden se mantiene la mayor cantidad de tiempo respecto de
la mayor cantidad de personas sin que sea preciso el ejercicio y ni siquiera la amenaza de la fuerza. Hay
un acatamiento, una obediencia, un respeto a las reglas del orden político tales que de dicho orden político
puede decirse que tiene “autoridad” sobre la gente. Y es por ello que el poder, la coerción son sólo una
última instancia. Ello es así porque la gente consiente que el orden rija en efecto. Y es porque respeta ese
orden que éste tiene legitimidad respecto de ella.
No obstante, poder y autoridad se necesitan y se complementan mutuamente. Tampoco la autoridad se
bastaría sin el respaldo eventual del poder. Una autoridad sin poder podría ser desafiada con éxito por
grupos o sectores violentos.
TIPOS DE LEGITIMIDAD: Según Max Weber hay tres grandes tipos de autoridad: el tradicional, el
racional y el carismático. Se trata de tres modos diferentes en que un orden político tiene autoridad sobre
la población y recibe legitimidad de ella.
En el caso de la legitimidad tradicional el orden vigente es aceptado porque “siempre” ha regido y está
como en la naturaleza de las cosas. No se lo concibe de otro modo y así pasa de generación a generación.
El caso de la legitimidad carismática responde a la autoridad que ejerce un gran profeta, caudillo,
conductor, líder, jefe o aun santón sobre su pueblo seguidor. La autoridad “emana” de su persona, dotada
de carisma, de extraordinaria capacidad de influencia sobre las voluntades personales. Este tipo de
autoridad existe en toda clase de sociedades, pasadas o presentes, pero sobre todo en las mas tradicionales
o menos desarrolladas.
La autoridad de tipo racional prevalece en las sociedades modernas y más desarrolladas en las que ha
emergido a la par de la triple revolución científica, industrial, democrática acumulada en los últimos
siglos. Resulta de un examen conciente, instrumental y critico de sus normas y reglas del orden. El
derecho positivo de nuestro tiempo es un desenvolvimiento de esa racionalidad.
LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD: Son asuntos diferentes. Por un lado, no toda la autoridad está
contenida en la ley. Por otro lado, no necesariamente toda ley o sistema jurídico es de por sí legitimo. Hay
casos, en consecuencia, de legalidad sin legitimidad y de legitimidad sin legalidad.
La legalidad es sólo el derecho positivo vigente y exigible en una sociedad y en un momento
determinado, independientemente de su ajuste o desajuste con aquello que la gente obedecería natural,
voluntaria y espontáneamente, sin vicios de consentimiento.
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EL ESTADO DE DERECHO: En general, Estado de Derecho seria todo aquel que funda su imperio
político en un sistema jurídico. Mas en particular, se llama así al tipo de estado consecuencia de los
desarrollos liberales y democráticos, el cual se basa en un sistema jurídico al que en los tiempos
contemporáneos se reconoce legitimidad.
El Estado de Derecho reconoce derechos políticos, civiles y de garantías a toda la población, sin
discriminaciones de ninguna clase, del tipo de los que se entienden históricamente ya “adquiridos” por su
justicia intrínseca. Y, en consecuencia, el estado se subordina a la ley como ley “anterior” a sí mismo. En
este sentido estado de derecho significa estado del derecho o el derecho como dueño y señor del estado;
un derecho, desde luego, conforme a las ideas vigentes de legitimidad.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA: En las sociedades políticas modernas, dadas sus características
espaciales y demográficas y la variedad de sectores, intereses, etc, que contienen, la autoridad política no
puede ser ejercida sino indirectamente, por representación.
¿A qué y a quienes tienen que representar el estado, el régimen y el gobierno? Para algunos, lo
representable son todos y cada uno de los ciudadanos; para otros, es la sociedad, entendiendo que lo
representativo de la sociedad son sus grandes conjuntos de intereses y opinión, las “fuerzas vivas”, la
Iglesia y las Fuerzas Armadas.
En cualquiera de los dos casos, aquello a ser representado debe primero organizarse, si ya no lo está. Lo
contrario significaría un caos.
Así es como resultan, por una parte, los partidos políticos y, por otra, los gremios o corporaciones de
intereses profesionales. En el primer caso tenemos la representación por ciudadanía y en el segundo, la
representación corporativa.
REGÍMENES PRESIDENCIALISTAS Y PARLAMENTARIOS: El presidente es, por lo general,
elegido directamente por la ciudadanía y dura en su cargo un periodo prefijado regular.
El régimen parlamentario es encabezado, en cambio, por un primer ministro designado por los
miembros del parlamento y por el tiempo que merece la confianza de éste o hasta la próxima elección de
parlamento.
Existen republicas democráticas que combinan presidencialismo y parlamentarismo y tienen un jefe de
estado y un jefe de gobierno. (ej.: Italia)
LIBERALISMO Y DEMOCRACIA: Liberalismo es la corriente moderna que preconiza la
conformación del orden político como dirigido a reconocer y asegurar la libertad política y civil de los
habitantes de un país. Esas libertades constituyen sus valores básicos, los ejes en torno a los cuales se
modela el programa liberal de estado y sociedad.
Democracia es un régimen de gobierno y funcionamiento de estado que se caracteriza por atribuir la
soberanía al pueblo y establecer, en consecuencia, el gobierno como representativo del pueblo.
Ahora bien, ni los demócratas están obligados a pensar que la libertad política y civil son los valores
supremos ni el liberalismo está obligado a ser democrático.
EL PROBLEMA DE LA CONCENTRACIÓN DEL PODER: En cuanto al régimen democrático, el
problema esen la concentración del poder en elites o grupos dirigentes, verdaderas oligarquías; en la
tecnocracia y en la burocracia. Los tres fenómenos son una negación de la democracia.
IV-METODOLOGIA
El proceso de conocimiento, para concretarse, debía superar tres vallas: las provenientes de la
percepción, del uso del lenguaje y de la adopción de una cierta ideología.
No existe una sola clase de conocimiento. En consecuencia, debería aceptarse que no existiría una vía
exclusiva de acceso a él.
En el mundo cultural que habitamos confluyen, en materia de conocimiento, dos tradiciones
originariamente disímiles pero que, sin embargo, entraron en contacto sin que hasta el presente ninguna
de ellas se haya disuelto de modo total en la otra. Una proviene de la tradición bíblica; la otra, de la matriz
intelectual greco-romana. La primera se nutre de elementos religiosos y reivindica un saber tuitivo; la
segunda, en cambio, eleva la razón, lo intelectual, a la altura de la suprema instancia del saber.
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Se trata, en definitiva, de la contraposición razón-sentimientos que convive en todo individuo humano.
INTEGRACIÓN DEL CONOCIMIENTO: En las sociedades de occidente mas desarrolladas en el
orden intelectual se han realizado esfuerzos a favor de una integración equilibrada entre ambas formas de
considerar el saber humano, por cuanto no existe posibilidad de que el conocimiento se pueda dividir
entre dos categorías, “objetivo” y “subjetivo”, como si ambas estuviesen separadas por una brecha
insalvable.
Un ejemplo de esas dificultades lo proporciona la polémica entre Popper, defensor de la postura
racionalista y Kühn, quien representa una apertura hacia la subjetividad en el ámbito de la investigación
científica.
De lo expuesto se advierte lo dificultoso que supone exponer una metodología para las ciencias sociales
que permita distinguir, en el discurso científico, lo fáctico de lo valorativo. Esta dificultad también se
deriva de que el hacer humano es sustancialmente ambivalente.
Habida cuenta de esa enorme dificultad que representan los valores en las ciencias sociales, cabe indicar
lo arduo que debe resultar en ellas distinguir la doxa (la mera opinión) de la episteme (la verdad), pues
casi todos los enunciados lingüísticos son una mezcla de ambas.
Mas todavía, de acuerdo con los avances de las teorías llamadas “constructivistas”, al concepto de
“realidad” se le adjunta el calificativo de “inventada”. De acuerdo con esta doctrina, ninguna “realidad
seria “natural”. Aquello que denominamos “realidad” siempre es un conjunto de percepciones
“construidas” sobre un soporte que aporta el individuo que la “construye”.
TEORIA DEL ESTADO: PERSPECTIVAS METODOLOGICAS: Desde una perspectiva
metodológica, la teoría del estado se ve afectada, al menos, por dificultades recurrentes que se originan en
tres fuentes: a) el lenguaje; b) los valores; c) la metodología de investigación. Las tres clases de
problemas se encuentran íntimamente entrelazados.
El lenguaje humano natural presenta dos características salientes: la vaguedad de todas sus palabras y la
ambigüedad de muchas de ellas.
“Lenguaje humano natural” es aquel que, en condiciones normales de vida, aprendemos por el solo
hecho de nacer dentro de una sociedad que ya cuenta con un sistema lingüístico establecido por las
costumbres y usos lingüísticos.
“Sistema lingüístico establecido” es un repertorio de palabras (ruidos significativos) y un código de
reglas de formación de oraciones con sentido (sintaxis).
Se predicará vaguedad de una palabra cuando los límites de su alcance significativo no sean precisos.
Se dirá que una palabra es ambigua cuando en el uso común admita dos o más significados.
“Estado” es una palabra ambigua. Para una teoría normativa del derecho, el Estado solo puede
considerarse como un orden normativo; solo podser captado a través de una malla entretejida por
normas jurídicas (Kelsen).En cambio, las teorías relistas del Estado tratan de explicarlo como un
fenómeno jurídico y “algo mas”, pues consideran que un enfoque puramente normativo no basta para dar
cuenta del fenómeno estatal (Héller, Jellinek).
Cuando se adopta una perspectiva realista para estudiar al fenómeno estatal es posible referirse al
Estado desde otro punto de vista específico. Resnik elige aquel que proporciona la teoría general de los
sistemas.
Cualquier organización es susceptible de verse como un sistema; la organización “Estado” no es una
excepción a esa idea. En principio, el Estado es un subsistema de intercomunicaciones humanas que opera
dentro de un sistema que contribuye a integrar, que podemos denominar “sistema social”.
Los aportes de las teorías sistémicas y comunicacionales presentan las sgtes. Ventajas: colocan a las
ciencias jurídica y política a la altura de las restantes ciencias sociales; permite la intercomunicación de
las ciencias jurídica y política con las demás ciencias sociales; no amputa el conocimiento de las ciencias
sociales del resto del universo social. Permite desembarazarse del concepto de causalidad unilineal: antes
de preguntarse por el “por que”, intenta responder al interrogante de “cómo” se suceden los fenómenos,
de modo que permite convertir ciertos conceptos de la ciencia política en auténticamente operativos.
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V- ESTUDIO DEL ESTADO: ENFOQUES PREDOMINANTES
A) LA TEORIA DEL ESTADO DE HANS KELSEN: Hans Kelsen llega a la consideración publica
después de terminada la Primera Guerra Mundial. Nacido en Praga, su nacionalidad lo habilita para
participar de las labores que condujeron a la redacción de la Constitución de Austria de 1921. No sigue el
camino de los austromarxistas ni el de un liberalismo cercano a los conservadores. Selecciona como
ideología la del neoliberalismo, preocupado por la vigencia de los derechos humanos, por la garantía
estatal para la efectividad de esos derechos y por una moderada intervención reguladora del Estado en el
ámbito de las actividades económicas.
Metodológicamente, se esforzó por elaborar una “teoría pura del derecho” que a la vez es una “teoría
pura del estado” puesto que el “Estado” es considerado en su teoría pura como “la personificación
metafórica del orden jurídico total”. Su intención consiste en depurar (de allí teoría pura) al objeto que se
pretende estudiar de todos los elementos que le fueran extraños.
Cuando denomina “pura” a su teoría lo hace sobre la base de los sgtes. Conceptos fundamentales:
-Se constituye la teoría pura como una teoría que no le pide prestados los instrumentos de estudio a las
ciencias naturales.
-Rechazo de la “causalidad” como categoría de pensamiento útil para el desarrollo de una ciencia social.
-El correlativo reemplazo de la categoría “causal” por la categoría “imputación”, en el sentido de
atribución de conductas.
-El intento de desechar toda contaminación ideológica en el discurso descriptivo del ordenamiento
jurídico.
Cualquier concepto en su teoría general debe encontrarse referido a una mención normativa. Por lo
tanto, su concepción del Estado es una concepción normativista y el Estado, por ende, un concepto
normativo pero no independiente del universo no-normativo. No se trata de un desconocimiento sino de
un conciente apartamiento de esos elementos no-normativos con fines metodológicos.
¿Es objetable esta concepción, tal como se la plantea?
El juicio crítico a realizarse depende del punto de vista que se adopte.
Desde un punto de vista epistemológico, la perspectiva implicada en un enfoque “purista” no puede
objetarse.
Ahora bien, hay dos elementos que están en condiciones de calificar el intento explicativo: la presencia
o ausencia de consistencia lógica en el discurso del investigador y la utilidad o inutilidad del intento de
mantener la pureza metodológica como herramienta conducente a la obtención del conocimiento
científico. En consecuencia, los juicios críticos acerca de la “teoría pura del derecho” de Kelsen se
valorarán de modo diverso según sea la persona que se encargue de la evaluación.
Para un jurista de la escuela de la dogmática jurídica, la obra de Kelsen será un exponente magnifico de
cuánto puede ayudar su obra a clarificar conceptos utilizados por los practicantes del derecho así como
sus teóricos, estudiosos y estudiantes. El pensamiento kelsiano, en cambio, será objeto de crítica si lo ha
de juzgar un científico de la política.
La critica mas esclarecedora a la teoría pura podría ser que estaríamos ante una “teoría del estado” sin
Estado, es decir, sin contenido, sin sustancia política, sin sustancia vital. En otras palabras, que una
depuración metodológica exagerada puede llevar a la desaparición misma del objeto.
Las modernas concepciones de las ciencias sociales provocan una suerte de rechazo del criterio kelsiano
en virtud de que los enfoques funcionalistas y sistémicos conducen a integrar los conocimientos de las
distintas ramas del saber de la sociedad y de los humanos que la componen, en aras de criterios
interdisciplinarios y multimodales.
B) LA CONCEPCIÓN VITALISTA DEL ESTADO DE CARL SCHMITT: Carl Schmitt fue integrante
del partido conservador alemán aliado del nacionalsocialismo; su obra fundamental es Teoría de la
constitución” de la década de 1920. Pero el lugar en el que expone más crudamente su visión de lo
político es en “El concepto de la política” en el que se caracteriza a la relación política como la
contraposición amigo-enemigo.
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Donde Kelsen decía que el Estado era un manojo de reglas o un sistema ordenado de normas jurídicas,
Schmitt afirmó que el Estado era el orden del ejercicio de la fuerza sobre las personas y los grupos
integrantes de una sociedad nacional.
Para la concepción de Schmitt, el Estado debía ser reducido a los elementos de fuerza. Parece
inadecuado y por demás peligroso para una convivencia democrática pensar que el Estado es sólo eso.
Si Kelsen abría las puertas a un racionalismo exacerbado, la postura de Schmitt la abría para las
posiciones irracionalistas y violentas propias de los movimientos totalitarios que comenzaron a
desarrollarse en Europa en la década de 1920.
C) LA TEORIA GENERAL DEL ESTADO DE GEORG JELLINEK: El contexto histórico del autor
está enmarcado por un Estado (el alemán) que se presenta ante el observador como una estructura severa
y rígida, exigente y detallista. Es una organización que hace sentir su superioridad a quienes se les
encuentren jerárquicamente subordinados.
El Estado alemán, al publicarse la Teoría general del Estado de Jellinek, trataba de incorporarse a la
modernidad. Es sabido que Alemania ingresa tardíamente en la era de las organizaciones nacionales
aproximadamente junto con Italia.
Ese ingreso tardío en la modernidad política representada por la consolidación de organizaciones
nacionales lo hace a través de gobernantes sumamente autoritarios, que trataban de aunar a sus políticas
hegemónicas en lo estrictamente político, disposiciones de cierto contenido asistencial. Hay que recordar
que en Alemania se originó una corriente política llamada “socialismo jurídico”.
La estabilidad del Estado de Derecho no parecía encontrarse consolidada en Alemania; los
acontecimientos posteriores a 1919 lo probarían sobradamente.
Jellinek no tenía dudas acerca de lo que debería llamarse “Estado de Derecho”. Se trata de una
organización estatal en la cual los órganos ejercen poderes, facultades, potestades y competencias; se
encuentran sometidos a los limites y constricciones que les imponen normas jurídicas objetivas, producto
de una voluntad legislativa cuya legitimidad se encuentra en la decisión electoral democráticamente
expresada, normas cuya obligatoriedad rige tanto para los ciudadanos y habitantes cuanto para quienes
accidentalmente se encuentran en las posiciones de órganos del Estado.
De ahí el capitulo en el cual Jellinek se dedica a postular la autolimitación del Estado”, donde expone
la idea de que el Estado se encuentra obligado a cumplir con el derecho que crea.
Si hemos de adoptar una lectura propia de la sociología del conocimiento, la Teoría general del Estado
de Jellinek debería entenderse como un intento de fundamentar, con apariencia científica, la teoría del
“Estado de derecho liberal”. En consecuencia, la critica diría que Jellinek pretendió fundamentar
científicamente una posición claramente ideológica. En ese intento tomó al “Estado de derecho liberal”
como modelo de cualquier Estado posible, sin considerarse obligado a tomar nota de otros tipos de
Estado que también podría haber sobrevivido en este tipo de Estado moderno.
Para Jellinek el aspecto temporal del Estado abarcaba prácticamente toda la historia humana.
Ya en 1900, Jellinek pudo advertir que “Estado era un concepto complejo que solo podía ser
comprendido si se tomaban en cuenta sus elementos normativos y sus elementos de orden social, histórico
y cultural.
En su concepción del Estado reclama y obtiene un espacio la experiencia política.
Pese a lo expuesto, debemos decir que su concepción general es analítica y, por ende, causalista
unilineal, sin que ello sea una crítica sino una puntualización metodológica.
D) LA TEORIA DEL ESTADO DE HERMANN HELLER: Hermann Héller representó un ejemplo de
intelectual comprometido políticamente. Nacido en Alemania, accedió a la vida política de terminada la I
Guerra Mundial (1914-1918).
Ingresó en la política imbuido del sueño de un futuro semejante al paraíso terrenal, para verse envuelto
en la tremenda crisis del propio Estado alemán, lo cual lo condujo a resignarse a intentar salvar la
nacionalidad democrática mediante la instauración de un Estado fuerte pero democrático. Un Estado
fuerte que estuviese en condiciones de atender el reclamo social del orden como requisito primero para
fundar una convivencia en libertad para los habitantes de una nación.
La obra de Hermann Séller en el terreno de la teoría del estado y la ciencia política representa una
divisoria de aguas.
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Cuando Héller concibe su teoría del Estado, el campo de estudio se encontraba dominado por la escuela
de pensamiento de Jellinek, la escuela puramente normativista de Kelsen y la escuela puramente vitalista
de Schmitt.
Héller se ve obligado, por imperio de la metodología de exposición que elige (la dialéctica), a declarar
agotadas las tradicionales vías de conocimiento del Estado y a anunciar una nueva manera de considerar
los fenómenos estatales.
De Marx toma un método, más bien una actitud ante el universo que estudia, describe y critica.
Hay dos posiciones marcadas en Marx que se convirtieron en actitud científica en Héller: la intención
de captar la realidad tal como es y no como quisiéramos que fuera y la intención de captar un elemento de
esa realidad que es muy difícil de captar, su dinamismo.
El mundo debe concebirse como una relación dialéctica, como un producto nunca acabado y en
permanente devenir, al menos mientras exista entre poder y sociedad(elementos psicosociales) y
naturaleza, una ineludible tensión e interacción.
Y ello debe ser así por cuanto el Estado es realidad “construida”: realidad construida como producto de
elementos culturales, realidad consecuencia de actos humanos en interrelación social y natural.
Aunque nunca lo manifieste explícitamente su teoría recurre a una concepción holística del mundo y,
por ende, también del Estado. De esa concepción holística surge que solo una compleja trama de
circunstancias explica el funcionamiento de cualquier Estado.
A este respecto, debemos mencionar que en el caso de ller el estudio se restringe al Estado
occidental, denominado “Estado moderno”.
En nuestra opinión, el enfoque dialéctico configuraría lo que en el lenguaje epistemológico se llamaría
un paradigma, de cuya referencia parece imposible escapar en cualquier explicación metodológica o
epistemológica contemporánea, especialmente en lo relativo a las ciencias sociales.
Si la dialéctica configura un paradigma, entonces el enfoque presupone que la realidad presenta una
configuración dialéctica. Mas aun, no es exacto pensar que las cosas o los procesos son; para la
concepción dialéctica, las cosas o los procesos devienen.
Creemos que el enfoque dialéctico aportó una gran preocupación por aprehender fenómenos sociales y
naturales en todo su dinamismo. Pero las esperanzas que se pusieron en el método dialéctico resultaron, al
postre, insatisfechas. Pretendieron predecir y sus pretensiones resultaron desmesuradas. En este sentido,
los enfoques no dialécticos resultaron más productivos y recibieron confirmaciones prácticas más
contundentes.
BOLILLA II
I-PODER
DEFINICIÓN EN SENTIDO GENERAL Y EN SENTIDO SOCIAL. EL HOMBRE COMO SUJETO
Y COMO OBJETO: En su significado mas general, la palabra “poder” designa la capacidad o posibilidad
de obrar, de producir efectos y puede ser referida tanto a individuos o grupos humanos como a objetos o
fenómenos de la naturaleza(como en la expresión “poder calórico” o “poder absorbente”).
Entendido en sentido específicamente social, esto es en relación con la vida del hombre en sociedad, el
poder se precisa y se convierte de genérica capacidad de obrar en capacidad del hombre para determinar
la conducta del hombre: el poder del hombre sobre el hombre. El hombre no sólo es el sujeto sino
también el objeto del poder social.
PODER EN HOBBES. CRITICA: No pueden aceptarse aquellas definiciones que, partiendo de una
que se remonta a Hobbes, identifican el poder social con la posesión de instrumentos aptos para alcanzar
los fines deseados.

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