Proyecto escolar como proyecto político sobre la infancia:
No es el contexto natural de desarrollo del niño. “Bajo esta mirada, perdemos la perspectiva histórica
del sistema escolar, como un dispositivo que produce -y que debe producir, puesto que para ello
existe- formas particulares de desarrollo infantil (Baquero y Terigi, 1996)”.
No es un proyecto de los niños sino, en verdad, un proyecto atribuido a los niños, pero impuesto sobre
ellos por la cultura adulta.
Puede decirse que los procesos de escolarización masiva se orientan a producir un efecto formativo
sobre una niñez que es vista como relativamente dócil. Una niñez puede ser vivida de muy diversos
modos, no sólo a título de nuestra individualidad, sino por la diversidad de maneras culturales de
otorgar tratamiento a la niñez (entre culturas o dentro de una misma).
La escolarización parece, por tanto, una manera -entre otras posibles- de dar tratamiento a la niñez;
una manera en ocasiones violenta, ya que implica obligaciones de asistencia, permanencia, trabajo,
logros, para evitar sanciones, en especial la del fracaso… Nuestro análisis pretende insistir en que la
cuestión debe ser tratada sin que nuestro compromiso con los derechos del niño nos lleve a desvirtuar
precisamente el carácter político del proyecto escolar. El proyecto escolar involucra decisiones sobre
la vida de los sujetos, sobre sus márgenes de acción, sobre la manera en que forjaremos su identidad.
Las decisiones políticas sobre la vida de los sujetos, sobre sus márgenes de acción, etc., se toman, en
buena medida, con base en criterios de educabilidad legitimados por argumentaciones psicológicas
que juzgan sobre la inteligencia, la capacidad intelectual, la salud mental y la normalidad de los
sujetos… “Responsabilidad en el hecho de que la escolarización opta por producir cursos específicos
del desarrollo infantil (Baquero y Terigi, 1996)”.
La persistencia del formato escolar a través de la historia moderna y a pesar de la diversidad de
contextos sociales y culturales, muestra que no resulta demasiado sensible a la relativa labilidad que
tratan de imprimirle nuestras innovaciones en las estrategias de enseñanza. Es decir, nuestro esfuerzo
innovador no deja de encontrarse una y otra vez con determinantes duros de las prácticas escolares,
como la organización graduada, simultánea, obligatoria, etc. Y aún si pudiéramos introducir cambios
de fondo en algunos de estos determinantes duros, no podríamos hacerlo sin ponderar y conservar las
reglas de juego que las prácticas escolares definen para la producción de conocimientos y saberes, y
para la producción de cursos específicos en el desarrollo infantil.
Algunos aspectos del trabajo escolar:
Las prácticas escolares inciden no sólo en los procesos de construcción de conocimientos, sino en la
producción de cursos específicos del desarrollo cognitivo. La investigación psicológica cuenta con un
número creciente de indagaciones acerca de los efectos que las prácticas escolares producen sobre el
desarrollo psicológico. Tales efectos se ponen en evidencia en sesgos y tendencias en el
funcionamiento cognitivo de los sujetos escolarizados. A este tipo de efectos se los ha identificado
bajo la etiqueta de procesos de descontextualización de los instrumentos de cognición (cf. Rogoff,
1990). La independencia de los efectos respecto a la variedad de estrategias de enseñanza obliga a
pensar en las constantes del formato escolar como las principales productoras del efecto
descontextualizador.