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CARÁCTER Y EROTISMO ANAL
Las personas que me propongo describir sobresalen por mostrar, en reunión regular, las siguientes
tres cualidades: son particularmente ordenadas, ahorrativas y pertinaces. Cada uno de estos términos
abarca en realidad un pequeño grupo o serie de rasgos de carácter emparentados entre sí. “ordenado”
incluye tanto el aseo corporal como la escrupulosidad en el cumplimiento de pequeñas obligaciones y
la formalidad. Lo contrario sería: desordenado, descuidado. El carácter ahorrativo puede parecer
extremado hasta la avaricia; la pertinacia acaba en desafío. El carácter ahorrativo y la pertinacia se
entraman con mayor firmeza entre sí que con la primera, el carácter “ordenado”.
De la historia de estas personas en su primera infancia se averigua con facilidad que les llevó un
tiempo relativamente largo gobernar la incontinencia fecal, y se infiere, en su constitución sexual
congénita, un resalto erógeno hipernítido de la zona anal. Nos vemos precisados a suponer que la
zona anal ha perdido su significado erógeno en el curso del desarrollo, y luego conjeturamos que la
constancia de aquella tríada de cualidades de su carácter puede lícitamente ser puesta en conexión
con el asunto del erotismo anal.
En “Tres ensayos de teoría sexual”, he procurado mostrar que la pulsión sexual del ser humano es en
extremo compuesta, nace por las contribuciones de numerosos componentes y pulsiones parciales.
Aportes esenciales a la “excitación sexual” prestan las excitaciones periféricas de ciertas partes
privilegiadas del cuerpo (genitales, boca, ano, uretra) que merecen el nombre de “zonas erógenas”. De
las magnitudes de excitación que llegan de estos lugares sólo una parte favorece a la vida sexual; otra
es desviada de las metas sexuales y vuelta a metas diversas (sublimación). hacia la época de la vida
que es lícito designar como “período de latencia sexual” desde el quinto año hasta las primeras
exteriorizaciones de la pubertad se crean en la vida anímica a expensas de estas excitaciones unas
formaciones reactivas, unos poderes contrarios, como al vergüenza, el asco y al moral, que a modo de
unos diques se contraponen al posterior quehacer de las pulsiones sexuales. El erotismo anal es uno
de esos componentes de la pulsión que en el curso del desarrollo y en el sentido de nuestra actual
educación cultural se vuelven inaplicables para metas sexuales; y esto sugiere discernir en esas
cualidades de carácter que tan a menudo resaltan en quienes antaño sobresalieron por su erotismo
anal vale decir orden, ahorratividad y pertinacia los resultados más inmediatos y constantes de la
sublimación de este.
El aseo, el orden, la formalidad causan toda la impresión de ser una formación reactiva contra el
interés por lo sucio, lo perturbador, lo que no debe permanecer en el cuerpo; en cambio, no parece
tarea sencilla vincular la pertinacia con el interés por la defecación. Sin embargo, cabe recordar que ya
el lactante puede mostrar una conducta porfiada ante la deposición de las heces y que la estimulación
dolorosa sobre la piel de las nalgas que se enlaza con la zona erógena anal es universalmente
empleada por la educación para quebrantar la pertinacia del niño, para volverlo obediente.
Los nexos más abundantes son los que presentan entre los complejos, en apariencia tan dispares, del
interés por el dinero y al defecación. Como es bien sabido para todo médico que ejerza el psa, las
constipaciones más obstinadas y rebeldes de neuróticos, llamadas habituales, pueden eliminarse por
este camino. En el psicoanálisis sólo se obtiene ese efecto cuando se toca en el paciente el complejo
relativo al dinero, moviéndolo a que lo lleve a su conciencia con todo lo que él envuelve. Podría
creerse que aqla neurosis no hace más que seguir un indicio del lenguaje usual, que llama “roñosa
a una persona que se aferra al dinero demasiado ansiosamente. Sólo que esta sería una apreciación
superficial en exceso. En verdad, el dinero es puesto en los más íntimos vínculos con el excremento
dondequiera que domine, o que haya perdurado, el modo arcaico de pensamiento: en las culturas
antiguas, en el mito, los cuentos tradicionales, la superstición, en el pensar icc, el sueño y la neurosis.
Es posible que la oposición entre lo más valioso que el hombre ha conocido y lo menos valioso que él
arroja de sí como desecho haya llevado a esta identificación condicionada entre oro y caca.
Otra circunstancia ocurre todavía a esta equiparación en el pensar del neurótico. Como ya sabemos, el
interés originariamente erótico por la defecación está destinado a extinguirse en la madurez; en efecto,
en esta época el interés por el dinero emerge como un interés nuevo; ello facilita que al anterior
aspiración, en vías de perder su meta, sea conducida a la nueva meta emergente. Es posible indicar
una fórmula respecto de la formación del carácter definitivo a partir de las pulsiones constitutivas: los
rasgos de carácter que permanecen son continuaciones inalteradas de las pulsiones originarias,
sublimaciones de ellas o bien formaciones reactivas contra ellas.
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SOBRE LA TRANSPOSICIONES DE LA PULSIÓN, EN PARTICULAR DEL EROTISMO ANAL
Los tres rasgos de carácter que surgen debido a los restos de pulsión del erotismo anal son: orden,
avaricia y terquedad. Estas cualidades provienen de las fuentes pulsionales del erotismo anal.
En las producciones de lo inconsciente (fantasías, síntomas),los conceptos caca (dinero, regalo), “hijo”
y “pene” se distinguen con dificultad y fácilmente son permutados entre sí. Estos elementos son
tratados como equivalentes entre sí en el inconsciente.
Al hijo y al pene se los llama el “pequeño”. El “pequeño”, que originariamente refería al miembro
masculino, puede pasar a designar secundariamente el genital femenino.
La mujer tiene el deseo reprimido de poseer un pene como el varón. En algunas mujeres se reactiva
este deseo infantil (que tiene que ver con la “envidia del pene” dentro del complejo de castración) y se
convierte en el principal portador de los síntomas neuróticos. En otras mujeres no se registra en
absoluto este deseo del pene, sino que en su lugar se encuentra el deseo de tener un hijo, cuya
frustración puede desencadenar la neurosis. En otras mujeres, ambos deseos estuvieron presentes en
la infancia y se relevaron el uno al otro.
Ese deseo infantil del pene, entonces, se muda en el deseo del “varón”, que es aceptado como un
apéndice del pene. El hijo produce el paso del amor narcisista de sí mismo al amor de objeto. También
en este punto, el hijo puede ser subrogado por el pene.
El hijo es considerado como algo que se desprender del cuerpo por el intestino. Así, un monto de
investidura libidinosa aplicado al contenido del intestino puede extenderse al niño nacido a través de él.
Hay identidad entre “hijo” y “caca”. La caca es el primer regalo del cual el lactante se separa. En torno
de la defecación, se presenta para el niño una primera decisión entre la actitud narcisista y la del amor
de objeto: o bien entrega obediente la caca, la “sacrifica” al amor, o la retiene para la satisfacción
autoerótica o, más tarde, para afirmar su propia voluntad. Con esta última decisión queda constituido el
“desafío” (terquedad) que nace de un porfía narcisista en el erotismo anal.
La caca, primeramente, cobra el significado de “regalo” y no de “dinero” ya que el niño no conoce otro
dinero que el regalado (no posee dinero ganado ni propio). La caca es su primer regalo.
Entonces, una parte del interés por la caca se continúa en el interés por el dinero y otra parte se
transporta al deseo del hijo. Pero el pene posee también una significatividad anal-erótica independiente
del interés infantil. La materia fecal es por así decir el primer pene, y la mucosa excitada es la del recto
Cuando el interés por la caca retrocede de manera normal, este interés se transfiere al pene. Si
durante la investigación sexual se averigua que el hijo nació del intestino, él pasará a ser el principal
heredero del erotismo anal, pero el predecesor del hijo había sido el pene.
Del erotismo anal surge, en un empleo narcisista, el desafío como una reacción sustantiva del yo
contra reclamos de los otros. El interés volcado a la caca traspasa a interés por el regalo y luego por el
dinero. Con el advenimiento del pene nace en la niña la envidia del pene, que luego se traspone en
deseo del varón como portador del pene. Antes, el deseo del pene se mudó en deseo del hijo, o este
último remplazó a aquel. Una analogía orgánica entre “pene” e “hijo” se expresa mediante la posesión
de un símbolo común a ambos (el “pequeño”). Luego, el deseo del hijo conduce al deseo del varón.
Cuando la investigación sexual del niño lo pone en conocimiento de la falta de pene en la mujer, el
pene es discernido como algo separable del cuerpo y entra en analogía con la caca, que fue el primer
trozo de lo corporal al que se debió renunciar. De ese modo, el viejo desafío anal entra en la
constitución del complejo de castración.
Cuando aparece el hijo, la investigación sexual lo inviste con un potente interés, anal-erótico. El deseo
del hijo recibe un segundo complemento de la misma fuente cuando la experiencia social enseña que
el hijo puede concebirse como prueba de amor, como regalo. La serie caca-pene-hijo son cuerpos
sólidos que al penetrar o salir excitan un tubo de mucosa (el recto y la vagina). El hijo sigue el mismo
camino que la columna de las heces.
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LA ORGANIZACIÓN GENITAL INFANTIL
El carácter principal de esta “organización genital infantil es, al mismo tiempo, su diferencia respecto
de la organización genital definitiva del adulto. Reside que, para ambos sexos, solo desempeña un
papel un genital, el masculino. Por tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo.
Esto lleva a Freud a postular la fase fálica.
Fases: Oral à Anal à Fálica à Genital
Falo y genital no es lo mismo: genitales hay dos, aunque en la fase fálica hay uno para ambos sexos
(falo).
Empieza el descuido por la diferencia de los sexos (premisa universal del falo).
El niño descubre que el pene no se le atribuye a todos los seres humanos. Esto provoca que el niño
desmiente la falta de pene en la mujer. Se pone en cuestión la premisa universal del falo. El niño
desmiente o desconoce diciendo: “se lo cortaron”, “le va a crecer”. Hay un elemento (falo) que puede
estar o no estar. El niño inicialmente desmiente la falta de pene en la mujer.
El niño se confronta con la falta de pene en la niña y, luego, tiene la tarea de habérselas con la pérdida
del falo en mismo. Este es el momento del Complejo de Castración. La castración recae sobre el
niño.
Sólo puede apreciarse la significatividad del Complejo de Castración si se toma su génesis en la fase
fálica. Si no hay falo, no hay castración. Debe instalarse el falo para que, luego, exista la posibilidad de
castración.
Para llegar a la fase genital, el niño debería conocer el genital femenino y entender el “falo” como
“pene”. La castración es una herida narcisista.
Freud establece una serie de pérdidas que están en relación: el pecho, las heces, el niño (teoría de las
cloacas), el pene (Complejo de Castración). El Complejo de Castración vale como Castración
retroactivamente. Si los elementos anteriores se pueden perder, el pene se puede perder. El Complejo
de Castración vale como pérdida en el momento en que el niño tiene que habérselas con la pérdida del
falo en sí mismo.
El menosprecio por la mujer, horror a la feminidad, tiene que ver con la falta de pene en la mujer.
El falo es un elemento necesario de la estructura edípica.
No es tan rápido que el niño generaliza la castración. Las personas respetables para el niño, como su
madre, siguen conservando el pene. La madre perderá el pene cuando el niño entienda que solo las
mujeres pueden parir hijos.
Polaridad sexual, experimenta mudanzas durante el desarrollo sexual infantil:
- SUJETO-OBJETO una primera oposición con la elección de objeto.
- ACTIVO-PASIVO en el estadio de la organización pregenital sádico anal.
- GENITAL MASCULINO O CASTRADO en el estadio de la fase fálica.
La castración vale para ambos sexos: para la niña como una castración consumada y para el niño
como la amenaza de perderlo.
Angustia de castración: un peligro pulsional interno en condición de una situación de peligro externa.
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CONFERENCIA 32:ANGUSTIA Y VIDA PULSIONAL
Angustia: estado afectivo, una reunión de sensaciones de la serie de placer-displacer, provocado por
un aumento de excitación que tendería a alivianarse a través de una acción de descarga. Se traduce
en sensaciones físicas que pueden ser desde: contracciones epigástricas, sensación de ahogo,
parálisis total acompañada de dolor psíquico. Hay un sujeto que le duele.
Angustia realista: reacción que nos parece lógica frente al peligro, a un daño esperado de afuera.
Consiste en un apronte angustiado (estado de atención sensorial incrementada y tensión motriz), a
partir de éste se desarrolla la reacción de angustia. Puede suceder que el desarrollo de angustia se
limite a una señal (y por ende la reacción puede adaptarse a la nueva situación de peligro) o bien toda
la reacción se agota en el desarrollo de angustia y entonces el estado afectivo resultará paralizante y
desacorde con el fin para el presente.
Angustia neurótica: enigmática, como carente de fin. Se observa bajo tres clases de constelaciones:
como angustia expectante en la neurosis de angustia, como fobias ligada a determinados contenidos
de representación y como angustias histéricas. En la angustia neurótica, aquello a lo que se le tiene
miedo es la propia libido. El peligro es interno en vez de externo y no se discierne conscientemente.
Teoría anterior:
La angustia es como estado afectivo la reproducción de un antiguo evento peligroso.
La angustia está al servicio de la autoconservación y es una señal de un nuevo peligro.
La angustia se genera a partir de una libido que de algún modo se ha vuelto inaplicable o a raíz
del proceso de la represión.
La formación de síntoma la releva, la liga psíquicamente.
Nueva tesis:
El yo es el único almácigo de la angustia, sólo él puede producirla y sentirla. Las tres variedades de
angustia (realista, neurótica y la de la conciencia moral) pueden ser referidas a los tres vasallajes del
yo: respecto del mundo exterior, del ello y del superyó. Con esta nueva concepción, pasa a primer
plano la función de la angustia como señal para indicar una situación de peligro.
No es la represión la que crea la angustia, sino que la angustia crea la represión. Sólo la angustia
realista puede crear represión. Una situación pulsional temida se remonta a una situación de peligro
exterior. El varón siente angustia ante una exigencia de su libido (ante el amor a su madre), se trata de
una angustia neurótica. Pero ese enamoramiento le aparece como un peligro interno, del que debe
sustraerse mediante la renuncia a ese objeto, sólo porque convoca una situación de peligro externo.
Ese peligro real que el niño teme es el castigo de la castración, la pérdida de su miembro. La angustia
frente a la castración es uno de los motores más frecuentes e intensos de la represión, y de la
formación de neurosis.
La angustia de castración, no es el único motivo de la represión. Ya no tiene sitio alguno en las
mujeres, que poseen un complejo de castración, pero no pueden tener angustia de castración. En su
reemplazo aparece la angustia por la pérdida de amor, que puede dilucidarse como la angustia del
lactante cuando echa de menos a la madre.
A cada edad del desarrollo le corresponde una determinada condición de angustia, y por tanto una
situación de peligro como la adecuada a ella:
El peligro del desvalimiento psíquico conviene al estadio de la temprana inmadurez del yo.
Angustia automática. Ligada a la separación del pecho materno, a la perdida, es angustia
traumática. Fase oral.
El peligro de la pérdida de objeto de amor conviene a la heteronomía de la primera infancia.
Fase anal: perdida de objeto. Reusamiento al placer anal en función de gratificar al objeto. Las
heces que son parte del cuerpo se renuncian para el objeto. (incipiente angustia señal).
El peligro de castración a la fase fálica. Angustia de castración en el varón por la amenaza de
castración, es simbólica. Angustia de perdida de amor del objeto en la niña, miedo a no ser
amada por un hombre que le un hijo. (Angustia señal)
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La angustia ante el superyó al periodo de latencia. Esta angustia no está normalmente
destinada a extinguirse, pues es indispensable en las relaciones sociales como angustia de la
conciencia moral. Angustia frente al superyó,que tiene que ver con las leyes morales y
sociales
El yo nota que la satisfacción de una exigencia pulsional emergente convocaría una de las situaciones
de peligro. Por tanto, esa investidura pulsional debe ser sofocada de algún modo, cancelada, vuelta
impotente. El yo anticipa la satisfacción de la moción pulsional dudosa y le permite reproducir las
sensaciones de displacer que corresponden al inicio de la situación de peligro temida. Así suscita el
automatismo del principio de placer-displacer, mediante la señal de angustia, que ahora lleva a cabo la
represión de la moción pulsional dudosa. O bien el ataque de angustia se desarrolla plenamente y el
yo se retira por completo de la excitación chocante, o bien el yo le sale al encuentro con una
contrainvestidura y esta se conjuga con la energía de la moción reprimida para la formación de
síntoma o es acogida en el interior del yo como formación reactiva, como refuerzo de determinadas
disposiciones, como alteración permanente.
Mientras más pueda limitarse el desarrollo de angustia a una mera señal, tanto más recurrirá el yo a
las acciones de defensa equivalentes a una ligazón psíquica de lo reprimido y tanto más se aproximará
el proceso a un procesamiento normal.
Lo que crea al carácter es: sobre todo, la incorporación de la anterior instancia parental en calidad de
superyó; luego, las identificaciones con ambos progenitores de la época posterior y con otras personas
influyentes; finalmente, las formaciones reactivas que el yo adquiere primero en sus represiones y más
tarde, con medios más normales, a raíz de los rechazos de mociones pulsionales indeseadas.
En muchos casos quizás la moción pulsional reprimida retenga su investidura libidinal, persista
inmutada en el ello, si bien bajo la presión permanente del yo. Otras veces parece ocurrirle una
destrucción completa, tras la cual su libido es conducida de manera definitiva por otras vías
(tramitación normal del complejo de Edipo, que es destruido dentro del ello). En muchos otros casos se
produce una degradación libidinal, una regresión de la organización libidinal a un estadio anterior.
El yo es endeble frente al ello, es su fiel servidor, se empeña en llevar a cabo sus órdenes. El yo es la
parte del ello mejor organizada, orientada hacia la realidad, y consigue influir sobre los procesos del
ello cuando por medio de la señal de angustia pone en actividad el principio de placer-displacer.
Inmediatamente vuelve a mostrar su endeblez, pues mediante la represión renuncia a un fragmento de
su organización, se ve precisado a consentir que la moción pulsional reprimida permanezca sustraída
a su influjo de manera duradera.
Lo esencial en cualquier situación de peligro es que provoque en el vivenciar anímico un estado de
excitación de elevada tensión que sea sentido como displacentero y del cual uno no pueda
enseñorearse por vía de descarga. El asunto de la angustia es en cada caso la emergencia de un
factor traumático que no pueda ser tramitado según la norma del principio de placer. El hecho de estar
dotados del principio de placer no nos pone a salvo de daños objetivos, sino sólo de un daño
determinado a nuestra economía psíquica.
Existe un origen doble de la angustia: en un caso como consecuencia directa del factor traumático, y
en el otro como señal de que amenaza la repetición de un factor así.
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EL SEPULTAMIENTO DEL COMPLEJO DE EDIPO
Dos argumentos sobre la declinación del complejo de Edipo: Ontogenética y Filogenética.
La organización fálica genital del niño se va al fundamento al raíz de la amenaza de castración. Al
principio, el varoncito no presta creencia ni obediencia algunas a la amenaza. Hay dos clases de
experiencias de la que ningún niño está exento y por las cuales debería estar preparado para la
pérdida de partes muy apreciadas de su cuerpo: el retiro del pecho materno y la separación del
contenido de los intestinos.
La observación que por fin quiebra la incredulidad del niño es la de los genitales femeninos. El
varoncito, orgulloso de su pene, llega a ver la región genital de la niña. Así, se vuelve representable la
pérdida del propio pene y la amenaza de castración obtiene su efecto con posterioridad.
El complejo de Edipo ofrecía al niño dos posibilidades de satisfacción, una activa y una pasiva. Pudo
situarse de manera masculina en el lugar del padre y, como él, mantener comercio con la madre, a raíz
de lo cual el padre fue sentido pronto como un obstáculo; o quiso sustituir a la madre y hacerse amar
por el padre, con lo cual la madre quedó sobrando. Ahora bien, la aceptación de la posibilidad de la
castración, la intelección de que la mujer es castrada, puso fin a las dos posibilidades de satisfacción
derivadas del complejo de Edipo. En efecto, ambas conllevan a la pérdida del pene: una, la masculina,
en calidad de castigo, y la otra, la femenina, como premisa. Si la satisfacción amorosa en el terreno del
complejo de Edipo debe costar el pene, entonces por fuerza estallará el conflicto entre el interés
narcisista en esta parte del cuerpo y la investidura libidinosa de los objetos parentales. En este
conflicto triunfa normalmente el primero de esos poderes y el yo del niño se extraña del complejo de
Edipo.
Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del padre, o de
ambos progenitores, introyectada en el yo, forma ahí el núcleo del superyó, que toma prestada del
padre su severidad, perpetúa la prohibición del incesto y asegura al yo contra el retorno de la
investidura libidinosa de objeto. Las aspiraciones libidinosas pertenecientes al complejo de Edipo son
en parte desexualizadas y en parte sublimadas, lo cual probablemente acontezca con toda trasposición
en identificación, y en parte son inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas. El proceso en
su conjunto salvó una vez a los genitales, alejó de ellos el peligro de la pérdida, y además los paralizó,
canceló su función. Con ese proceso se inicia el período de latencia, que viene a interrumpir el
desarrollo sexual del niño.
El proceso descrito es más que una represión; equivale, cuando se consuma idealmente, a una
destrucción y cancelación del complejo. Acá se tropieza con la frontera entre lo normal y lo patológico.
Si el yo no logró efectivamente mucho más que una represión del complejo, este subsistirá en el ello y
más tarde exteriorizará su efecto patógeno.
El complejo de Edipo se va al fundamento a raíz de la amenaza de castración.
También el sexo femenino desarrolla un complejo de Edipo, un superyó y un período de latencia. El
clítoris de la niña se comporta al comienzo en un todo como un pene, pero ella, por la comparación con
el varoncito, percibe que es “demasiado corto” y siente este hecho como un perjuicio y una razón de
inferioridad. Durante un tiempo piensa que le va a crecer. Acá es donde se bifurca el complejo de
masculinidad en la mujer. Pero la niña no comprende su falta actual como un carácter sexual, sino que
lo explica mediante el supuesto de que una vez poseyó un miembro igualmente grande, y después lo
perdió por castración. Así se produce esta diferencia esencial: la niña acepta la castración como un
hecho consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación.
El complejo de Edipo, en la niña, culmina en el deseo de recibir como regalo un hijo del padre, parirle
un hijo. Se tiene la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado después poco a poco
porque este deseo no se cumple nunca. Ambos deseos, el de poseer un pene y el de recibir un hijo,
permanecen en lo inconsciente, donde se conservan con fuerte investidura y contribuyen a preparar al
ser femenino para su posterior papel sexual.
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ALGUNAS CONSECUENCIAS PSÍQUICAS DE LA DIFERENCIA ANATÓMICA ENTRE LOS SEXOS
“..es una comprensible consecuencia de la diversidad anatómica de los genitales y de la situación
psíquica enlazada con ella. Corresponde al distingo entre castración consumada y mera amenaza de
castración.”
Al principio, en el caso del varón, puede haber una desmentida: cree que a la niña le va a crecer.
Luego, puede llegar al horror o el menosprecio. Se pueden dar juntas o por separado
Cuando el varoncito ve por primera vez la región genital de la niña, se muestra poco interesado al
principio y la desmiente diciendo que ya le va a crecer. Sólo más tarde, después de que cobró
influencia sobre él una amenaza de castración, aquella observación se le volverá significativa. El niño,
así, presenta dos reacciones: horror frente a la criatura mutilada, o menos precio triunfalista hacia ella.
Con respecto al complejo de Edipo, en el varón, sus investiduras libidinosas son resignadas,
desexualizadas y en parte sublimadas. Sus objetos son incorporados al yo, donde forman el núcleo del
superyó. El superyó deviene heredero del complejo de Edipo. Puesto que el pene debe su investidura
narcisista a su significación orgánica para la supervivencia de la especie, se puede concebir la
catástrofe del complejo de Edipo (el extrañamiento del incesto, la institución de la conciencia moral y
de la moral misma) como un triunfo de la generación sobre el individuo.
El complejo de Edipo es de sentido doble, activo y pasivo, en armonía con la disposición bisexual.
También él quiere sustituir a la madre como objeto de amor del padre, a esto lo designamos como
actitud femenina.
En el caso de la niña, Las consecuencias psíquicas de la envidia del pene, se establece en la mujer
como sentimiento de inferioridad. Esto persiste en el mecanismo de los celos. También influye en
el aflojamiento de los vínculo tiernos con la madre. Otro efecto es una intensa contracorriente opuesta
al onanismo, o sea, interviene en la remoción de la masturbación.
Luego, entra en el complejo de Edipo y la libido de la niña se desliza, a lo largo de la ecuación
simbólica pene=hijo. Resigna el deseo del pene para remplazarlo por el deseo de un hijo.
La niña en el acto se forma su juicio y su decisión. Ha visto el pene, sabe que no lo tiene y quiere
tenerlo. De esto se deriva el “complejo de masculinidad” en la mujer, que si no logra superarlo pronto,
deparará grandes dificultades en el desarrollo de la feminidad. Así, la esperanza de recibir un pene
puede conservarse hasta épocas tardías o bien sobreviene el proceso denominado “desmentida”, que
en la vida infantil no es ni raro ni peligroso, pero que en el adulto podría desencadenar una psicosis. La
niña se rehúsa aceptar el hecho de su castración y se comporta en lo sucesivo como si fuera un varón.
Las consecuencias psíquicas de la envidia del pene, no se agota en la formación reactiva del complejo
de masculinidad, son múltiples y de vasto alcance. Con la admisión de su herida narcisista, se
establece en la mujer un sentimiento de inferioridad. Tras aprehender la universalidad de este carácter
sexual, empieza a compartir el menosprecio del varón por ese sexo mutilado. Aunque la envidia del
pene haya renunciado a su objeto, no deja de existir: pervive en el rasgo de carácter de los celos, que
predominan en la vida anímica de la mujer porque reciben un enorme refuerzo desde la fuente de la
envidia del pene, desviada.
Otra consecuencia de la envidia del pene parece ser el aflojamiento de los vínculos tiernos con el
objeto-madre. La madre es responsabilizada por esa falta de pene. El curso histórico sería el siguiente:
tras el descubrimiento de la desventaja en los genitales, pronto afloran celos hacia otro niño a quien la
madre supuestamente ama más, con lo cual se adquiere una motivación para desasirse de la ligazón-
madre. Armoniza muy bien con esto que ese niño preferido por la madre pasa a ser el primero objeto
de la fantasía “Pegan a un niño”, que desemboca en la masturbación.
Hay otro efecto de la envidia del pene. Las reacciones de los individuos de ambos sexos son mezcla
de rasgos masculinos y femeninos. Sin embargo, la masturbación en el clítoris sería una práctica
masculina, y el despliegue de la feminidad tendría por condición la remoción de la sexualidad
clitorídea. En la niña sobreviene, tras los indicios de la envidia del pene, una intensa contracorriente
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opuesta al onanismo. Esta moción es manifiestamente un preanuncio de la represión que en la época
de la pubertad eliminará una gran parte de la sexualidad masculina para dejar espacio al desarrollo de
la feminidad.
Con respecto al complejo de Edipo en la niña, se establece una ecuación simbólica prefigurada pene =
hijo. La niña resigna el deseo del pene para reemplazarlo por el deseo de un hijo, y con este propósito
toma al padre como objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos, y la niña deviene una
pequeña mujer.
En la niña, el complejo de Edipo es una formación secundaria. Las repercusiones del complejo de
castración le preceden y lo preparan. En cuanto al nexo entre complejo de Edipo y complejo de
castración, se establece una oposición fundamental entre los dos sexos. Mientras que el complejo de
Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e
introducido por este último. Esta contradicción se esclarece si se reflexiona en que el complejo de
castración produce en cada caso efectos en el sentido de su contenido: inhibidores y limitadores de la
masculinidad, y promotores de la feminidad. La diferencia entre varón y mujer en cuando a esta pieza
del desarrollo sexual es una comprensible consecuencia de la diversidad anatómica de los genitales y
de la situación psíquica enlazada con ella; corresponde al distinto entre castración consumada y mera
amenaza de castración.
En la niña, falta el motivo para la demolición del complejo de Edipo. La castración ya produjo antes su
efecto y consistió en esforzar a la niña a la situación del complejo de Edipo. El complejo de Edipo, en
la niña, puede ser abandonado poco a poco, tramitado por represión, o sus efectos penetrar mucho en
la vida anímica que es normal para la mujer.
El superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal y tan independiente de sus orígenes
afectivos como en el caso del varón.
Freud comienza estudiando el complejo de Edipo simple. Este sería el amor hacia la madre y el padre
vivido como rival. El varón toma a la madre como objeto y al padre como rival. Este sería el Edipo
simple positivo.
Si el varón toma como objeto al padre y a la madre como rival, hay Edipo simple negativo.
Freud dice que se dan los dos. En el positivo, al padre lo vive como rival pero también se identifica con
él (ambivalencia). En el negativo, pasa lo mismo y hay identificación padre y madre.
Si cuando sale del Edipo, se refuerza la identificación-padre, se detectarán más aspectos masculinos.
Si, en cambio, se refuerza la identificación-madre, habrá más aspectos femeninos. El interjuego de las
identificaciones va a determinar que los aspectos sean masculinos o femeninos.
La disolución del Edipo cancela la posibilidad de satisfacción de ubicarse en el lugar del padre.
Todas las represiones posteriores al Edipo son secundarias. La represión edípica es una represión
primaria muy fuerte.
En el caso de la niña, esa represión no tiene tanto valor de disolución, ya que no tiene un órgano tan
valorado como el varón.
Al finalizar el complejo de Edipo se tiene que producir el desdoblamiento y la combinación de cuatro
posibilidades:
1) Objeto madre Identificación madre
2) Rival padre Identificación padre (estas dos corresponden al EDIPO POSITIVO)
3) Objeto padre Identificación padre
4) Rival madre Identificación madre (estas dos corresponden al EDIPO NEGATIVO).
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EL YO Y EL ELLO capitulo: “EL YO Y EL SUPERYÓ
Es concebido el yo como la parte del ello modificada por el influjo del sistema de percepción, el
subrogado del mundo exterior real en lo anímico. Se agrega algo más: un grado en el interior del yo,
una diferenciación dentro de él que se llama ideal del yo o superyó.
La trasposición de libido de objeto en libido narcisista conlleva una resignación de las metas sexuales,
una desexualización y por tanto una suerte de sublimación.
Génesis del ideal del yo: tras este se esconde la identificación primaria, la identificación con el padre
de la prehistoria personal. Es una identificación directa e inmediata. El niño varón desarrolla
tempranamente una investidura de objeto hacia la madre a partir del pecho materno y del padre se
apodera por identificación. Por un tiempo, estos vínculos marchan juntos, pero por el refuerzo de los
deseos sexuales hacia la madre y por la percepción de que el padre es un obstáculo frente a estos
deseos, nace el complejo de Edipo. La identificación padre cobra valor hostil (el padre como rival).
Con la demolición del complejo de Edipo tiene que ser resignada la investidura de objeto de la madre.
Puede tener dos diversos reemplazos: una identificación con la madre o un refuerzo de la identificación
padre. El último es el desenlace más normal. La masculinidad experimentaría una reafirmación en el
carácter del varón por obra del sepultamiento del Edipo. Análogamente, la actitud edípica de la niña
puede desembocar en un refuerzo de su identificación madre o que afirme su carácter femenino.
Puede haber un complejo de Edipo normal y positivo o un complejo de Edipo negativo.
El superyó no es simplemente un residuo de las primeras elecciones de objeto del ello sino que tiene la
significatividad de formación reactiva frente a ellas. Hay una doble faz del superyó que conservará el
carácter del padre y cuanto más intenso fue el complejo de Edipo y más rápido se produjo su
represión, tanto más riguroso devendrá después el imperio del superyó como conciencia moral.
El superyó es la agencia representante del vínculo parental. Es la herencia del complejo de Edipo.
Mientras que el yo es el representante del mundo exterior, de la realidad…el superyó se le enfrenta
como abogado del mundo interior, del ello. La tensión entre las exigencias de la conciencia moral y las
operaciones del yo es sentida como sentimiento de culpa
Génesis del Superyó, es el resultado de dos factores
Biológico: desvalimiento y dependencia del ser humano durante su prolongada infancia.
Histórico: el complejo de Edipo.
Si consideramos la génesis del superyó tal como lo hemos descrito, vemos que este último es el
resultado de dos factores de suma importancia, uno biológico y el otro histórico: el desvalimiento y la
dependencia del ser humano durante su prolongada infancia, y el hecho de su complejo de Edipo, que
hemos reconducido a la interrupción del desarrollo libidinal por el periodo de latencia.
Superyó= ideal del yo como heredero del complejo de Edipo
Desaparece la moción libidinal de los padres
Hereda ese capital libidinal que antes estaba en los padres y lo trasforma, el ello va a amar al
ideal del yo.
Clase del 18/10
Freud va ser una articulación con el final del complejo de Edipo y la conjunción en el armado psíquico
con la instancia del superyó, (es una instancia diferenciada del yo que hunde sus raíces en el ello) y
con la entrada en el periodo de latencia. Que va decir Freud, porque se disuelve, se sepulta, declina,
naufraga el complejo de Edipo, él va decir que hay dos factores lo ontogénico y lo filogenético.
Ontogénico: la historia individual de cada sujeto
Filogenético: está ligado a la herencia
Lo filogenético lo relaciona con la época de la evolución hacia el ser humano, pero fundamentalmente
lo plantea como un camino biológico y dice que así como se caen los dientes de leche y salen los
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definitivos, la sexualidad infantil se frena, hay un periodo de congelamiento de la sexualidad infantil
para emerger nuevamente en la pubertad. Por eso el concepto freudiano: la acometida en dos tiempos
de la sexualidad. En el ser humano aparece sexualidad como estéril, es que solo sirve a los fines de la
constitución del psiquismo y de la humanización de la cría humano porque está ligado al otro. Y una
parte ontogenética, es decir que tiene que ver con la historia individual del sujeto, que según Freud el
complejo de Edipo se va a fundamento porque no tiene posibilidad de ser realizado y a partir de
muchas desilusiones que el niño va atravesando, justamente por estas experiencias penosas,
antagónicas a los deseos que emana del complejo de Edipo. Finalmente una de las características
fundamentales en el varón para disolver el complejo de Edipo, va ser el complejo de castración.
Hoy vamos a ver cómo este complejo de castración, en el cual la niña entra en el complejo de Edipo va
a generar distintas consecuencias apropósito consecuencias de la declinación del complejo de Edipo
que tiene que ver con la formación de la instancia psíquica que es el superyó.
Freud dice que la amenaza de castración es un causal, una cognición importantísima y crucial, para
que se vaya a fundamento la fase fálica frente a la amenaza de castración. Va de decir que con la
visión de la falta de pene en la niña, se ha vuelto representable la perdida y la amenaza de castración
tiene un efecto con posterioridad, que es esto de la preu coup Para estimar el hecho de la
importancia del complejo de castración hay que atender al hecho que surge, emerge, aparece
justamente con una primacía del falo, que como hemos visto ordena. En esta instancia está el hecho
de quien tiene y quien no tiene este objeto valorado (el falo).
Freud dice que el niño se va a enajenar de sus propios deseos hacia sus progenitores, el niño se
extraña del complejo de Edipo para salvar sus genitales por horror a la posibilidad de la consumación
de la castración. Entre el interés narcisista de preservar sus genitales y la investidura libidinal, gana por
supuesto el interés narcisista de conservar sus genitales. Es muy interesante pensar que por un lado el
niño preserva sus genitales y no progresa en esto de continuar con el investimento libidinal hacia sus
progenitores, esto comprueba la teoría de la prohibición del incesto universal, para todas las culturas.
Además en esta acto, donde el niño conserva los genitales, los transforma en improductivo porque de
alguna manera lo saca de circulación. A partir de la declinación del complejo de Edipo, los genitales
pierden la importancia que tenían hasta ese momento y el niño entra en un camino que lo va a llevar a
la sublimación, a la represión y estos destinos de la pulsión que van a marcar este aflojamiento de la
sexualidad, durante varios años, son los años definidos como la latencia sexual.
Cuál es el destino del complejo de Edipo? Freud habla de naufragio, que frente a la amenaza de
castración el complejo de Edipo zozobra formalmente, ya no suscite en el inconsciente cuando hay un
naufragio siempre hay algún resto, con lo cual este ideal que del complejo de Edipo no quedan restos
es relativo, en toda la sintomatología aparece, en la elecciones amorosas que hacemos en la adultos,
en la pubertad aparecen los rastro.
La angustia de castración, es una angustia señal, que lleva a que el yo desconozca para siempre el
sentido de sus propios deseos y esto es cierto nadie, digamos puede aceptar conscientemente que
desea a sus progenitores o que elige en relación a sus padres. Después la evidencias son contundente
y uno cae sobre la evidencia, pero uno desconoce, en general pasa y esto lo traen muchos los
pacientes”yo me creía alguien completamente diferente, pero me doy cuenta que entro en conflicto con
las mismas diferencias que tenía con sus padres. Ni hablar de las identificaciones, no hay peor insulto
en la pareja que “sos como tu mamá” o “sos como tu papa”
Dice Freud, porque en esta etapa se instala el superyó que recoge algunas cuestiones en juego en el
complejo de Edipo. Las posibilidad de identificarnos con nuestros progenitores dependen de dos
aspectos fundamentales del ser humano, el primero es el desvalimiento estructural, que es prototípico
del ser humano que necesita mucho tiempo de dependencia con sus padres, de hecho, tanto es así
que cuando falla aparecen patología muy severas, inclusive la muerte. Esta intensa dependencia del
bebe con sus padres hace posible la identificación tan fuerte, que va a constituir la instancia del yo y
del superyó. Otro dato muy importante es que el complejo de Edipo va a generar que se implante
dentro de cada uno de nosotros aquello que en su momento ha sido parte de nuestra historia externa,
como estas relaciones interpersonales han dejado una huella indeleble en cada uno de nosotros que
hace que nos parezcamos a nuestros padres, no solo en la herencia física, que además tengamos
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ideales acorde. En el caso que los hijos continúan el ideal de los padres el desprendimiento de las
generaciones es más cil, cuando las fractura tiene estas características tan frutales es difícil la
separación, porque la separación se transforma casi en un extrañamiento de los lazos de familiaridad.
Como dice Freud lo familiar se torna extraño y esto es un sentimiento de lo siniestro.
Que significa la frase el superyó es el heredero del complejo de Edipo
Es una frase que aparece en el texto “El yo y el ello”, y que explica, desmenuzándola, cual es la
relación entre esta instancia y el complejo de Edipo. ¿Qué acontecimiento pasa para que alguien
herede algo? La muerte, exactamente. Entonces, hay algo que muere para que uno pueda heredar.
¿Que muere, que se va a fundamente, que desaparece? La moción libidinal hacia los
progenitores,
¿qué es lo que uno heredad? el capital libidinal, el superyó lo que va heredar es ese capital
libidinal, que antes estaba puesto en los progenitores.
Freud dice, que troca, reemplaza esa moción libidinal, ese investimento libidinal, ese capital libidinal, lo
transforma dentro en una instancia dentro del psiquismo propio que vía identificación, en lugar de
investir a los progenitores, el ello, (dentro de la segunda tópica) ¿a quién va a amar? en lugar de a los
padres, va a amar al yo, al ideal del yo, no es que el yo va amar al yo, es decir:
El yo a través del ideal, el yo intenta buscar, intenta tener las característica de perfección, como tenían
los padres para el niño, para proponerse como figura de amor al ello (“mira, puedes amarme también a
mí; soy tan parecido al objeto…” pág. 32). Es como si el yo reemplazara a la perfección parental.
Ahora el ideal del yo es esa instancia casi vectora a la que uno nunca llega,pero siempre está como
una especie de zanahoria de vector que ilumina el camino hacia el cual uno tiene que llegar. En ese
sentido va reemplazar ese capital libidinal que antes investía a los progenitores, en el propio yo. Pero
el yo tiene que tener característica de perfección, como las adquiere, a partir del ideal del yo, a partir
de “no soy tan perfecto como mi padre”, pero voy a llegar a serlo. Este ideal del yo tiene una dimensión
importantísima, porque es la dimensión temporal, que es esa dimensión del yo a futuro, por eso en
algún punto ya no es el yo ideal de la fase oral, de la omnipotencia, sino aquello a lo que puedo aspirar
a ser.
Entonces, dijimos que el superyó tiene dos aspectos: uno el ideal de la perfección y el otro, es la
prohibición del incesto, para ello se erigen los diques morales y éticos, son formaciones psíquicas
reactivas, es como esa contra fuerza, que le pone freno a ciertas mociones del ello. Ahora bien, las
investiduras son reemplazadas por identificaciones. Freud plantea, que la identificación conlleva
necesariamente a un proceso de desexualización, para volver al yo esa investidura se desexualiza,
pierde la meta sexual de la pulsión, por eso trabaja una relación bastante estrecha, entre el proceso de
identificación y el proceso de sublimación que también implica un cambio de la meta sexual, en algún
punto la sublimación requiere de un tipo de identificación con los progenitores. Por eso lo que hacemos
lo que estudiamos, en algún punto remite no solo a lo que hicieron nuestros padres, sino a nuestra
historia infantil.
La sublimación y la identificación son dos procesos solidario psíquicamente, forman este capital
libidinal que va a formar una nueva instancia, que es la del superyó: interioriza el modelo de autoridad
y perpetua la prohibición del incesto, además genera un ideal a alcanzar, justamente porque sustituye
tanto el aspecto de la prohibición y garantiza y perpetua en la humanidad. Por eso esta instancia está
relacionada con los padres y tiene una pata en el contexto comunitario, en el contexto social.
La instalación se logra, a partir de la formación reactiva contra la sexualidad infantil para preservar la
integridad narcisista. Los diques de la moral empiezan a erguirse y frenan todos los contenidos de la
sexualidad infantil. Las mociones pulsionales van a tener diferentes destinos: se desexualizan, se
subliman, se inhiben en su meta. Esta última, hace que todos los adultos podamos tocar el cuerpo de
nuestros hijos o de un niño sin sentir que esto tiene una intención sexual, sino que está transformada
en esta ternura, todo lo que tiene que ver en esta relación cuerpo a cuerpo, pero que sea
transformado, que ha salido del marco de la sexualidad, justamente es una inhibición de la pulsión.
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No necesariamente el superyó incorpora a los padres reales, sino que incorpora también la defensa
frente a ciertas mociones inconscientes
¿Cuál es el mecanismo por el cual el superyó se va a conformar? a partir de la identificación.
El yo, entonces va ser un residuo de la carga de objeto y contiene la historia de la selecciones de
objeto, por eso en cada uno de nosotros está la impronta de nuestros padres.
El superyó también es un residuo de las primeras elecciones de objeto y una enérgica formación
reactiva contra esas elecciones, por eso contiene una parte de ideal de cómo tenemos que ser y cómo
no debemos ser y contra lo que tenemos que luchar.
El superyó mantiene los rasgos de la especie, del individuo y de la familia. Es una expresión duradera
de la influencia que han tenido nuestros padres.
Complejo de Edipo completo
“El superyó es la instancia representante de nuestro vinculo parental, vía una identificación madre y
una identificación padre, unificadas entre sí.
Acá viene todo un tema del complejo de Edipo, las identificaciones cruzadas, donde están las
identificaciones con ambos padre y sentimiento de hostilidad, también con ambos padres. Esto es por
una bisexualidad constitutiva del individuo, por la complejidad de la trama en la que se desarrollan las
relaciones interpersonales e intersubjetivas entre padres e hijos, por la disposición triangular, es decir
para que sede el complejo de Edipo y se desarrolle, son tres los personajes, el hijo el padre y la madre.
Y el complejo de Edipo es completo (Freud estaba pensando en la familia de esa época). Por eso
tenemos el complejo de Edipo positivo y el complejo de Edipo negativo:
Positivo el objeto resignado es la madre y el modelo rival es el padre
Negativo el objeto resignado es el padre y el modelo rival es la madre
Por lo cual en ambos hay identificaciones cruzadas: de modo que el Edipo contiene identificaciones
con ambos padres. Desde la perspectiva Freudiana la normalidad se da cuando la identificación
coincide, predominantemente, con el progenitor del mismo género.
Funciones del superyó
Idealizan te como ideal
Como conciencia moral
Auto observación, es esa instancia que nos permite reflexionar acerca de nuestras propias
acciones
En la Niña, que sale del Complejo de Edipo por amenaza de perder el amor de sus progenitores, va a
salir poco a poco. Freud dice que excluida la amenaza de castración, el considera que el superyó no
se constituye de una manera tan rígida y contundente.
Cuáles son las consecuencias del complejo de Edipo
Estructurante del psiquismo
Sepultamiento de la sexualidad infantil
Vehiculiza las legalidades que cada cultura impone a lo sexual
Organiza la diferencia sexual y generacional
Implica ruptura de la unidad narcisista con los objetos primarios
Renuncia a los deseos incestuosos
Satisfacción del ideal & la satisfacción de la pulsión
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PERÍODO DE LATENCIA: CARACTERÍSTICAS TÍPICAS. BOZZALLA Y NAIMAN
Se puede definir al período de latencia en base a diferentes criterios:
por su ubicación cronológica
según sus aspectos descriptivos
desde una perspectiva metapsicológica
Por su ubicación cronológica, se puede decir que se ubica entre el complejo de Edipo y la pubertad. Se
inicia con el sepultamiento del complejo de Edipo, la constitución del superyó y la instalación de los diques:
sentimientos de asco y pudor y barreras éticas y estéticas en el interior del yo. Se extiende hasta la
metamorfosis de la pubertad.(acometida en dos tiempo de la sexualidad)
Según sus aspectos descriptivos, se puede definir el período de latencia por la disminución del interés por
las actividades sexuales. El niño y la niña invierten su energía, ahora disponible, para descubrir aspectos
del mundo en el que viven y para integrarse en nuevos grupos sociales fuera del ámbito familiar. La relación
con otras figuras de autoridad, principalmente los maestros, que heredan la historia afectiva que tenían con
sus progenitores. El lenguaje se vuelve el principal medio de expresión y comunicación. Los niños/as
piensan, reflexionan, se ponen en el lugar de los otros, ganan en autonomía, desarrollan su propia moral.
Aparecen nuevos sentimientos morales como la honestidad, la camaradería, la justicia, y una organización
de la voluntad. El equilibrio afectivo se hace más estable.
Desde el punto de vista metapsicológico, en la latencia el aparato psíquico sufre una transformación. Una
nueva instancia, el superyó, se incorpora con la internalización de las figuras parentales, sus prohibiciones e
ideales. El yo debe cumplir sus funciones respondiendo a esta nueva organización. La acción inmediata
como respuesta a los impulsos se coarta, aumenta el fantaseo y el pensamiento reflexivo. En este período
se organiza definitivamente la heterogeneidad del aparato psíquico y la consecuente dinámica entre el yo y
sus vasallajes respecto el Ello, el Superyó y la realidad (2da tópica)
La constitución del superyó y la erección de diques: sentimientos de asco, pudor y barreras éticas y
estéticas en el interior del yo son poderosas formaciones reactivas frente a la sexualidad infantil que se
reprime o se sublima, mediante la derivación hacia otros fines, el cambio de objeto y la aceptación cultural
de sus producciones.
Origen del período de latencia
1. Hipótesis fisiológica: se refiere a la disminución fisiológica de los impulsos.
2. Hipótesis psicológica: estaría vinculado a la declinación del complejo de Edipo cuando el aumento
de la angustia de castración, se resuelve con la concomitante identificación con los padres, la
instauración del superyó y el desarrollo gradual de la sublimación y la simbolización.
3. Hipótesis filogenética: estaría vinculada a la idea de que el complejo de Edipo es también un
fenómeno determinado por la herencia.
En el Sepultamiento del complejo de Edipo, Freud plantea estas dos últimas hipótesis: -El complejo de
Edipo cae sepultado, sucumbe a la represión y es seguido por el período de latencia. Así, el complejo de
Edipo se iría al fundamento a raíz de su fracaso, como resultado de su imposibilidad interna.
-El complejo de Edipo cae porque ha llegado el tiempo de su disolución.( Así como los diente)
El período de latencia no es uniforme.
Se pueden diferenciar dos subperíodos: latencia temprana y latencia tardía, o primera y segunda
latencia.(Cambio, 8 años, Piaget -estructuras de las operaciones concretas)
LATENCIA TEMPRANA
En este subperíodo, la nueva organización psíquica aún no está consolidada. La represión se va instalando
lentamente y por lo tanto el control sobre los impulsos es inestable. Es frecuente la emergencia de angustia
y la necesidad de presencia del adulto como reaseguro afectivo.
En la latencia se produce un gran desarrollo del yo que comienza en este subperíodo. Siendo característica
principal de esta instancia la demora de la descarga inmediata, los niños y niñas de estas edades mostrarán
conductas de postergación y control de la satisfacción de los impulsos, que durante este primer subperíodo
se centrarán principalmente en controlar la motricidad. Esta nueva posibilidad va a permitirle al niño acceder
al aprendizaje.
Frecuentemente no logran “quedarse quietos”, al menos por mucho tiempo. Porque siguen disfrutando del
despliegue de la actividad motriz como descarga que le ofrece gratificaciones libidinales y agresivas a la vez
que es una contención de las fantasías masturbatorias e incestuosas.
La actividad motriz también permite el incremento de la capacidad para hacer prueba de realidad, facilitando
el aprendizaje por la experiencia.
Asimismo, la actividad motriz se despliega en el marco de juegos reglados y actividades deportivas que la
regulan y evitan los desbordes. La espontánea separación por sexos que predomina en las actividades
durante esta etapa está también al servicio del control impulsivo.
La ambivalencia del niño frente a mandatos del superyó y la imposibilidad por determinar si los imperativo
categóricos provienen de una voz interior o exterior. Las conductas manifiestas que se observan frente a las
prescripciones y prohibiciones en estas edades son también ambivalentes, ya que van desde la obediencia
complaciente hasta la rebeldía, aunque culposa.
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LATENCIA TARDÍA
En este subperíodo se plasman las características que se conocen como propias del período de latencia. Se
da un mayor equilibrio y una mayor estabilidad de las diferentes instancias.
No aparecen nuevas metas instintivas y se consolidan el desarrollo del yo y del superyó, ejerciendo un
control más eficaz y autónomo sobre los impulsos. Los logros obtenidos durante este subperíodo permitirán
a los niños y niñas afrontar los aumentos de tensión sexual y agresiva propios de la pubertad y los procesos
de cambio adolescente.
El superse afianza como instancia interior fortaleciéndose los procesos de abandono de las investiduras
libidinales y su sustitución por identificaciones.
Se desarrolla claramente un sentido de autovaloración, que se apoya en los logros y el autocontrol. Estos
son reconocidos con valor positivo por el entorno escolar y familiar.
Los niños de esta edad se evalúan comparando sus habilidades y sus logros con los de los demás. El
equilibrio narcisista es mantenido en forma más o menos independiente de las figuras parentales y con una
cierta dependencia de la aprobación del grupo de pares.
Adquieren una perspectiva de mismos más integrada y compleja al reconocer y diferenciar los roles que
desempeñan en distintos espacios sociales y sus distintas habilidades. Van afianzando un sentido de
identidad. Pueden pensarse a mismos y relacionar sus acciones con sus rasgos de personalidad y con
sus sentimientos. Alcanzan mayor estabilidad en los estados afectivos.
Separan su pensamiento racional y su fantasía, la conducta pública y la privada. En este mismo sentido de
la progresiva capacidad de diferenciación, la capacidad para discriminar entre diferentes espacios,
diferentes tiempos, y entre el yo y el objeto, contribuye a su creciente capacidad para la autonomía y la
historización de sí.
A partir de los 8 años, niños y niñas van logrando una mayor concentración cuando trabajan de manera
individual y una colaboración más efectiva cuando participan en actividades de grupo.
El niño pasa de un egocentrismo social e intelectual a nuevas coordinaciones que le van a permitir otras
formas de organización, mayor autonomía y procesos complejos de reflexión.
El mundo social del lactante
Freud afirma que las actitudes afectivas se establecen en los primeros 6 años de vida. Esto es, que la
forma y el tono afectivo que fijó en la relación con los padres y hermanos van a ser transferidas a todas las
relaciones que en el futuro se establezca con otros adultos y niños. Todas las amistades y vinculaciones
amorosas ulteriores son seleccionadas sobre la base de las huellas mnemónicas que cada uno de aquellos
modelos primitivos dejó.
En la etapa de la segunda infancia, el niño amplía sus relaciones, se vincula con otros pares y conoce otras
familias. Compara a los padres y vacila la imagen idealizada que tiene de estos.
En el campo de la intersubjetividad, pueden diferenciarse las características del vínculo:
Con los padres o sustitutos diversos: el niño pone en evidencia principalmente las defensas frente a los
impulsos. En la fantasía inconsciente del latente, estas figuras mantienen su carácter incestuoso, a la vez
que representan las amenazas de castración.
La represión se va estableciendo con el transcurso del tiempo. Se refuerza por medio de mecanismos
obsesivos: la formación reactiva, la anulación, la magia del pensamiento y de la palabra, por ejemplo. Si
bien, frente a los adultos, la vida impulsiva del lactante queda oculta, no ocurre lo mismo frente a los grupos
de pares. De todas maneras, la posibilidad creciente de establecer una demora en la satisfacción impulsiva,
el atractivo que ejerce el mundo social extra familiar y el gusto por la actividad del pensamiento y la
producción de símbolos permiten la expansión del deseo de aprender y la ampliación del mundo de
pertenencia.
Con los integrantes de la escuela (adultos y pares): toda la conducta de los niños en las escuela, debe ser
comprendida a la luz de las relaciones establecidas durante la primera infancia dentro del ámbito familiar.
Antes los maestros y figuras de autoridad escolar, los niños también ponen en juego las defensas obsesivas
y el ocultamiento. Les trasladan la ambivalencia correspondiente a la temprana relación con sus
progenitores o cuidadores. De este modo, la escuela, con su oferta de conocimientos y de ideales, puede
constituirse al mismo tiempo para el latente en un atractivo y un nuevo campo de lucha, desplazamiento de
las rivalidades y luchas conectadas con el conflicto edípico. El grupo de pares en la escuela, está
caracterizado por intenso intercambio afectivo entre los compañeros que se caracteriza por: competencia
por lograr la atención y la satisfacción de los adultos, solidaridad y cooperación, pactos secretos,
exclusiones, envidia, celos.
Con el grupo de pares (sin supervisión del adulto): se caracteriza por la búsqueda de lealtad. Se establece
una identidad, basada en la inserción en un grupo de sujetos de la misma edad, con un conjunto de normas
y costumbres diferentes de los de la cultura general del entorno. Se presentan liderazgos marcados (con
reconocimiento y valoración del líder) y también suelen destinar a algún/a compañero/a roles
desprestigiados, facilitando la depositación en ellos de los propios aspectos desvalorizados.
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LATENCIA:
Es un periodo donde el Yo tiene como propósito hacer desaparecer toda manifestación evidente
de la sexualidad infantil que está ligada al deseo y genera angustia (angustia de Castración,
angustia de perdida de amor, de sentimiento de inferioridad) todo eso que genera malestar, para
lo cual apela a la represión. Entonces buena parte de las manifestaciones sexuales infantiles
desaparecen de lo Consciente (aunque algunas pueden aparecer de forma oculta, que en muchos
casos se intelectualizan) A cambio de esta represión aparece el placer de saber como derivado
de las teorías infantiles, donde buena parte de ese placer se desexualiza y se empieza aplicar a
cuestiones que no están ligadas a la sexualidad generando un intenso interés por aprender.
En el periodo de latencia hay sublimaciones, pero también hay formaciones reactivas, pues
ocurre en este periodo que ciertas cuestiones cargadas libidinalmente dejan de estarlo y
comienzan a estar asociadas a un interés por cuestiones intelectuales. Esto es que la energía de
la pulsión sexual dejo de estar en búsqueda del placer corporal; se desexualizó, y paso a
transformarse en energía al servicio de cuestiones culturales, al servicio del conocimiento.
En este periodo el amor que se espera de los padres esta atenuado, es solo amor tierno (la
expectativa de ser amado sexualmente por los padres desapareció de lo Consciente) y el
heredero de este amor es el Súper Yo (ideal del Yo) por el cual el Yo necesita ser amado, y
mantiene en esta instancia intra-psíquica un vínculo que antes tenía con la instancia extra-
psíquica. Esto es, lo que era expectativa de placer sexual de placer de órgano en un nculo con
el objeto, al transformarse esa relación en una identificación la expectativa de placer de órgano
desaparece por la represión y queda en cambio una expectativa intensa de ser amado por la voz
interior del Ideal del Yo, un vínculo ente el Yo y una parte de sí mismo Súper Yo que es una
relación desexualizada, intra-psíquica donde la expectativa del Yo es reducir la distancia que lo
separa del Ideal del Yo y aproximarse a ese Ideal del Yo.
En el periodo de latencia de presenta la formación de los diques psíquicos (el asco y la
vergüenza), como también la formación del Ideal del Yo que aspira al saber. Todo eso da cuenta
de que está funcionando el Súper Yo como instancia intra-psíquica.
La cultura:
En el chico aparece claramente lo cultural como mandato instalado en el aparato psíquico a partir
del Súper Yo. Esto cultural irrumpe, oponiéndose a la sexualidad, y esta irrupción es guiada por
las figuras de los padres que representan la cultura a partir de la prohibición básica (prohibición de
incesto) que el chico internaliza como identificación en el sepultamiento del complejo de Edipo y
queda instalada así una primera ley de la prohibición del incesto.
La cultura entra en el aparato psíquico a través de las identificaciones y las modalidades de
satisfacción de los padres y empieza a partir de ello a aparecer la cultura como un mandato
interno, propio de aparato psíquico, como algo interior, una aspiración al Ideal del Yo que se
encuentra dentro del Súper Yo está el ideal. Es el Ideal del Yo que liga al individuo a la cultura,
implica siempre una aspiración y eso genera una gran tensión entre la parte Consciente del
ideal y la parte Inconsciente.
Sublimación: Se denomina al pasaje directo de la sexualidad a la cultura y al sometimiento a los
estados sublime de la cultura. Por ello la sublimación indica un cambio de dirección de la
sexualidad explicada en la represión de la sexualidad infantil.
Lo sublimatorio es la aplicación de la cantidad de excitación sexual a un fin no sexual que fue
prohibido por represión y que además por medio de ese nuevo fin representa una satisfacción
narcisista importante en la medida que, lo que se logra por ese camino, es un bien valorado
socialmente. Camino por el cual un sujeto puede ponerse al servicio de la cultura, aspirando ser
reconocido y amado por ese representante cultural, y de esa manera acercándose al Ideal. Por lo
tanto, este Ideal del Yo es proyectado en figuras típicas de la cultura, ídolos, líderes (por ejemplo
el maestro) que exigen el cumplimiento de esta identificación.
Cuando este acercamiento no se cumple se produce una tensión entre el Yo y el Súper Yo, una
crisis moral interna de auto reproches que marca tal incumplimiento con el Súper Yo
manifestándose en una Angustia Señal.
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