
Psicología Evolutiva Niñez. Catedra II. 1º PARCIAL 7
WINNICOTT – “REALIDAD Y JUEGO”
Entre las riquísimas pautas que exhiben los bebés en su uso de su primera posesión de “no-yo” se
puede estudiar la iniciación de un tipo afectuoso de relación de objeto. Aquí se introducen los términos
“objetos transicionales” Y “fenómenos transicionales” para designar la zona intermedia de experiencia,
entre el pulgar y el osito.
FENÓMENO TRANSICIONAL: Consisten en diversas experiencias funcionales en las cuales se observan
pautas establecida de conducta que suelen ser acompañadas de pensamientos o de fantasías. El
parloteo del bebe y la manera en que un niño mayor repite un repertorio de canciones y melodías
mientras se prepara para dormir se ubican en la zona intermedia como fenómenos transicionales.
Mientras succiona el pulgar, con los demás dedos se acaricia el rostro. Desde los primeros meses el bebé
arranca lana y la reúne y la usa para la parte acariciadora de la actividad. Se producen movimientos de
masticación acompañados por sonidos “mam-mam”, balbuceos, ruidos anales, las primeras notas
musicales, etc.
Empieza a aparecer desde los cuatro a seis meses hasta los ocho o doce meses.
La zona inmediata, es la que se ofrece al bebé entre la creatividad primaria y la percepción objetiva
basada en la prueba de la realidad. Los fenómenos transicionales representan las primeras etapas del
uso de la ilusión, sin las cuales no tiene sentido para el ser humano la idea de una relación con un objeto
que otros perciben como exterior a ese ser.
OBJETO TRANSICIONAL: El espacio transicional es como un puente que genera, une y separa a la vez el
interior y el exterior del sujeto, y sólo importa lo que transita, se intercambia y transforma en él. Es claro
que lo transicional no es el objeto. Este representa la transición del bebé de un estado en que se
encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado. El objeto
transicional indica que se inicia un vínculo con el mundo exterior, aceptable y elegido por el propio self;
siendo el punto de partida de una capacidad para animar el mundo, crearlo-encontrarlo viviente y real.
El bebé adquiere ciertos derechos sobre el objeto, y nosotros los aceptamos. Pero desde el comienzo
existe cierta característica de la anulación de la omnipotencia. El objeto es acuñado con afecto y al
mismo tiempo amado y mutilado con excitación. Nunca debe cambiar. Tiene que sobrevivir al amor
instintivo, así como al odio y a la agresión pura. Para el bebé debe parecerle que irradia calor, o que se
mueve, o que posee cierta textura, o que hace algo que parece demostrar que posee una virtualidad o
una realidad propia. Proviene de afuera desde nuestro punto de vista, pero no para el bebé. Tampoco
viene de adentro no es una alucinación. Se permite que su destino sufra una descarga gradual, sin ser
forzado. No se lo olvida ni se lo llora, sino que pierde significación gradualmente.
Es cierto que un trozo de frazada (o lo que fuere) simboliza un objeto parcial, como el pecho materno.
Pero lo que importa no es tanto su valor simbólico, sino su realidad. El que no sea el pecho (o la madre)
tiene tanta importancia como la circunstancia de representar al pecho (o la madre). Cuando se emplea
el simbolismo el niño ya distingue con claridad entre la fantasía y los hechos.
TEORÍA ILUSIÓN-DESILUSIÓN: Zona Intermedia: la tensión de vincular la realidad interna con la exterior
es característica de todos los seres humanos, el alivio de esta tensión lo proporciona una zona
intermedia de experiencia. Dicha zona es una continuación directa de la zona de juego del niño pequeño
que "se pierde" en sus juegos.
Al comienzo la madre ofrece al bebé la oportunidad de crearse la ilusión de que su pecho es parte de él.
Lo mismo puede decirse del cuidado en general del niño, en los momentos tranquilos entre una y otra
excitación. La omnipotencia es casi un hecho de la experiencia. La tarea posterior de la madre consiste
en desilusionar al bebé en forma gradual, pero no lo logrará si al principio no le ofreció suficientes
oportunidades de ilusión.
Curiosamente, para que algo devenga real tiene que partir de una ilusión. Si lo real es presentado sin la
cobertura ilusoria, adquiere una cualidad fáctica, ajena al sujeto. Por lo tanto, la sustancia con la que se
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