Problemas sociológicos - Cátedra II
Docentes
Práctico: Nicolás Lona
Teórico: Pablo Giurleo
Trabajo Práctico Final
¿Qué es la nación?
Quimey Blanco 32316/9
Tratar de definir el concepto de nación requiere comprender diferentes aspectos
que componen las múltiples definiciones de ésta. Muchos hombres de letras e
intelectuales relacionaron sus reflexiones acerca del concepto de nación y algunos
concuerdan que nace a finales del siglo XVIII con la caída del antiguo régimen y
desde allí es entonces cuando se hacen los primeros planteamientos teóricos de
nación con las revoluciones americana y francesa.
Principalmente hay que hacer la distinción entre Patria, Nación y Estado. La
definición de patria según la RAE es la tierra o lugar (ciudad o país) donde se ha
nacido, donde se siente ligado el ser humano por vínculos afectivos o jurídicos,
mientras que conceptualizar la nación es más difícil, su esencia es intangible y
requiere conocer el significado de una de las palabras más difíciles de definir en
diferentes lenguas (que incluyen el castellano, el inglés, el francés y el alemán) y que
de manera análoga a la nación muchos intelectuales la han estudiado: la cultura.
Este concepto cuya sustancia narrativa se estudia desde la tradición francesa
(civilisation) o desde la alemana (Kultur) como principales pilares se puede definir en
pocas palabras como: la herencia no material, códigos, patrones, conductas,
tradiciones, costumbres, etcétera, compartidas por un grupo y todos estos aspectos
son transmitidos de generación en generación, lo que indica que el concepto no es
estático sino dinámico y es diferente según su momento de enunciación.
Nación, en sentido estricto, tiene dos acepciones: la nación política, en el ámbito
jurídico-político, es un sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de
un estado; la nación cultural, concepto socio-ideológico más subjetivo y ambiguo
que el anterior, se puede definir a grandes rasgos, como una comunidad humana
con ciertas características culturales comunes, a las que provee de un sentido
ético-político. En este sentido nación se emplea con variados significados: estado,
país, territorio o habitantes de ellos, etnia, pueblo y otros.
En ocasiones el término nación (política) se equipara, por extensión a Estado
incluso cuando éste no es democrático. Así, por ejemplo, la llamada Organizaciones
de las Naciones Unidas (ONU) en puridad hace referencia a Estados. También se
emplea como territorio, país, o "conjunto de los habitantes de un país regido por el
mismo gobierno".
En comparación con el concepto de nación, el Estado es una forma de convivencia
(sociedad con un lugar fijo para convivir con otras personas distintas entre sí), cuyo
principal objetivo es organizar legalmente la sociedad, para proporcionar una base y
un marco de orden dentro de la cual puedan desarrollar las actividades humanas. En
otras palabras, el estado es una forma de organización de la convivencia humana.
Como dijo Kant en su escrito Hacía la paz perpetua (1795): Un Estado no es, por
supuesto, un patrimonio (patrimonium) (como el suelo sobre el que tiene su sede).
Es una sociedad de seres humanos sobre la que nadie más que él mismo tiene que
mandar y disponer.
El vocablo nación se encuentra también como sinónimo de grupo étnico, cultural o
lingüístico, pero carente del sentido ético-político que caracteriza a la definición
estricta de nación cultural. En este sentido puede coincidir con alguno de los usos
de la palabra que se daban antes del surgimiento del concepto de nación cultural a
principios del siglo XIX. En tal caso, su aplicación como concepto histórico a dichos
grupos anteriores a las mencionadas fechas sí sería ajustada.
Entonces la nación es la cultura compartida además de la raza, lengua, religión y
geografía, pero esta basta definición no considera varios aspectos problemáticos en
cada ítem de la lista. Problemas que se anunciarán y se buscará resolver bajo los
postulados de diferentes autores pertinentes, primero desde la perspectiva religiosa
que influye fuertemente en los demás aspectos y si es menester tocar temas
económicos, sociales y culturales.
Según Ernst Renán, para conformar una nación se hace indispensable crear una
identidad común, también se necesita que las personas se identifiquen entre sí y
que los delimite una geografía. Adicional hay que comprender que la nación es un
concepto imaginario donde los individuos comparten victorias y derrotas comunes,
deseo de continuar viviendo juntos… Es haber hecho grandes cosas en el pasado y
querer hacerlas en el porvenir” (Renán. E. 1889).
No obstante hay que considerar que aunque se comparta el territorio (A menos que
sea uno en extremo pequeño como Andorra o Liechtenstein) siempre van a confluir
diferentes culturas, dependiendo de las regiones presentes. Y para lograr una
identificación entre sí de los individuos se puede utilizar los símbolos son un
elemento muy importante en la cultura de una nación ya que estos son los
elementos materiales que poseen valor atribuido más allá de lo que pueda ser su
valor material, la imagen de símbolos patrios, como la bandera nacional, la
escarapela, otros elementos que ayudan a crear unidad son el escudo, el himno y la
celebración de días feriados (que pueden ser fiestas religiosas o patrias) en donde el
mito fundacional se hace presente celebrando las grandes batallas de los héroes
fundadores o libertadores de la patria. Además los individuos de cada país, se
pueden distinguir por su identidad la cual es representada por su comportamiento,
música, comida, etc.
El concepto nación también tiene grandes implicaciones ideológicas y simbólicas
como lo es el “amor a la patria” y la identidad nacional, la cual hace referencia a
distinción de características y peculiaridades de los miembros de una nación o
grupo en específico. Esto deja en claro que cada nación se diferencia de otras, sin
embargo, la nación Argentina por ejemplo es multicultural, ya que se encuentran una
gran variedad de raíces y de culturas, de los primeros habitantes como los que
llegan día a día.
Historia del concepto de nación
El concepto de nación (tanto política como cultural) tal como lo entendemos hoy, es
decir, con su intrínseco componente político, no surge hasta fines del siglo XVIII,
coincidiendo con el fin del antiguo régimen y el inicio de la edad contemporánea. Es
entonces cuando se elaboran las primeras formulaciones teóricas sólidas de la
nación y su plasmación en movimientos políticos concretos. Es decir, las obras de
los ilustrados de fines del siglo XVIII y las revoluciones americana y francesa. Desde
entonces los dos tipos de nación han ido evolucionado entrelazadamente hasta hoy.
Sin embargo, el término, de origen latino, existió antes, con otros significados.
La etimología
La palabra nación proviene del latín nātio (derivado de nāscor, nacer), que podía
significar nacimiento, pueblo (en sentido étnico), especie o clase. Escribía, por
ejemplo, Varrón (116-27 a.c): Europae loca multae incolunt nationes ("Son muchas
las naciones que habitan los diversos lugares de Europa"). En los escritos latinos
clásicos se contraponen las naciones (bárbaros no integrados en el imperio) a la
civilitas (ciudadanía) romana. Dice CICERÓN, político, filósofo y orador romano:
Todas las naciones pueden ser sometidas a servidumbre, nuestra ciudad no.
En la edad media y moderna el término se continuó empleando en sentido étnico, al
margen de que ahora las naciones estuvieran integradas en diversas entidades
políticas como Reinos e Imperios. También se usaba para designar a grupos de
personas según su procedencia, siguiendo un criterio muy variable (a veces
simplemente geográfico), con el fin de distinguir a unos de otros.
La raza con respecto a la nación
Desde la perspectiva de la Ecumene cristiana, por medio de la comparación y la
analogía se invierte intencionalmente al “otro” poblador de Etiopía y del Nuevo
Mundo, con la cual se suplantó su alteridad por la imagen del bárbaro, salvaje o
caníbal que practicaba religiones idolátricas y así legitimar su sujeción y esclavitud.
Ahora bien, bajo estas percepciones, Barona En Legitimidad Y Sujeción afirma que la
racionalidad del hombre para los europeos cristianos estaba jerarquizado en tres
certezas: la certeza sensible que le da al hombre la capacidad de percibir su
existencia en el mundo, la certeza moral que le da la capacidad de percibir el bien
del mal en sus actos y la certeza sobrenatural con la cual a ciertos hombres les daba
la propiedad de gobernar sobre otros.
Se puede vislumbrar un proyecto civilizador para negros e indígenas del Nuevo
Mundo donde el bautismo no fue considerado un simple ritual religioso sino como
“una forma de dominación imperialista cultural al tratar de introyectar la certeza
moral al otro”. (Barona. 1993). Bajo esta mirada que llegó a Hispanoamérica desde
finales del siglo XV y que se mantiene firme hasta el siglo XIX (con algunas
menciones hasta la actualidad del siglo XXI), se observa que la raza no es
homogénea en la conformación de la nación en particular para el caso de
Hispanoamérica. Hay que considerar que “el ciudadano, la nación, las elecciones, el
régimen representativo, la igualdad ante la ley, los derechos del hombre y muchos
otros elementos constitutivos de nuestros modelos políticos actuales son
realidades (o ideales) nuevas que tienen a lo más dos siglos de existencia” (Guerra.
1997)
Guerra también nos muestra el cambio del vecino del antiguo régimen al ciudadano
y de cómo de a poco se adquirió la ciudadanía para los esclavos, no obstante en
cuanto a la participación en las elecciones se veían muy restringidos los ciudadanos,
principalmente las mujeres que estaban excluidas del voto, análogamente los
hombres sólo podían votar si eran mayores de 21 años, si eran extranjeros sin carta
de naturaleza y las castas estaban excluidas.
El paso de la sociedad colonial da paso a los criollos a retener el poder de las
instituciones de gobierno conservando muchas de las costumbres de sus
predecesores.
Ahora bien, con respecto a los expuesto por Eric Hobsbawm en Naciones y
Nacionalismo acerca de los planteamientos iniciales de la conformación de las
naciones europeas sobre la legitimidad de un Estado-nación por lo extensa de su
densidad demográfica y los beneficios económicos. De acuerdo con los ideólogos
una población creciente y numerosa era síntoma de riqueza de una nación, el
aumento de la población aumentaría la renta real per cápita (en los siglos XVII y
XVIII existían aún los pensamientos acordes a la teoría fisiócrata donde la población
es el motor de la economía agraria). Para los que están en contra de la teoría
poblacionista proponen que mientras la población crece en progresión geométrica
los recursos alimentarios crecen con progresión aritmética. Por lo tanto no es tan
conveniente tener una población extensa y creciente si no se tienen los recursos
para mantenerla alimentada. Por lo tanto pienso que la creencia de un
Estado-nación sobrepoblado no es posible desde el punto de vista económico, la
carencia de oportunidades y alimento generará luchas entre las diferentes clases
sociales y eso engendra odio.
Umberto Eco en Construir al enemigo tras citar un informe de autor anónimo en
Estados Unidos en el año 1968 afirma que: La guerra permite que una comunidad se
reconozca como “nación”; sin el contrapeso de la guerra, un gobierno no podría
establecer ni siquiera la esfera de su misma legitimidad; sólo la guerra asegura el
equilibrio entre las clases y permite colocar y explotar a los elementos antisociales.
La paz produce inestabilidad y delincuencia juvenil; la guerra encauza de la mejor
manera todas las fuerzas turbulentas dándoles un “estatus”. Ecológicamente, la
guerra nos dota de una válvula de escape para las vidas en excedencia…el
bombardeo limita el aumento de población mejor que el infanticidio ritual, la
castidad religiosa, la mutilación forzada o le uso extensivo de la pena de muerte…
(Eco. 2013).
Consecuente con lo expuesto por eso se hace necesario tener un enemigo común
que logre exaltar el nacionalismo, un ejemplo de esto es el fascismo italiano, el
nacional socialismo alemán (nazismo) y el momento de tensión fronteriza entre
Colombia y Venezuela (2015).
La lengua con respecto a la nación
El lenguaje es parte de la cultura y de la cotidianidad de la vida y también es el
medio para comprender mejor las fuentes orales y escritas por medio del
conocimiento de sus convenciones lingüísticas. A su vez la lengua expresa los
valores y la mentalidad de la nación que la habla, por lo tanto:
Diferentes grupos sociales usan diferentes variedades de la lengua.
Los mismos individuos emplean diferentes variedades de la lengua en
diferentes situaciones.
La lengua refleja la sociedad o la cultura en la que se la usa (lo cual se
diferencia de las otras).
La lengua modela la sociedad en la que se la usa.
Estos puntos aunque parecen obvios en el momento de formularse pero son la base
para los estudios realizados por los historiadores sociales de la actualidad y dan
buena cuenta también de cómo el lenguaje y sus variaciones dan cuenta de la
nación que lo utiliza.
En cuanto a la comunidad religiosa católica se identifica el latín como lengua
común, aunque se sabe que la comunidad que hablaba el idioma estaba reducida a
la clerical y a la académica, gracias a la imprenta de Gutenberg y al creciente
protestantismo algunos laicos afirmaban que el uso del latín era una treta para
mantener secreta la fe y así sacar beneficio económico gracias a las indulgencias,
dándole preferencia al rico y “traicionando a los pobres”.
El latín pasó a ser sustituido por las lenguas vernáculas eventualmente. Lo que
indica que en un solo territorio no es necesario que se hable un solo lenguaje para
que se conforme una nación, de hecho pueden coexistir varias naciones bajo una
más grande con un lenguaje común pero que cada “mini-nación” conserve su
lenguaje propio y sus costumbres. Por ejemplo, en los pueblos originarios utilizan su
lenguaje natal, obviamente pueden incluir el lenguaje de la nación en la que estén
situados.
Conclusión
A pesar de las diferencias que conlleva ser de una nación y otra, la historia y todo lo
dicho anteriormente, hoy es diferente. Sabemos que los patrimonios culturales y los
diferentes materiales simbólicos que existen en cada país llevan en sí el concepto
de nación por encima.Por ejemplo, si nos encontramos en cualquier parte del mundo
y vemos una bandera Argentina, el sentimiento es algo único, si nos encontramos
con gente de nuestro país nos podemos sentir “como en casa”, porque a pesar de
que no estemos ubicados geográficamente en ese espacio sabemos que es algo
que se comparte entre todos los originarios de el mismo país.
No importa el capital o las diferencias ideológicas entre las personas, lo que nos une
es el ser nacional, lo que nos une a otros: el ser argentino. Incluso, los que vienen a
probar suerte o de vacaciones terminan enamorándose y adquiriendo total
conocimiento, cultura y demás del país, de la nación, eso es algo que te queda para
siempre, aunque existan fronteras que dividen a países, lo simbólico queda para
toda la vida.
Bibliografía
Renán, E. (1899). Qué es una nación, segunda edición. Madrid (1983), Centro de
estudios constitucionales. Anderson, B. (1993).
Comunidades imaginadas: Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo.
México, Fondo de Cultura Económica.
Kant (1795) Hacia la paz perpetua
Hobsbawm, E. (1991). Naciones y Nacionalismo. Barcelona, Crítica.
Barona, G. (1995). Legitimidad y Sujeción: los paradigmas de la invención de
América. Santafé de Bogotá, Colcultura.
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