PRIMER PARCIAL
Conferencia 16: psicoanálisis y psiquiatría (Freud)
Las ideas delirantes son inaccesibles a argumentos lógicos tomados de la realidad. No es algo disparatado,
posee un sentido y pertenece a la trama de una vivencia rica en afectos.
La idea delirante toma cierta independencia. Ya había estado presente anteriormente como miedo.
Se sirve del mecanismo del desplazamiento para formar el delirio y sirve como consuelo.
Seminario 3 (Lacan)
Capítulo I
Parágrafo 1
Lacan toma de De Clerambault la noción de automatismo mental. Este autor se preocupa por demostrar el
carácter anideico de los fenómenos que se manifiestan en la evolución de la psicosis. Esta delimitación, dice
Lacan, la hace en base a una compresibilidad supuesta. Pero va a decir que la comprensión es siempre
limítrofe e inasible.
Deja traslucir algo de que para el psicótico todo se vuelve signo. No sólo es espiado, observado, se
habla, se dice, se lo mira, si no que esto invade el campo de los objetos reales inanimados.
Refiere a la intuición delirante.
Parágrafo 3
El sujeto psicótico ignora la lengua que habla. El inconsciente es un lenguaje pero que esté articulado no
significa que esté reconocido.
Bejahung: represión
Verwerfung: fenómeno de exclusión. Un sujeto rehuse el acceso, a su mundo simbólico, de algo que
experimentó, el complejo de castración. Todo lo rehusado en el orden simbólico, en el sentido de la
verwerfung, reaparece en lo real.
En lo normal, el yo del sujeto es quien normalmente le habla a otro, y le habla del S en tercera persona. El
sujeto se habla con su yo. En el sujeto psicótico, ciertos fenómenos elementales, como la alucinación,
muestran al sujeto totalmente identificado a su yo con el que habla.
En la psicosis, la relación simbólica no queda eliminada porque se sigue hablando, pero el resultado de este
desconocimiento de la autonomía del orden simbólico es que lo que en el sujeto pide ser reconocido en el
plano propio del intercambio simbólico, es reemplazado por un reconocimiento de lo imaginario.
Capítulo II
Parágrafo 1
Lacan cita la definición de paranoia de Kraepelin y la destroza. Para Lacan, el desarrollo de la paranoia no es
insidioso. Siempre hay brotes, fases. Hay un momento de ruptura, el momento fecundo. Al mismo tiempo,
refiere que no se puede limitar la evolución continua del delirio a causas internas. Cuando se buscan causas,
siempre se pone de manifiesto un elemento emocional, una crisis vital que tiene que ver efectivamente con
sus relaciones externas. Por otro lado, refiere que el sistema delirante varía, lo hayamos o no quebrantado. La
variación se debe al mantenimiento o a la perturbación de cierto orden en el mundo que lo rodea. El
paranoico, en la evolución del delirio, hace entrar elementos nuevos en la composición. También refiere a la
ambigüedad y vaguedad de los términos claridad y orden en el pensamiento, la volición y la acción.
Toma los fenómenos elementales, el automatismo mental de De Clerambault. Los fenómenos elementales
no son más elementales que lo que subyace al conjunto de la construcción del delirio. Siempre la misma
fuerza estructurante está en obra en el delirio, ya lo consideremos en una parte o en su totalidad.
Así, lo importante no es que sea un núcleo inicial, un punto parasitario en el seno de la personalidad,
alrededor del cual el sujeto haría una construcción, una reacción, delirante.
El delirio no es deducido, sino que reproduce la misma fuerza constituyente. Es también un fenómeno
elemental. La noción de elemento no debe ser entendida de modo distinto que la de estructura.
Irreductible a todo lo que no sea ella misma. Está al nivel de la interpretación y no de la comprensión.
Parágrafo 2 (DIALÉCTICA ESTANCADA)
Tenemos un sujeto para el cual el mundo comenzó a cobrar significado. Es presa de fenómenos que
consisten en que se percata de que suceden cosas en la calle. Simboliza lo que sucede en términos de
significación.
El sujeto en cierto período de su delirio dice que hay significación. Cuál no sabe pero esta se impone y
para él es perfectamente comprensible. Y justamente porque se sitúa en el plano de la comprensión como un
fenómeno incomprensible es que la paranoia es tan difícil de captar. Comprender implica tapar el paso con
una comprensión, y en el momento en que se comprende se deja pasar la interpretación que convenía hacer
o no hacer. Que sea comprensible no tiene el más mínimo interés. Lo que es llamativo es que es
inaccesible, es inerte, estancado en relación a toda dialéctica.
Entraña un elemento de significación pero ese elemento es repetitivo, procede por reiteraciones.
Puede ocurrir que el sujeto lo elabore pero siempre queda repitiéndose con el mismo signo
interrogativo implícito, sin que nunca le sea dada respuesta alguna, se haga intento alguno por
integrarlo a un diálogo. El fenómeno está cerrado a toda composición dialéctica.
Kraepelin decía que en la paranoia, las funciones de la volición, la acción no presentan déficits, fallas o
trastornos. Pero se olvida, que lo propio del comportamiento humano es el discurrir dialéctico de las
acciones, los deseos y los valores, que hace no sólo que cambien a cada momento, sino de modo continuo,
se puede pasar a valores estrictamente opuestos en función de un giro en el diálogo.
La pregunta ¿Quién habla? debe dominar todo el problema de la paranoia. El sujeto articula lo que
dice escuchar.
Paranoia de alucinación verbal: ellos mismos están articulando, sabiéndolo o no, las palabras
que acusaban a las voces de haber pronunciado. La alucinación auditiva no tenía su fuente en
el exterior.
El fenómeno de la palabra no puede ser disociado del hecho de que cuando el sujeto habla, se
escucha a sí mismo. El emisor es siempre al mismo tiempo un receptor.
Capítulo III
Parágrafo 2 (NEOLOGISMO)
Lenguaje delirante. Lenguaje en que ciertas palabras cobran un énfasis especial, una densidad que se
manifiesta dándole ese carácter francamente neológico tan impactante en las producciones paranoicas. Los
neologismos constituyen para el sujeto, puntos de referencia esenciales.
En la lingüística, los objetos no son el significado. El significado es la significación, remite siempre a
otra significación. El sistema del lenguaje, cualquiera sea el punto en que lo tomen, jamás culmina en
un índice directamente dirigido hacia un punto de la realidad. La realidad está toda cubierta por el
conjunto de la red del lenguaje. Nunca pueden decir que lo designado es esto o lo otro.
Schreber señala a cada momento la originalidad de determinados términos de su discurso. Ej: adjunción de
nervios. Son palabras claves, palabras originales.
A nivel del significante, el delirio se distingue por esa forma especial de discordancia con el lenguaje
común que se llama neologismo. A nivel de la significación, se distingue porque la significación no remite a
nada.
La significación de esas palabras tiene como propiedad el remitir esencialmente a la significación en
cuanto tal. No remite más que a sí misma, que permanece irreductible.
Esto se evidencia en todas las manifestaciones concretas. Dos tipos de fenómenos donde se dibuja el
neologismo:
La intuición delirante es un fenómeno pleno que tiene para el sujeto un carácter inundante, que lo
colma. Le revela una perspectiva nueva cuyo sello original subraya (Ej: cuando Schreber habla de la
lengua fundamental a la que su experiencia lo introdujo). La palabra, con su pleno énfasis, es el alma
de la situación.
La fórmula, es la forma que adquiere la significación cuando ya no remite a nada. Es la fórmula que se
repite, se machaca con insistencia estereotipada.
Ambas formas, la más plena y la más vacía, detienen la significación, son una especie de plomada en la red
del discurso del sujeto. Es la característica estructural del delirio.
Capítulo IV
Parágrafo 1
Realidad no es homónimo de realidad exterior. En el momento en que se desencadena la neurosis, el sujeto
elide una parte de su realidad psíquica. Esta parte es olvidada pero continúa haciéndose oir de manera
simbólica. En la psicosis hay ruptura, agujero, desgarro pero con la realidad exterior. Es la realidad misma la
que está primero provista de un agujero que luego el mundo fantasmático vendrá a colmar.
La proyección en la psicosis es muy diferente, es el mecanismo que hace retornar del exterior lo que está
preso en la Verwerfung, o sea lo que ha sido dejado fuera de la simbolización general que estructura al sujeto.
Parágrafo 2 (Marrana)
Dos personas en un único delirio, delirio de a dos.
RC: un día en el pasillo se encontró con un maleducado, un hombre casado que era el amante de una de sus
vecinas de vida fácil. Al pasar él le había dicho una palabra grosera que no podía repetirme. Dice que ella
también le dijo algo al pasar: vengo del fiambrero. Hay una referencia al cochino. No cochino, puerco. Él le
dijo: Marrana.
En la palabra, el sujeto recibe su propio mensaje en forma invertida. Marrana es su propio mensaje.
Toda la vida de estas pacientes se desenvolvió fuera del elemento masculino. Se puede poner en duda de si
realmente le dijo eso o no, pero no importa. Lo que importa es que marrana haya sido escuchado realmente,
en lo real. En la alucinación es la realidad la que habla.
Ella recibe de él su propia palabra, pero no invertida, su propia palabra está en el otro que es ella
misma, el otro con minúscula.
El a con minúscula es el señor con quien se encuentra, la A mayúscula no existe. a’ minúscula es quien dice
vengo del fiambrero. Se dice Vengo del fiambrero de S, a minúscula que le dijo Marrana.
En la psicosis hay una exclusión del gran Otro. El circuito se cierra sobre los pequeños otros. Lo que
concierne al sujeto es dicho realmente por el pequeño otro.
Parágrafo 3
El lenguaje real es el discurso concreto, y el lenguaje habla.
Los registros de lo simbólico y de lo imaginario los encontramos en los otros dos términos con los que articula
la estructura del lenguaje: el significado y el significante.
El material significante es lo simbólico.
La significación es de la índole de lo imaginario, siempre evanescente.
Cuando el sujeto habla tiene a su disposición el conjunto de la lengua y a partir de ahí elabora el discurso
concreto.
Primero hay un conjunto sincrónico, la lengua en tanto sistema simultáneo de grupos de oposiciones
estructurados.
Luego, hay un ocurrir diacrónico, en el tiempo, que es discurso.
Saussure dice que esa dirección del tiempo es lineal. Lacan propone que no es exacto que sea
sólo una línea recta, sino que es un conjunto de líneas, un pentagrama. El discurso se
instala en este diacronismo.
En la psicosis, en el hablar delirante, la existencia sincrónica del significante se ve modificada. Algunos de
sus elementos se aíslan, adquieren un valor, se hacen pesados. Se cargan de una significación a secas. Es
una erotización y el sujeto se da cuenta que esto pasa.
Es una ruptura del sistema del lenguaje.
Esta significación remite a otra pero no a un sistema continuo y ajustable, sino a la significación en
tanto realidad propia. Alude a la significación intrínseca de su fragmentación corporal.
La palabra real, en tanto articulada, aparece en el campo del otro como elemento del mundo exterior.
Existe la alteridad del Otro que corresponde al registro simbólico, es el gran Otro. Es el Otro al que nos
dirigimos más allá de lo que vemos. En el medio están los objetos.
Capítulo V.
Parágrafo 2
En el seno mismo de la palabra se pueden integrar los tres planos. Lo simbólico representado por el
significante, lo imaginario representado por la significación y lo real que es el discurso realmente pronunciado
en su dimensión diacrónica.
El sujeto dispone de todo un material significante que es su lengua y lo utiliza para hacer que las
significaciones pasen a lo real.
El Otro como alteridad en tanto tal, alteridad radical. Es capaz, al igual que el sujeto, de convencer y mentir.
Capítulo VI
Parágrafo 1 (CERTEZA)
El loco no cree en la realidad de su alucinación. Es muy fácil obtener del sujeto la confesión de que lo que él
oye, nadie más lo ha oído. Esto es, porque lo que está en juego no es la realidad. El sujeto admite, por todos
los rodeos explicativos que están a su alcance, que esos fenómenos son de un orden distinto a lo real. Sabe
bien que su realidad no está asegurada, incluso admite hasta cierto punto su irrealidad.
A diferencia del sujeto normal para quien la realidad está bien ubicada, él tiene una certeza: que lo
que está en juego le concierne.
Esta certeza es radical. La índole del objeto de su certeza puede conservar una ambigüedad perfecta, pero
significa para él algo inquebrantable.
Esto constituye lo que se llama fenómeno elemental o la creencia delirante.
Un fenómeno central del delirio de Schreber es el asesinato del alma. Él mismo lo presenta
como completamente enigmático. Lo fundamental es que el sujeto no lo comprende y aún así,
lo formula. Lo distingue como un momento decisivo de esa nueva dimensión a la cual accedió.
A pesar de su certeza conserva un carácter enigmático.
En la certeza, el delirante se exime de toda referencia real. A medida que el delirante asciende la escala de
los delirios, cada vez está más seguro de cosas planteadas como cada vez más irreales.
La paranoia se distingue de la DP porque el delirante articula con una abundancia que es
precisamente una de sus características clínicas esenciales. Las producciones discursivas que
caracterizan a las paranoias florecen en producciones literarias.
El mundo que describe Schreber está articulado con la concepción alcanzada luego del
momento del síntoma inexplicado que perturbó su existencia. Según dicha concepción, él es el
correlato femenino de Dios. Con ello todo es comprensible, todo se arregla dado que él
desempeña el papel de intermediario entre humanidad amenazada y ese poder divino. Todo se
arregla en la reconciliación que lo sitúa como la mujer de Dios. Todo el discurso es un
testimonio verdaderamente objetivado.
El delirante es escritor mas no poeta. No nos introduce a una nueva dimensión de la
experiencia. La poesía es creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación
simbólica con el mundo. No hay de eso en Schreber.
Parágrafo 3
Previa a toda simbolización hay una etapa donde puede suceder que parte de la simbolización no se lleve a
cabo. Algo primordial en lo tocante al ser del sujeto no entre en la simbolización y sea, no reprimido, sino
rechazado.
Existe la posibilidad de una Verwerfung primitiva que se manifestará en lo real.
En el origen hay Bejahung, afirmación de lo que es; o Verwerfung.
La simbolización, la ley, cumple un papel primordial. Si Freud insistió tanto en el Edipo es porque la Ley está
ahí desde el origen. La sexualidad humana debe realizarse a través de ella. Es una ley fundamental de
simbolización. En su seno se producirán:
la Verdichtung (condensación) que es simplemente la ley del malentendido.
la Verdrangung, la represión, que es lo que sucede cuando algo no encaja a nivel de la cadena
simbólica. Cada cadena entraña una coherencia interna. Reprimimos nuestros actos, nuestro discurso,
nuestro comportamientos. Pero la cadena sigue circulando por lo bajo por intermedio del síntoma
neurótico.
la Verneinung (negación), es del orden del discurso, y concierne a lo que somos capaces de producir
por vía articulada. El principio de realidad interviene estrictamente. Se trata de la atribución del valor
de existencia. Se relaciona con el juicio de existencia.
Parágrafo 4
El fenómeno psicótico es la emergencia en la realidad de una significación enorme que parece nada, dado
que nunca entró en el sistema de la simbolización, pero que en determinadas condiciones puede amenazar a
todo el edificio.
En el caso Schreber hay una significación que lo concierne pero que es rechazada y que sólo asoma
desdibujadamente en su horizonte, y cuyo surgimiento determina la invasión psicótica. Esa significación
rechaza guarda relación con la bisexualidad primitiva.
Se trata de la función femenina en su significación simbólica esencial.
En un momento cumbre de su existencia, se le manifiesta bajo la forma de la irrupción en lo real de algo que
jamás conoció que va a provocar progresivamente una sumersión radical de todas sus categorías, hasta
forzarlo a un reordenamiento de su mundo.
Lo que irrumpe en lo real aparece bajo el registro de la significación, y de una significación que no
viene de ninguna parte, que no remite a nada, pero que es una significación esencial, que afecta al
sujeto.
Cuando aparece en el mundo exterior algo que no fue primitivamente simbolizado, el sujeto se
encuentra inerme, incapaz de hacer funcionar a la represión. Se produce algo cuya característica es
estar excluido del compromiso simbolizante de la neurosis y que se traduce en otro registro, por una
reacción en cadena a nivel imaginaria.
El sujeto, por no poder realizar la mediación simbólica entre lo nuevo y él mismo, entra en otro modo de
mediación. Sustituye la mediación simbólica por una proliferación imaginaria, en los que se introduce, de
manera deformada y asimbólica, la señal central de la mediación posible. El significante mismo sufre
reordenamientos que otorgan ese acento a las intuiciones más significantes para el sujeto.
La relación del sujeto con el mundo es una relación en espejo. El mundo del sujeto consistirá en la
relación con ese ser que para él es el otro, Dios mismo.
Desarrollan lo que siempre está elidido, velado, domesticado en la vida normal: la dialéctica del cuerpo
fragmentado con respecto al universo imaginario.
Dialéctica imaginaria: se debe a una estructura genérica que fue indicada en el origen, la del estadio del
espejo. Esta estructura hace del mundo imaginario del hombre algo descompuesto por adelantado.
Los dos personajes (Dios y Flechsig) a los que se reduce el mundo para Schreber, están hechos uno
en referencia al otro, uno le ofrece al otro su imagen invertida.
Lo importante es ver cómo esto responde a la demanda de integrar lo que surgió en lo real, que representa
para el sujeto ese algo propio que nunca simbolizó. Es una exigencia del orden simbólico.
Capítulo VII.
Parágrafo 2
La relación del narcisismo es concebida como la relación imaginaria central para la relación interhumana.
Esta noción se cristaliza en la ambigüedad.
Es una relación erótica, como toda identificación narcisista, y también es la base de la tensión
agresiva.
El estadio del espejo evidencia la naturaleza de esta relación agresiva y lo que significa. Si la relación
agresiva interviene en esa formación del yo, es porque le es constituyente, porque el yo desde el inicio
es por sí mismo otro, porque se instaura en una dualidad interna al sujeto.
El yo está adentro en tanto sentimiento corporal y afuera, en tanto imagen en el espejo. En él
hay un yo que siempre en parte le es ajeno.
Refiere a la función de dominio del yo porque la síntesis del yo no existe, nunca se realiza.
El equilibrio imaginario con el otro siempre está marcado por una inestabilidad fundamental.
La imagen especular es funcionalmente esencial en el hombre, en tanto le brinda el complemento
ortopédico de la insuficiencia nativa, del desconcierto, vinculados a la prematuración del nacimiento.
La unificación del yo nunca es completa porque se hace por una vía alienante, bajo la forma de una
imagen ajena, que constituye una función psíquica original.
La tensión agresiva de ese yo o el otro está integrada a todo tipo de funcionamiento imaginario en el
hombre.
El complejo de edipo significa que la relación imaginaria, incestuosa en sí misma, está destinada a la ruina.
Para que el ser humano llegue a la elección de objeto, es necesario que intervenga un tercero, que sea
imagen de algo logrado. Hace falta una ley, un orden simbólico, la intervención del orden de la palabra: el
padre.
El orden que impide la colisión está fundando en la existencia de ese nombre del padre.
El orden simbólico subsiste en cuanto tal fuera del sujeto, diferente a su existencia y determinándolo.
Capítulo X
Parágrafo 3
Schreber anota qué sucede cuando el discurso se detiene. Se producen fenómenos que difieren de los del
discurso continuo interior. Irrupciones a las que el sujeto se ve obligado a aportar un complemento.
Milagro del alarido. Le resulta imposible no dejar escapar un grito prolongado que lo sorprende. Tiene
que contenerse. La palabra llega a combinarse con una función vocal absolutamente a-significante y
es lo que estremece.
Llamado de socorro. Es escuchado por los nervios divinos que se han separado de él.
El socorro es distinto al alarido como fenómeno. El alarido no es sino puro significante mientras que el pedido
de ayuda tiene una significación.
Ruidos del exterior. Interpretados como milagros hechos expresamente para él. Siempre es algo que
tiene un sentido humano.
Son todos fenómenos que se caracterizan por un estallido de la significación. Sabe bien que son ruidos
reales que suele escuchar, pero tiene la convicción de que no se producen en ese momento por azar, sino
para él.
El fenómeno fundamental del delirio de Schreber se estabilizó en un campo de significaciones erotizadas. El
sujeto terminó por neutralizar el ejercicio al que se sometió de colmar las frases interrumpidas.
Capítulo XI
Parágrafo 2
La realidad está marcada de entrada por anonadamiento simbólico. Antes de que el niño aprenda a articular
el lenguaje, debemos suponer que hay significantes que aparecen, que ya son del orden simbólico. Una
aparición primitiva del significante.
Verwerfung se trata del rechazo, de la expulsión, de un significante primordial al exterior, significante
que faltará en ese nivel. Es el mecanismo fundamental de la paranoia. Es un proceso primordial de
exclusión de un interior primitivo, que no es el interior del cuerpo, sino el interior de un primer cuerpo
de significante.
Capítulo XXIII
Parágrafo 3
No es lo mismo una sucesión de carreteras secundarias que una carretera principal. Es una vía de
comunicación. En la experiencia humana, es un significante indiscutible.
Es un ejemplo de lo que Lacan dice cuando habla de la función del significante en tanto que polariza, aferra,
agrupa en un haz de significaciones. El significante crea el campo de las significaciones.
¿Qué sucede cuando no la tenemos? Buscamos el recorrido por diversas carreteras secundarias, como
vagabundeando, o sujeto a errores.
En Schreber, el significante que está en suspenso es “procreación”, que es la forma de ser padre. La función
de ser padre no es pensable sin la categoría del significante.
La sumatoria de hechos (copular, llevar en el vientre, el parto) no logrará constituir la noción de qué es
ser padre.
Es preciso que la noción ser padre haya alcanzado el estado de significante primordial, y que ese
significante tenga su consistencia y su estatuto. El significante ser padre hace de carretera principal hacia las
relaciones sexuales con una mujer.
Schreber carece de ese significante fundamental ser padre. Por eso tuve que cometer un error hasta pensar
llevar él mismo su peso como una mujer. Tuvo que imaginarse a sí mismo mujer, y efectuar a través de un
embarazo, para que la función ser padre quede realizada.
Cuando la carretera principal no funciona, cuando el significante no funciona, aparecen carteles con palabras
escritas al lado de la carretera. Acaso sea esa la función de las alucinaciones auditivas verbales: son los
carteles.
Capítulo XXV
Parágrafo 3
La introducción del significante del padre, introduce de entrada una ordenación en el linaje, en la serie de
generaciones. Una de sus funciones es introducir un orden.
Lo que marca la entrada en la psicosis es el encuentro con el significante en cuanto tal.
Schreber estuvo esperando llegar a ser padre. De golpe se encuentra investido de una función social
considerable: se vuelve presidente de la corte. Es introducido en la cumbre de la jerarquía legislativa,
donde todos son veinte años mayores que él. Eso perturba el orden de las generaciones.
Esa promoción de su existencia nominal exige de él una integración renovadora. Se trataba de saber
si el sujeto llegará o no a ser padre.
Lo que hay de tangible en la psicosis es que se trata del abordaje por el sujeto del significante en cuanto tal, y
de la imposibilidad de ese abordaje. Esto es efecto de la forclusión.
La forclusión tiene una primer etapa que es el cataclismo imaginario. Nada de la relación mortal que es en sí
misma la relación al otro imaginario puede ser dado en concesión. Luego, despliegue separado y puesta en
juego de todo el aparato significante: disociación, fragmentación, palabra plena o insignificante, etc. Después
del encuentro con el significante inasimilable, se trata de reconstituirlo.
El nudo (Miller)
Entre los tres registros hay una relación de tipo borromeo. Cada uno de los registros posee cualidades
sustancialmente distintas. Lo simbólico está hecho de significantes diacríticos, lo imaginario está hecho de
imágenes; y lo real de datos brutos. Pero en el nudo pueden sumarse y esto lo hace ser semejantes en
naturaleza. En el nudo se los considera homogéneos.
El nudo es un objeto articulado, compuesto, un ensamblaje de elementos distintos, pero iguales.
Esto obliga a pensar la independencia de cada uno entre sí. No son del todo independientes por estar
anudados.
Lacan, en un momento, donde jerarquiza el registro simbólico que es una preferencia dada al inconsciente.
Teóricos 2014 (Naparstek)
Capítulo 6: Los tres registros I.
Freud comienza sus desarrollos del narcisismo a partir del caso Schreber. Entre el autoerotismo y la elección
de objeto, el sujeto se toma como objeto de amor a sí mismo, a su propio cuerpo.
Se registran tres puntos de quiebre en el desarrollo:
Primer quiebre cuando se da el ingreso al campo humano. Para Lacan, cuando se entra en el campo
del lenguaje. Da origen al autoerotismo.
Segundo quiebre cuando el niño ve su cuerpo reflejado, se reconoce en esa imagen y le da el sentido
de unidad. Ocurre un nuevo acto psíquico que da lugar al narcisismo.
La pulsión como fuerza constante tiene dos imposibilidades: La primera, imposibilidad de alcanzar la
satisfacción total. La segunda, imposibilidad de dejar de buscar la satisfacción total.
El aspecto parcial de las pulsiones hace referencia a una imagen corpórea unida de la cual uno se puede
apropiar. Es parcial respecto de esa unidad, teniéndola como horizonte. También es parcial respecto de una
satisfacción total mítica.
Es la psicosis no se produce esa idea de unidad corporal.
Respecto de Lacan, y los tres registros.
En el Seminario 3, define a lo simbólico como un conjunto de elementos covariantes. Los elementos son
los significantes (representaciones para Freud). Para Lacan, a todos nos falta algún elemento. No se puede
significar todo. Esos elementos covarían, es decir, se enlazan, se relacionan. Dependiendo de cómo se
enlazan, se va a producir cierto efecto: un sentido, un significado. Un significado nunca está atado de forma
unilateral a un significante, siempre está atado a una cadena de significantes S1 ---- S2
Es a partir del segundo significante que, retroactivamente, conocemos el significado.
Un significante es lo que representa un sujeto para otro significante. Los significantes se definen por
oposición a otros significantes. Lacan ubica al sujeto como difícil de atrapar, ligado al inconsciente
freudiano, entre los significantes. El sujeto barrado ($). El sujeto es el sujeto del inconciente.
Es necesario distinguir al yo del enunciado del sujeto de la enunciación.
En la psicosis sucede el automatismo mental.
El sujeto precede al nacimiento y subsiste a la muerte. Se encuentra en el orden del lenguaje, en el orden
simbólico aunque los significantes no logren captarlo por completo. El sujeto es lo que es, representado por
un significante para otro significante. No es ninguno en especial.
El Yo desconoce que la unidad vela la fragmentación corporal y el Yo vela también la división
subjetiva.
Capítulo 7: Los tres registros II.
Para hablar de lo simbólico hay que tener en cuenta dos aspectos. El aspecto sincrónico es lo que ya está
dado es el conjunto de significantes. El aspecto diacrónico es lo que implica la covariación en el discurso. La
cadena simbólica necesita una temporalidad.
La forma en la que covarían los significantes va a dar una estructura u otra.
La falta de lo unívoco entre significantes, que no siempre covarían de la misma forma es lo que
produce la fuga de sentidos. Siempre puede haber un sentido más.
Lacan retoma la idea de Freud de que el inconciente está estructurado simbólicamente y posee un sentido
sexual, una significación fálica.
En el ser humano, lo imaginario funciona atravesado por lo simbólico. La imagen de sí mismo y de los
otros es en función del lenguaje. Lo simbólico no es una totalidad y así, lo imaginario viene a cerrar el agujero
de lo simbólico. Es la necesidad de traducir a imágenes, de imaginar el lenguaje.
Allí donde falta el significante, aparece la imagen de aquello que no se puede nombrar.
Está ligado a la diferencia entre el Ideal del yo y el Yo ideal.
Lo real es lo que lo simbólico no puede atrapar. Es aquello que queda por fuera y que lo imaginario intenta
cubrir. Lo que queda afuera es una paradoja porque si lo pudiéramos nombrar ingresaría a lo simbólico.
No es lo mismo lo real que la realidad. La realidad es la realidad psíquica y es, por definición, aquello
que cada uno puede simbolizar. Cuando algo de lo real toca la realidad psíquica, el sujeto cae en la
cuenta de que es, en cierta forma, algo ficcional.
El trauma siempre es del orden de lo real.
La realidad psíquica en la neurosis siempre tiene una porción de dubitación. El sujeto neurótico vacila.
Siempre hay duda e incertidumbre. Lo real, por el contrario, es la certeza aunque se den rodeos para
nombrarlo o no se sepa cómo hacerlo.
En la última etapa de Lacan, se concibe a lo real como lo imposible lógico. Este imposible está
determinado por lo simbólico, por la realidad psíquica de cada uno. Cada universo simbólico define a
sus propios imposibles. Lo impensable en uno, es pensable en otro. Lo real es singular.
Capítulo 10: Freud y la psicosis.
El primer tiempo de Freud, antes de 1900, corresponde al comienzo del psicoanálisis. En este momento
habla de grupos psíquicos y caracteriza las “psiconeurosis de defensa”. Estas se caracterizaban por el tipo
de defensa que empleaban en contra de una representación inconciliable.
En la histeria, la defensa separa el afecto de la representación. El afecto se enerva en el cuerpo y la
representación pasa a un segundo grupo psíquico. Conversión.
En la NO se separa pero el afecto establece un falso enlace con otra representación nimia.
En la paranoia, Freud bosqueja la proyección y compara el mecanismo al de la NO dado que según él,
la paranoia es más beneficiosa. Mientras que en la NO los reproches son autorreproches; en la
paranoia, por acción de la proyección, los reproches vienen desde afuera. La proyección como abuso
de un mecanismo normal a partir del olvido de la alteración interior.
En la locura alucinatoria, la defensa es más enérgica que en las otras tres. Consiste en que el yo
desestima (verwerfung) la representación inconciliable. Elimina un trozo de realidad. Se comporta
como si la representación nunca hubiese estado. Al rechazar un trozo de realidad, para Freud queda
un agujero que el delirio y la alucinación vienen a emparchar.
De esta forma Freud ubica a las cuatro entidades clínicas dentro de la misma serie. No separa neurosis y
psicosis. La única distinción que hace es entre neuropsicosis de defensa y neurosis actuales.
En el segundo tiempo que se ubica entre 1900 y 1920, se centra en Schreber y la introducción del
narcisismo.
Schreber: ubica el primer tiempo en la etapa previa a la enfermedad; luego un segundo tiempo que
transcurre entre la primera enfermedad y el comienzo de la segunda; el tercer tiempo comienza con la
segunda enfermedad, sería el delirio persecutorio que para Freud es un intento de curación fallida; y el
cuarto momento que sería un intento de curación mejor logrado. El primer momento es un momento
de “salud aparente”, antes del ocasionamiento.
Del primer momento se rescata el hecho de que Schreber no posee ninguna creencia en Dios y tiene
una alta moralidad sexual; hechos que contrastan con la relación con Dios y la voluptuosidad sexual
en el desarrollo de la enfermedad.
La primera enfermedad culmina con la irrupción de la homosexualidad de Schreber. La irrupción de
la libido a partir de los sueños con volver a enfermar que Freud interpreta como “qué ganas de volver a
ver a Flechsig”; y del sueño fundamental en duermevela.
Así se declara lo que determina la irrupción de la enfermedad. En ese momento surge el
conflicto entre dos fuerzas: el avance de la libido homosexual y la protesta masculina. Luego,
los intentos de curación son para resolver este conflicto.
Hay un primer paso que es el delirio persecutorio. No es que Schreber quiere algo con
Flechsig; si no que Flechsig quiere algo con él y lo persigue. Para Freud es un conflicto
que se va desplazando vía transferencia. Flechsig es un representante del padre y del
hermano.
Luego, en el cuarto momento, se instala el delirio de grandeza de la paranoia religiosa.
Esto resuelve el conflicto porque ya no es Flechsig sino Dios quien lo quiere poseer
sexualmente; y ya no es para gozar sino por el bien de la humanidad. Además, es un
hecho que se va a dar en el tiempo, queda asintóticamente alejado en el tiempo. Así, el
delirio es un intento de cura y no un síntoma.
Sin embargo, Freud se pregunta por el mecanismo específico de la paranoia dado que el Edipo y la libido
homosexual no lo son. Así sitúa dos mecanismos:
Formación del síntoma: Desestima la proyección porque no se da en todos los casos de la paranoia
y porque se confunde con un mecanismo general.
Represión: dividida en tres tiempos. Fijación como premisa y condición de toda represión y
disposición de enfermedad. Refiere a una corriente libidinal inconsciente fijada respecto de desarrollos
psíquicos ulteriores. La “demora pasiva”. Luego, acontece la represión propiamente dicha. Lo que
sucumbe a la represión está relacionado con ese punto de fijación. La represión parte del yo que es
parte del conflicto. Por último, retorno de lo reprimido condicionado por la fijación.
En la paranoia, la fijación se halla en el narcisismo; en la DP, en el autoerotismo. La
represión para ambos es el desasimiento de la libido del mundo, libido que retorna en la vía
delirante como intento de restablecimiento. En la DP, el retorno es fundamentalmente
alucinatorio.
Esto lleva a una nueva nosología de Freud donde separa las neurosis de transferencia de las
neurosis narcisistas. Estas últimas son las que desconocen al mundo; las de transferencia son
las que pueden reconectarse con el mundo.
En el tercer tiempo, a partir de 1920, Freud se pregunta cuál es el mecanismo análogo a la represión que
ocurre en la psicosis. Freud retoma algo de lo trabajo en relación a la locura alucinatoria en el primer tiempo.
Verwerfung: lo rechazado adentro retorna desde afuera. Freud deja la discusión ahí y nunca retoma el
tema. Hay indicios en el Hombre de Los Lobos, “rechazo de la castración” pero centrado en el
mecanismo de formación dado que dice “no en el sentido de la represión”. No termina de establecer
qué es el interior y qué el exterior. En este punto agarra y retoma Lacan.
Nociones introductorias al psicoanálisis (Naparstek)
Capítulo 2: Los tres registros (primera parte)
El motor del sueño es el deseo inconsciente y lo que causa el sueño son los restos diurnos. El camino
regrediente es el trabajo del sueño, el esfuerzo por tramitar lo que no se terminó de tramitar durante el día. El
camino progrediente es la interpretación del sueño.
El trabajo del sueño no elabora todo, siempre queda un resto que es lo que lleva al relato del sueño.
Lacan a la figurabilidad, el poner en imágenes del sueño, lo llama “imaginar el símbolo”. Luego, el segundo
momento, de poner en palabras el sueño, Lacan lo nombra como “simbolizar la imagen”.
Esto da cuenta de la relación intrínseca entre lo imaginario y lo simbólico.
Lo Real es aquello que se sale e interrumpe el continuo simbólico-imaginario.
El sueño también cumple el deseo de descansar. Es la función del aparato. Cuando algo de lo real trastoca al
aparato, se produce un “despertar”. Es algo que marca un antes y un después, un cambio de perspectiva.
Capítulo 3: Los tres registros (segunda parte)
Lo simbólico cobra un sentido retroactivo. El sujeto e conoce a partir de que se encadenan los significantes.
No hay ningún significante en tanto tal que represente al sujeto.
La cadena significante es el Otro.
El Yo sirve para darse una unidad. Es la imagen unificada de sí mismo, en relación al cuerpo.
Lacan simboliza la relación imaginaria como a ----- a’. “a” es el yo. “a’” es la imagen en la que uno se
encuentra. Es del orden de la intencionalidad.
Sin embargo, esa imagen está articulada con lo simbólico. Tiene que haber alguien, un Otro, que
señale cuál es la buena forma. Esta es la diferencia entre el Ideal del Yo y el Yo ideal. Este último es la
propia imagen.
Manuscrito H (Freud, 1895)
La representación delirante, junto a la representación obsesiva, se califican como perturbaciones
intelectuales. Ambas son perturbaciones afectivas y deben su intensidad a un proceso psicológico.
La paranoia es un modo patológico de la defensa. Tiene el propósito de defenderse de una representación
inconciliable para el yo proyectando al mundo exterior el sumario de la causa que la representación misma
establece.
Ocurre la represión y el retorno de lo reprimido ocurre desde el delirio.
Freud dice que se trata del abuso de un mecanismo normal.
La idea delirante es el calco o lo opuesto de la representación que cayó bajo la defensa.
Tanto el contenido de la representación como el afecto ligado se conservan pero se proyectan al exterior. El
delirio se presenta como hostil para el yo pero sirve a los fines de la defensa dado que el yo se ahorra el
reproche interno y se ahorra el sentimiento de culpa.
Antes era un reproche interno, ahora es una insinuación que le viene desde afuera.
El juicio sobre ella había sido trasladado/proyectado hacia afuera: la gente decía lo que ella hubiera
dicho de sí misma.
Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa (Freud, 1896)
III
La paranoia es una psicosis de defensa. Es decir, proviene también de la represión de recuerdos penosos y
sus síntomas son determinados en su forma por el contenido de lo reprimido.
RC: Freud relata el caso de la señora P, un caso de paranoia crónica. Se trata de una mujer de 32 años,
casada y madre. 6 meses luego del nacimiento del niño se volvió muy desconfiada y menos sociable. Sentía
que los otros tenían algo contra ella aunque no sabía bien qué podría ser, se quejaba de sus vecinos. Luego
se queja de sentirse observada mientras se desvestía. Empeoró. Le aparecieron nuevos síntomas. De pronto
un día estando sola con su mucama pensó que la muchacha tenía un pensamiento indecente, “sentía en sus
genitales cómo se siente una mano pesada”. Luego comenzó a tener alucinaciones de mujeres desnudas.
Estas imágenes aparecían cuando ella se encontraba en compañía de una mujer. Simultáneamente
escuchaba voces que comentaban cada uno de los movimientos que ella emprendía. Oía también amenazas
y reproches.
Freud utilizaba el método de la sugestión al momento. Dice haber corroborado la ocurrencia de unas
representaciones inconcientes. En la paranoia, oía o alucinaba las indicaciones inconcientes. Freud busca la
vivencia sexual infantil que generó el trauma.
Este se da en dos tiempos, con la resignificación después de la pubertad. Primer acontecimiento: a los
6 años se desvistió sin vergüenza delante de su hermano. Esta cobra valor a posteriori. Segundo
acontecimiento: vio mujeres desnudas en el baño y sintió vergüenza de desvestirse, reprime la
situación.
Las voces se generaron a partir de la represión de esos reproches de la vivencia análoga al trauma
infantil. Al mismo tiempo, eran la solución de compromiso.
Tanto en la paranoia como en la neurosis obsesiva, la represión es el núcleo del mecanismo psíquico. Lo
reprimido es una VSI. En la paranoia, el reproche es reprimido por proyección. Con esto se le quita
reconocimiento al reproche. La alucinación mnémica paranoica sufre una desfiguración por una imagen
análoga que la reemplaza.
Primer momento: opera la proyección como síntoma defensivo primario con las ideas delirantes y la
desconfianza hacia los otros.
Segundo momento: fracaso de la defensa. Los reproches reprimidos retornan como pensamientos en
voz alta en la paranoia. En este momento, no vuelve la defensa. El paranoico adapta su estructura a
las voces. El sujeto no entra en contradicción con su delirio. El sujeto no quiere abandonar su
delirio, lo ama tanto como a sí mismo.
Introducción al narcisismo (Freud, 1914)
I
Los parafrénicos muestran dos rasgos de carácter fundamentales: el delirio de grandeza y el extrañamiento
de su interés respecto del mundo exterior. Esto último los hace inmunes al análisis, los vuelve incurables.
Los neuróticos también resignan el vínculo con la realidad pero no cancelan el vínculo erótico con las
personas. Lo conservan en la fantasía. Sustituyen los objetos reales por objetos imaginario. Es la
introversión de la libido.
Los parafrénicos no se refugian en la fantasía. El delirio de grandeza surge a expensas de la libido
extraída del mundo exterior. Así surge la conducta narcisista. El delirio de grandeza es la amplificación
y el despliegue de un estado que ya antes había existido en la historia del desarrollo. Es un
narcisismo secundario.
La introversión de la libido lleva a una investidura del yo y es probable que por esta vía se produzca el efecto
de pérdida de realidad.
Memorias de Schreber
Capítulo I
El alma humana está contenida en los nervios del cuerpo. Los nervios entran en vibraciones que generan
placer o displacer, y poniéndose en tensión, permiten dar la fuerza para hacer que los músculos ejecuten las
actividades. Una parte de los nervios es apta para recibir las impresiones sensibles (vista, oído,
voluptuosidad, calor, dolor, etc); otros nervios, del intelecto, reciben y conservan las impresiones espirituales.
En calidad de órganos de voluntad, otorgan el impulso para las exteriorizaciones de su fuerza para actuar en
el mundo.
Cada nervio intelectivo representa la individualidad espiritual del hombre. En cada nervio intelectivo
está inscrita la totalidad de los recuerdos.
Mientras el hombre vive, es cuerpo y alma conjuntamente. Los nervios son alimentados por el cuerpo. Si el
cuerpo pierde su fuerza vital, se produce el estado de pérdida de conciencia, muerte, para los nervios. Sin
embargo, el alma no muere realmente.
Dios es sólo nervio sin cuerpo. Pero los nervios divinos son ilimitados y eternos. Poseen sus cualidades
elevadas a una potencia que supera toda concepción humana. Tienen la capacidad de transformarse en todas
las cosas posibles del mundo creado, en esta función se llaman rayos. Esa es la esencia de la creación
divina.
El Sol, como causa de toda vida en la Tierra, debe ser considerada como una manifestación vital
mediata de Dios.
Hace años el Sol habla conmigo con palabras humanas y por ello se da a conocer como un ser
viviente o como órgano de un ser superior.
Concibo al Sol como el instrumento más cercano a la Tierra para la exteriorización del poder de la
voluntad divina
Dios tiene la capacidad de percibir todo lo que sucede en la Tierra.
El trato normal de Dios con las almas humanas tiene lugar sólo después de la muerte. Dios podía acercarse a
los cadáveres para atraer a sus nervios y llevarlos hacia sí y despertarlos en una nueva vida celestial; la
autoconciencia volvía por acción de los rayos.
La nueva vida del más allá es la bienaventura, a la que alma podía ser elevada. Esto sucede con
previa purificación y examen de los nervios. Hay grados de bienaventura, según el nivel de pureza o
enegrecimiento de los nervios.
Las almas aprendían durante la purificación el lenguaje de Dios, la lengua primitiva, un alemán
anticuado (alemanes fueron elegidos por Dios). La purificación como “probación”
La bienaventura consiste en un estado de goce ininterrumpido, vinculado con la contemplación de
Dios.
La bienaventura masculina era de rango más alto que la femenina.
Los reinos posteriores de Dios están sujetos a una bipartición con lo cual se discernía un dios inferior (Arimán)
atraído a pueblos semitas y un dios superior atraído a pueblos arios (Ormuz). Me lo mencionaron las voces a
comienzos de 1894.
Capítulo IV
Estuve enfermo dos veces, ambas a causa de un sobreesfuerzo intelectual.
La primera, como director del Tribunal Provincial de Chemnitz, durante la campaña de mi candidatura
para el Reichstag. Se inició en el otoño de 1884, y para fines del 85 estaba curado. Pude asumir
reasumir como director en el TP de Leizpig (donde me trasladaron). Internado desde diciembre de
1884 hasta junio de 1885.
La segunda, con la sobrecarga de tareas tras asumir el cargo de presidente de Sala en el Tribunal
Supremo Provincial de Dresde. Comenzó en octubre de 1893 y dura todavía. Internado desde
noviembre de 1893 hasta junio de 1894.
En ambas enfermedades pasé el tiempo en la Clínica de Enfermedades Mentales dirigida por el profesor y
doctor Flechsig.
La primera enfermedad transcurrió sin ninguna complicación que rozara el ámbito de lo sobrenatural. Soy
una persona intelectualmente sobresaliente y con buena capacidad de observación. Podría haber sido
liberado más rápido de ciertas ideas hipocondríacas (enflaquecimiento), si se me hubiera permitido algunas
veces usar yo mismo la balanza. Son sólo aspectos secundarios. Finalmente me curé y me llené de gratitud
para con Flechsig.
Después de recuperarme, viví con mi esposa 8 años felices. Sólo perturbados por la reiterada frustración en
el intento de tener hijos. En junio de 1893 se me informó la inminente designación como presidente de Sala
TSP de Dresde.
En esta época se sitúan algunos sueños. Pienso en la posibilidad de que tuvieran relación con una
conexión nerviosa divina establecida en mí.
Soñé con que había reaparecido mi enfermedad anterior.
Una vez, semidormido, tuve una sensación. La representación de que sería muy grato ser
una mujer sometida al coito.
El 1ro de octubre de 1893 asumí mi nuevo cargo de presidente de Sala. La ambición de prestigio conjugada
con la enorme cantidad de tarea era muy exigente. En pocas semanas quedé espiritualmente agotado.
Apareció el insomnio y comencé a tomar bromuro de sodio. No tenía momentos de sociabilidad.
Varias noches de insomnio, se hizo sentir un crujido en la pared con pausas y me despertaba cada vez
que comenzaba a dormirme.
Posteriormente resignificados como milagros divinos
El 8 de noviembre me tomé una licencia de ocho días. Volví a entrevistarme con Flechsig. Me recetó un
somnífero. Antes de dormir, reaparecieron síntomas más serios. Intenté suicidarme pero mi esposa me lo
impidió. Al día siguiente se presentó un trastorno nervioso grave. Me internaron.
En la internación, mi segunda enfermedad se desarrolló aceleradamente. Noches insomnes, no me hacían
efecto los somníferos leves. No podía dedicarme a ninguna ocupación, tampoco vi a nadie de mi familia.
Estaba ocupado con pensamientos de muerte.
A la quinta noche, me trasladaron a una celda-dormitorio para dementes. Sin dormir, intenté volver a
suicidarme. Luego, apareció Flechsig, me devolvió a mi habitación anterior. Se me administró hidrato
de cloral para poder dormir.
Empecé a recibir visitas de mi esposa.
Tenía mucha sobreexcitación, tenía mis fuerzas disminuidas. No podía emprender ninguna ocupación
intelectual. Mi deseo de vivir estaba permanentemente en quiebra.
Un nuevo colapso nervioso ocurrió en febrero de 1894 cuando mi esposa viajó a ver a su padre. Cuando
volvió decidí no dejarla verme. Cesaron sus visitas. En visitas esporádicas ya no veía en ella un ser viviente.
Para mi derrumbe espiritual fue decisiva una noche en la que tuve un mero grande de poluciones
en esa misma noche.
A partir de ese entonces aparecieron las primeras indicaciones de un trato con fuerzas sobrenaturales.
Una conexión nerviosa que Flechsig mantuvo conmigo, de tal manera que hablaba a mis nervios sin
estar presente personalmente.
Formé la impresión de que el Dr. no tenía buenas intenciones conmigo. Lo confirmé
cuando le pregunté si creía que me curaría y si bien me dio vagas esperanzas, no pudo seguir
mirándome a los ojos.
Desde entonces me hablan incesantemente mis voces interiores.
Hay una tendencia según la cual en ciertas circunstancias se llega a la emasculación de un hombre
visionario que entró con los nervios divinos en un trato imposible de suspender.
Capítulo V.
Mis nervios son puestos en movimiento desde el exterior sin interrupción alguna. La capacidad de influir de
esta manera sobre los nervios es propia de los rayos divinos.
Dios siempre estuvo en condiciones de inspirar sueños a los hombres mientras duermen.
Sentí por primera vez ese influjo como emanando de Flechsig. El Dr. aprendió de alguna manera a valerse de
los rayos divinos. A posterior, también se vincularon con mis nervios algunos rayos divinos.
Primero apareció bajo la forma de la compulsión a pensar. Me lo indicaron las voces interiores.
Consiste en pensar incesantemente. Los rayos pretendían saber todo el tiempo en qué pensaba. ¿En
qué piensa usted ahora?. Almas difuntas se interesaban por mí.
Todas las almas hablaban en mí como voces de manera indiferente, sin saber ninguna de ellas nada
acerca de la presencia de las otras.
El parloteo de las voces consiste en una repetición monótona de las mismas frases que reaparecen
constantemente.
Surge la tendencia a la emasculación del hombre que entra en trato con los Rayos. Depende de la
naturaleza de los nervios divinos, en virtud de la cual, la bienaventura consiste en una intensificada sensación
de voluptuosidad. También depende del plan de posibilitar, en caso de una catástrofe que hiciera necesaria la
aniquilación de la humanidad, la renovación de la especie humana.
Yo mismo viví la consumación de la emasculación en dos oportunidades durante mi internación. Si el
milagro no llegó a completarse, fue por intervención de rayos puros y de almas probadas como
Flechsig que obstaculizaron el proceso.
Flechsig se había convertido en comandante de rayos. Armó un complot contra mí (abril 1894) que consistió
en ponerme a la merced de un hombre. Dejar mi alma en poder de este, entregar mi cuerpo transformado en
un cuerpo femenino para que abusara sexualmente de él y luego abandonarlo.
Los nervios femeninos ya penetraban más y más en mi cuerpo. Me retiraron las prendas de vestir y
me medicaron para hacerme accesible a las sensaciones voluptuosas.
Decidí dejarme morir de hambre y sacrificarme a Dios. Las voces interiores me hablaban permanentemente y
me ridiculizaban diciéndome que me faltaba coraje varonil para suicidarme. En la conexión nerviosa con
Flechsig yo le pedía cianuro para envenenarme, siempre dejaba abierta la posibilidad a acceder. Surgía la
posibilidad de enterrarme vivo.
Flechsig tenía dos vertientes: en condición de hombre, hacía como si no supiera nada; y en condición
de comandante de rayos, que armaba el complot.
Todos los intentos dirigidos a perpetrar un almicidio, a la emasculación para fines contrarios al orden cósmico
(a la satisfacción del apetito sexual de un hombre), fracasaron.
Capítulo X
En las primeras semanas de mi permanencia en Sonnenstein, en julio de 1894, se produjeron algunas
modificaciones en el Sol. Durante largo tiempo apareció un Sol que era menor, el cual era conducido por el
alma de Flechsig pero después por el alma del director de este hospital, el Dr. Weber. Ese Sol fue
reemplazado luego por otro Sol cuando el anterior se consumió por sus rayos. Entraron en escena por
primera vez los reinos posteriores de Dios.
Una noche apareció Arimán, el dios inferior. La imagen de sus rayos se hizo visible, se reflejó en mi
sistema nervioso interno. Escuché su lenguaje que retumbó con fuerza. Todo parecía estar calculado
para infundirme miedo y terror, y la palabra carroña se escuchó con frecuencia.
El día siguiente vi al Dios superior Ormuz, no con mis ojos espirituales sino con mis ojos corporales.
Era el Sol rodeado de un mar de luz plateada que cubría el cielo.
Algunos días después, los fenómenos cesaron y el Sol volvió a la normalidad. Las voces volvieron a susurrar.

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