Psicoanálisis Final - Delgado
Primer tiempo (hasta 1900) - Pre-psicoanálisis.
El principio de constancia plantea un equilibrio, una constancia. Plantea que haya una misma
cantidad cuantitativa de placer y de displacer. Los traumas aparecen cuando este equilibrio se
rompe, es decir cuando hay más displacer del que debería haber. En síntesis, el principio de
constancia busca el equilibrio y este se ve comprometido cuando surgen vivencias inconciliables
para el sujeto.
Hasta este momento, Freud plantea que este principio es el que regula el aparato pero todavía no
habla de aparato psíquico, sino de un aparato dividido en dos grupos: el consciente y el
no consciente. Esto se llama escisión (división) de consciencia.
Antes, Freud planteaba este aparato como una unidad (lo consciente) y la división de este aparato
(la ruptura) se produce cuando sucede lo traumático. A partir del incremento de displacer, plantea
la división del grupo en consciente e inconsciente.
Cuando se produce esta ruptura, es decir que hay mucha cantidad de displacer, Freud dice que hay
que volver a encontrar el equilibrio (principio de constancia), esto se logra mediante la abreacción,
mediante la palabra.
Freud comienza a hacer diversos estudios y toma a Charcot, quien plantea que la histeria es una
histeria traumática que se ocasiona por una sola vivencia que ponía en riesgo la vida del sujeto,
pero que no lo lastimaba físicamente.
Para Charcot la histeria es una problemática física y se requiere de una sola vivencia inconciliable.
Freud en sus terapias visualizaba diferentes cosas que no coincidían con lo postulado por Charcot,
y plantea una histeria no traumática y que el trauma es psíquico, no físico, es decir que el problema
está en la psiquis, no en un órgano o en alguna parte física del cuerpo del sujeto.
Lo fundamental que plantea Freud es que no alcanza con una sola vivencia traumática para generar
un trauma, sino que se requieren por lo menos dos vivencias inconciliables para generar mucha
cantidad de displacer y así generar un trauma. Además plantea que el trauma y los síntomas se
resuelven con la abreacción.
La descarga o abreacción que Freud propone se conoce como método catártico, que consiste en
la hipnosis y la presión sobre la frente del paciente.
La hipnosis es un método sugestivo, ya que el analista va haciendo preguntas al paciente, el cual se
encuentra en un estado somnoliento, en un estado hipnótico. La hipnosis se descarta porque
muchos pacientes no respondían y sus síntomas regresaban, ya que al despertar de la hipnósis, el
paciente no recordaba el tratamiento, por lo tanto no se hace consciente lo inconsciente.
Por lo tanto, deja de lado la hipnosis y empieza a utilizar la presión sobre la frente. Este método
también es de sugestión, catártico y se empleaba por medio de la palabra. Consistía en que durante
el tratamiento, el analista aplicaba presión con su mano en la frente del paciente. Este método
fracasó, ya que los pacientes se sentían incómodos.
Gracias al fracaso de estos dos métodos se concluyó que no alcanzaba sólo con la palabra para curar
el trauma, que se necesitaba algo más.
El primer momento del trauma, se llama retroactivo o trauma en dos tiempos. Este postula
que para que algo sea traumático se requieren dos momentos: uno en la primera infancia y otro en
la pubertad.
El momento de la primera infancia tiene ciertos requisitos: tiene que ser una vivencia de índole
sexual, debe ser infantil, pasiva (es decir que no haya, para el sujeto, ganancia de placer) y se tiene
que reprimir.
Para generar el trauma, se necesita si o si de la segunda vivencia; la vivencia de la pubertad. Esta
vivencia no tiene que ser necesariamente sexual sino que tiene que tener nexos lógicos, es decir
lazos asociativos. Debe tener algo en común con la primera vivencia. Estos nexos re-significan la
primera vivencia dándole una nueva mirada, un nuevo significado.
Para ejemplificar el primer momento del trauma tenemos el caso Emma.
Emma, cuando era una niña fue sola a una panadería, llevaba un vestido. El pastelero le pellizcó los
genitales y se rió, Emma se va corriendo y reprime esa vivencia. Más adelante, en su adolescencia,
Emma, vestida con un vestido, va sola a un almacén y ve a unos muchachos que le atraen, ellos se
ríen de ella. Así, en esta segunda vivencia, se asocian ciertos nexos lógicos (vestido, estar sola y la
risa) con su primera vivencia y se produce un trauma.
Las neurosis actuales no tienen mecanismo psíquico, son producidas por un acto físico y por
una mala descarga de la excitación sexual somática. Hay dos tipos de neurosis actuales:
- Neurosis de angustia (primera versión de la angustia): la causa es la descarga interrumpida
FÍSICA, por eso es que Freud no le da mucha importancia a esta primera versión de la
angustia, porque es considerada algo físico y no psíquico. Un ejemplo de la causa de esta
neurosis es el coito interrumpido.
- Neurastenia: la causa es la descarga incorrecta, por ejemplo, la masturbación.
Las neurosis de defensa son producidas por un mecanismo psíquico, por eso es que Freud se
enfoca más en estas neurosis que en las actuales. Hay tres tipos de neurosis de defensa:
- Histeria: el mecanismo de la histeria es la represión, frente a una vivencia inconciliable, el
sujeto reprime y devienen los síntomas y la histeria.
El síntoma histérico que se ubica en una parte del cuerpo puede ser inhibitorio (inhibe una
parte del cuerpo) o satisfactorio (placer). Por ejemplo, en el caso de Elizabeth, Freud le
pincha la pierna y ella dice que le duele, pero su expresión facial es de placer.
En la histeria, el síntoma siempre tiene relación con la vivencia inconciliable.
- Neurosis obsesiva: se forma un falso enlace, es decir los síntomas no tienen relación con la
vivencia traumática. Los síntomas obsesivos son pensamientos intrusivos que tienen una
consecuencia negativa. Por ejemplo, fijarse muchas veces si cerré la llave de gas porque sino
se puede prender fuego la casa.
Los síntomas son actos religiosos (fijarse la llave de gas todo el tiempo), conciencia moral
(si no cierro la llave, va a haber fuego) y autorreproche (como justo hoy no me fijé la llave de
gas muchas veces, la casa se va a prender fuego). Los síntomas no tienen que ver con el
hecho traumático pero se desplazan a la vida cotidiana por el falso enlace.
- Paranoia: la persona se abstrae de la realidad, no puede hacer frente a la situación, no
puede responder a la situación como responderían los neuróticos (las personas “normales”,
nosotros), entonces cambia la realidad (siempre a su favor). Frente a una vivencia que no
pueden resolver, se desarrollan diferentes síntomas.
Segundo tiempo (1900 - 1920) - Psicoanálisis.
En el primer tiempo no hay aparato psíquico, sino que es un aparato que se divide en 2. A partir de
1915, Freud escribe el texto “la interpretación de los sueños” y lo divide en dos: sueños y
construcción del aparato psíquico.
Para construir el aparato psíquico se basa en el arco de reflejos. Dice que tiene dos extremos: uno
motriz y uno perceptivo (ingresan los estímulos, se procesa la información y sale una respuesta).
Sin embargo, este arco reflejo no se asemejaba a lo que pasaba en la psiquis, entonces Freud solo lo
toma como una base.
En este arco reflejo hay dos sistemas: el sistema perceptivo, que es el selector de los estímulos, el
que decide cuales estímulos ingresar y cuales no; y el sistema de memoria, que es el que se encarga
de procesar información, seleccionar las características de los estímulos y luego guardarlas.
Después de estos dos sistemas se emite la respuesta.
Este aparato no le funciona porque no hay desplazamiento, los estímulos entran y salen, si la
psiquis fuera así, nosotros no podríamos evocar recuerdos. Freud desestima este arco reflejo pero
lo utiliza como base, es lo previo al esquema del peine.
Introduce el deseo. El deseo es lo que permite que la información se desplace y lo encontramos en
la primer vivencia de satisfacción:
El bebé cuando desea alimentarse empieza a llorar y luego recibe el pecho de la madre. Cuando la
madre le retira el pecho, al bebé le queda una huella mnémica y eso lo puede volver a producir para
conseguir nuevamente el pecho.
Entonces, el bebé recibe un estímulo (el pecho), recibe placer y satisface su necesidad, cuando la
madre le saca el estímulo, el bebé quiere reconstruir eso que le pasó y lo hace con las huellas
mnémicas (el recuerdo del objeto). Así puede recordar y reconstruir los hechos y encontrarse con
aquello que le falta. Esto es posible, únicamente, gracias al deseo de volver a encontrar aquello que
no tengo.
Así el aparato deja de ser unidireccional y pasa a ser bidireccional.
Hablamos de un aparato del desear y del deseante, llamado aparato psíquico (esquema del peine),
compuesto por el preconsciente, el consciente y el inconsciente.
En el texto “el inconsciente” Freud distingue dos tipos de inconsciente: el inconsciente dinámico y
el inconsciente descriptivo.
El inconsciente está lleno de vivencias inconciliables que fueron reprimidas. Esto que se almacena
en el inconsciente, tiene un requisito para salir al consciente: salir desfigurado.
El inconsciente dinámico es eficaz, porque logra salir del inconsciente a la consciencia,
desfigurandose, termina saliendo como una representación del inconsciente, como un síntoma o un
sueño. Se logra desfigurar por el proceso primario de desplazamiento y condensación.
El preconsciente es todo lo que en algún momento puede llegar a la consciencia, porque no es
displacentero. Son las huellas mnémicas, las características, los rasgos. Son los recuerdos que no
pueden ser conscientes pero que podemos evocar cuando queramos. Esto no significa que porque
un recuerdo sea feo no puede estar en el preconsciente, acá también hay recuerdos feos, pero los
que si no se encuentran en el preconsciente son los recuerdos traumáticos.
A este sistema preconsciente es el que Freud llama inconsciente descriptivo, porque describe las
características, los rasgos, etc. Es inconsciente porque está dormido por un rato, es decir está
inconsciente por un rato.
Las censuras se muestran en el esquema del peine como dos barras celestes, se ubican ahí como
barrera para que el inconsciente no pueda salir a causar más problemas de los que ya causó.
Al mismo tiempo que plantea todo esto, plantea que el sistema preconsciente, consciente e
inconsciente es la primera tópica.
La primer teoría de los sueños se divide en dos: el trabajo de los sueños y la interpretación de
los sueños.
En esta primer teoría de los sueños se dice que los sueños son cumplimientos de deseo, porque
estamos bajo el principio de placer. Además, los sueños son el guardián del dormir, es lo que
nos mantiene dormidos.
Para que se forme el sueño se requieren tres elementos:
- Sueños diurnos: son deseos, anhelos, lo que nos imaginamos despiertos, aquello que
llamamos “soñar despierto”. Por ejemplo cuando me imagino terminando la carrera,
recibiendome.
- El deseo de dormir: es cuando se empieza a inducir el sueño, la rutina del dormir y estar
dispuesto a dormirnos. Por ejemplo cuando apagamos la luz, nos acostamos y empezamos a
dormir.
- Deseo inconsciente: es algo que fue reprimido, que busca salir, es una vivencia traumática
que tiene el deseo de salir del inconsciente y convertirse en consciente.
Además para que se forme el sueño se requiere del camino regrediente. El camino regrediente es el
camino desde el pensamiento hasta el material en bruto de las huellas mnémicas, es decir desde el
extremo motriz al extremo perceptivo. Esto sólo se puede llevar a cabo cuando estamos dormidos
porque la censura está disminuida.
El camino regrediente es el que produce la alucinación onírica y así se produce el sueño.
Por otro lado, tenemos el trabajo del sueño. Para elaborar el sueño se requieren 4 mecanismos: el
desplazamiento y la condensación (que son parte del proceso primario), la figurabilidad y la
elaboración secundaria.
- Desplazamiento: primero mueve de un lugar a otro características, rasgos, información (las
huellas mnémicas), etc. lo que nos sea relevante para desfigurar, para cambiar la
información.
- Condensación: agrupa la información que se movió en el desplazamiento.
A partir de estos dos componentes se dan formaciones mixtas, se desplazan y agrupan diferentes
cosas. Por ejemplo, sueño que estoy en mi casa, pero realmente esa no es mi casa porque tiene el
living de la casa de mi tía y el baño de la casa de mis abuelos.
Por ejemplo, pensemos… ¿Cómo sería un sueño de Emma?
Podría ser que Emma lleva puesto un vestido, está en la cocina de su casa preparando una torta y
de fondo en la tele hay un programa de chistes y se escuchan risas.
- Figurabilidad: transformación de los pensamientos oníricos latentes (de la historia
producida en el desplazamiento y la condensación) en imágenes, grabamos las escenas, se
arma la alucinación onírica. Se arma la figuración.
- Elaboración secundaria: este es el único mecanismo que se da cuando nos despertamos, es
el intento de darle una lógica a lo que acabamos de soñar, de reconstruir el sueño. En este
momento interviene la censura para que nos olvidemos de las cosas reprimidas, así se
generan los lapsos, los momentos del sueño que no recordamos.
Entonces, el trabajo del sueño, la formación del sueño son 3 elementos, el camino regrediente y los
4 mecanismos.
La interpretación del sueño va a ser de forma fragmentada, ya que hay que reconocer donde está lo
inconsciente y donde no, hay que buscar y tener en cuenta los lapsos que generó la censura, hay
que ver detalle por detalle.
Lo que se interpreta es el contenido manifiesto, es el relato del sueño que tiene el paciente, lo no
genuino. Hay que interpretar lo no genuino para llegar a lo genuino (la vivencia inconciliable). La
interpretación la realiza otra persona (el analista), no el soñante, sin embargo el saber lo tiene
siempre el paciente.
La pulsión es un concepto frontera entre lo psíquico y lo somático, entre el consciente y el
inconsciente. La pulsión viene de lo interno, y de eso no nos podemos deshacer, es por eso que no
nos podemos deshacer de la pulsión.
Freud compara la pulsión con los estímulos. Los estímulos son externos, podemos huir de ellos,
pero la pulsión es interna, no podemos huir de ella.
Por ejemplo, un estímulo externo puede ser que alguien nos pegue una cachetada, podemos
corrernos y evitar la cachetada. Un estímulo interno, una pulsión es un pensamiento, del que no
podemos huir.
El objetivo de la pulsión es la satisfacción. La pulsión está conformada por cuatro elementos:
- El esfuerzo: es lo que permite a la pulsión ponerse en actividad, es lo que le da energía para
llegar a su meta.
- La meta: es invariable (no varía), siempre es una meta de la satisfacción. Freud dice que hay
una paradoja, porque por más que la meta busque la satisfacción, nunca alcanza la
satisfacción total porque nunca vamos a encontrar el objeto.
- El objeto: es variable porque vamos a utilizar el objeto que nos convenga en determinado
momento. No hay un objeto particular, sino que varía según nuestras necesidades. Por
ejemplo, los distintos medios que usamos para alimentarnos a lo largo de nuestra vida.
Freud plantea que no se satisface la pulsión en el objeto, la pulsión utiliza al objeto para
llegar al objetivo y satisfacerse.
- La fuente: en la fuente se satisface la pulsión, es una zona erógena, una parte del cuerpo.
Freud dice “con la cancelación del estímulo de la fuente se alcanza la satisfacción”, es decir
una vez que se estimula con el objeto la zona erógena, se alcanza la satisfacción. Por
ejemplo, cuando el niño se alimenta del pecho, el alimento pasa por la garganta hasta el
estómago y ahí se satisface. La satisfacción se cumple cuando se estimula la zona erógena,
no cuando tomamos el objeto.
Primer dualismo pulsional: pulsiones yoicas y sexuales.
Las pulsiones yoicas o de autoconservación son las pulsiones que por medio de su satisfacción
conservan la vida del individuo. Son pocas, son las que compartimos con los animales, las
necesidades básicas para vivir. Son las pulsiones más primitivas (comer, dormir, etc.).
A partir de las pulsiones yoicas nacen las sexuales, éstas le sacan la energía a las yoicas, se
aprovechan de las yoicas. Las pulsiones sexuales solamente le dan placer a un órgano.
En el texto “tres ensayos…” tenemos un ejemplo de pulsiones yoicas y sexuales:
El chupeteo es una forma de las exteriorizaciones sexuales. Freud dice que el niño chupetea para
satisfacer la pulsión yoica (comer) y luego de repetir este acto varias veces, a parte de satisfacer esa
pulsión, comienza a sentir placer. Hay una pulsión sexual que se agarró de donde estaba la pulsión
yoica.
Las pulsiones sexuales son más numerosas y dependen de las zonas erógenas porque su objetivo es
darle placer a algún órgano. Nacen de las pulsiones yoicas.
En un principio estas pulsiones son parciales, es decir son independientes unas de otras, pero
llegada la madurez sexual estas se unifican para llegar a la reproducción, donde se requiere de
varias partes del cuerpo juntas.
El mecanismo de defensa de la represión.
El mecanismo de defensa va a defender a la consciencia de aquello que genera padecimiento,
displacer, traumas, etc. Para esto hay tres fases, tres momentos de la represión:
- Fase 1: represión primordial o primaria. Se encarga de reprimir al representante psíquico de
la pulsión, esto lo logra divorciando al representante psíquico de su monto de afecto, de lo
que le da energía.
La represión primordial reprime al representante psíquico de la pulsión, pero esta parte
tiene energía y hace que reprimirla no sea tan fácil, entonces la represión le saca el afecto al
representante psíquico, lo debilita y así lo logra reprimir.
Para lograr eso requiere del mecanismo de contrainvestidura, que es un mecanismo que va
en contra de la energía que le quedó al representante psíquico y así lo envía al inconsciente.
La represión primordial es fundadora del inconsciente dinámico.
Freud postula tres características de la represión primordial: es eficaz, construye al
inconsciente dinámico y funciona como un polo de atracción para lo que quiere reprimir
(atrae lo que quiere reprimir).
- Fase 2: represión secundaria. Se encarga de los restos, los retoños de lo primordialmente
reprimido, lo que quedó de la primer represión. Para reprimir estos restos se necesitan
cuatro cosas: dos polos y un mecanismo.
Un polo es el polo de la atracción, que se encuentra en lo inconsciente y atrae aquello que
falta reprimir, y el otro polo es el polo de repulsión, que se encuentra en la consciencia y que
repele (se saca de encima) lo que quiere reprimir.
El primer mecanismo es el mecanismo de sustracción de investidura preconsciente y el
segundo mecanismo es el mecanismo de contrainvestidura.
Cualquier representación se constituye por dos investiduras: una preconsciente y otra
inconsciente.
El mecanismo de sustracción de investidura preconsciente intenta debilitar los retoños
sacándoles la posibilidad de salir a la consciencia cuando quieran, les saca la investidura
preconsciente. Así la represión no puede salir a la consciencia tan fácil, permite que sea más
fácil reprimir la representación porque sólo queda la investidura inconsciente.
La contrainvestidura termina de debilitar por completo al retoño.
Freud dice que esta represión secundaria tiene tres características principales: es
individual, es decir que reprime retoño por retoño; es móvil, es un gasto de energía
constante, no se reprime una vez sino que es un bucle; y falla, no es tan eficaz como la
primera represión, esta falla es la que da lugar a la tercera fase.
- Fase 3: retorno de lo reprimido. Como la fase 2 falla, lo inconsciente, sale a la consciencia,
desfigurado por el proceso primario (desplazamiento y condensación).
Del texto “tres ensayos…” vamos a ver dos de los apartados: las etapas del desarrollo
libidinal y las exteriorizaciones sexuales.
La primer etapa es la etapa oral, la zona erógena es la zona de la boca. El niño reconoce el mundo
por la boca (por eso los nenes se llevan todo a la boca y lo chupan).
La segunda etapa es la etapa anal, la zona erógena se desplaza al ano. En esta etapa se encuentra la
teoría sexual de la cloaca, es una idea que tienen los niños de pensar que los bebés nacen por el
ano, justamente porque en esta etapa todo se rige por el ano. Los niños sienten placer tanto en la
expulsión como en la retención, porque empiezan a darse cuenta de que es lo único sobre lo que
tienen control.
La tercera etapa es la etapa fálica, donde se da el complejo de Edipo (se reprime la sexualidad) y el
complejo de castración, la zona erógena en esta etapa son los genitales. La distinción sexual es
entre lo masculino (que tiene pene) y lo castrado (que no tiene pene), Freud dice que sólo se asume
lo femenino con la madurez sexual. En esta etapa encontramos la teoría de la supremacía fálica, es
la idea que tienen los niños de que todo tiene pene, a todo se le atribuye un pene (mamá, papá, la
silla, etc.) y aquello que no lo tiene, algo habrá hecho, porque debería tenerlo.
La cuarta etapa es el período de latencia, no surgen nuevas zonas erógenas, esta todo preparandose
para la madurez sexual.
Freud dice que las exteriorizaciones sexuales son: el chupeteo y el autoerotismo.
Freud dice que el acto de succionar, en un primer momento, el niño lo realiza para satisfacer las
pulsiones de autoconservación. El chupeteo puede durar toda la vida y en un momento, luego de
que se lleva a cabo repetidas veces, el niño empieza a sentir placer en esa succión, entonces
empieza a succionar por dos motivos: para satisfacer la pulsión yoica y para satisfacer la pulsión
sexual.
El momento en el que el niño empieza a discernir, a distinguir, entre succionar el pecho para
alimentarse de succionarlo porque le da placer, es donde empieza el autoerotismo.
Con el autoerotismo, el niño, deja de depender de un otro, no requiere que esté la madre para
recibir placer, sólo necesita su propio cuerpo. El autoerotismo toma a su propio cuerpo como
objeto, le permite al niño independizarse del otro, Freud va a decir que se multiplican las zonas
erógenas, porque se empieza a succionar otras partes del cuerpo (el brazo, el dedo, el pie, etc.), hay
más partes del cuerpo que le dan placer.
Freud dice que la noción del cuerpo que tiene el niño en este momento, es la noción de cuerpo
fragmentado, no hay una unidad corporal, estamos divididos, fragmentados, el niño no se visualiza
íntegramente, sino por partes. La noción del cuerpo es un cuerpo fragmentado y por ende las
pulsiones son parciales (independientes unas de otras, cada una tiene un objetivo que es darle
placer a un órgano determinado). En esta etapa del erotismo no hay unidad yoica, no hay un yo,
todavía no está constituido.
El autoerotismo es el período previo al narcisismo, es como se encuentran el cuerpo y la psiquis
antes del narcisismo.
El sujeto está en la etapa autoerótica, se toma el cuerpo como objeto. Para que se de el pasaje del
autoerotismo al narcisismo primario se requiere de la añadidura de un nuevo acto psíquico,
se requiere que el niño lleve a cabo lo que Freud llama identificación primaria, esto es una
identificación donde el niño toma a un otro como modelo a seguir, se identifica como esa otra
persona, quiere ser como esa persona.
Freud dice que esta identificación es total, es decir el niño quiere ser exactamente igual que esa
persona con la que se identifica. Esta identificación se da tanto con la función paterna como la
función materna y va a ser lo que da lugar al narcisismo primario.
El niño se identifica con una persona y cuando la ve, ve un cuerpo unificado, por eso en el
narcisismo se da la unificación del cuerpo.
La identificación primaria y el narcisismo primario se dan una sola vez en la vida, es estructural, se
forma el yo, y eso se forma una sola vez en la vida.
Se da la síntesis pulsional, las pulsiones empiezan a tener dependencia, un objetivo en común, no
son sólo pulsiones aisladas, ya hay un todo unificado.
El yo que se construye, Freud lo llama el yo del narcisismo, un yo unificado, un yo que gobierna la
consciencia, que busca regularla con el mecanismo de represión, que gobierna nuestra motricidad y
pone en marcha las resistencias que impiden que el inconsciente vuelva, es un yo unificado
(después el yo lo cambia y se divide en lo que sería el ello y el superyo).
El narcisismo primario se constituye con la añadidura de un nuevo acto psíquico que es la
identificación primaria, el nene aprende a identificarse.
Todo esto da lugar a que las pulsiones tengan dos caminos para elegir sus objetos:
- El camino narcisista va a tomar como objeto al propio cuerpo y así se pone en juego la libido
yoica, es decir que la energía queda dentro nuestro, posicionamos la energía en nuestro
propio cuerpo, la libido queda en nuestro cuerpo.
- El camino de apuntalamiento va a tomar a un objeto externo, ajeno al propio cuerpo.
Acá aparece el dualismo pulsional, va a decir que la pulsión tiene dos caminos: narcisista y
apuntalamiento. Si toma el narcisista, se toma la libido yoica, por lo cual se empobrece la libido de
objeto. Y si toma la de apuntalamiento, se toma la libido de objeto, por lo cual se empobrece la
yoica. Si se toma una no se puede tomar la otra.
El narcisismo secundario se da a lo largo de toda la vida, porque es la vuelta de la libido de
objeto al yo, es decir, acá trabaja la reversibilidad de la libido, tiene que ver con la reutilización de
la energía, la posibilidad de que cuando vuelva la energía se pueda volver a usar.
Por ejemplo, cuando perdemos una mascota, la libido que teníamos depositada en ella, tiene que
volver a nosotros y a partir de ahí la vamos a poder reutilizar y depositar en otra mascota.
En el segundo momento del trauma, Freud postula que lo traumático se va a relacionar con
una fantasía sexual de la infancia y lo relaciona con el caso Dora. Es el trauma en función de la
histeria.
Esta fantasía sexual infantil va a ser reprimida porque es inconciliable y va a dar lugar a un síntoma
histérico que va a tener por característica ser un compuesto, esto quiere decir que está formado por
dos elementos:
1. Lo corporal: un elemento corporal, una parte del cuerpo.
2. El sentido: algo que le de significación a ese síntoma.
Freud dice que estos dos elementos se unen por la fantasía sexual, porque el síntoma es lo
reprimido saliendo a la consciencia (la fantasía sexual). La fantasía sexual infantil produce una
sobreestimulación de una zona erógena, una zona corporal y ésta sobreestimulación de la primera
infancia va a generar una predisposición somática.
El síntoma no se genera en cualquier zona sino que tiene una correlación con esa zona
sobreestimulada.
Caso Dora: después de mucha terapia, Freud termina llegando a un momento de la infancia de
Dora, donde ella se encontraba chupándose el dedo gordo de su mano y al mismo tiempo le tiraba
de la oreja al hermano, y esto lo había reprimido porque asociaba el placer con su hermano.
Los síntomas que tiene Dora es dolor de garganta, porque fue la zona estimulada en la fantasía
sexual reprimida. Entonces, lo corporal de la histeria se pone sobre la zona sobreestimulada en la
fantasía sexual infantil.
Segundo momento de la angustia. Segunda versión de la angustia.
A partir de 1900, con el inicio del principio del placer, Freud dice que la angustia es una
problemática psíquica y que la causa es la represión. Frente a una situación inconciliable,
reprimimos y surge la angustia.
Freud dice que hay dos tipos de angustia: la angustia realista y la angustia neurótica.
- La angustia realista la plantea con la angustia señal, que es justamente un estado de alerta,
de señal ante un peligro próximo. Freud dice que este peligro tiene que ser real, coherente.
Es una angustia realista, común a todos, se espera que todos la tengamos para evitar lo
peligroso, para poder huir del peligro.
- En la angustia neurótica Freud distingue dos tipos:
- La angustia libremente flotante: la angustia (malestar, displacentera) se intenta
resolver anudandose a cualquier objeto de la realidad, es cualquier objeto, no tiene
explicación. No tiene lógica el enlace con el objeto (porque el objeto no tiene
peligro).
- La angustia expectante: es una fobia, ese malestar se anuda a un objeto determinado
que tiene que ver con el peligro.
En el caso de Juanito, la vivencia peligrosa es que el padre lo quiere castrar, entonces anuda la
angustia al caballo, Juanito tiene miedo que el caballo lo muerda, esa mordida representa la
castración, por eso es una angustia expectante, porque tiene lógica.
Entonces, pasamos de una angustia física, producida por el coito interrumpido a una angustia
psíquica, constituida por la angustia neurótica y la expectante.
Tercer tiempo (1920 en adelante) - Psicoanálisis.
Se da la ruptura del principio del placer porque Freud observa ciertos conflictos que él no había
tenido en cuenta. El pasaje se da de uno al otro porque ve obstáculos, los pacientes tienen
resistencias para contar su vivencia traumática y no se puede resolver bajo el principio del placer.
Freud se da cuenta de qué estos obstáculos eran resistencias que los pacientes no sabían porque
decían. Se empieza a preguntar si no habrá otro inconsciente, se empieza a preguntar de dónde
vienen esos obstáculos.
Piensa que hay otro inconsciente de dónde viene lo que no está reprimido, por eso sale de otra
forma y no lo puede trabajar. Empieza a pensar en la segunda tópica, el yo del narcisismo, que
era unificado, ahora lo plantea como una división entre una parte consciente y otra inconsciente, y
de este inconsciente es de dónde salen estas cosas que no podía resolver.
Freud antes decía que todo lo reprimido es inconsciente y todo lo inconsciente reprimido. Ahora
dice todo lo reprimido es inconciente pero no todo lo inconsciente reprimido, puede ser reprimido
pero la otra opción es que sea el inconciente estructural, el ello, ese inconsciente que nunca fue
reprimido. Estos obstáculos le permiten pensar en la segunda tópica, la segunda cara del aparato
psíquico, no sólo hay un preconsciente, una conciencia y un inconsciente, sino que también un yo,
un ello y un superyó.
La segunda tópica está conformada por el ello, el yo y el superyo, Freud dice que el yo del
narcisismo no está unificado, está dividido y de esta división es que se explica este problema.
Tenemos un yo consciente y un yo inconsciente. Esta parte Freud la llama el núcleo inconsciente
del yo, el ello, el inconsciente estructural.
El yo, la parte consciente, gobierna la conciencia, la motricidad, la represión y las resistencias (todo
eso viene del narcisismo) y esta instancia del yo es una instancia que intenta ser moral, intenta
complacer a todo el mundo, intenta cumplir con las exigencias de sus vasallos (el mundo exterior,
el superyó y el ello). Estas tres instancias, estos tres vasallos, le piden cosas, le exigen y el yo intenta
cumplirlas, por eso intenta ser moral.
Es como si el yo fuera la personita, el ello es el diablito y el superyó es el angelito.
El yo, para lograr hacer todo eso utiliza energía que le presta el ello. Freud dice que del yo se
desprenden 3 resistencias yoicas al análisis, pero que estas no son un problema, son totalmente
salteables y se pueden poner en palabras. Estas tres resistencias yoicas son la resistencia a la
transferencia (transferencia negativa), la resistencia a la represión y la resistencia a la ganancia del
beneficio secundario del síntoma. Sin embargo, estas resistencias se pueden saltar, no pasa nada,
no impiden el trabajo del analista.
Tenemos al ello o núcleo inconsciente del yo, que es la instancia más antimoral de todas, el ello es
el inconsciente esctructural, el inconsciente que no es reprimido. De esta instancia del ello, surge la
compulsión a la repetición, el mecanismo de compulsión a la repetición, este mecanismo repite una
y otra vez lo mismo para intentar tramitar lo que no se pudo tramitar, ligar lo no ligado. El ello es
reservorio pulsional, se encuentran todas las pulsiones juntas.
En el ello se ubican las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte, por eso el yo funciona con la
energía que le da el ello, el ello le presta energía pulsional tanto al yo como al superyó.
Del ello sale una resistencia al análisis: la resistencia a la compulsión de repetición de
transferencia. Esta resistencia, Freud la llama resistencia estructural, significa que no se puede
levantar, es un obstáculo permanente.
El superyó es la instancia más moral de todas, Freud va a decir que más allá de que sea moral, al
mismo tiempo es la instancia más sádica, más problemática, porque cuanto más le exige a yo y el yo
menos cumpla con esas exigencias (o no las pueda cumplir) el superyó se vuelve sádico y va a
producir sentimientos de culpa y necesidad de castigo en el sujeto por qué no cumple con las
exigencias. Igualmente la exigencia del superyó nunca para, siempre pide más, por más que uno
intente, nunca se satisface.
Como es moral intenta ser el abogado entre el yo y el ello, va a intentar que el ello no le pida tantas
cosas inmorales al yo. Va a tratar de regular al ello, porque acá no hay represión encontences lo que
lo controla es el superyó.
El superyó es el heredero del complejo de Edipo, se forma a partir del complejo de Edipo. Cuando
termina el complejo de Edipo, los niños incorporan las reglas, las normas, y eso forma el carácter
del superyó.
El superyó también tiene una resistencia estructural, una resistencia que obstaculiza la asociación
libre, no la podemos levantar. Es la reacción terapéutica negativa.
Entonces tenemos en total 5 resistencias, 3 yoicas, 2 estructurales (una del ello y otra del
superyó).
El superyó también es reservorio pulsional de pulsiones de muerte, del superyó se desprende el
masoquismo, por eso el superyó castiga.
La segunda tópica, no sustituye a la primera sino que la complementa.
Aparte de la segunda tópica, trae el texto “más allá del principio del placer”. En ese texto no
hay represión. Hablamos de un placer de otra índole, un placer por medio del padecimiento, del
dolor. Ahí está el tema de los síntomas ¿Por qué Elizabeth sentía placer en su dolor? ¿Por qué Dora
incrementaba sus síntomas? Hay una ganancia en el displacer.
Freud dice que más allá del principio del placer no hay represión pero hay compulsión a la
repetición que va a intentar ligar no ligado. Freud dice que no hay cura total, siempre queda algo
sin ser tramitado por las dos resistencias estructurales, porque la compulsión a la repetición
intenta ligarlo (aunque no lo logra) por eso vuelve una y otra vez lo traumático. Una y otra vez el
sujeto de la guerra sueña lo mismo, para ligarlo, para tramitar eso displacentero.
En el principio del placer tenemos el retoño de lo reprimido, donde vuelve distorsionado pero
ahora no vuelve distorsionada, por eso el eterno retorno del igual es un inconsciente no reprimido,
vuelve tal cual. La compulsión a la repetición es otro mecanismo de defensa.
Los tres ejes clínicos que Freud plantea en el tercer tiempo son: el juego infantil, la compulsión a
la repetición y los sueños traumáticos. Estos son los tres ejemplos que usa para justificar los
cambios en su teoría.
El juego infantil se divide en dos: por un lado tenemos el juego completo (fort da /arrojar y traer),
que se ubica dentro del principio del placer; y por el otro tenemos el juego incompleto (fort /
arrojar), que corresponde a más allá del principio del placer.
Freud observa el juego infantil en su nieto, él jugaba al “fort da”, pero muchas veces solo jugaba a
tirar los juguetes (fort), entonces Freud intenta entender esa compulsión a la repetición de tirar los
juguetes sin traerlos de vuelta. Freud empieza a pensar que de esa repetición constante se intenta
tramitar algo que el nene no pudo tramitar (compulsión a la repetición en transferencia), en este
caso, lo traumático es la partida de la madre. Esto que se vive de manera pasiva en la cotidianeidad
se vive de manera activa durante el juego, porque el nene domina los juguetes, intenta ligar lo no
ligado mediante la compulsión a la repetición.
Entonces en el juego infantil el nene repite una y otra vez algo que en teoría no le causa placer, es
decir, repite una y otra vez algo que le es displacentero, pero tiene que haber una ganancia porque
sino no lo haría.
Siempre queda un resto del trauma que no se puede ligar pero igual hay un mecanismo para
ligarlo: la compulsión a la repetición, ésta repite una y otra vez la misma vivencia para ligar lo que
no se pudo ligar.
Es importante entender que con más allá del principio del placer, el principio del placer no es
reemplazado por este, sino que ambas teorías coexisten juntas.
Con los sueños traumáticos empieza la segunda teoría de los sueños. A Freud se le presentan
pacientes que sueñan cosas traumáticas y comienza a pensar qué puede ser eso, porque él pensaba
que el sueño era el guardián del dormir y el cumplimiento del deseo.
En la segunda teoría de los sueños, el sueño ya no es el guardián del dormir, porque los pacientes
no quieren dormir para no soñar cosas traumáticas, tampoco están desfigurados, ya que el
inconsciente es el del ello (el que no está reprimido), y el suño no es el cumplimiento del deseo.
Mediante el sueño se intenta ligar lo no ligado, se hace aparecer la angustia que no hubo durante la
vivencia traumática porque fue algo terrorífico. Se repite una y otra vez el sueño traumático para
ligar lo no ligado.
En la segunda teoría de los sueños, los sueños son un intento de cumplimiento. La primera y la
segunda teoría de los sueños coexisten, sigue habiendo sueños de representaciones inconscientes
desfiguradas.
Diferencia entre repeticiones:
- En 1914, Freud postula la repetición en transferencia que tiene que ver con la transferencia.
Cuando se establece la neurosis de transferencia (transferencia positiva) lo que genera es un
motor de análisis que se encamina hacia la cura, pero cuanto más nos acercamos al grupo
patógeno, más resistencias encontramos, porque vamos en contra del aparato psíquico (no
quiere que las cosas salgan y por eso se producen resistencias). Esas resistencias hacen que
la transferencia se vuelva negativa, las sesiones se vuelven hostiles, el paciente se queja,
pone resistencias, no le gustan las sesiones, etc. Ésta se encuentra dentro del principio del
placer porque no hay nada displacentero y así la resistencia se cae, sale lo displacentero. En
el segundo tiempo, la transferencia es un obstáculo.
- En 1920, Freud postula la repetición en transferencia como mecanismo que intenta ligar lo
no ligado, intenta solucionar problemas.
El complejo de Edipo tiene que ver con lo que trabajamos en “tres ensayos…”, con las 4 etapas
del desarrollo libidinal. Freud dice que tanto el complejo de castración como el complejo de
Edipo, son procesos diferentes para niña y niño, pero tienen en común que el primer objeto de
amor es la madre.
En el niño se da primero la etapa fálica, luego el complejo de Edipo y por último el complejo de
castración.
El niño ingresa a la etapa fálica, el objeto de amor es la madre y la quiere poseer, quiere poder
establecer un vínculo con ella (besarla, abrazarla, dormir con ella, etc.), para eso se va a identificar
de forma primaria, de forma total con quien ya posee a su objeto de amor, con su padre. Toma al
padre como modelo a seguir para que su mamá lo elija a él. En esta identificación primaria se
ponen en juego sentimientos tiernos, el padre y elijo tienen un buen vínculo, tierno, se llevan bien.
El niño empieza a descubrir su cuerpo y le regala la masturbación a su objeto de amor como
conquista, se masturba adelante de su madre. Ahí es cuando comienza a ver al padre como rival, ya
no lo quiere, para el niño es un obstáculo.
Cuando el niño empieza a mostrar la masturbación, empieza el complejo de castración. La amenaza
de castración produce el sepultamiento del complejo de Edipo en el varón. Esta amenaza se
constituye como real cuando el niño ve el genital femenino y cree que a ellas ya les cortaron el pene
y que a él también se lo van a cortar. Ahí se desprende la angustia, por un peligro inminente al que
tiene que responder, del que tiene que huir. El niño tiene dos opciones: continuar con la
masturbación, recibir placer y que le corten los genitales; o reprimir la sexualidad y el incesto, y
conservar los genitales y el amor de sus padres.
Frente a la amenaza de castración se origina el complejo de castración, la angustia ante el peligro
de que le corten los genitales y la represión de la sexualidad. Acá podemos ver como Freud
introduce la tercera versión de angustia, donde se da primero la angustia y después la represión.
Cuándo el niño reprime la sexualidad se da la identificación secundaria, la cual es una
identificación parcial. El sujeto toma rasgos particulares del otro, porque este otro ya no es
perfecto, tiene defectos, y por eso el sujeto ya no quiere ser exactamente igual a él. A partir de esta
identificación es que se forma el carácter del sujeto y se construye el superyó (heredero del
complejo de Edipo). El superyó del varón es un superyó fuerte, poco manipulable porque se forma
por este hecho contundente de la amenaza de castración.
La represión de la sexualidad deja fantasías sexuales inconscientes (retorno de lo que se intenta
reprimir, los restos) que sirve como la base de la sexualidad de la pubertad.
En la niña se da primero la etapa fálica, luego el complejo de castración y por último el complejo de
Edipo.
Freud plantea que el primer objeto de amor es la madre y cuando la niña entra en la etapa fálica se
empieza a masturbar. La represión de la sexualidad de la niña se da por decisión propia, cuando
por azar se choca con un genital masculino y se da cuenta que el otro tiene algo que ella debería
tener y no tiene. Así se da cuenta que le falta algo, se siente “mal hecha”, deja de practicar la
masturbación porque seguir practicándola la lleva a pensar en su falta, entonces reprime la
sexualidad para no recordar que hay algo que no tiene (envidia del pene, angustia).
A la niña le genera angustia recordar que no tiene pene, entonces culpa a su objeto de amor (su
madre) por haberla hecho incompleta y se da el desplazamiento del objeto de amor, el nuevo objeto
de amor pasa a ser el padre porque este sí tiene pene, sí está completo. Ahí comienza el complejo de
Edipo, el deseo de la niña es poder relacionarse con el padre para que le de su pene, es sacarle el
pene para que la complete. Esto no sucede y la niña empieza a buscar tener un hijo varón, con
pene, de su padre. Esto último tampoco sucede.
El complejo de Edipo en la niña no se soluciona, con el paso del tiempo la niña se da cuenta que no
va a poder tener pene, que no va a tener un hijo con el padre y corta el vínculo. A partir de ahí se
dan tres posibles salidas:
- Salida de la femineidad: la niña asume su falta y se identifica de forma secundaria con quien
no tiene pene (su madre).
- Salida de la masculinidad: la niña desmiente la falta por completo, dice que tiene pene pero
que es chiquito y se identifica con quien tiene pene (su padre).
- Inhibición sexual: la niña no se identifica ni con la madre ni con el padre.
En el mismo apartado donde Freud habla de los sueños traumáticos dentro del más allá del
principio del placer, Freud hace una distinción muy importante entre miedo, angustia y terror
que surgen frente a diferentes vivencias y suelen confundirse.
Freud nos da ciertas definiciones.
La angustia aparece cuando hay que prevenir, es una prevención, una anticipación ante un peligro
que está por venir. Nos angustiamos de modo anticipado, nos pone alerta ante un peligro
inminente (angustia señal).
El miedo es una sensación que surge en presencia de algo determinado (una vivencia o un objeto),
tenemos miedo frente al objeto que nos da miedo, no cuando este no está.
El terror tiene por característica principal la sorpresa, surge cuando hay una vivencia que irrumpe,
algo que no se puede prevenir, por ej, un atentado. Cosas que uno no es capaz de anticipar.
Freud postula estos tres aspectos para explicar los sueños traumáticos, ya que estos intentan
presentar la angustia que la vivencia terrorífica nunca ocasionó, para que pueda ser tramitada.
Habíamos nombrado las resistencias, Freud plantea 5 resistencias (3 del yo, 1 del ello y 1 del
superyó).
Freud las divide en dos grupos: resistencias yoicas y resistencias estructurales.
Las diferencia porque a causa de las resistencias estructurales es que el cambia su teoría
radicalmente. La diferencia principal entre estas resistencias es que parten de instancias distintas,
las yoicas vienen del yo y las estructurales una del ello y la otra del superyó.
En el caso de las resistencias yoicas son resistencias que se pueden sobrellevar, no son un
obstáculo. Son resistencias que surgían pero Freud las podía trabajar. Si estas resistencias fueran
las únicas, la cura sería total.
Sin embargo, en 1920 surge el empobrecimiento de la asociación libre y el advenimiento de nuevas
resistencias que hacen que la asociación libre se empobrezca, estas resistencias son las
estructurales. A diferencia de las resistencias yoicas, las estructurales no se pueden saltear, son
permanentes, generan un problema que no podemos resolver. Por eso mismo, a partir de este
momento la cura cambia, porque ya no hay solo resistencias saltables sino que también hay
resistencias permanentes. Es por eso que la cura ya no puede ser total, es parcial, siempre hay algo
que queda sin resolver.
Ambas resistencias se encuentran en todos los sujetos.
Las resistencias yoicas son 3:
- Resistencia de la transferencia: es como la transferencia positiva, de amor, la buena relación
establecida con el analista, se vuelve negativa, como un obstáculo a medida que nos
acercamos al núcleo patógeno, entonces la transferencia se vuelve negativa para que no
lleguemos a lo inconsciente. Pero esto se puede reconstruir, volver a transformar la
transferencia negativa en positiva y continuar con la terapia hasta terminar con el síntoma.
- Resistencia de la represion: se reprime lo inconsciliable, pero esta represion falla y se da un
advenimiento de lo icc a lo consciente (retorno de lo reprimido).
- Resistencia de la ganancia secundaria del síntoma: es una ganancia colateral del síntoma,
verle el lado “bueno” al padecimiento.
Dos resistencias estructurales:
- Resistencia del ello, resistencia a la reelaboración o resistencia al levantamiento de las
resistencias: surge cuando intentamos levantar resistencias, cuando abramos camino en el
tratamiento, surgen más resistencias. Se relaciona con la compulsión a la repetición, porque
esta repite una y otra vez lo mismo con el objetivo de ligar lo no ligado. Es el eterno retorno
de lo igual, que termina siendo un obstáculo permanente para el sujeto y el tratamiento.
- Resistencia del superyó, reacción terapéutica negativa o ganancia primaria del síntoma:
plantea que está muy relacionada con la pulsión de muerte, con el masoquismo. Freud
observa esta resistencia porque había pacientes que estaban por llegar al momento de cura
y empezaba a haber un retroceso, empezaban a tener nuevos síntomas o a querer dejar la
terapia, esto es la reacción terapéutica negativa, cuando el paciente quiere seguir enfermo
porque hay una ganancia en el padecimiento (la positiva sería terminar el tratamiento).
El masoquismo en sus tres versiones (erógeno, femenino y moral) se desprende de la instancia
del superyó, una instancia problemática y sádica, ultra moral, que le brinda muchas exigencias al
yo y cuando éste no las cumple se emiten sentimientos de culpa y necesidad de castigo.
En sí, el masoquismo es una forma de expresión de la pulsión de muerte y se trabaja en función de
más allá del principio del placer, se refiere a obtener placer por medio del dolor, un placer para el
sistema inconsciente y un displacer para el sistema consciente.
Tanto el masoquismo femenino como el erógeno, son formas de masoquismo relacionados con la
sexualidad. En un primer momento, Freud nombra el masoquismo erógeno, dice que es un
masoquismo sexualizado, un masoquismo base de todos los otros masoquismos. El masoquismo
erógeno se va a basar en obtener placer por medio del dolor sexual, es ir fluctuando entre la
posición pasiva y activa de una relación sexual.
El segundo masoquismo sexualizado es el femenino, el nombre “femenino” no es porque se lo
relacione con la mujer en un sentido estricto, sino porque corresponde a un masoquismo donde el
actor es el hombre. Le pone el nombre de “femenino” porque este masoquismo se relaciona con la
idea de la pasividad dentro de la relación sexual y la pasividad esta relacionada con el sexo
femenino, por lo que este masoquismo invita al hombre a posicionarse en el rol de la mujer, en el
lugar pasivo, durante la relación sexual.
El masoquismo moral es un masoquismo arraigado a los pensamientos, arraigado a lo cognitivo, no
está para nada sexualizado por lo que no hay placer por medio del placer sexual. Está relacionado
con el sentimiento de culpa que emite el superyó cuando el yo no cumple con sus exigencias.
Por medio de estos masoquismo es que la pulsión de muerte se puede exteriorizar.
A partir del empobrecimiento de la asociación libre, del pasaje del principio del placer a más allá
del principio del placer, de la construcción de la segunda tópica, Freud logra conceptualizar un
nuevo dualismo pulsional, el tercer dualismo pulsional, que se da entre pulsiones de vida y
pulsiones de muerte.
El primer dualismo pulsional entre pulsiones de autoconservación y pulsiones sexuales, Freud las
diferenciaba porque las yoicas servían para conservar la vida del individuo, para que el sujeto
pueda sobrevivir en el ambiente en el que se encontraba, por otro lado, el objetivo de las pulsiones
sexuales era alcanzar la satisfacción para lograr el placer de un órgano.
En el tercer dualismo pulsional, a partir de 1920, Freud plantea que las pulsiones se dividen en dos
grupos distintos: las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte y dice que ya no considera la
distinción que hizo en el primer dualismo pulsional porque tanto las pulsiones yoicas como las
sexuales conservan la vida del individuo en el contexto en el que éste se encuentra. Entonces, a las
pulsiones yoicas y las sexuales las agrupa dentro de las pulsiones de vida, tanto la sexualidad como
la pulsión del hambre, de la sed, etc. conservan la vida del individuo.
Además plantea que tanto las pulsiones de vida como las pulsiones de muerte, son necesarias. No
puede haber pulsión de vida sin pulsión de muerte, plantea una simbiosis.
Por otro lado, tenemos la pulsión de muerte, Freud plantea que esta pulsión es muda, es muy difícil
reconocerla y ubicarla, y plantea que esta pulsión se va a exteriorizar por medio del masoquismo y
del sadismo, por eso esta pulsión se encuentra reservada en el superyo. La pulsión de muerte se
relaciona con los tres tipos de masoquismo.
En este dualismo entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte, Freud dice que hay una simbiosis
porque se requiere de algo orgánico para tender a lo inorgánico y viceversa. Ambas pulsiones se
ubican en el ello.
El tercer momento del trauma y la tercera versión de angustia son dos conceptos que van
totalmente ligados.
En el tercer momento del trauma, se habla de que lo traumático no es lo externo, no es la vivencia
inconciliable, sino que el trauma viene del interior del cuerpo. Freud va a plantear que lo
traumático es lo que está dentro del sujeto. Si bien va a haber una vivencia externa, esta vivencia no
es lo traumático, no es lo inconciliable, sino que esto es lo que esa vivencia genera dentro del
individuo, el displacer interno del sujeto es lo traumático, la gran cantidad de displacer que se
produce es lo que genera el trauma.
El trauma en el tercer momento viene del interior del sujeto. Lo traumático son los volúmenes
hipertróficos de excitación, que vienen del interior del cuerpo e irrumpen en el aparato psíquico.
Freud a partir de esto explica que previo a esto él encuentra al aparato psíquico constituido por un
esquema denominado esquema de percepción concepción-consciencia, una barrera anti-estímulos
que regula los estímulos del exterior, qué estímulo ingresa y cuál no, pero esta barrera no regula
estímulos internos, es decir no regula placer o displacer, es por eso que estos volúmenes
hipertróficos de excitación, porque no hay nada que los regule, nada que pueda mantenerlos en su
lugar, controlarlo.
Entonces, Freud plantea que los volúmenes hipertróficos de excitación, el displacer, la angustia,
irrumpen en el aparato y no se puede regular, porque la barrera sólo regula lo que viene del exterior
del cuerpo, no lo que viene del interior. Así se genera mucha cantidad de displacer que produce una
perturbación económica, hay demasiada cantidad de displacer, en tal grado que no se puede
apaciguar y adviene el trauma, la perturbación económica, el dolor psíquico, se desestabiliza por
completo el aparato psíquico.
En síntesis, Freud observa que hay una vivencia inconciliable externa que produce volúmenes
hipertróficos de excitación, gran cantidad de displacer que proviene del interior del cuerpo,
angustia, que va a romper el equilibrio, la economía del aparato psíquico y va a dar lugar al trauma.
El estímulo es algo externo de lo que el sujeto puede huir, por otro lado la pulsión es interna y de
ella no se puede huir. La pulsión displacentera (la angustia), viene del interior del cuerpo, por lo
cual el sujeto no puede huir y se produce la perturbación económica, el trauma, etc.
Freud va a plantear que la única forma para solucionar el trauma es mediante la proyección, el
mecanismo de proyección es un mecanismo que se usa para exteriorizar aquel displacer, así cuando
yo lo proyecto al exterior lo anudo a una representación. Entonces, hay que tomar el displacer, esa
pulsión interna, proyectarla al exterior y posicionarla en un objeto, en una vivencia externa. De esta
manera se transforma algo interno en algo externo, algo de lo que se puede huir.
Todo esto Freud lo relaciona con el caso Juanito, quien había desarrollado una angustia a causa del
complejo de castración. El niño se encontraba en el complejo de Edipo, en el período incestuoso y
el padre le emite la ley de castración, es decir que le van a cortar el pene y es la vivencia
inconciliable de Juanito, es la vivencia que despierta los volúmentes hipertróficos de excitaciones
(angustia de castración) que generan un trauma. Juanito tiene que tramitar todo esto de alguna
manera, proyectando parte de este displacer, de esto inconciliable al exterior y lo anuda al caballo.
Juanito desarrolla una fobia a los caballos y particularmente un miedo a la mordida del caballo,
que representa a la castración.

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