Por otro lado, tenemos la pulsión de muerte, Freud plantea que esta pulsión es muda, es muy difícil
reconocerla y ubicarla, y plantea que esta pulsión se va a exteriorizar por medio del masoquismo y
del sadismo, por eso esta pulsión se encuentra reservada en el superyo. La pulsión de muerte se
relaciona con los tres tipos de masoquismo.
En este dualismo entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte, Freud dice que hay una simbiosis
porque se requiere de algo orgánico para tender a lo inorgánico y viceversa. Ambas pulsiones se
ubican en el ello.
El tercer momento del trauma y la tercera versión de angustia son dos conceptos que van
totalmente ligados.
En el tercer momento del trauma, se habla de que lo traumático no es lo externo, no es la vivencia
inconciliable, sino que el trauma viene del interior del cuerpo. Freud va a plantear que lo
traumático es lo que está dentro del sujeto. Si bien va a haber una vivencia externa, esta vivencia no
es lo traumático, no es lo inconciliable, sino que esto es lo que esa vivencia genera dentro del
individuo, el displacer interno del sujeto es lo traumático, la gran cantidad de displacer que se
produce es lo que genera el trauma.
El trauma en el tercer momento viene del interior del sujeto. Lo traumático son los volúmenes
hipertróficos de excitación, que vienen del interior del cuerpo e irrumpen en el aparato psíquico.
Freud a partir de esto explica que previo a esto él encuentra al aparato psíquico constituido por un
esquema denominado esquema de percepción concepción-consciencia, una barrera anti-estímulos
que regula los estímulos del exterior, qué estímulo ingresa y cuál no, pero esta barrera no regula
estímulos internos, es decir no regula placer o displacer, es por eso que estos volúmenes
hipertróficos de excitación, porque no hay nada que los regule, nada que pueda mantenerlos en su
lugar, controlarlo.
Entonces, Freud plantea que los volúmenes hipertróficos de excitación, el displacer, la angustia,
irrumpen en el aparato y no se puede regular, porque la barrera sólo regula lo que viene del exterior
del cuerpo, no lo que viene del interior. Así se genera mucha cantidad de displacer que produce una
perturbación económica, hay demasiada cantidad de displacer, en tal grado que no se puede
apaciguar y adviene el trauma, la perturbación económica, el dolor psíquico, se desestabiliza por
completo el aparato psíquico.
En síntesis, Freud observa que hay una vivencia inconciliable externa que produce volúmenes
hipertróficos de excitación, gran cantidad de displacer que proviene del interior del cuerpo,
angustia, que va a romper el equilibrio, la economía del aparato psíquico y va a dar lugar al trauma.
El estímulo es algo externo de lo que el sujeto puede huir, por otro lado la pulsión es interna y de
ella no se puede huir. La pulsión displacentera (la angustia), viene del interior del cuerpo, por lo
cual el sujeto no puede huir y se produce la perturbación económica, el trauma, etc.
Freud va a plantear que la única forma para solucionar el trauma es mediante la proyección, el
mecanismo de proyección es un mecanismo que se usa para exteriorizar aquel displacer, así cuando
yo lo proyecto al exterior lo anudo a una representación. Entonces, hay que tomar el displacer, esa
pulsión interna, proyectarla al exterior y posicionarla en un objeto, en una vivencia externa. De esta
manera se transforma algo interno en algo externo, algo de lo que se puede huir.
Todo esto Freud lo relaciona con el caso Juanito, quien había desarrollado una angustia a causa del
complejo de castración. El niño se encontraba en el complejo de Edipo, en el período incestuoso y
el padre le emite la ley de castración, es decir que le van a cortar el pene y es la vivencia
inconciliable de Juanito, es la vivencia que despierta los volúmentes hipertróficos de excitaciones
(angustia de castración) que generan un trauma. Juanito tiene que tramitar todo esto de alguna
manera, proyectando parte de este displacer, de esto inconciliable al exterior y lo anuda al caballo.
Juanito desarrolla una fobia a los caballos y particularmente un miedo a la mordida del caballo,
que representa a la castración.