- III -
La estricta concepción distributiva del campo psicológico de los manuales clásicos y modernos, enciclopédicos,
estratificados o clasificados, tal como nos obligó a regionalizar la concepción positiva del conocimiento, no hace más
que sostener su interés ideológico y metodológico, encubiertamente propuesto en sus propios objetos. No es para
bien de la psicología ni para el bien del hombre, sino para el ajuste de su propia eficacia empírica. Por otro lado un
recurrente ideal de unidad o unificación ha provocado notorios amputamientos de las nociones en cuestión,
resquebrajamientos conceptuales o modelizaciones extemporáneas de redistribución apresurada, diluyendo aquellos
valores esenciales del hombre con relación a su subjetividad, circunscribiendo al sujeto al orden general de la
positividad del objeto concreto y empírico. Porque se teme la diferencia, porque se ama la prolijidad rectilínea, porque
lo real que insiste (Lacan) siempre será un escollo inasible; porque la subjetividad no es negociable. Porque la
psicología que estudia al hombre, hoy, sea por simplificación, error u omisión, no estudia a ningún hombre; estudia
solamente las condiciones más utilitarias de la probabilidad científica. El hombre de la psicología se quedó sin historia
y sin memoria, y su identidad quedó amenazada. Sobre todo cuando la ciencia calla lo que Ello habla.
Abordar los discursos psicológicos implica retomar y reencontrar al sujeto siempre elidido, detrás de los
distintos enunciados que lo componen. Recuperar su historia, su memoria, y las condiciones de su sexuación, porque
son recuperaciones favorables en función de su tragedia de “ir siendo”. Porque como la tragedia, la genealogía no
termina en ningún lado, por lo menos en ningún lado más o menos corporativo. Indefectiblemente, no hay tal lugar
(Quevedo).
-IV-
“Este programa organiza una vasta y deliberada escena de lecturas” (Zöpke), y una determinada manera de
entender el devenir discursivo de un pensamiento en movimiento, alrededor de la vida de muchos hombres y de no
menos acontecimientos. Es así una manera de entender el orden del discurso (Foucault) alrededor de lo psíquico que
va adquiriendo a lo largo y ancho de los últimos dos siglos un sin fin de vueltas y revueltas, marchas y
contramarchas, planteos y replanteos.
DPC “B” es el lugar asignado, en la carrera de Psicología (UNR), al estudio del arduo y complejo campo de las
“políticas del discurso” en la genealogía histórica del pensamiento psicológico contemporáneo. Campo que nos
introduce de lleno en el mundo histórico social y que nos lleva a preguntarnos por el modo de ser de lo histórico
social, y por el modo en que éste se articula en relación a la subjetividad humana. También, un campo que abre a la
posibilidad de pensar las significaciones imaginarias que mantienen cohesionada a una sociedad o a la emergencia
en ella de lo nuevo, lo otro, y lo diferente, en el juego siempre abierto, aunque a veces de una exasperante
hipocresía, de la alteración temporal y de las diferencias. Porque consideramos al “discurso” como el nodo central de
nuestra mensaje; las “políticas” su posicionamiento ideológico, y las “dimensiones del discurso”, su cause, deriva,
delta (Los Ríos…, el Río).
No podemos apelar a un discurso único de la Psicología, pues la teoría es la mirada que se sitúa frente a algo
y lo examina; y cómo podríamos situarnos frente a la subjetivación misma desde una objetiva exterioridad y desde la
subjetivación misma. Habremos de realizar así un ejercicio de interrogación, una puesta en cuestión de las políticas
del discurso y de las significaciones que ellas materializan, sentido encarnado en ella misma, pregunta que al
hacerse se transforma en el juego conciente y responsables de “quehacer” que en última instancia deviene, por lo
tanto y en un sentido fuerte, práctica política. Ya sea desde donde nos situemos, los discursos serán leídos tanto
desde su realidad genealógica como semántica, sin dejar de reconocer nuestra interposición, posicionamiento político
y extracción de “clase”.
Leer las políticas del discurso de la Psicología contemporánea, así, implica incursionar por los meandros del
sistema capitalista de los últimos siglos y sus distintas transformaciones y consecuencias. La tan vanagloriada
revolución tecnológica constituye una marca poderosísima en las subjetividades individuales y colectivas a las que,
como semejantes nos enfrentamos todos los días. Territorios del pensar y del hacer; territorio de la ideología y la
provocación, la denuncia y la crítica. Plano insoslayable de la ética.
Pero este programa debería leerse como un todo circular, un ida y vuelta en relación a autores cruciales,
controvertidos o directamente negados. La Unidad I traza una introducción a los discursos psicológicos
contemporáneos, reseñas de los siglos XIX y XX, de los grandes iniciadores (Wundt, Pavlov, Freud) y de las
categorías de aprendizaje, conocimiento y saber. La Unidad II está destinada a la categoría aprendizaje de la
conducta humana y animal (Reflexología, Conductismo y Neoconductismo). La Unidad III desdoblada, a la categoría
conocimiento, en tanto producto representacional de la mente y la conciencia singular (Estructuralismo Clásico,
Estructuralismo Genético, Psicología Cognitiva y Neurociencias). La Unidad IV gira en relación a derivaciones del
discurso en relación a un más allá de la revolución científico tecnológica, frente o contra las modalidades narrativas,
históricas y socio-culturales (Psicología Popular, Psicología Socio-histórica). Y una última Unidad V al saber como
categoría y el Psicoanálisis específicamente (Freud, Lacan).
Lo nuestro será un campo de “lectura”; pongamos el sujeto a trabajar. Como en cualquiera de los otros campos
sociales, el marco conceptual es un campo de lucha. Quizás sea un momento de basculación, aún carente de
debate, aún carente de salida, pero que sea un momento de la distribución de saberes que no invalide el derecho a la
palabra.