EPOCA DEL IMPERIALISMO:
el imperialismo fue la más importante de las salidas que se presentaba para superar los problemas del
capitalismo después de la “gran depresión”. Indudablemente no puede establecerse un nexo mecánico de
causaefecto. Sin embargo, también es indudable que la presión de los inversores que buscaban para sus
capitales salidas más productivas, así como la necesidad de encontrar nuevos mercados y fuentes de
aprovisionamiento de materias primas pudo contribuir a impulsar políticas expansionistas que incluían el
colonialismo. Además, en un mundo cada vez más dividido entre países ricos y países pobres había muchas
posibilidades de encaminarse hacia un modelo político en donde los más avanzados dominaran a los más
atrasados. Es decir, había muchas posibilidades de transformarse en un mundo imperialista. Los años que
transcurren entre 1875 y 1914 constituyen el período conocido como la época del imperialismo, en el que
las potencias capitalistas parecían dispuestas a imponer su supremacía económica y militar sobre el
mundo. Durante esos años, dos grandes zonas del mundo fueron repartidas entre las potencias más
desarrolladas: el Pacífico asiático y África. Así, amplios territorios de Asia y de África quedaron
subordinados a la influencia política, militar y económica de Europa. También a América Latina llegaron las
presiones políticas y económicas, aunque sin necesidad de efectuar una conquista formal. En este sentido,
los Estados europeos parecían no sentir la necesidad de rivalizar con los Estados Unidos desafiando la
Doctrina Monroe. Como señala Eric J. Hobsbawm, el imperialismo estuvo ligado indudablemente a
manifestaciones ideológicas y políticas. Las consignas del imperialismo constituyeron un elemento de
movilización de los sectores populares que podían identificarse con la “grandeza de la nación
imperial”. Ningún hombre quedó inmune de los
impulsos emocionales, ideológicos, patrióticos e incluso raciales, asociados a la expansión imperialista. En
las metrópolis, el imperialismo estimuló a las masas - sobre todo a los sectores más descontentos
socialmente- a identificarse con el Estado, dando justificación y legitimidad al sistema social y político que
ese Estado representaba. Pero esto no implica negar las poderosas motivaciones económicas de tal
expansión. Sin embargo, según Hobsbawm,la clave del fenómeno radica en las exigencias del desarrollo
tecnológico. En efecto, la nueva tecnología dependía de materias primas que por razones geográficas o
azares de la geología se encontraban ubicadas en lugares remotos. El crecimiento del consumo de masas en
los países metropolitanos significó la rápida expansión del mercado de productos alimenticios. Y ese
mercado se encontraba dominado por productos básicos como cereales y carne, que se producían a bajo
costo y en grandes cantidades en diferentes zonas de asentamiento europeo en América del Norte y
América del Sur, Rusia, Australia. Pero también comenzó a desarrollarse el mercado de los productos
conocidos desde hacía mucho tiempo como “productos coloniales” o de “ultramar”: azúcar, té, café,
cacao. Incluso, gracias a la rapidez de las comunicaciones y al perfeccionamiento de los métodos de
conservación comenzaron a afluir los frutos tropicales (que posibilitaron la aparición de las “repúblicas
bananeras”). En esta línea, las grandes plantaciones se transformaron en el segundo gran pilar de las
economías imperialistas. Estos acontecimientos, en los países metropolitanos, crearon nuevas
posibilidades para los grandes negocios, pero no cambiaron significativamente sus estructuras económicas
y sociales. En cambio, transformaron radicalmente al resto del mundo, que quedó convertido en un
complejo conjunto de territorios coloniales o semicoloniales. Y estos territorios progresivamente se
convirtieron en productores especializados en uno o dos productos básicos para exportarlos al mercado
mundial y de cuya fortuna dependían casi por completo. Pero los efectos sobre los territorios dominados
no fueron sólo económicos, sino que también afectó a la política y produjo un importante impacto
cultural: se transformaron imágenes, ideas y aspiraciones, a través de ese proceso que se definió como
“occidentalización”. En síntesis, también el imperialismo creó las condiciones que permitieron la aparición
de los líderes antiimperialistas y también generó las condiciones que permitieron que sus voces alcanzaran
resonancia nacional.