
Atendiendo al mapa anterior, observamos cómo Francia tiene varias bases
militares en la zona del Sahel, y tropas desplegadas en muchos países. En
la mayoría de los casos no son tropas estáticas ni pasivas, sino que se
emplean con intensidad en sus labores militares. Ejemplos recientes los
encontramos en los años 2002, 2003, 2004, 2008, 2011 y 2014. Es una
región del mundo muy convulsa: el escenario perfecto para desplegar
tropas.
Si bien es cierto que la labor del Ejército francés es importante para frenar
el avance de los yihadistas, hay voces que dudan de la buena voluntad del
Gobierno de Francia. A las sospechas de intereses ocultos se unen noticias
que empeoran la imagen de las tropas francesas en el continente. Un
informe de la ONU acusó a soldados franceses de violar a niños en la
República Centroafricana. Al parecer chantajeaban a los menores
prometiéndoles comida. Más allá de casos puntuales que pueden hacer
dudar de la intervención militar de Francia en África, debemos
preguntarnos, ¿qué están protegiendo todos esos soldados franceses en
tierras extranjeras?
Las explicaciones a este despliegue de fuerzas militares se pueden
encontrar en tres dimensiones: histórica, humanitaria y económica.
Brevemente comentaremos que, efectivamente, históricamente Francia tiene
un vínculo indudable con muchos países africanos. Se puede entender una
sincera voluntad de ayudar a antiguos hermanos. En la dimensión
humanitaria, qué duda cabe que muchos de estos países necesitan de la
ayuda de países ricos como Francia para crecer y desarrollarse. Tras
haberlos saqueado durante la colonización del S.XIX, ahora, en
esta colonización del S.XXI las antiguas colonias practican una suerte
de cooperación por remordimiento.
Es en la dimensión económica en la que más lecturas se pueden sacar de
la presencia militar de Francia en África. A nadie se le escapa que varios
de los países en los que Francia ha colocado sus fichas son tableros con
recursos naturales estratégicos. Véase el caso de Malí, un país con
importantes yacimientos de uranio, oro, litio y petróleo, o el caso similar
de Níger, que produce el 33% del uranio que importa Francia. Argelia o
Senegal también son casos que pueden analizarse bajo esta óptica. Son
varios los analistas que apuntan a que no es descabellado pensar que
Francia está en África para vigilar el control de los recursos naturales.
Además, es sorprendente ver cómo todavía hoy algunos países africanos
tienen que pagar tributos a Francia por los supuestos beneficios que
obtuvieron de la esclavitud y la colonización.
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