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Para concluir este desarrollo sintomático de Verónica, Lacan ya nos anticipa
en “De una cuestión preliminar…” lo siguiente: “En ninguna parte el síntoma, si lo se
lo sabe leer, está más claramente articulado en la estructura misma que en la
psicosis”. Siguiendo las ideas de Lombardi (2007), se puede pensar en el síntoma del
psicótico por fuera del orden de lo oculto y del develamiento, sino todo lo contrario: se
construye de forma tal que el analista se sirve de él.
Ahora bien ¿Cómo podríamos elaborar el lugar que ocupa el analista en
este caso? Respecto a su posición, el mismo cumple con su acto la cesión de la
posición al paciente, eso basta para que se autorice la transferencia; en tanto la
misma implica que el paciente no reconoce en quien lo escucha a otro como él, sino
que lo toma como objeto (Lombardi, 2007). Es por ello que el deber del analista es
dejarse tomar como objeto para que la transferencia sea posible. En términos de
Lacan, esto se denomina destitución subjetiva.
Tomando el texto de Soler ¿Qué lugar para el analista? (1991) se piensa al
mismo en función de suplir aquel agujero vacío, aquel significante del orden de lo real
que presenta el sujeto. Retomando lo planteado anteriormente sobre la intuición
delirante de Verónica, si nos posicionamos desde el lugar del analista, se puede
pensar en la pregunta del mismo “¿Por qué pensás que te van a buscar?” dado que,
si hubiese intervenido de una manera diferente, el analista podría haber quedado del
lado persecutorio y no del analista. Siguiendo la idea de este texto sobre la posición
que ocupa el analista en la cura, Soler (1991) plantea intervenciones posibles para la
estructura psicótica. En ellas, plantea un tipo de intervención que corresponde a lo
que se denomina como orientación del goce. La misma consiste en decir no, en poner
de alguna forma un límite el goce del sujeto; en ese límite es que se puede interpretar
la orientación hacia el decir que no desde el analista. En el caso presentado, se puede
pensar el momento en que Verónica llega muy angustiada, de modo tal que comienza
expresando lo siguiente: mi tía se trató de suicidar… Estoy muy mal, muy angustiada,
no sé lo que me pasa. Le pedí a mis padres que me internen, no aguanto más… Allí,
el analista interviene del siguiente modo: “Yo le digo en un tono un poco irónico: pensé
que la que estaba para internarse era tu tía”. Tras dicha intervención, Verónica se
queda pensando y, de un modo más tranquila, le responde: es verdad. En esta
posición es que se podría pensar como otra manera de responder, podría orientar
hacia un lugar diferente la actitud de Verónica ya que “el analista es guardián de los