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clínica de adultos
Cátedra | - Prof. MURARO
PARCIAL DOMICILIARIO
CASO HERMANO MUERTO
ALUMNA: Camila sebastianelli
DOCENTE: SANTIAGO CANDIA
DNI: 40 729 566
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Análisis del caso
Para comenzar con el análisis del caso elegido, en primer lugar se puede
distinguir que se trata de un caso de psicosis principalmente por la estructura que
presenta. En este caso se podría apreciar que la paciente, Verónica, se encontraría
de forma desencadenada ante los fenómenos que acontecen en la psicosis
propiamente dicha.
Asimismo, para dar cuenta del desarrollo del mismo, el análisis esta
planteado en dos momentos: en un primer momento se propondrá abordar al síntoma
y a la transferencia analítica, mientras que en un segundo momento se intentará dar
cuenta de los usos del diagnósticos y de la dirección de la cura.
Partiendo de una pregunta ¿A qué nos referimos cuando hablamos de una
etiología unificada de la psicosis? Tomando el texto de Lombardi El diagnóstico de
psicosis, el síntoma en la estructura (2007) se parte de una orientación unitaria del
campo de la psicosis. Cuando hablamos de psicosis, podemos hablar tanto a nivel
del síntoma como a nivel estructural. En primer lugar, cuando nos referimos al nivel
del síntoma podemos ubicar la inercia dialéctica, las certezas y la significación
absoluta; mientras que en segundo lugar, cuando nos referimos al nivel estructural
ubicamos la forclusión del nombre del padre, el momento en que Lacan ubica el
significante del orden de lo real. Siguiendo a Lacan, el concepto inercia dialéctica es
el punto asegurado para el diagnóstico de la psicosis y, a su vez, el síntoma articulado
en la estructura. Es por ello que Lombardi (2007) toma dicho concepto como elemento
fundamental para ubicar al sujeto en el momento en que su significante se encuentra
en lo real.
A partir de dichas conceptualizaciones, se tomará el uso de neologismos
como un gran ejemplo para dar cuenta de la inercia dialéctica, aunque cabe destacar
que no es el único. En relación al caso presentado, se distingue el uso del neologismo
del psicótico, es decir aquel significante indefinible y resistente que no tiene
articulación posible con el saber. Por ejemplo, cuando Verónica habla de un sofoque
neuronal, el analista interviene preguntando a qué se refiere dicho término y ella
responde un significado: las cosas que leo no me pasan para el lado de atrás de la
cabeza.” Lombardi (2007) nos dice que ese significante, toma el valor de un
neologismo en el decir del paciente en tanto no se puede sustituir por ningún otro
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término. Asimismo, podemos decir que el neologismo no forma parte de la sintaxis,
sino que forma parte de un polo metafórico en el cual los términos se pueden sustituir.
Retomando el concepto de Lacan significante en lo real, cuando el significante pierde
sus lazos de producción de significación se trata de una intersección pura de lo
simbólico con lo real en donde nada de lo imaginario puede intervenir. De esta
manera, el neologismo sofoque neuronal que Verónica expresa desde su polo
metafórico no significa nada en particular, pero para este tipo de estructura puede
tener una significación enorme. A diferencia del neurótico, el sujeto sabe que lo
representa a él en la superficie de lo audible o de lo visible.
Como se dijo anteriormente, el neologismo no es la única forma en la que se
presenta la inercia dialéctica. La misma se presenta como certeza en cada síntoma
propiamente dicho, ya sea que se trate de un neologismo, una intuición delirante o
una alucinación. Esta certeza propiamente dicha gira en torno hacia la representación
de eso que lo representa a ella, habla de ella. Pensando en este caso, siguiendo la
articulación del neologismo, sofoque neuronal hace alusión de aquella representación
que Verónica sostiene en su certeza de que las cosas que leo no me pasan para el
lado de atrás de la cabeza”. A su vez, más adelante utilizará el concepto de trama
perversa para dar cuenta de algo que le enseñaron pero, asimismo, se juega con
certeza absoluta lo siguiente: Ya lo que me pasa. Sé lo que es la trama perversa,
me lo enseñaron en la clase de administración. Es algo que pasa en las empresas.
Se vuelve loco ocultamente a alguien y se lo hace reaccionar delante de todos de
manera que él parezca el perturbado. En realidad los perturbados son los demás…
me di cuenta de que eso es lo que pasa en mi familia. Estás todos locos y me tratan
a mi como la loca.
En otro momento del caso, en relación a la intuición delirante se podría pensar
en otra de las formas en que se presenta lo que se viene trabajando en la inercia
dialéctica: Verónica alude haber escuchado en la radio la existencia de ciudades
subterráneas con muertos vivos, por lo cual cree que la van a venir a buscar y se la
van a llevar. En consecuencia, se puede pensar como intuición delirante un delirio
persecutorio en el cual, aparece la certeza de un Otro que la persigue; aparece
reluciente cuando luego de que el analista le haga la pregunta de “por qué piensa que
la van a buscar a ella” ella responde: Porque saben que yo creo que van a venir…
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Para concluir este desarrollo sintomático de Verónica, Lacan ya nos anticipa
en “De una cuestión preliminar…” lo siguiente: “En ninguna parte el síntoma, si lo se
lo sabe leer, está más claramente articulado en la estructura misma que en la
psicosis”. Siguiendo las ideas de Lombardi (2007), se puede pensar en el síntoma del
psicótico por fuera del orden de lo oculto y del develamiento, sino todo lo contrario: se
construye de forma tal que el analista se sirve de él.
Ahora bien ¿Cómo podríamos elaborar el lugar que ocupa el analista en
este caso? Respecto a su posición, el mismo cumple con su acto la cesión de la
posición al paciente, eso basta para que se autorice la transferencia; en tanto la
misma implica que el paciente no reconoce en quien lo escucha a otro como él, sino
que lo toma como objeto (Lombardi, 2007). Es por ello que el deber del analista es
dejarse tomar como objeto para que la transferencia sea posible. En términos de
Lacan, esto se denomina destitución subjetiva.
Tomando el texto de Soler ¿Qué lugar para el analista? (1991) se piensa al
mismo en función de suplir aquel agujero vacío, aquel significante del orden de lo real
que presenta el sujeto. Retomando lo planteado anteriormente sobre la intuición
delirante de Verónica, si nos posicionamos desde el lugar del analista, se puede
pensar en la pregunta del mismo “¿Por qué pensás que te van a buscar?” dado que,
si hubiese intervenido de una manera diferente, el analista podría haber quedado del
lado persecutorio y no del analista. Siguiendo la idea de este texto sobre la posición
que ocupa el analista en la cura, Soler (1991) plantea intervenciones posibles para la
estructura psicótica. En ellas, plantea un tipo de intervención que corresponde a lo
que se denomina como orientación del goce. La misma consiste en decir no, en poner
de alguna forma un límite el goce del sujeto; en ese límite es que se puede interpretar
la orientación hacia el decir que no desde el analista. En el caso presentado, se puede
pensar el momento en que Verónica llega muy angustiada, de modo tal que comienza
expresando lo siguiente: mi tía se trató de suicidar… Estoy muy mal, muy angustiada,
no sé lo que me pasa. Le pedí a mis padres que me internen, no aguanto más… Allí,
el analista interviene del siguiente modo: “Yo le digo en un tono un poco irónico: pensé
que la que estaba para internarse era tu tía”. Tras dicha intervención, Verónica se
queda pensando y, de un modo más tranquila, le responde: es verdad. En esta
posición es que se podría pensar como otra manera de responder, podría orientar
hacia un lugar diferente la actitud de Verónica ya que “el analista es guardián de los
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límites del goce, sin los cuales, lo que hay es el horror absoluto” (Soler, 1991). Sin
ese límite establecido, sin esa orientación del goce, la angustia de Verónica podría
haberse tornado más horrorosa. Asimismo, se puede pensar como el analista no hace
otra cosa más que apuntalar la posición del propio sujeto, quien no tiene más remedio
que tomar él mismo a su cargo la regulación del goce. Por lo tanto, esto no sería
posible sin la inscripción que permite la estructura psicótica como tal. Siguiendo esta
idea, hacer de límite al goce en términos de significación ideal, es el único elemento
simbólico que, a falta de la ley paterna, puede constituir una barrera del goce.
Tomando la frase anterior, para dar un cierre, no es más ni menos que lo que
Lacan nos plantea en De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la
psicosis (1958) en nos dice que es en el fracaso de la metáfora paterna en donde
designamos el efecto que da a la psicosis su condición esencial.
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Bibliografía
- Lombardi, G. (2007). El diagnóstico de psicosis: el síntoma en la
estructura. En La clínica psicoanalítica 3. Las Psicosis. Buenos Aires:
Atuel.
- Soler, C. (1991). ¿Qué lugar para el analista? En Estudios sobre las
Psicosis. Buenos Aires: Manantial.
- -______ (1958). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible
de la psicosis. Apartado V: Post-Scriptum. En Escritos 2. Buenos Aires:
Siglo XXI, pp. 556-564.
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