los mitos existentes que dan fuerza a lo que nos apropiamos como sujetos/as, y
las marcas diferentes que existen según los géneros. Para comprender aquello, es
útil mencionar la concepción sobre el deseo anudado al poder y la fuerza de los
imaginarios sociales que le dan lugar.
Para la reproducción de los dispositivos de poder no sólo tienen que existir
leyes y normativas, sino también llamar a las pasiones (emblemas, rituales, mitos)
que provoque que se enlacen los deseos al poder, se anuden. El imaginario social
opera en las emociones, las voluntades, los sentimientos, y “sus rituales
promueven las formas que adquirirán los comportamientos de agresión, de temor,
de amor, de seducción que son las formas como el deseo se anuda al poder”
(Fernández, 1993, p. 241). Los deseos que no se anudan al poder son aquellos
que C. Castoriadis llama como imaginario social instituyente, aquellos nuevos
organizadores de sentido que generan desorden social. Organizadores de sentido
que marcan los límites sociales, de lo permitido, lo moral, lo estético, lo correcto, y
su contracara: lo incorrecto, lo inmoral, lo Otro, una vez más. En esta línea se
inscribe también el amor libre, sus ideales y prácticas que se diferencian de lo
instituido, y que destacaría al amor en su potencia y no como empobrecimiento,
por sus rupturas con lo que los/as sujetos han apropiado como tal. Una
concepción sobre esto último también podría darse con respecto a la teoría
freudiana desde el concepto de Eros, que refiere a las pulsiones de vida, que
cohesionan o unen (Freud, 1920). A su vez, pulsiones sexuales, para poder
pensar, también, a la sexualidad como un concepto complejo que va más allá del
sexo o lo genital. Por tanto, considerar que esa unión, ese enlazar, da cuenta de
armar lazo. Desde esta línea, puede repensarse la crítica al amor romántico,
dando lugar a la circulación de los afectos, incluyendo todo tipo de vínculo y no
sólo en una pareja (Thalmann, 2008).
Con lo antes dicho, es importante aunar al sociohistórico como necesario
de ver para comprender el impacto sobre las singularidades, y para ello es
importante tomar la concepción de los modos de subjetivación como constructo
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