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“Soy leal hasta cierto punto, pero existen demasiados aspectos negativos que
deben ser considerados cuando se habla de energía nuclear. Simplemente no
estoy dispuesto a comprar el argumento de la empresa que sostiene que la
energía atómica es absolutamente segura”.
Los empleados suspicaces y con sentido crítico pueden constituirse en parte
del problema que pudiera tener la organización, especialmente si nada se ha
hecho para convertirlos de escépticos en defensores de la organización.
Si la empresa desea el apoyo de sus empleados a su causa, debe conocer la
información al respecto que necesitan sus colaboradores. Tiene que re-
examinar la totalidad de su línea argumental sobre del tema y realizar un
esfuerzo - ya sea respecto de la frecuencia de sus mensajes, las razones en
que fundamenta su posición o el tipo de medio que elija – para transformar
incrédulos o escépticos en defensores. Una verdad a medias no deja de ser
cierta, pero es insuficiente para transmitir la realidad.
La audiencia interna no es la única que requiere información específica sobre la
organización. Hoy ya nadie pone en duda que las empresas deben generar en
sus públicos internos y externos la percepción de una institución transparente
acerca de lo que es, hace y piensa.
La implicancia para la comunicación organizacional es clara: encontrar el
camino para generar el entendimiento de los temas complejos en audiencias
cada vez más diversificadas. Con este concepto en mente, debe subrayarse
que la comunicación interna es responsabilidad de toda la línea gerencial.
Como gerente máximo, el CEO (Chief Executive Officer) no sólo debe
involucrarse en el establecimiento de los objetivos estratégicos de la
comunicación sino también apoyarlos pública- y explícitamente.
Bajo el manto de "problemas de comunicación organizacional" frecuentemente
se esconden otros problemas que tienen que ver con el estilo de conducción en
la organización. Aún con el mejor de los esfuerzos en la materia, siempre
existirá para algunos un déficit comunicacional. Esto es lógico que así sea
porque la comunicación es esencialmente una actividad humana y nadie como
tal es perfecto.
Una empresa puede disponer de gran cantidad de canales formales de
comunicación, como una revista interna, circulares, informes internos,
memorandos, normas e instrucciones de trabajo, carteleras, etc., y siempre
habrá quién se queje de una mala comunicación. El problema habrá que
buscarlo entonces no en el sistema sino en los procesos de comunicación
interaccional. Si un jefe se encierra en su despacho y no recibe a sus
colaboradores, si los empleados constituyen "camarillas" alimentadas por
chismes y rumores que se disputan cuotas de poder, o si los empleados se
enteran antes por los clientes o proveedores de lo que sucede en su
organización, evidentemente algo está fallando seriamente a nivel de la
conducción, aún cuando los canales formales funcionen perfectamente.
El problema entonces reside en una cuestión enraizada en la cultura
organizacional y que está estrechamente vinculada a las actitudes del personal.