devenires y mutaciones históricas. Por el contrario, la subjetividad se compone situacionalmente,
no se apoya en una esencia establecida a priori que se transforma de acuerdo a los movimientos
de la historia. Cada momento histórico engendrará entonces sus modos específicos y singulares
de producción de subjetividad.
Esta concepción de la subjetividad como un proceso inmanente a cada situación histórica es
compartida por otros autores. Para Félix Guattari la subjetividad se compone plural y
polifónicamente, resultando un concepto inabordable por enfoques unicausales o deterministas.
Para González Rey la subjetividad rompe con determinismos biológicos, sociales o psiquiátrico-
patologizantes. Esta ruptura permite que, en palabras del autor, “Podemos decir que hay sujeto
cuando hay producción de sentido subjetivo asociada a la diferenciación y singularidad, sin lo
cual la persona queda anulada por determinaciones externas”. (2011: 124)
Es posible establecer entonces que la subjetividad se define a partir de la singularidad y la
multiplicidad. Aparecen aquí los dos primeros enlaces con la Psicología Institucional: sus objetos
de abordaje comparten las mismas premisas que definen la subjetividad, pues cada momento
histórico genera sus propias instituciones y prácticas sociales, que se componen a partir de una
multiplicidad de discursos y determinaciones políticas, económicas y culturales.
En este punto las conexiones con la concepción de la subjetividad planteada por Guattari resultan
evidentes, en tanto la considera producida por instancias individuales, colectivas e
institucionales. En Micropolíticas, Guattari lleva la noción de subjetividad al límite, en tanto
sostiene que “La producción de subjetividad constituye la materia prima de toda y cualquier
producción” (2005: 41)
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Dado el carácter creacionista y materialista de la subjetividad, queda pendiente la pregunta
acerca de cómo la subjetividad se produce, en qué condiciones, bajo cuáles dispositivos
institucionales y cuáles son sus efectos específicos. Los desarrollos de LC permitirán algunas
aproximaciones a estos interrogantes que constituyen, cabe insistir, una materia clave para la
Psicología Institucional.
La conformación de la subjetividad acontece para LC dentro de una lógica situacional, por fuera
de planteos universalistas. Cada momento histórico compone sus producciones de subjetividad
específicas, las cuales resultan intraducibles con esquemas exteriores a la situación. La
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Esta sentencia, que puede parecer a primera vista hermética o en extremo compleja, resulta en realidad muy
simple. Plantea en principio que la subjetividad no constituye una abstracción sino que se hace permanentemente.
En segundo lugar, que la subjetividad resulta inescindible de otros modos de producción. Un producto cualquiera
estaría impregnado de subjetividad, desde una lámpara hasta un automóvil. Porque están hechos por cuerpos
subjetivados bajo la forma “trabajador” y porque son utilizados por cuerpos subjetivados como “consumidores” o
“automovilistas”. Aunque no son conceptos equivalentes, los objetos se encontrarían libidinizados, investidos o
catectizados por instancias individuales o colectivas. Instancias para cuya conformación las instituciones cumplen
una función clave.
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