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Florece asimismo allí una sector compuesto por profesionales, intelectuales, escri
tores, periodistas y pensadores al servicio de este grupo de poder, con una cultura
europeizada que pretenden imponer por sobre las tradiciones hispanoamericana.
Estos sectores ilustrados estarán profundamente inuenciados por las ideas ilumi
nistas y pretenderán modelar al país a imagen y semejanza de los cánones europeos
vigentes en la época. Las novedades llegadas de Francia y Gran Bretaña asombraban
a estos hombres que vislumbraron su destino vinculado al pensamiento europeo.
De allí los esfuerzos por difundir una educación y cultura de carácter netamente libresca
y urbana que pretendía adecuar la realidad al plano de las ideas, resultando ello contra
dictorio con la estructura social del país, particularmente del interior. Este intento tropezará
con la férrea resistencia de los pueblos de las provincias ligados a una cultura hispano–
criolla que habrán de defender. Así se estableció un prologando divorcio entre las elites
intelectuales y los sectores populares, que no pudo ser superado incluso por la genera
ción romántica del 37 quien en sus comienzos intentó conciliar ambas tradiciones.
En el interior y el litoral se presentaba una realidad social y económica muy distinta a
Buenos Aires. Allí subsistían grandes terratenientes que apenas lograban subvenir a las
necesidades de abastecimiento en forma conjunta con artesanos vinculados a produc
ciones regionales que competían desventajosamente con los productos industriales
que ingresaban por la antigua capital del Virreynato, dado lo elemental de sus formas
productivas. Estas economías de subsistencia regionales que viven del mercado local
se complementan con aparatos estatales débiles y escasos funcionarios administra
tivos. En términos generales el poder se concentra en un grupo muy reducido de fami
lias que son las mas poderosas de las zonas (el llamado Apatriciado@ del interior).
No obstante ello existen intelectuales que actúan en ministerios y funciones diplomá
ticas, llegando algunos a altos niveles de producción, tal el caso por ejemplo de Juan
Bautista Alberdi y Mariano Fragueiro.
Este conglomerado no homogéneo de fuerzas habrá de enfrentar la pretensión
hegemónica, política, económica y cultural, de Buenos Aires conformando las llamadas
montoneras (agrupamiento de carácter militar de masas populares del interior) a cuyo
frente estaban los caudillos federales, terratenientes del interior o guerreros de la inde
pendencia devenidos en jefes políticos y militares de las diversas provincias.
Este enfrentamiento que aparece casi simultáneamente con la guerra de la inde
pendencia, habrá de provocar las cruentas guerras civiles que —como fue dicho—
disolvió la autoridad nacional y retrasó considerablemente el progreso económico. Y si
bien las fuerzas federales reiteradamente vencieron en la contienda armada a Buenos
Aires, el devenir histórico señala que nalmente se impone el poder económico de la
capital y el país se habrá de moldear conforme su proyecto. En adelante Buenos Aires
con su clase señorial al frente impondrá la ley a todo el país. Los provincianos podrán
ser presidentes, pero a condición que gobiernen como porteños.
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Bagú, Sergio y Weimberg, Félix. «La sociedad argentina» en «Historia Integral Argentina». T. 2. CEAL.
1970. Pág. 262.