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Historia Argentina
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Fernández, Jorge Raúl
Historia argentina : - / Jorge Raúl
Fernández ; Julio César Rondina. - a ed. -
Santa Fe : Ediciones UNL, .
Libro digital, PDF
Archivo Digital: online
ISBN ----
. Historia Argentina. I. Rondina, Julio César
II. Título
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© Jorge Fernández, Julio C. Rondina, .
©
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Coordinación editorial
María Alejandra Sedrán
Coordinación diseño
Alina Hill
Producción general
Ediciones UNL
www.unl.edu.ar/editorial
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hdl.handle.net//
Rector Enrique Mammarella
Director de Planeamiento y Gestión Académica Daniel Comba
Directora Ediciones UNL Ivana Tosti
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Julio César Rondina
Jorge Fernández
Historia Argentina
1810–1930
Introducción al período 1810-1862 / 9
Primera parte (1810–1862)
Capítulo 1.
Antecedentes y fundamentos de la Revolución de Mayo / 17
Capítulo 2.
La Revolución de Mayo / 25
Capítulo 3.
El plan político de la Revolución. La guerra de la independencia / 33
Capítulo 4.
Evolución de las instituciones de gobierno entre 1810 y 1820 / 39
Capítulo 5.
Los intentos de organización institucional entre 1810 y 1820 / 51
Capítulo 6.
Las cuestiones económicas fundamentales. La consolidación
del desarrollo ganadero / 61
Capítulo 7.
El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX / 78
Capítulo 8.
El nuevo político: poder central y poderes locales / 98
Capítulo 9.
Pactos interprovinciales del tratado del pilar al pacto federal de 1831 / 104
Capítulo 10.
La propuesta de centralización del régimen político / 114
Capítulo 11.
Tentativas de organización constitucional / 127
Capítulo 12.
La conformación de un gobierno provincial de alcance nacional / 134
Capítulo 13.
La Confederación rosista / 139
Índice
Capítulo 14.
La oposición a la Confederación rosista / 150
Capítulo 15
La confederación urquicista y el estado de Buenos Aires / 160
Capítulo 16.
La disputa regional / 169
Capítulo 17.
La Constitución de 1853 y su reforma de 1860 / 176
Bibliografía / 181
Segunda parte (1853–1930)
Introducción / 185
Capítulo 1.
La «República liberal», Alberdi y la Constitución Nacional / 187
Capítulo 2.
Pavón / 203
Capítulo 3.
El modelo político de la República liberal / 205
Capítulo 4.
Modelo económico / 230
Capítulo 5.
La alternativa industrialista o proteccionista / 248
Capítulo 6.
El modelo cultural / 255
Capítulo 7.
Los modelos culturales alternativos / 266
Capítulo 8. 270
Consolidación y crisis de la república liberal / 270
Capítulo 9.
El modelo alternativo en lo político la República Liberal Democrática / 286
Capítulo 10.
Las otras fuerzas políticas entre 1890 y 1916 / 302 302
Capítulo 11.
Los gobiernos radicales / 311
Capítulo 12.
Las fuerzas sociales durante la etapa de la República Liberal / 328
Capítulo 13.
Sociedad civil y participación pública / 351
Capítulo 14. 356
Reexiones nales sobre la República Liberal / 356
Anexo
Introducción / 365
Unidad 1.
La constitución de 1853. Contexto histórico / 368
Unidad 2.
El constitucionalismo social. La demacracia social / 376
Unidad 3.
Los derechos de la tercera generación / 388
Bibliografía / 400
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Introducción al período 1810–1862
Mas allá de los antecedentes, inuencias y causas concretas que llevaron a la Revo
lución de Mayo de 1810 que posteriormente analizaremos, digamos que los movi
mientos independentistas que se dieron en la América Hispana desde los albores
del Siglo XIX se inscriben dentro de un proceso mas general de la consolidación del
capitalismo luego de producida la primer revolución industrial (concomitante con la
Revolución Inglesa de 1688), la formación y consolidación de los Estados Nacionales
dentro de un marco de revoluciones democráticas (que implicaban el rechazo a una
concepción del estado fundado en la potestad absoluta del monarca, e implicaba el
paso a otro poder regulado y limitado por el consentimiento de la comunidad; de ello
las Revoluciones Norteamericana y Francesa fueron la mas clara expresión) y la diso
lución de los grandes imperios coloniales (de la cual la Revolución Norteamericana de
1773/1783 fue el paradigma).
Es decir que el espíritu de las grandes revoluciones de nes del siglo XVII y del siglo
XVIII impregnó el ideario colectivo que desembocó en el proceso libertario de estos
territorios.
Lo cierto es que el movimiento que en el antiguo Virreinato del Río de la Plata se
inicia en 1810 habrá de producir sensibles transformaciones de orden institucional,
político, económico, social y cultural.
De hecho la Revolución de Mayo implicó la respuesta que los sectores de poder ya
existentes en el Virreinato dieron ante la coyuntura internacional que se demostraba
favorable para la ruptura con el ordenamiento colonial.
Ahora bien, la idea de libertad que estaba ínsita en el proceso de Mayo —mas allá
de las cavilaciones o dudas que en todo momento se manifestaron— implicaba no
solamente la emancipación del despotismo monárquico, es decir un proceso de auto
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nomía colectiva, sino que también contenía una profunda conciencia de la búsqueda
de nuevos derechos y libertades individuales
1
.
A partir de 1810 a la par que se inicia el proceso de la guerra de la independencia,
se comienzan a discutir los rasgos que habrá de tener el nuevo sistema político, para
el que se delinean dos alternativas.
Por una parte aparece la propuesta de establecer un sistema republicano (con
fuerte inuencia del constitucionalismo norteamericano y con basamento en la tradi
ción hispano–criolla), con amplia representación política para todos los sectores
sociales (aún la de los mas desposeídos) y con respeto por las autonomías locales.
Este modelo se expresará en la corriente federal y uno de los mayores exponentes
será el caudillo oriental José Gervasio Artigas.
Por otro lado se expresarán los sectores partidarios de establecer un sistema
monárquico (mas allá que hubiera sido moderado o que en determinado momento
fuera visto como una posible solución política aún por sectores republicanos ante la
coyuntura internacional, como ocurrió en el Congreso de Tucumán de 1816 como ya
veremos mas detenidamente), con un sistema político de representación restrictiva
(que excluía de los derechos políticos a los sectores populares, como por ejemplo en
el modelo constitucional de 1826), y que responda a un sistema unicado y centrali
zado de conducción política. La expresión política de este modelo serán los sectores
unitarios que respondían principalmente a la burguesía comercial porteña.
Se deduce de lo dicho que ambos proyectos antagónicos se enfrentarán en una
lucha por la hegemonía en la conducción del proyecto revolucionario. El centralismo
porteño intentará por todos los medios el mantener las prerrogativas y privilegios que
le había otorgado la antigua estructura colonial. En tanto que las villas y ciudades del
interior (luego provincias) pretenderán disputar tal hegemonía, reduciendo tales privile
gios y organizando el país conforme una equitativa distribución del poder.
Desde el punto de vista económico tres serán los problemas centrales que se plan
tean a partir del proceso de 1810 y en ellos se advierte marcadamente la diferencia que
se perla (y que luego se ahondará al punto de llegar a la escisión en el decenio 1852–
1862) entre la ciudad puerto de Buenos Aires y el resto de las provincias interiores.
El primero de ellos será la disputa por el manejo de la principal fuente de ingresos
de estos territorios: la aduana de Buenos Aires, que la clase dominante de la capital
reclama para sí y que las provincias pretenden distribuir.
La segunda cuestión económica que se planteará será la posibilidad de dejar de
lado el sistema de puerto único que había impuesto la administración colonial, permi
tiendo la libre navegación de los ríos interiores y habilitando nuevos puertos en las
riberas litorales del Paraná y Uruguay.
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García Delgado, Daniel: «Raíces cuestionadas: la tradición popular y la democracia». CEAL. 1989.
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Por último —quizás el mas importante desde la perspectiva del modelo económico
a imponer— será la disputa que desde los albores de la revolución se plantea entre
sectores librecambistas y proteccionistas. Según priven unos u otros tendremos un
país agroexportador o industrializado. También en este aspecto la disputa tomará
formas regionales desde el momento que la burguesía comercial porteña (en determi
nadas etapas aliada con los productores ganaderos de la provincia de Buenos Aires)
será permanente partidaria del librecambio, en tanto las provincias interiores (donde
subsistían a duras penas artesanos e incipientes industrias) reclamarán sistemas
protectivos ante la avalancha de productos manufacturados provenientes de la Ingla
terra industrializada.
Desde el punto de vista institucional, si bien pueden ser numerosos los temas que
abarca el período que aquí analizamos, dos son las cuestiones que resaltan en una
primer lectura.
En primer término el efectivo ejercicio de la soberanía por parte de los pueblos
que se habían levantado contra el poder colonial. Ello implicaba el dejar de lado una
supuesta sumisión al soberano español encarcelado por los franceses (la «máscara de
Fernando VII») para lo que había que proclamarse una nueva Nación, lo que se traduce
en el unánime pronunciamiento de emancipación del 9 de Julio de 1816.
En segundo lugar el tema que develaba a los hacedores del proceso, era la efec
tiva organización institucional que se traduciría en un ordenamiento constitucional para
estas regiones.
La convocatoria y discusiones de la Asamblea del Año XIII, las discusiones que
se desarrollan en el Congreso de Tucumán, el Estatuto Provisional de 1815, el Regla
mento Provisorio de 1817, el ensayo Constitucional de 1819, el frustrado Congreso
de Córdoba de 1821, el Congreso de 1824 y su consecuente obra: la Constitución
de 1826, el Pacto Federal de 1831, el Acuerdo de San Nicolás, para concluir en el
Congreso Constituyente de Santa Fe que realiza la Constitución de 1853, con su
posterior reforma en 1860, son signos inequívocos de la preponderancia que tenía el
tema en la agenda política del momento.
En cuanto al efectivo ejercicio del poder político, durante este período se dan
numerosas formas de gobierno. Entre 1810 y 1820 tenemos: Primera Junta (mayo a
diciembre de 1810), Junta Grande (enero a setiembre de 1811), luego Junta Conserva
dora (setiembre a noviembre de 1811), Primer Triunvirato (setiembre de 1811 a octubre
de 1812), Segundo Triunvirato (octubre de 1812 a enero de 1814) y Directorio (enero
de 1814 a febrero de 1820).
A partir de 1820 desaparece el gobierno central único (con la excepción de la efímera
presidencia de Rivadavia entre 1826/27 con dudoso ejercicio de poder nacional) para
reasumir las provincias su propia autonomía, manteniéndose unidas a través de los
Pactos Interprovinciales, acuerdos que indicaban la idea de pertenencia a una única
Nación.
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Con la llegada de Juan Manuel de Rosas al gobierno de la provincia de Buenos
Aires (1829/1852) se aanza la hegemonía de un poder provincial que tiene alcances
nacionales.
Luego de sancionada la Constitución Nacional de 1853, se consolida el poder
Presidencial, si bien durante la Confederación que preside Justo José de Urquiza y
Santiago Derqui, Buenos Aires permanece separada del resto de las provincias, la
denitiva unicación del país y organización institucional devendrá luego de la batalla
de Pavón (1861) en que Buenos Aires asegurará su hegemonía sobre el resto de las
provincias y habrá de organizar denitivamente al Estado Argentino.
Desde el punto de vista social a partir de la Revolución de 1810 se plantean diversos
problemas que podríamos sintetizar de la siguiente manera. En primer término la inclu
sión de los sectores criollos en el efectivo manejo de la cuestión pública, cosa que
quedó zanjada en la constitución de la misma Primera Junta de Gobierno, para lo que
fue importante la participación de los sectores populares de Buenos Aires no sola
mente en el movimiento ocurrido el mismo 25 de mayo (aunque algunos historiadores
lo pongan en duda), sino en la expresión de fuerza que constituían las milicias criollas
forjados al calor de las Invasiones Inglesas, cuyo principal jefe, Cornelio Saavedra,
fue designado Presidente de la Junta. Refuerza esta presencia la activa participación
de estos sectores en el movimiento del 5 y 6 de abril de 1811 en que es desplazado
el sector morenista de la Junta de Gobierno. También advertimos su presencia en el
movimiento que culmina con el Primer Triunvirato en octubre de 1812, ejemplos claros
y contundentes de participación de los sectores criollos y populares en los momentos
iniciales del proceso.
En estas clases sociales se percibió la Revolución como la rearmación de una
decisión de romper lazos con la antigua autoridad colonial, conscientes del poderío
que le había dado el rechazar a las tropas inglesas en sus intentos de dominación, y es
por ello que acompañaron entusiastamente el proceso revolucionario.
Otra cuestión social a la que podemos hacer referencia, es la situación de los grupos
mas excluídos de la sociedad colonial como eran los esclavos y los indios. Eviden
temente este tema es abordado a poco de iniciarse el período revolucionario; como
ejemplo de ello tenemos la liberación de los indios realizada por Juan José Castelli
el 25 de mayo de 1811 frente a las ruinas de Tiahuanaco, proclamando el nal de la
servidumbre y la recuperación de sus derechos sociales y políticos (clara concepción
de la revolución que preconizaban los sectores morenistas) o la supresión de los dere
chos de la nobleza y monarquía proclamando la igualdad de los hombres ante la ley; la
abolición de los tributos indígenas tales como la mita, el yanaconazgo, la encomienda
y el servicio personal de aquellos, declarándolos como hombres libres e iguales en
derecho a los demás ciudadanos; la supresión de títulos y emblemas nobiliarios; la
prohibición de tormentos; la libertad de vientres y la prohibición del tráco de esclavos
que decreta la Asamblea del Año XIII.
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No obstante ello, diferente será el trato que se otorgue a los indios pampeanos y
a los gauchos. Con los primeros se siguieron alternativamente políticas de enfrenta
miento o de acuerdos tendientes a su sumisión (con el objeto de alejarlos de las zonas
fértiles para incorporar nuevos territorios a la producción), particularmente durante el
período Rosista. A los segundos se pretendió disciplinarlos para incorporarlos como
fuerza de trabajo asalariada a la naciente producción ganadera. La ley de vagos de
1815 y su incorporación a las grandes estancias —alternativamente como peones o
guerreros— son ejemplo acabado de lo que referimos. Una excepción a esta política lo
constituyó la reforma agraria que preconizó Artigas en su Reglamento provisorio para
el fomento de la campaña de la Banda Oriental de 1815, a través del cual distribuyó
tierras entre Alos negros libres, los zambos, los indios y los criollos pobres.
Una cuestión que requiere al menos una mención en este etapa es el referido a la
inmigración. Un decreto del Primer Triunvirato de 1812 fue el punto de partida de la
política inmigratoria argentina, a partir del cual se habrá de llevar adelante el intento de
poblamiento de estas tierras por europeos, particularmente durante el período Riva
daviano. En las postrimerías del período que aquí analizamos comienzan a llegar con
mayor uidez los contingentes europeos que se distribuirán mas uniformemente en
el interior —particularmente en el litoral— y que habrán de producir un cambio funda
mental en la estructura social de estos territorios.
No podemos dejar de mencionar que en la estructura social del país se producen
modicaciones importantes luego de la revolución. En términos generales el mayor
poder global pasa a residir en los terratenientes en función de la explotación de la
ganadería, el saladero y la exportación, particularmente de la pampa húmeda. De allí
que la propiedad de la tierra y del ganado se transforma en la clave principal para
acceder a la elite que constituye la clase dirigente (comúnmente llamada oligarquía).
Su consolidación se lleva a cabo a partir de las medidas llevadas adelante por Riva
davia (ley de Enteusis) y Rosas (otorgamiento de la propiedad a los enteutas). En
la ciudad de Buenos Aires, en tanto, se aanza una burguesía comercial (en muchos
casos vinculada por lazos familiares con los terratenientes) cuya fuente de fortuna es la
intermediación, particularmente con las potencias extranjeras, importando productos
manufacturados y exportando los productos naturales del país (por aquella época
principalmente carne salada, ya que el producto exportable del ganado ovino —lana—
comienza a tener cierta importancia hacia 1835). A su lado, luego de producida la revo
lución y establecido el libre cambio (especialmente en la primer década y durante el
período Rivadaviano: 1810–1827), se asienta en Buenos Aires un conjunto de comer
ciantes extranjeros, principalmente británicos, algunos de ellos como representantes
de compañías de ese origen, a los que se le suman agentes de la banca extranjera
que se instala en el país con sus sucursales. Todos ellos conformarán un conglome
rado que constituirá la clase dirigente de la ciudad puerto.
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Florece asimismo allí una sector compuesto por profesionales, intelectuales, escri
tores, periodistas y pensadores al servicio de este grupo de poder, con una cultura
europeizada que pretenden imponer por sobre las tradiciones hispanoamericana.
Estos sectores ilustrados estarán profundamente inuenciados por las ideas ilumi
nistas y pretenderán modelar al país a imagen y semejanza de los cánones europeos
vigentes en la época. Las novedades llegadas de Francia y Gran Bretaña asombraban
a estos hombres que vislumbraron su destino vinculado al pensamiento europeo.
De allí los esfuerzos por difundir una educación y cultura de carácter netamente libresca
y urbana que pretendía adecuar la realidad al plano de las ideas, resultando ello contra
dictorio con la estructura social del país, particularmente del interior. Este intento tropezará
con la férrea resistencia de los pueblos de las provincias ligados a una cultura hispano–
criolla que habrán de defender. Así se estableció un prologando divorcio entre las elites
intelectuales y los sectores populares, que no pudo ser superado incluso por la genera
ción romántica del 37 quien en sus comienzos intentó conciliar ambas tradiciones.
En el interior y el litoral se presentaba una realidad social y económica muy distinta a
Buenos Aires. Allí subsistían grandes terratenientes que apenas lograban subvenir a las
necesidades de abastecimiento en forma conjunta con artesanos vinculados a produc
ciones regionales que competían desventajosamente con los productos industriales
que ingresaban por la antigua capital del Virreynato, dado lo elemental de sus formas
productivas. Estas economías de subsistencia regionales que viven del mercado local
se complementan con aparatos estatales débiles y escasos funcionarios administra
tivos. En términos generales el poder se concentra en un grupo muy reducido de fami
lias que son las mas poderosas de las zonas (el llamado Apatriciado@ del interior).
No obstante ello existen intelectuales que actúan en ministerios y funciones diplomá
ticas, llegando algunos a altos niveles de producción, tal el caso por ejemplo de Juan
Bautista Alberdi y Mariano Fragueiro.
Este conglomerado no homogéneo de fuerzas habrá de enfrentar la pretensión
hegemónica, política, económica y cultural, de Buenos Aires conformando las llamadas
montoneras (agrupamiento de carácter militar de masas populares del interior) a cuyo
frente estaban los caudillos federales, terratenientes del interior o guerreros de la inde
pendencia devenidos en jefes políticos y militares de las diversas provincias.
Este enfrentamiento que aparece casi simultáneamente con la guerra de la inde
pendencia, habrá de provocar las cruentas guerras civiles que —como fue dicho—
disolvió la autoridad nacional y retrasó considerablemente el progreso económico. Y si
bien las fuerzas federales reiteradamente vencieron en la contienda armada a Buenos
Aires, el devenir histórico señala que nalmente se impone el poder económico de la
capital y el país se habrá de moldear conforme su proyecto. En adelante Buenos Aires
con su clase señorial al frente impondrá la ley a todo el país. Los provincianos podrán
ser presidentes, pero a condición que gobiernen como porteños.
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2
Bagú, Sergio y Weimberg, Félix. «La sociedad argentina» en «Historia Integral Argentina». T. 2. CEAL.
1970. Pág. 262.
Primera parte (1810–1862)
Julio César Rondina

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