Este ego, cuya fuerza definen ahora nuestros teóricos por la capacidad de
sostener una frustración, es frustración en su esencia.
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Es frustración no de
un deseo del sujeto, sino de un objeto donde su deseo está alienado y que,
cuanto más se elabora, tanto más se ahonda para el sujeto la alienación de su
goce. Frustración pues de segundo grado, y tal que aun cuando el sujeto en
su discurso llevara su forma hasta la imagen pasivizante por la cual el sujeto
se hace objeto en la ceremonia del espejo, no podría con ello satisfacerse,
puesto que aun si alcanzase en esa imagen su más perfecta similitud, seguiría
siendo el goce del otro lo que haría reconocer en ella. Por eso no hay res-
puesta adecuada a ese discurso, porque el sujeto tomará como de desprecio
toda palabra que se comprometa con su equivocación.
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La agresividad que el sujeto experimentará aquí no tiene nada que ver con
la agresividad animal del deseo frustrado. Esta referencia con la que muchos
se contentan enmascara otra menos agradable para todos y para cada uno: la
agresividad del esclavo que responde a la frustración de su trabajo por un de-
seo de muerte.
Se concibe entonces cómo esta agresividad puede responder a toda inter-
vención que, denunciando las intenciones imaginarias del discurso, desarma el
objeto que el sujeto ha construido para satisfacerlas. Es lo que se llama en
efecto el análisis de las resistencias, cuya vertiente peligrosa aparece de inme-
diato. Está señalada ya por la existencia del ingenuo que no ha visto nunca ma-
nifestarse otra cosa que la significación agresiva de las fantasías de sus sujetos.
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función y campo de la palabra 243
10 Es éste el punto de cruzamiento de una desviación tanto práctica como teó-
rica. Pues identificar el ego con la disciplina del sujeto es confundir el
aislamiento imaginario con el dominio de los instintos. Es por ello expo-
nerse a errores de juicio en la conducción del tratamiento, así a apuntar a
un reforzamiento del ego en muchas neurosis motivadas por su estructura
demasiado fuerte, lo cual es un callejón sin salida. ¿No hemos leído, bajo la
pluma de nuestro amigo Michael Balint, que un reforzamiento del ego debe
ser favorable al sujeto que sufre de ejaculatio praecox, porque le permitiría
una suspensión más prolongada de su deseo? ¿Cómo pensarlo sin embargo,
si es precisamente al hecho de que su deseo está suspendido de la función
imaginaria del ego al que el sujeto debe el cortocircuito del acto, sobre el
cual la clínica psicoanalítica muestra claramente que está ligado a la identi-
ficación narcisista con la pareja?
11 [Juego de palabras entre mépris, “desprecio”, y méprise, “equivocación”. TS].
12 Esto en el trabajo mismo al que damos la palma al final de nuestra intro-
ducción (1966). Queda señalado en lo que sigue que la agresividad no es
sino un efecto lateral de la frustración analítica, si bien puede ser reforzado
por cierto tipo de intervención; que, como tal, no es la razón de la pareja
frustración-regresión.