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Fundamentos de Antropología Curso 2021
Carlos E. Kuz Ficha de cátedra
Unidad 4. Funcionalismo británico: Bronislaw Malinowski
Teoría de la cultura
En relación con las llamadas “escuelas nacionales en antropología” que se
organizaron en torno a corrientes teóricas específicas en cada caso, en la materia
trataremos dos: el Estructuralismo francés creado por Claude Lévi-Strauss -discípulo y
heredero de la Escuela Sociológica Francesa- y el Funcionalismo británico, en la versión
de Bronislaw Malinowski,
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que veremos en primer lugar.
La teoría que elaboró Malinowski, resuelve de un modo distinto una pregunta que
sigue estando vigente en Antropología desde el siglo XIX. Los evolucionistas se
preguntaban: qué es el hombre, cuál es su origen y por qué existen diferencias entre
las culturas. Para desarrollar su teoría Malinowski va a dejar de lado la pregunta por el
origen del hombre. En este caso, el análisis de la cultura va a estar enfocado en el
presente, realiza un análisis sincrónico que deja de lado la historia; no necesita
dilucidar la cuestión del origen para responder qué es el hombre.
El punto de arranque de su teoría es la noción de hombre ya establecida en el siglo
XIX basada en la idea de la “unidad psicobiológica” de la especie humana (UPB). Lo que
nos interesa es que comienza reconociendo algo que no es nuevo: la condición animal
del ser humano que es una especie más y, que de la misma manera que el resto de los
animales, está sujeto a condiciones orgánicas de existencia o necesidades básicas. Esas
necesidades básicas o primarias deben ser satisfechas de modo permanente para que
los organismos garanticen su vida. Este punto de partida es el pretexto para dirigirse a
la idea de cultura. Malinowski va a plantear que el hombre y el animal se diferencian
en la satisfacción de las necesidades básicas. En el caso de los animales la satisfacción
es a través de una relación directa con la naturaleza, porque en ellos, la constitución
orgánica, su propia naturaleza, les provee todo lo necesario para la subsistencia, los
dota de lo que necesitan para vivir: agilidad, velocidad, agudeza visual, escamas, pelos
o plumas, fuerza muscular, garras, aletas, etc…, según cada caso. Pero en el hombre
la
cuestión cambia, porque la constitución corporal no alcanza para resolver la
satisfacción de esas necesidades, de modo que ellas implican una relación indirecta
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La corriente teórica conocida como funcionalismo, en Gran Bretaña, comenzó a desarrollarse en torno
a las ideas de dos antropólogos a los que se considera como sus “padres fundadores”. Uno de ellos fue
Alfred Radcliffe-Brown, quien se dedicó al estudio de la estructura social de las “sociedades primitivas” y
realizó trabajos de campo etnográfico en África, Asia y Australia. El otro fue su contemporáneo y rival,
Bronislaw Malinowski, de quien nos ocupamos en este texto.
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con la naturaleza. Esa relación indirecta se logra a través de la creación humana de un
ambiente artificial, secundario: la cultura.
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A pesar de las diferencias entre hombre y animal, Malinowski reconoce que existen
muchas veces situaciones que llevan, en el caso de distintas especies animales, a
valerse de instrumentos, de artefactos para satisfacer las necesidades; la posibilidad
de usar un instrumento que dé un resultado exitoso, es decir, que logre la satisfacción
de una necesidad puede pasar a constituir un hábito. Este comportamiento, el hábito,
es siempre improvisado e individual; el animal que usa determinado objeto para
satisfacer una necesidad improvisa ese uso. Lo que básicamente lo diferencia del caso
humano, es que ese comportamiento no se transmite de generación en generación
como conocimiento, se trata de un uso arbitrario, individual, de un instrumento o
técnica que no se integra ni se fija como tradición. Aunque se valga de un hábito
repetidas veces, porque le permite alcanzar la satisfacción de una necesidad, ningún
animal le enseña a su cría cómo tiene que hacer para vivir, no le trasmite
conocimientos. El hábito, en este caso entendido como comportamiento improvisado,
no es la base de una conducta reflexiva grupal. Esa diferencia es fundamental, porque
en el caso del hombre, sujeto a las mismas necesidades básicas, la creación del
ambiente artificial -la cultura- se torna inseparable de la satisfacción de las
necesidades básicas. Cuando Malinowski habla de necesidades básicas, primarias u
orgánicas, señala las prototípicas: alimentación, reproducción y protección, que son
indispensables para garantizar la vida. En el caso de los hombres, las actividades que
hacen posible la satisfacción de estas necesidades están siempre organizadas
colectivamente y dan lugar a formas de cooperación y coordinación de los esfuerzos
para alcanzar el fin deseado. Ese comportamiento colectivo y organizado
, basado en la
cooperación, constituye para Malinowski una costumbre, a diferencia del hábito
animal. Cualquier actividad permanente de los hombres que cooperan con una
finalidad común va a ser definida por él como costumbre; ésta a su vez es la base de la
creación de tradiciones, que son producciones culturales, porque implican normas,
usos de herramientas, valores, conocimientos, que se transmiten de generación en
generación, se enseñan y se aprenden. De manera que el comportamiento cultural
implica la existencia de la costumbre como forma prototípica del comportamiento
humano, en oposición al hábito en el animal como comportamiento precultural.
La cultura es entendida por Malinowski como una realidad instrumental
, un medio
para un fin, es el medio del que nos valemos los seres humanos para obtener la
satisfacción de nuestras necesidades. Toda cultura es un conjunto integral constituido
por tres dimensiones o elementos: un aparato material, el conjunto de herramientas,
artefactos o utensilios que constituye la tecnología de la que dispone cualquier grupo
humano; un aparato humano, las reglas o normas que hacen posible la coordinación
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Malinowski distingue a la cultura como un “ambiente secundario” para señalar su especificidad, en
relación con el medio ambiente natural; la naturaleza es el ambiente primario en el que existimos todos
los seres vivos.
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de la acción entre los hombres, la cooperación y la organización de las relaciones
sociales entre individuos y grupos. Y un aparato espiritual, los valores, las creencias,
ideas y conocimientos que expresan los modos en que los seres humanos concebimos
y definimos la realidad. Este ambiente artificial así constituido hace a la única forma
posible de satisfacer las necesidades orgánicas en el hombre.
El hombre, con objeto de vivir, altera continuamente lo que le rodea. En todos los puntos de contacto
con el mundo exterior, crea un medio ambiente secundario, artificial. Hace casas o construye refugios;
preparará sus alimentos de forma más o menos elaborada, procurándoselos por medio de armas y
herramientas; hace caminos y utiliza medios de transporte. Si el hombre tuviera que confiar
exclusivamente en su equipamiento anatómico, pronto sería destruido, o perecería de hambre o a la
intemperie. La defensa, la alimentación, el desplazamiento en el espacio, todas las necesidades
fisiológicas y espirituales se satisfacen indirectamente por medio de artefactos, incluso en las formas
más primitivas de vida humana. El hombre de la naturaleza, el Natürmensch, no existe” (…)
Malinowski, B. “La cultura” (1931: 85-86)
De manera que la cultura redefine las propias necesidades básicas, porque condiciona
las formas de satisfacerlas. Por ejemplo, la nutrición, la necesidad de alimentarnos la
tenemos todos los seres humanos, pero la forma de hacerlo es siempre particular: la
referencia a recursos naturales determinados, una tecnología aplicada a esos recursos,
las normas, las ideas, las creencias sobre por qué comemos determinadas cosas y no
otras, son inseparables de la necesidad, la remodelan y la vuelven cultural. No
tenemos hambre de cualquier cosa, sino de aquello que consideramos alimento y lo
que consideramos alimento es inseparable de nuestra cultura. No hay una forma
neutra o universal de satisfacción de necesidades, toda necesidad básica se resuelve al
interior de un entramado cultural que siempre va a ser particular y singular.
Para explicar más precisamente esta relación entre necesidades básicas y
comportamientos culturales, Malinowski introduce dos conceptos que se vuelven
inseparables del concepto de cultura: función e institución. De hecho, el nombre de la
corriente teórica remite al concepto de función
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, apunta a dos sentidos
simultáneamente.
En su primer sentido, la función es la satisfacción de necesidades básicas a través de
actividades organizadas en las cuales los hombres usan bienes cooperando entre .
Esa idea de que para satisfacer necesidades básicas es necesario organizar actividades
en común entre los hombres, es lo que conduce al segundo concepto, el de institución,
ya que para Malinowski la unidad mínima de comportamiento organizado es lo que va
a llamar institución. Una institución es entonces una unidad mínima de conducta
organizada o de organización humana, que supone relaciones de los hombres entre
y relaciones con el ambiente natural y el ambiente cultural, de acuerdo con normas
[aparato humano] y valores [aparato espiritual] que definen la/s conducta/s
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El concepto de función, en ciencias sociales, fue definido por primera vez por Émile Durkheim en su
obra “Las reglas del método sociológico”, publicada en 1895.
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adecuada/s y el uso de un equipamiento material, de herramientas [aparato material].
Una acción institucional refiere a un modelo de conducta ideal a seguir. La institución,
para Malinowski es la unidad mínima observable “en la vida real”, al analizar
comportamientos, prácticas, actitudes durante el trabajo de campo afirma que estos
siempre remiten a algún marco institucional. De manera que las instituciones son los
lugares donde se concretan las dimensiones material, humana y espiritual de la
cultura; en las instituciones esos “aparatos” se conectan entre sí de modos específicos,
se manifiestan, se expresan, pueden verse.
“[…] Para formular cierto número de principios fundamentales puede tomarse un ejemplo de la cultura
material. El artefacto más simple ampliamente utilizado en las culturas más simples, un palo liso,
burdamente cortado, de unos seis o siete pies de longitud, de tal forma que puede utilizarse para
excavar raíces en el cultivo del suelo, para empujar una embarcación o para caminar, constituye un
elemento o rasgo de cultura ideal, pues tiene una forma fija y sencilla, aparentemente es una unidad
autosuficiente y tiene gran importancia en todas las culturas. Definir la identidad cultural del palo por su
forma, por la descripción de su material, su longitud, su peso, su color o cualquier otra de sus
características físicas (...) sería una forma de proceder metódicamente equivocada. El palo de cavar se
maneja de una manera determinada; se utiliza en el huerto o en la selva para propósitos especiales; se
obtiene y se abandona de forma algo descuidada pues un ejemplar suele tener muy poco valor
económico. Pero el palo de cavar reluce ampliamente en al esquema económico de cualquier
comunidad en que se utiliza, a i como en el folklore, la mitología y las costumbres. Un palo de idéntica
forma puede utilizarse en la misma cultura como palo para empujar una embarcación, bastón para
andar o arma rudimentaria. Pero en cada uno de estos usos específicos, el palo se incrusta en un
contexto cultural distinto; es decir, se somete a distintos usos, se envuelve en distintas ideas, recibe un
valor cultural distinto y por regla general se designa con nombres distintos. En cada caso forma parte
integrante de un sistema distinto de actividades humanas estandarizadas. En resumen, cumple distintas
funciones. Lo pertinente para el estudioso de la cultura es la diversidad de funciones y no la identidad
de forma. El palo sólo existe como parte de la cultura en la medida en que se utiliza en las actividades
humanas, en la medida en que sirve a necesidades humanas; y por tanto el palo de cavar, el bastón de
andar, el palo para empujar una embarcación, aunque puedan ser idénticos en su naturaleza física,
constituyen cada uno de ellos un elemento distinto de cultura. Pues tanto el más simple como el s
complejo de los artefactos se define por su función, por el papel que juega dentro de un sistema de
actividades humanas; se define por las ideas conectadas con él y por los valores que lo envuelven”.
Malinowski, B. “La cultura” (1931: 91-92)
En la medida en que toda cultura está constituida por esos tres aparatos o
dimensiones, toda cultura es una totalidad compleja, la complejidad deriva de la forma
particular en que estas dimensiones se interrelacionan y funcionan de acuerdo con una
lógica particular. Esto es distinto a lo que sostiene la teoría evolucionista; para el
evolucionismo no todas las sociedades son igualmente complejas, algunas son más
simples y otras más complejas de acuerdo con el nivel de progreso alcanzado, esto
desaparece en la teoría de Malinowski. Para el funcionalismo, toda cultura supone una
forma particular de interrelación entre esas tres dimensiones que permiten su
funcionamiento y que es distinta en cada caso; esa lógica particular es lo que el
antropólogo tiene que poder descubrir y explicar. Ahí está, -en esa lógica “extraña”,
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“distinta”- lo exótico, la alteridad, en la forma cultural particular a través de la cual se
hace posible la vida de los hombres. A pesar de que Malinowski enfatiza en la idea de
complejidad de toda cultura, plantea que existe un grado cualitativo de mayor o
menor complejidad de las sociedades, en las primitivas las instituciones suelen ser
multifuncionales (una misma institución cumple múltiples funciones); en las
sociedades modernas la tendencia de las instituciones es la autonomía de las funciones
(el cumplimiento de funciones específicas que no se intersectan/entrecruzan). A mayor
multifuncionalidad de las instituciones, menor complejidad; a mayor autonomía,
mayor complejidad de la cultura.
El sistema de intercambio Kula es el ejemplo por excelencia de una institución
multifuncional. El Kula, cumpliendo diversas funciones simultáneamente (económicas,
políticas, jurídicas, simbólicas), expresa una lógica cultural específica, alejada de la que
rige en el mundo conocido por el investigador: Occidente, el mundo con el cual este se
identifica culturalmente. Una lógica diversa, respecto de la propia cultura, no es ni
mejor ni peor que la propia; es equivalente
en cuanto a organización, sentido y
racionalidad. Los otros, a pesar de ser lejanos y distintos, no representan menos lógica,
ni menos racionalidad, ni desorganización.
Los estudios de Malinowski sobre la cultura van en paralelo con la implementación
del trabajo de campo etnográfico y la técnica de la observación participante. Los
resultados que Malinowski obtuvo con esa manera de trabajar en investigación lo
llevaron a formalizar, a sistematizar su propuesta como un modelo a seguir, si bien
algunos años antes otros antropólogos habían hecho experiencias semejantes. El
método etnográfico en el trabajo de campo y la observación participante se le
atribuyen, aunque en verdad no se trató de una invención tan exclusiva. Lo original en
Malinowski fue haber reflexionado profundamente sobre los resultados obtenidos y
haberse interesado por normalizarlos como el método a adoptar en la investigación
antropológica.
El segundo sentido del concepto de función alude al papel o el rol que las
instituciones -y también los individuos- juegan al interior de la cultura. Todos los
individuos ocupan determinados lugares sociales y cumplen roles que contribuyen a la
reproducción de la cultura como un todo. El papel de los individuos a través de las
instituciones apunta justamente a eso, a la preservación y el mantenimiento de la
cultura como un todo. La existencia, conservación, preservación y transmisión de la
cultura -de la totalidad- requiere del funcionamiento adecuado de las unidades que la
componen, que son las instituciones. Para Malinowski, el análisis de la cultura no
puede limitarse a abordar sólo un elemento o rasgo -ya sea la tecnología, el
parentesco, la familia, la religión, la economía, etc.-. El enfoque funcionalista implica
analizar el lugar que ese elemento ocupa en la totalidad de la que forma parte, porque
es la referencia al todo y las interrelaciones de ese elemento, o de esa institución con
las demás, lo que dota de sentido aquello que se analiza; el todo explica la parte. Esta
perspectiva se conoce como holismo, las culturas son consideradas totalidades
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orgánicas que funcionan de manera integral y coherente. De manera que, al analizar
un aspecto específico de la cultura, la posibilidad de llegar a una explicación por parte
del investigador está dada por la manera en que ese aspecto se inserta en el todo; ese
elemento adquiere sentido por su relación con el resto de las dimensiones que
conforman la totalidad cultural.
La cultura, en tanto medio artificial o secundario, inseparable de la existencia
humana, le impone al hombre un nuevo tipo de necesidades que se agregan a las
necesidades básicas. La cultura introduce un nuevo orden de necesidades secundarias
o derivadas que Malinowski va a llamar imperativos, porque justamente se tornan
imperativas (imposición) para el hombre. El ser humano depende de la satisfacción de
estas necesidades para garantizar la existencia y el funcionamiento de la cultura como
un todo, y de esa manera asegurar su propia existencia. Los imperativos son de dos
tipos: los instrumentales y los integrativos. Los imperativos instrumentales son medios
para la satisfacción de un fin determinado, apuntan a un medio que los hombres usan
para satisfacer necesidades específicas. Esos imperativos se concretan en cuatro
formas: 1) la economía, 2) la educación y 3) la ley, la cual da lugar a 4) la política y el
derecho. Estos imperativos instrumentales tienden, en todas las sociedades, a
realizarse a través de instituciones particulares. La economía resuelve el
abastecimiento permanente de recursos que deben ser provistos de determinadas
maneras y deben producirse, circular y consumirse de modos específicos. La ley es la
forma en la que la cultura torna obligatoria la cooperación; para que los hombres
existan deben satisfacer sus necesidades a través de actividades coordinadas,
colectivas, que implican cooperación, las normas indican cómo hacerlo adecuando las
conductas. La importancia que Malinowski le asigna a las normas o reglas en el
funcionamiento de la cultura y el sostenimiento de la vida social, deriva de su
particular concepción acerca de la naturaleza humana. Para Malinowski, los seres
humanos somos eminentemente egoístas; el hecho de ser organismos sujetos a
necesidades básicas que debemos satisfacer permanentemente, explica el egoísmo. La
cultura es la encargada de refrenar nuestros impulsos egoístas, dado que para poder
satisfacer nuestras necesidades requerimos de los demás. Ningún individuo puede
realizar por mismo la totalidad de las actividades implicadas en la producción de los
recursos que garantizan la satisfacción de sus necesidades. Las actividades colectivas,
basadas en la cooperación, implican convivencia, coordinación y acuerdos; sobre la
base de estos requerimientos cada cultura elabora respuestas específicas y
particulares a necesidades humanas que son universales.
De manera que en relación al problema que viene desde el evolucionismo, acerca de
qué es lo universal y lo particular en el ser humano, en este caso lo universal son los
principios de organización institucional, las funciones que los elementos de la cultura
deben cumplir, esas funciones son las mismas para todas las formas de existencia
humana. Lo particular está en los modos específicos en que cada cultura satisface esas
necesidades a través de instituciones particulares. Las instituciones se organizan de
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modos diversos y responden a lógicas diversas, en tanto que las funciones refieren a
los papeles que aquellas deben cumplir, que son siempre las mismas, en la medida que
las necesidades básicas son las mismas para todos los seres humanos dada la
universalidad de la naturaleza humana.
Con respecto a los imperativos integrativos, cumplen la función de integrar,
cohesionar al hombre con la sociedad, son los aglutinantes del hombre en la sociedad;
para Malinowski son: la magia, el conocimiento y la religión. Se trata de las
representaciones, los conceptos, las ideas que comparten todos los miembros de una
cultura; estas elaboraciones culturales son las encargadas de aportar sentimientos de
seguridad y de comunidad, de identidad colectiva, etc., cumpliendo la función de
cohesionar/unir al grupo como un todo en torno a ideas, valores y creencias en común.
“Los tres imperativos instrumentales, la organización económica, la ley y la educación, no agotan todo lo
que la cultura entraña en su satisfacción indirecta de las necesidades humanas. La magia y la religión, el
conocimiento y el arte, forman parte del esquema universal que subyace a todas las culturas concretas y
puede decirse que nacen en respuesta de un imperativo integrador o sintético de la cultura humana”.
Malinowski, B. “La Cultura” (1931: 107)
Sabemos que una de las cuestiones que dio lugar a muchas de las críticas al
evolucionismo fue el problema del etnocentrismo; los evolucionistas explicaron a los
otros como “diferentes” por su cultura a partir de compararlos desde el parámetro de
sus propias realizaciones entendidas como más evolucionadas, por lo tanto, más
complejas y más racionales, “civilizadas”. De este modo, los otros son salvajes o
bárbaros porque no llegaron a la civilización, que supone haber alcanzado el máximo
desarrollo cultural. Esa valoración positiva de la propia sociedad proyectada sobre los
demás lleva a discursos y a perspectivas sesgadas por el prejuicio. Malinowski se
propuso combatir el etnocentrismo en todos los planos, en el sentido de aportar desde
la antropología, elementos para que el hombre occidental sea menos etnocéntrico y
más dispuesto a aceptar sin prejuicios otros modos de vida, otros comportamientos,
creencias y costumbres. Se propuso también, a través de la teoría y la investigación,
resolver lo que el evolucionismo no había podido, los evolucionistas crearon
conocimiento, elaboraron teorías y especularon sobre el desarrollo de la humanidad a
partir de basarse en datos, evidencias empíricas, que ellos mismos no recolectaron,
confiaron en información brindada por otros -viajeros, militares, comerciantes,
misioneros, etc.-. Los evolucionistas no viajaron a ninguna sociedad exótica para ver
por sí mismos y estar presentes en la vida cotidiana de pueblos lejanos. La información
provenía del hombre práctico medio, el hombre occidental que no formula -para
Malinowski- su conocimiento con claridad, ese hombre estaba sujeto a todo tipo de
prejuicios que debían ser superados por la Antropología en tanto ciencia. Para
Malinowski, la objetividad que proporciona la formación científica garantizaba el freno
del etnocentrismo, era lo que autorizaba que el antropólogo pudiera hablar, analizar,
sin caer en el prejuicio.
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Para terminar, en relación con la idea de diversidad, Malinowski parte de pensar que
las culturas son diversas. En primer lugar, el hecho de que las culturas son distintas es
algo constatable, es algo verificable empíricamente. Las diferencias, o lo que hace
distintas a las culturas entre -la diversidad- se expresa en la multiplicidad de formas
culturales. Cada cultura es un todo complejo, organizado, en el cual las partes
funcionan por interconexiones que sostienen su funcionamiento, perpetuación y
reproducción. La lógica que ordena ese funcionamiento, es lo que la antropología
funcionalista se propuso descubrir, analizar, explicar y describir.
Bibliografía
-BOIVIN, M., A. ROSATO y V. Arribas (2007). Constructores de Otredad. Buenos Aires:
Antropofagia.
-MALINOWSKI, Bronislaw [1931] “La cultura”. En KAHN, J. S. (1975) El concepto de
cultura: textos fundamentales. Barcelona: Anagrama.
-MALINOWSKI, Bronislaw (1976). Una teoría científica de la cultura. Buenos Aires:
Sudamericana.
Kuz. Funcionalismo. Malinowski, teoría de la cultura. Ficha de cátedra (1).pdf
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