interés del público lo despiertan más fácilmente los acontecimientos dramáticos
y las celebridades, son comunes los medios que alimentan la noticia. Durante
varias semanas después de la muerte de Michael Jackson, por ejemplo, era
prácticamente imposible encontrar un canal de televisión que tratara de otro
tema. Por el contrario, es muy pequeña la cobertura que se presta a temas
cruciales, pero no excitantes y de apariencia menos dramática, como el declive
de la calidad de la educación o la sobreutilización de recursos médicos en el
último año de vida. (Cuando escribí esto, advertí que mi selección de ejemplos de
« pequeña cobertura» se dejaba guiar por la disponibilidad. Los temas que elegí
como ejemplos se mencionan muchas veces, mientras que asuntos igualmente
importantes, pero menos disponibles, no me vinieron a la mente.)
Entonces no nos dimos plena cuenta, pero una razón clave del gran atractivo
de « la heurística y los sesgos» fuera de la psicología fue un aspecto secundario
de nuestro trabajo: casi siempre incluimos en nuestros artículos el texto completo
de las preguntas que nos habíamos hecho a nosotros mismos y a nuestros
encuestados. Estas preguntas servían de demostraciones para el lector, pues le
permitían reconocer cómo su propio pensamiento tropezaba con sesgos
cognitivos. Espero que el lector de este libro hay a tenido tal experiencia al leer la
pregunta sobre Steve el bibliotecario, cuy a intención era ay udarle a apreciar el
poder de la semejanza como un factor de probabilidad y a ver lo fácil que es
ignorar datos estadísticos relevantes.
El uso de demostraciones proporcionó a especialistas de varias disciplinas —
especialmente filósofos y economistas— una oportunidad única de observar
posibles fallos en su propio pensamiento. Viendo cómo ellos mismos fallaban, era
más probable que cuestionaran el supuesto dogmático, entonces predominante,
de que la mente humana es racional y lógica. La elección del método era
crucial: si hubiésemos comunicado resultados de experimentos convencionales,
el artículo habría sido menos interesante y menos memorable. Además, los
lectores escépticos se habrían distanciado de los resultados, atribuyendo los
errores de juicio a la proverbial volubilidad de los estudiantes universitarios,
participantes habituales en los estudios psicológicos. Ni que decir tiene que no
elegimos demostraciones en vez de experimentos normales porque quisiéramos
influir en filósofos y economistas. Preferimos demostraciones porque eran más
amenas, y estábamos contentos con el método que elegimos y en muchos otros
sentidos. Un tema recurrente de este libro es que la suerte desempeña un
importante papel en toda historia en la que se consigue un éxito; casi siempre es
fácil identificar un ligero cambio en la historia que habría convertido un notable
logro en un resultado mediocre. Nuestra historia no fue una excepción.
La reacción a nuestro trabajo no fue uniformemente positiva. En especial se
nos criticó nuestra atención a los sesgos, dando a entender que teníamos un
concepto injustamente negativo de la mente.
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Como puede esperarse en la