José Ramón Alonso Pereira
Estudios
Universitarios de
Arquitectura
8
Edición
corregida y
aumentada
Reimpresión
2012
Introducción a la
HISTORIA
de la arquitectura
De los orígenes al siglo XXI
Editorial
Reverté
Estudios
Universitarios de
Arquitectura
8
Introducción a la
HISTORIA
de la arquitectura
Colección dirigida
por Jorge Sainz
Prólogo
Pedro Navascués
Edición
Jorge Sainz
De los orígenes al siglo xxi
José Ramón Alonso Pereira
Estudios
Universitarios de
Arquitectura
8
Introducción a la
HISTORIA
de la arquitectura
Editorial
Reverté
Edición
corregida y
aumentada
Reimpresión
2012
© José Ramón Alonso Pereira, 1995, 2005
1ª,y ediciones:
Servicio de Publicaciones, Universidad de La Coruña, 1995, 1998, 2001.
Esta edición:
© Editorial Reverté, S.A, Barcelona, 2005
Isbn: 978-84-291-2108-7
Reimpresiones: 2009, 2012
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Impreso en España · Printed in Spain
Depósito Legal: B 46652-2008
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# 1263
Registro bibliográfico
Nº depósito legal: B 46652-2008
Isbn: 978-84-291-2108-7
Cdu: 72(091)
Autor personal: Alonso Pereira, José Ramón (1953-)
Título: Introducción a la historia de la arquitectura : de los
orígenes al siglo xxi / José Ramón Alonso Pereira ;
prólogo, Pedro Navascués ; edición, Jorge Sainz
Edición: Ed. corr. y aum. ; reimp.
Publicación: Barcelona : Reverté, 2012
Descripción física: 378 p. : il., planos ; 24 cm
Serie: (Estudios Universitarios de Arquitectura ; 8)
Bibliografía: Bibliografía: p. [361]-369. Índice
Encabezamiento materia: Arquitectura – Historia
Índice
Prólogo 7
1 Planteamientos generales 11
I. Los orígenes de la arquitectura
2 Menhir, cueva y cabaña 19
3 El laboratorio egipcio 27
4 El presente eterno 35
II. El Mundo Clásico
5 El territorio de la arquitectura clásica 45
6 Orden y lenguaje 49
7 La cabaña clásica 59
8 Arquitectura y edilicia romanas 69
9 La ciudad romana 83
III. El Medievo
10 La cívitas Dei medieval 93
11 La cabaña cristiana 101
12 El románico, primer estilo de Occidente 111
13 Lógica y esplendor de la arquitectura gótica 117
IV. La Edad del Humanismo
14 El Renacimiento 129
15 El proyecto y la perspectiva renacentista 137
16 El lenguaje clásico en los siglos xv y xvi 143
17 Escalas y escenografías barrocas 153
18 La ciudad barroca 165
V. La Revolución Industrial
19 Revisión y quiebra del clasicismo 179
20 La composición arquitectónica 187
21 Eclecticismo e industrialización 193
22 La ciudad del siglo xix 207
VI. El Movimiento Moderno
23 Vanguardias y experimentalismos 225
24 Metodología y territorio 235
25 La ciudad moderna 243
26 El lenguaje moderno 251
27 Épica y esplendor de la arquitectura moderna 263
VII. Nuestro presente
28 Modernidad y posmodernidad 277
29 Quiebra y destrucción de los modelos universales 291
30 El desafío de la contemporaneidad 305
Láminas 316
Bibliografía 361
Índice alfabético 371
Hace diez años que vio la luz por primera vez este libro, concebi-
do entonces por su autor como una introducción a la historia de
la arquitectura destinada a los estudiantes de primer año de la Es-
cuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de La
Coruña, de donde José Ramón Alonso Pereira es hoy catedrático.
La obra cumplió con creces el objetivo inicial y, agotadas las tres
primeras ediciones, conoce ahora una segunda aventura editorial
inducida por la insistente demanda de aquel manual universita-
rio. Su génesis y su estructura derivan de lo que en un momento
determinado de su carrera universitaria fue el programa docente
de unas oposiciones de cuya brillantez doy fe como presidente del
tribunal que fui en aquella ocasión.
Es decir, se trata de un libro pensado en, desde y para el espe-
cífico ámbito de las escuelas de arquitectura, teniendo en cuenta
además las exigencias académicas de dos de las materias que obli-
gadamente cursan los alumnos, ‘Introducción a la arquitectura’ e
‘Historia de la arquitectura’ en el actual plan de estudios. Si po-
nemos de manifiesto todos estos aspectos que podrían parecer su-
perfluos a primera vista es porque, precisamente, esta Introduc-
ción a la historia de la arquitectura está concebida para servir de
guía al aprendiz de arquitecto en sus primeros escarceos por el in-
menso horizonte de la historia y de la arquitectura, un horizonte
ciertamente abrumador donde una vez más los árboles no dejan
ver el bosque, y viceversa.
Una de las tareas más difíciles del docente es, precisamente, de-
finir el área de actuación, organizar los contenidos con propiedad
y, sobre todo, exponerlos con claridad. Esto es lo que el lector va
a encontrar aquí en una visión tan válida como clásica: los oríge-
nes de la arquitectura, el mundo clásico, la Edad Media, Renaci-
miento y Barroco, la Revolución Industrial, el Movimiento Mo-
derno y, lo que el autor llama ‘nuestro presente’ para referirse a
la arquitectura de la segunda mitad del siglo xx, es decir, hasta el
ayer, pues el presente, y muy especialmente el sujeto a la moda,
inmediatamente se convierte en historia pretérita.
El esquema resulta irreprochable, entendiendo que no se plan-
tea aquí una historia de la arquitectura, sino una introducción a
la misma, y éste es probablemente el aspecto más positivo del li-
bro. Se trata de una primera introducción a la arquitectura, a la
historia y a la composición, en la que se van trenzando los con-
Prólogo
Pedro Navascués ha sido, hasta
su jubilación en 2012,
catedrático de Historia de la
Arquitectura en la Escuela
Técnica Superior de
Arquitectura de Madrid; es
también miembro de la Real
Academia de Bellas Artes de
San Fernando.
Pedro Navascués
A la memoria de Fernando Chueca,
a cuyo magisterio personal se vinculan
este libro y su autor.
Introducción a la arquitectura
Este libro recoge, en una visión general y unitaria, el devenir de
la arquitectura occidental a través del tiempo, desde sus orígenes
remotos hasta nuestra misma contemporaneidad; no es ni pre-
tende ser una historia convencional de la arquitectura, sino una
introducción a su estudio que desvele sus claves y permita acce-
der a su realidad tanto al profesional como al aficionado, espe-
cialmente a quien se acerca a la arquitectura por primera vez; bus-
ca plantear una reflexión sobre la especificidad de la arquitectura,
pretendiendo abrirse a ella y percibirla como una realidad onto-
lógicamente nueva y distinta de cualesquiera otras ya conocidas.
Un rasgo diferencial que identifica la arquitectura para un ar-
quitecto es el carácter de experiencia y de proceso con que se pre-
senta. Desde un punto de vista eminentemente arquitectónico,
esta publicación atiende, pues, al proceso proyectivo de la arqui-
tectura, formulando el saber histórico como medio clave para el
conocimiento de la composición y de la construcción arquitectó-
nicas, atendiendo a los problemas que cada sociedad y sus arqui-
tectos se plantearon, y a aquellas cuestiones que explican el por-
qué de las permanencias y de las evoluciones. Pues la historia no
pertenece a un pasado más o menos distante, sino que forma par-
te operativa del presente. ¿Acaso –se ha dicho– hacer edificios
nuevos no ha sido siempre hacer una crítica de los edificios del
pasado?
Historia de la arquitectura
En esta tarea, la historia es el vehículo útil y necesario para la
aproximación a la arquitectura. Por medio de él se harán poco a
poco individualizables sus componentes y sus elementos específi-
cos. Es en la historia donde puede y debe encontrarse el sentido
de la acción y la reflexión arquitectónica, iluminando el presente
desde el pasado y convirtiendo su campo intelectual en un autén-
tico campo de operación. Pues la historia es el instrumento vital
que, a modo de pértiga, sirve para emprender más vigorosamen-
te el salto.
Hay distintas formas de entender y de explicar la historia de la
arquitectura. Frente a la historia del arte concebida como histo-
Planteamientos generales:
de los orígenes al siglo XXI
Capítulo 1
I. Los orígenes de la arquitectura
Orígenes y límites de la arquitectura
Discrepan investigadores y críticos sobre cuál sea el origen y la
esencia misma de la arquitectura: el menhir, la cueva o la cabaña,
entendidos como símbolos físicos del arte, el cobijo y la raciona-
lidad construida.
Y si bien a lo largo de la historia va a ser esta última, la caba-
ña, el centro efectivo de desarrollo de la actividad arquitectónica,
conviene comenzar reflexionando no ya sobre ella, sino sobre el
menhir y la gruta como las arquitecturas primarias o primeras –y
quizá también como las arquitecturas últimas de la humanidad–,
por cuanto en los principios que representan una y otra está re-
sumido y polarizado todo el concepto y todo el desarrollo histó-
rico de la arquitectura.
El menhir es el monumento más primigenio, más sencillo, más
lejano a toda utilización o elaboración. Es la arquitectura como
símbolo, como signo, como significación; una arquitectura no ha-
bitable, pero intrínsecamente cargada de capacidad comunicativa.
La cueva constituye el principio opuesto. Es la arquitectura
como cobijo. Es la necesidad de habitar, de cobijarse, de guare-
cerse de un mundo agresivo; es el reflejo del eterno retorno al
claustro materno. Arquitectura muda, sin significación ni capaci-
dad de transmisión, la cueva viene a ser una necesidad materiali-
zada en la propia tierra –la madre tierra–, pues ciertamente los
primeros hábitats humanos han sido las cavernas que la natura-
leza ofrecía como sitio de refugio contra animales e inclemencias
del tiempo.
Entre estos dos principios, en infinitas combinaciones en las
cuales éstos –complementándose o contraponiéndose– daban lu-
gar a diversos desarrollos y evoluciones, se ha debatido toda la
historia de la arquitectura. En una dualidad a menudo conflicti-
va, el cobijo y la comunicación han llenado toda la búsqueda ar-
quitectónica del hombre y, tanto en sus planteamientos como en
sus soluciones, han determinado los límites de la arquitectura.
El menhir
En una definición estricta, menhir es todo monolito hincado ver-
ticalmente en el suelo. Pero frente a este elemento prehistórico hay
Menhir, cueva y cabaña
Capítulo 2
Egipto como laboratorio arquitectónico
En el planteamiento de los problemas arquitectónicos nos resulta
muy interesante encontrar una especie de laboratorio de arqui-
tectura, o sea, un lugar donde los problemas básicos puedan re-
ducirse en su complejidad, con el mismo fin con que se reducen y
se resuelven en un laboratorio científico.
La singularidad de Egipto le hace ser un verdadero laboratorio
arquitectónico. Apenas se encontrará otro país cuya estructura sea
tan simple y regular, y esta estructura geográfica –tan simple y evi-
dente– facilita la abstracción y simbolización de los conceptos
fundamentales. Asimismo, Egipto tiene suficiente capacidad como
para verificar las hipótesis que hagamos, tanto por su dimensión
física, como por su estabilidad casi atemporal. Egipto es, pues,
como un gran laboratorio en el que los sucesos y situaciones ar-
quitectónicas se dan con simplicidad en condiciones geográficas e
históricas muy especiales.
Egipto se nos muestra como la esencia de la Antigüedad, como
escribe Sigfried Giedion: «En todo el mundo existió siempre al-
guna forma de arte, pero la historia del arte como esfuerzo con-
tinuado no comienza en las cuevas del sur de Francia o entre los
indios americanos. No existe ilación directa entre esos extraños
comienzos y nuestros días, pero hay una tradición directa pa-
sando del maestro al discípulo y del discípulo al admirador o al
copista, que relaciona el arte de nuestro tiempo con el del valle
del Nilo de hace unos 5.000 años, pues los artistas griegos hicie-
ron su aprendizaje con los egipcios, y todos nosotros somos alum-
nos de los griegos.» De ahí la formidable importancia de la he-
rencia egipcia en la arquitectura occidental.
El marco físico egipcio es una de las bases de su singularidad.
Situado al noreste de África, junto al trópico, Egipto se extendía
en torno al Nilo –entre la primera catarata y el mar Mediterrá-
neo– a lo largo del borde oriental del Sahara, el mayor desierto
del mundo, en el que no llueve casi nunca y las únicas aguas que
pueden encontrarse se hallan a gran profundidad, salvo unos
cuantos oasis.
El Nilo se convierte, pues, en un don del cielo y Egipto en un
don del Nilo –como lo definió Heródoto– que vertebra el país y
cuyas crecidas regulares fertilizan sus rgenes permitiendo la
El laboratorio egipcio
Capítulo 3
De la ideografía al signo
Todo lo expuesto –el plano horizontal, la directriz vertical, la re-
tícula y la ortogonalidad, la axialidad, la simetría y la serie– no
hace sino repetirnos una y otra vez la posición esencial de la geo-
metría en la base de la arquitectura. Pero es necesario dar un paso
más hacia la forma arquitectónica.
Las inundaciones anuales del Nilo obligan a la aparición de la
geometría para la medición de las tierras; del mismo modo, hacen
necesario incluir en los registros los límites de las tierras y las can-
tidades cosechadas. Por consiguiente, hay que crear algún sistema
de símbolos para los diferentes números, las diferentes personas,
los distintos tipos de cereales y productos, y los diversos aconte-
cimientos.
Los habitantes de las regiones del Tigris y del Éufrates habían
inventado poco antes de 3000 a.C. un tosco sistema pictográfico
cuya escritura imitaba mediante imágenes los objetos que repre-
sentaba. Los habitantes del valle del Nilo hacen suyo este con-
cepto de escritura, pero lo adaptan a sus propios fines y necesi-
dades. Y por medio de atractivos mbolos inventan la que los
griegos llaman escritura jeroglífica (signos grabados sagrados),
con gran número de símbolos, algunos de los cuales representan
palabras y otros partes de palabras (figura 4.1).
En un principio, la egipcia es una escritura ideográfica, puesto
que representa los objetos por su figura y por un símbolo de ideas
abstractas. Abreviando los signos se hace escritura jeroglífica, al
tiempo que pasa de ideográfica a fonética al hacer silábicos sus
signos. Mas adelante, hacia 1500 a.C. surge en el Mediterráneo
oriental la idea de limitar el número de los símbolos gráficos a
unos 25, representando cada uno de ellos una sola consonante.
Con un alfabeto semejante pueden escribirse miles de palabras di-
ferentes y hacer mucho menos complicado el proceso de la escri-
tura. De aquí precisamente surgen tanto el alfabeto griego como
nuestro alfabeto latino.
La experiencia alfabética nos resulta de aplicación en el cam-
po de la arquitectura, donde es obligado pasar del mundo de las
ideas a un mundo de signos y formas. Las imágenes y las letras
son partes de una misma familia. De ahí la importancia del signo
alfabético en arquitectura. El alfabeto debe entenderse no sólo
El presente eterno:
de la geometría a la forma
Capítulo 4
4.1. Distintos
jeroglíficos que
simbolizan, como
sendos logotipos,
la forma del
templo egipcio.
II. El Mundo Clásico
Aportaciones griegas
Imhotep, el arquitecto de Sakkara, era canciller del rey, juez su-
premo, superintendente de los archivos reales, jefe de los trabajos
reales, supervisor de los dones del Cielo, de la Tierra y del Nilo,
y protector del país. Mil quinientos años después, Senenmut to-
davía era gran intendente de las propiedades de Amón, intenden-
te de las posesiones reales, jefe de los trabajos de la casa de la pla-
ta y gobernador de los trabajos de la corte.
En Egipto y en toda la Antigüedad preclásica tanto el hombre
como las cosas que le rodeaban eran considerados como seres na-
turales que formaban parte del cosmos y a los cuales se aplicaban
de modo genérico las concepciones cósmicas, atendiendo más a
criterios y tradiciones religiosas que a estudios filosóficos o cien-
tíficos.
Pero en la Grecia clásica del siglo v a.C. la consideración filo-
sófica cambia de orientación: en el paso del mythos al logos deja
de lado los problemas cosmológicos y se centra sobre el hombre
y sobre lo humano. Por ello, pese a la filiación de la cultura clási-
ca con la egipcia, el arquitecto griego ya no será ninguna de aque-
llas cosas que era su homólogo egipcio, sino que centrará su aten-
ción en la arquitectura considerándola como un territorio propio
separado de los demás. Y desde Grecia hasta nuestros días, la ar-
quitectura será un problema específico, con un territorio y con un
carácter que, entendidos como categorías permanentes, le permi-
ten autolimitarse y establecer leyes propias.
La aportación inicial de la arquitectura griega es, pues, la deli-
mitación de un territorio propio, que permite comprender la ar-
quitectura como ciencia y estudiarla como campo separado de las
demás artes.
La segunda aportación particular de la cultura griega es el he-
cho de considerar al hombre como medida de todas las cosas: esto
es, el antropomorfismo o, en términos arquitectónicos, la escala
humana.
Antropomorfismo y escala humana
El antropomorfismo no es sino la consideración del hombre co -
mo centro y medida del Universo.
El territorio
de la arquitectura clásica
Capítulo 5

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