
INTRODUCCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA SOCIEDAD Y EL ESTADO (24)
(Cátedra B:
VALDEZ, M. José)
Ejercicio 6
(0.50 puntos)
Tras el Golpe de Estado
de 1930, se fueron
delineando -según Luis A.
Romero- dos grandes
tendencias entre los
sectores que habían
apoyado al levantamiento
militar contra Hipólito
Yrigoyen
Rápidamente las fuerzas que celebraron la clausura de las instituciones constitucionales
cerraron filas tras el Gral. José F. Uriburu y su proyecto autoritario y corporativista, a
tono con exitosas experiencias anticomunistas europeas.
La división entre los golpistas radicaba en el proyecto de inspiración fascista que los
nacionalistas buscaban imponer con el Gral. Agustín P. Justo a la cabeza; contra ese
autoritarismo se aglutinaron radicales antipersonalistas y conservadores liderados por el
Gral. José F. Uriburu.
Inicialmente los sectores nacionalistas que rodeaban al Gral. José F. Uriburu buscaron
ensayar un proyecto autoritario corporativista, pero no tuvieron apoyo de un arco político
que optaba por el pronto retorno a las instituciones constitucionales sin el ejercicio de
un verdadero juego democrático.
Rápidamente se aglutinaron dos frentes definidos por fronteras ideológicas: por un lado,
la llamada “concordancia” de nacionalistas y católicos; y fuera de ellos, un arco
heterogéneo de quienes solamente deseaban instaurar un régimen de democracia
limitada con el radicalismo proscripto.
Ejercicio 7 (0.50 puntos)
Durante la década de
1930, el régimen político
que sucedió a la dictadura
militar del Gral. José F.
Uriburu (1930-1932) fue
visto como ilegítimo por
buena parte de la opinión
pública e importantes
partidos políticos.
La ilegitimidad de origen por el fraude electoral fue compensada exitosamente mediante
negociaciones de tipo corporativista entre las Fuerzas Armadas, la Iglesia y los
sindicatos.
A partir del gobierno del Gral. Agustín P. Justo (1932-1938), pese a las formas
republicanas, las decisiones de gobierno quedaron en mano de la Junta de Comandantes
de las Fuerzas Armadas.
Los cuestionamientos a su legitimidad encontraban motivos en las elecciones
fraudulentas, la escandalosa corrupción y el giro pro-norteamericano en política exterior.
La ilegitimidad tenía su raíz en las elecciones fraudulentas, a las que el principal partido
opositor enfrentó con la abstención durante años, y se agravaba por un ejercicio del
poder corrupto, violento y considerado pro-británico.
Ejercicio 8 (0.50 puntos)
A través de Eva Perón y el
accionar de la Fundación
que llevaba su nombre, el
presidente Juan D. Perón
pretendió reforzar el
vínculo con los sindicatos.
La acción se orientaba a sectores populares no sindicalizados a través de la creación de
escuelas, hogares, estímulo del turismo, entrega de juguetes, etcétera.
Los sindicatos, a través de la Fundación, recibían juguetes, útiles escolares,
oportunidades de vacacionar o participar en actividades recreativas, entre otras.
Gracias a eso el presidente logró sostener la alianza con los trabajadores sindicalizados,
que mejoraron su poder adquisitivo.
La acción se orientaba a la Iglesia, buscando reforzar ese vínculo a través de la
planificación conjunta de actos de caridad.
Ejercicio 9 (0.50 puntos)
De acuerdo a Luis A.
Romero, el Golpe de
Estado de marzo de 1976
fue recibido por la
mayoría de la población
con alivio y expectativas.
Si bien el gobierno de Isabel Perón ya no contaba con apoyo, el grueso de la población
consideraba que la salida era convocar nuevamente a elecciones, apostando por una
salida democrática.
La crisis económica, la acción de las organizaciones guerrilleras y el terror sembrado por
la Triple A generaron condiciones para la aceptación del golpe.
Los militares proponían restablecer el orden y convocar rápidamente a elecciones
democráticas.
Si bien había sectores de la población que apoyaban a las Fuerzas Armadas, los
sindicatos y partidos políticos manifestaron su apoyo a la continuidad del gobierno de
Isabel Perón, aun cuando no tuvieron forma de resistir.
Ejercicio 10 (0.50 puntos)
Tras desactivar la
sublevación de 1987 y
descomprimir las
tensiones con los
militares, el gobierno de
Raúl Alfonsín pudo
avanzar en otras reformas
que demandaba la
consolidación de la
democracia.
Las carapintadas sacaron provecho de la debilidad política en que había quedado el
gobierno tras el episodio de Semana Santa de 1987 y se sublevaron nuevamente en
Monte Caseros, Villa Martelli y La Tablada.
La derrota de las carapintadas abrió el camino para realizar el juicio a las juntas militares
en base a las investigaciones realizadas por la CONADEP.
La cuestión militar no quedaba cerrada con las concesiones realizadas en 1987, ya que
el acuerdo alcanzado fue visto como una claudicación del gobierno que alentó nuevos
levantamientos al año siguiente.
Cuestiones como la resolución del conflicto de límites con Chile pudieron destrabarse a
partir del fortalecimiento de la figura presidencial tras el acuerdo alcanzado con los
militares.