Historia económica
contemporánea
De la Revolución Industrial a nuestros días
historia y sociedad
Alejandra Giuliani
Miguel Mazzeo
Elena V. Marcaida
(Compiladores)
Ariel Filadoro - Adriana Giuliani - Alejandra Giuliani
Cecilia E. Incarnato - Nahuel Jalil - Marcela Lippi
Mercedes F. López Cantera - Miguel Mazzeo - Fernando Pita
Sebastián J. Rodríguez - Elena Scirica - Ezequiel Sirlin
Fernando Stratta - Jorge Wozniak - Agustín Wydler
Historia económica
contemporánea
De la Revolución Industrial a nuestros días
Índice
Prólogo
Alejandra Giuliani y Miguel Mazzeo ....................................................................... 9
Una genealogía política de la teoría económica
Ariel Filadoro..........................................................................................................11
Capitalismo y Revolución Industrial en Gran Bretaña (1780-1850)
Alejandra Giuliani ..................................................................................................41
La industrialización en Estados Unidos
Jorge Wozniak.........................................................................................................73
¿El plan perfecto? La industrialización alemana en el siglo XIX
Cecilia E. Incarnato y Mercedes F. López Cantera.................................................. 91
La primera crisis mundial del capitalismo y su recomposición (1850-1914)
Nahuel Jalil ...........................................................................................................107
El imperialismo: un análisis de la sociedad capitalista de los
siglos XIX y XX
Marcela Lippi ........................................................................................................121
Taylorismo, fordismo y acumulación flexible. Modelos de acumulación y
organización del trabajo en el capitalismo
Agustín Wydler .....................................................................................................137
Expansión, crisis y recomposición. Estados Unidos, de los “años
locos” al estallido de la crisis y el New Deal
Elena Scirica..........................................................................................................161
El nacimiento de un siglo. El período de entreguerras (1918-1939)
Mercedes F. López Cantera ....................................................................................187
Dirección editorial: Daniel Campione y Darío Stukalsky
Corrección: Graciela Daleo
© 2014, de los autores
© 2014, Dialektik editora
Gral. Juan Lavalle 1087,
(1638) Vicente López, Buenos Aires, Argentina
[email protected] / www.dialektik.com.ar.
Primera edición, agosto de 2014
Hecho el depósito que indica la ley 11.723
Editado en Argentina
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o
transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, mecánico, óptico, químico, de grabación
o de fotocopia, sin el permiso del editor.
Historia económica contemporánea : de la Revolución Industrial a
nuestros días / Ariel Filadoro ... [et.al.] ; compilado por
Miguel Mazzeo ; Graciela Alejandra Giuliani ; Elena V. Marcaida
1a ed. - Vicente López : Dialektik Editora, 2014.
384 p. ; 21x15 cm. - (Historia y sociedad; 5)
ISBN 978-987-27865-1-9
1. Historia Económica. 2. Historia Universal. I. Filadoro, Ariel Alberto
II. Mazzeo, Miguel, comp. III. Giuliani, Graciela Alejandra, comp.
IV. Marcaida, Elena V., comp.
CDD 330.9
Imagen de tapa: Steve Heap/Shutterstock.com
Imagen de contratapa: PhotoGraphyca/Shutterstock.com
Una vía no capitalista. La economía de planificación centralizada en la
Unión Soviética
Miguel Mazzeo .....................................................................................................203
La industrialización de Japón: el crecimiento de la posguerra y el toyotismo
Fernando Pita........................................................................................................235
El ciclo de la economía mixta en el capitalismo central (1945-1973)
Ezequiel Sirlin ......................................................................................................251
La transformación del capitalismo finisecular en el espejo norteamericano.
Del Estado de bienestar a la globalización neoliberal
Sebastián J. Rodríguez ...........................................................................................265
La industrialización del sudeste asiático
Adriana Giuliani ..................................................................................................289
El capitalismo neoliberal
Fernando Pita y Ezequiel Sirlin ............................................................................303
América Latina: esbozo para un esquema de interpretación
Sebastián Rodríguez y Ariel Filadoro ....................................................................323
China: visiones de la mutación
Ezequiel Sirlin ......................................................................................................335
Economía social: sus alcances y límites como alternativa al
sistema capitalista
Miguel Mazzeo y Fernando Stratta ......................................................................357
Prólogo
Este libro reúne trabajos escritos con el objetivo de iniciar a los lectores en
el estudio de la historia económica contemporánea. Presenta y analiza pro-
cesos históricos relevantes de los últimos doscientos años con la aspiración
no menor de ayudar a comprender la complejidad de las relaciones sociales
de este, nuestro mundo.
El punto de partida es la gran ruptura que significó el surgimiento del capi-
talismo, el proceso de modernización y su consecuencia más inmediata: la
Revolución Industrial, que potenció y aceleró una serie de tendencias
preexistentes. El punto de llegada remite a procesos recientes, tales como la
globalización neoliberal, las diversas posibilidades de excederla, el desarro-
llo chino y su impacto mundial. La secuencia de los artículos permite una
lectura cronológica de procesos relevantes de la historia económica y a la
vez el detenimiento en el análisis de factores ineludibles a la hora de com-
prenderlos. Así, se estudian procesos de industrialización, períodos de crisis
capitalista, políticas e instrumentos de intervención estatal en la vida econó-
mica, relaciones centro-periferia y diversas formas de organización de los
procesos de trabajo a lo largo del desarrollo capitalista.
Vale tener presente que la historia económica se ubica en un espacio inte-
lectual muy particular, en la encrucijada de un conjunto de disciplinas y
saberes. En sus mejores versiones, la historia económica puede convertirse
en eje articulador y hasta armonizador de esas disciplinas y saberes. En esos
casos, la historia económica es el lugar de la complementación de un con-
junto de variables explicativas. Sin dudas, los trabajos que integran este
volumen no reniegan de esa aspiración. No se les desdibuja el horizonte de
la multidisciplina y los saberes aproximativos pero integrales. Y el afán pe-
dagógico no conspira con la búsqueda de las realidades situadas detrás de
los fenómenos. Este sitio epistemológico, aparentemente privilegiado, en
líneas generales no ha contribuido al reconocimiento disciplinar de la histo-
ria económica. Por el contrario, permanece todavía como una disciplina rela-
tivamente marginal en muchos programas y planes de estudio, sobre todo de
economía y administración. Lamentablemente se sigue considerando a la
historia económica como una rama secundaria de la economía, como un
saber “poco práctico”. Sin embargo, la actividad económica está entramada
PRÓLOGO | 1110 | MIGUEL MAZZEO Y ALEJANDRA GIULIANI
Una genealogía política de la teoría económica
Ariel Filadoro
No se trata, sin embargo, de dar un terreno teórico continuo y sólido a todas las
genealogías dispersas, ni de imponerles desde arriba una especie de coronación teórica
que las unifique, sino de precisar o de hacer evidente la apuesta que está en juego en
esta oposición, en esta lucha, en esta insurrección de los saberes contra la institución y
los efectos de saber y poder del discurso científico.
Michel Foucault, Genealogía del racismo
Introducción
En este trabajo se presentarán brevemente distintos enfoques de teoría eco-
nómica, es decir, se resumirá cómo se han ido observando y sistematizando
los procesos económicos en distintos momentos históricos. Si bien este es
el objetivo amplio o general del texto, existe otro más acotado y, si se quiere,
de mayor trascendencia. Y es el de mostrar cómo la manera en que se
estudia la economía está íntimamente relacionada con las intenciones políti-
cas que tiene aquel que se propone hacerlo.
Estudiar en este breve artículo la historia de las ideas económicas no es una
tarea sencilla, pues no resulta fácil elaborar una selección y, menos aun, un
resumen que incorpore lo más importante que se haya dicho y escrito en
torno al conocimiento económico a lo largo de la historia. En última instan-
cia, esto también será arbitrario. Es claro que cualquiera sea el contenido de
lo que sigue, su alcance será solo introductorio. Surge, en primer término, el
problema de la selección de autores y temas: ¿a quiénes considerar?, ¿qué
corrientes incluir y cuáles excluir del análisis?, ¿hasta qué período retroce-
der en el tiempo? Pues bien, estas son, entre otras, las preguntas y proble-
mas con los que se enfrenta la historia. Y para entender la forma que toma
su respuesta, es necesario mirar el presente. Son los problemas que hoy nos
tocan los que guían el estudio histórico; son los problemas económicos,
en las relaciones sociales y políticas, y tiene su explicación históricamente
considerada. La separación entre la economía y la política es estéril y, en
palabras del economista John K. Galbraith, “es una pantalla que oculta la
realidad del poder y de las motivaciones económicas, fuente principal de
errores y confusiones en la orientación de la economía”.
1
De modo que los
hechos y procesos económicos no pueden explicarse de manera aislada y
autónoma, ni tampoco a partir de su ubicación en escenarios diferentes y
separados en político, económico y sociocultural.
De allí que, si bien estamos ante un libro coral, donde conviven distintas
formaciones académicas, diversas biografías intelectuales y distintas postu-
ras, los trabajos comparten las posiciones que antes expresamos y presentan
elementos comunes, estableciendo una coherencia que los atraviesa. Ade-
más, y en relación a lo anterior, comparten las críticas a los modelos predictivos
econométricos, en boga en algunos ámbitos académicos y, vale recordarlo,
también políticos. Asimismo, comparten las críticas a toda práctica de entro-
nización de visiones particularistas, negadoras de la categoría de totalidad.
Se suele decir que la microeconomía tiende a ser despolitizante en todos los
planos. Los trabajos que coordinamos, todos, de modos diversos, reivindican
el carácter político de la economía. Finalmente, comparten la centralidad de
los sujetos sociales en el análisis de la economía y de su historia. Ello
conlleva el rechazo a las visiones simplificadoras de las realidades materia-
les y cosificadoras de los sujetos, visiones meramente instrumentales y
tecnocráticas de la economía.
Este libro, como todos, tiene una historia. Ella se inicia en 2007 y se inscribe
en la Cátedra de Historia Económica Social General del CBC de la Univer-
sidad de Buenos Aires dirigida entonces por la Lic. Elena Marcaida. Ese
año, quienes formábamos parte de la Cátedra publicamos Historia económi-
ca mundial contemporánea, compilado por la Lic. Elena Marcaida. Este, en
buena medida, presenta más continuidades que rupturas con aquel libro.
Solo que las transformaciones mundiales de estos últimos años, así como el
permanente diálogo con nuestros alumnos y entre nosotros, sus docentes,
nos llevaron a actualizar nuestro trabajo inicial. El resultado está en las
páginas que siguen.
Alejandra Giuliani y Miguel Mazzeo
1
John K. Galbraith, Historia de la Economía, Buenos Aires, Ariel, 1994.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 1312 | ARIEL FILADORO
En relación con lo anterior, vale decir que el conocimiento económico, tal
como todo tipo de saberes, está acotado al tiempo y lugar en que es pensado y
elaborado. Este elemento resulta importante para comprender el surgimiento
de corrientes que, juzgadas desde el presente, pueden parecer “ingenuas”. Del
mismo modo, al considerar este aspecto, se puede reconocer el horizonte que
opera sobre el conocimiento actual y ampliar la conciencia de lo posible en
nuestra realidad socio-histórica. Para bien o para mal, las “verdades” de cada
momento histórico resultan relativas y revisables; de tal forma que aquellos
fundamentos que hoy aparecen incuestionables, mañana, quizá, sean desecha-
dos y sustituidos por otros, que pueden resultar mejores.
4
Para finalizar con la presentación de algunas categorías que atraviesan el
siguiente trabajo, es preciso advertir que el pensamiento económico, tanto
en la historia como en la actualidad, no es concebido como una disciplina
que se pueda separar tajantemente del resto, por ejemplo, de la sociología, la
ciencia política, la historia o la filosofía, del mismo modo que los fenóme-
nos de la realidad no se pueden dividir entre sus características estrictamen-
te sociales, políticas o económicas. Simplemente son esfuerzos de las dife-
rentes disciplinas que priorizan unas dimensiones sobre otras, sin que esto
signifique que lo económico pueda ser aislado de lo político, lo social o lo
filosófico. Por el contrario, una teoría económica presupone una posición
política, social y filosófica cuando nada dice de ellas y postula que se atiene
a lo “estrictamente” económico. También el silencio forma parte de la ideo-
logía que, en el extremo, es indisociable de la práctica científica.
Con el objeto de introducir los principales aportes con relación al pensamiento
económico a lo largo de la historia, el trabajo se divide en dos partes. En la
primera se presentan las distintas corrientes en perspectiva histórica, es decir,
señalando sus orígenes y características a lo largo del tiempo. Vale aclarar que
este tipo de presentación no implica que los conocimientos más recientes sean
“superiores” a sus predecesores por el solo hecho de estar más cerca del
presente. Por el contrario, muchas veces la difusión y/o proscripción de deter-
minados enfoques teóricos no obedece a la capacidad explicativa que cada uno
tiene, sino a operaciones ideológicas.
5
En la segunda parte se elaboró,
4 O pueden resultar peores. La creencia en un conocimiento progresivo y en sociedades
cada vez mejores ha sido radicalmente puesta en cuestión luego de la Primera Guerra
Mundial y fundamentalmente a partir del Holocausto nazi. Y también esta idea es cuestio-
nada cada día por la pobreza, las guerras y las crisis.
5 La difusión de las teorías económicas no es ajena a la distribución del poder. También en
estos ámbitos tiene mayor probabilidad de ser difundida una teoría de la que se despren-
dan conclusiones convenientes al poder dominante. Y esto sucede, precisamente, porque
sociales y políticos contemporáneos los que generan preguntas que se in-
tenta responder mirando y construyendo la historia económica, social y po-
lítica. Y más aun, es una inquietud en torno del futuro la que conduce al
pasado; una inquietud de cambio que dé solución a los problemas presentes
es el filtro que sirve para seleccionar qué nos interesa del pasado.
Desde esta perspectiva, se ha intentado realizar una selección de corrientes de
pensamiento económico con un doble propósito. Por un lado, comprender las
teorías surgidas de diferentes sociedades
1
y cómo estas sociedades se transfor-
maron a partir de la concepción que del orden económico en general tenían. En
este sentido, la lógica será dialéctica: de un lado está la realidad y del otro el
pensamiento de quienes viven en ella. De acuerdo al modo en que la sociedad
piense el funcionamiento de la economía, las acciones tomarán diferentes cami-
nos. Y estas acciones cambiarán esa realidad. Necesariamente, la nueva realidad
será repensada y nuevamente cambiada. La lógica no tiene fin: siempre está la
realidad y siempre se construye una idea de ella que sirve para modificarla;
siempre está la práctica y siempre está la teoría.
Por otro lado, se estudiará un espectro relativamente amplio de corrientes
de pensamiento económico con el objeto de ver cómo la realidad es suscep-
tible de ser analizada desde muy distintos puntos de vista que pueden llegar
a ser antagónicos.
2
En este sentido, la presentación de los distintos enfoques
teóricos busca brindar elementos para cuestionar críticamente aspectos de
las diferentes teorías económicas que llegan hasta la actualidad.
Resulta pertinente precisar en qué consisten las cuestiones sobre las que
tiene que dar cuenta, en líneas generales, una corriente de pensamiento
económico. Se trata, básicamente, de la producción, distribución y consumo
de bienes y servicios. Esto incluye la asignación cuantitativa y cualitativa del
trabajo para generar la producción que la sociedad necesita, así como el
reparto de los bienes producidos. A partir de diferentes enfoques teóricos,
se desprenderán distintos modelos de sociedad.
3
1 Por supuesto que, en la historia occidental moderna, siempre existieron sectores o grupos
que concentraron el poder. Sería ingenuo plantear que las “sociedades” son las que hacen
teoría en conjunto como si la sociedad fuera un espacio homogéneo, libre de conflictos y
de poder donde todos sus integrantes acuerdan cómo se estudia la realidad económica.
2 Por ejemplo, durante la Guerra Fría (1945-1989), el bloque occidental liderado por Esta-
dos Unidos echó mano durante la mayor parte del período a teorías keynesianas en eco-
nomías de mercado, mientras que el bloque soviético hizo lo propio con teorías de rai-
gambre marxista. Por ello, durante más de treinta años el mundo estuvo partido en dos, a
partir de dos maneras de pensar el mundo.
3 Es por ello que ha resultado –y aún resulta– determinante la discusión sobre cuál es el
origen del valor de las mercancías en la sociedad capitalista.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 1514 | ARIEL FILADORO
sistema comercial dificulta el sostenimiento del dogma teológico y, con el tiem-
po, se suavizan estas posturas justificando el cobro a interés cuando se trata de
atraso en los préstamos y por cuestiones de lucrum cessans (lucro cesante) (Roll,
1994). Esta nueva visión del cobro a interés y el concepto de justo precio
señalan una tendencia por parte de la Iglesia por reconciliar el dogma teológico
con las condiciones imperantes. Hasta la actualidad, el enfoque de Aquino será
referente para la Iglesia católica.
Tanto en el caso de los griegos como de Aquino, claramente la reflexión econó-
mica todavía ocupa un espacio menor en los grandes sistemas de pensamiento y
está fuertemente subordinada a otros saberes o creencias. La Economía Política
todavía no tenía entidad propia.
A partir de la crisis del feudalismo y en el marco de la transición al capitalismo
se conocen un conjunto de ideas económicas que van a resultar un importante
antecedente de los pensadores clásicos. Entre ellas, el mercantilismo y sus
críticos por un lado, y el sistema fisiocrático por otro constituyen los casos de
mayor importancia.
En cuanto al mercantilismo vale decir, en primer lugar, que no es un conjunto
coherente de ideas sino que se trata de autores unidos por ciertos hilos doctrinarios
(Blaug, 1968). Es necesario ubicar el surgimiento de esta corriente en su con-
texto histórico. En Europa, el feudalismo se debilitaba al tiempo que se produ-
cía la unificación territorial de los Estados absolutos a instancias de importantes
cambios en los regímenes políticos. Del viejo modo de producción feudal solo
quedaban agonizantes instituciones que se irían diluyendo conforme se aproxi-
maba la Revolución Industrial. Este proceso, que se dio de manera heterogénea
entre los distintos Estados, trajo aparejado un conjunto de cambios en la esfera
política, social y económica.
El comercio constituyó la actividad que otorgó mayor dinamismo al destruir la
agricultura de autoconsumo relacionándola cada vez más con la producción para
el mercado. Como consecuencia de esta lógica se desencadenó una fuerte com-
petencia entre los modernos Estados donde el poderío militar comenzó a com-
partir su importancia con el poder económico. Así, un Estado se pensaba tanto
más fuerte cuanto mayor fuera su acumulación de oro. Y aquí aparece el hilo
conductor del pensamiento mercantilista: una balanza comercial favorable y la
consecuente acumulación de oro, eran concebidos como indicadores de la rique-
za de una nación. El conjunto de las medidas de gobierno iba en este sentido: altas
tarifas a la importación; prohibición de exportar herramientas y obreros especiali-
zados; estímulo para importar materias primas y apoyo a las industrias.
Muchos mercantilistas eran socios o directores de empresas comerciales que
gozaban de monopolios para el comercio en el extranjero; por ejemplo: Gerald
Malynes (1586-1641), a la vez funcionario público y comerciante próspero;
sintéticamente, la proyección de las escuelas de pensamiento hasta nuestros
días, con el fin de exponer un panorama del universo de teorías económicas
contemporáneas. Finalmente, se esbozan algunas reflexiones.
1. Historia de las ideas económicas
Antecedentes
En este apartado se mencionarán algunas formas de pensamiento económico
de la Antigüedad y la Edad Media, tratando de aportar elementos para ver la
relación entre el orden social, político y económico establecido y las formas de
pensamiento que le correspondieron. Luego se rescatarán aquellos rasgos del
pensamiento económico preclásico del mercantilismo y los fisiócratas que re-
sulten de interés. En estos pensadores se encuentran elementos que retomarán
los clásicos (Adam Smith [1723-1790], David Ricardo [1772-1823] y Karl Marx
[1818-1883], entre otros).
Desde los griegos, en medio de un modo de producción esclavista y cuando el
pensamiento en general alcanzó gran desarrollo, cobra sentido individualizar
conceptos que remiten a la problemática económica. También es posible ver
cómo las categorías planteadas tienen gran relación con la defensa del statu quo,
es decir, se desarrollaron ideas que no cuestionaban el orden ni las instituciones
materiales. Tanto Platón (428-347 a. C.) como Aristóteles (384-322 a. C.) justifi-
caban la división del trabajo y el comercio en virtud de la imposibilidad de cada
individuo de llevar adelante todas las tareas necesarias para la reproducción de
su vida. Naturalizaron la esclavitud; reflexionaron sobre la propiedad y el dine-
ro; diferenciaron las categorías de valor de uso y valor de cambio; y condena-
ron el lucro por el lucro mismo (crematística).
Varios siglos después, en la Edad Media, Tomás de Aquino (1225-1274) retoma
problemáticas de Aristóteles pensándolas desde la cosmovisión religiosa de la
Iglesia católica. Preocupado por el enriquecimiento mediante el comercio, acu-
ñó el concepto de “justo precio”. Este debería recompensar por igual al com-
prador y al vendedor, por el esfuerzo realizado en el trabajo necesario para
elaborar los productos. Si bien se pronuncia contra la usura, el desarrollo del
el conocimiento no es “neutral”. De sus conclusiones habrá quien se beneficie y quien, en
general, pierda privilegios. ¿Es acaso lo mismo concluir que para aumentar el bienestar de
la población es necesario socializar la propiedad de las empresas a concluir que es preciso
bajar los salarios?
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 1716 | ARIEL FILADORO
Probablemente el mayor aporte que hicieron al conocimiento económico radi-
que en la Tabla Económica de 1758 (Tableau Œconomique) donde, en un simple
diagrama, Quesnay mostró cómo se reparte el producto neto entre las distintas
clases: terratenientes –se incluye entre estos al clero y los nobles–, productivas
y estériles (artesanos, comerciantes, etcétera). Su contribución no fue tanto el
contenido de la tabla como el riguroso método utilizado en ella.
En términos de filosofía política y política práctica, sus posturas liberales fue-
ron derivadas del concepto de producto neto. Así, frente a las medidas mercan-
tilistas de Jean-Baptiste Colbert (1619-1683), ministro de Luis XIV (1638-1715),
tendientes a fomentar la industria, los fisiócratas franceses postularon la cono-
cida frase que luego, erróneamente y con frecuencia, se asoció a Adam Smith
(Levín, 1999): laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même (“dejad hacer, dejad
pasar, el mundo marcha por sí solo”), por medio de la cual se reflejaba su
reticencia a la creación de regulaciones que distorsionaran el “orden natural” de
la sociedad. Sostenían que el único tributo válido debía recaer sobre la tierra,
puesto que era la única fuente de riqueza.
La concepción que los fisiócratas tuvieron de la tierra y del trabajo –especial-
mente por parte de Turgot al desarrollar las ideas de Quesnay– apuntaló las
bases para la agricultura capitalista y los planteos de los clásicos. Al tiempo que
estos autores desarrollaban sus ideas defensoras de la agricultura capitalista,
una doble revolución levantaba sus pilares en Europa: la Revolución Industrial
durante la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña, que significó el
advenimiento del capitalismo industrial, y la Revolución Francesa (1789), que
quitó el poder político a una nobleza impotente para detener el advenimiento
del nuevo orden capitalista
8
(Hobsbawm, 1997).
Los clásicos y la teoría del valor trabajo
a) Adam Smith
La obra más destacada de Adam Smith (1723-1790) en materia de economía,
Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), es, en
opinión de una gran cantidad de historiadores del pensamiento,
9
el primer gran
8 Puede plantearse muy lícitamente que, en parte, la fisiocracia brindó argumentos económi-
cos a los revolucionarios para eliminar las trabas feudales, particularmente en relación con
el tipo de producción agrícola.
9 Galbraith (1987) sostiene que, junto con Karl Marx, son las dos figuras más célebres de la
historia de la Economía.
Edward Misselden (1608-1654) socio destacado de la empresa Mercaderes Aven-
tureros; y Thomas Mun (1571-1641) sedero londinense que fue director de la
Compañía de Indias hasta su muerte.
Conforme el capitalismo preparaba su despegue hacia la fase industrial, el pen-
samiento económico se adaptaba a la nueva realidad abandonando los precep-
tos mercantilistas. El comercio y el intercambio pasaron paulatinamente a captar
menos atención. Se priorizó el estudio del proceso de producción en lugar del
intercambio; así como la relación entre el capital y el trabajo en lugar de la
relación entre el comerciante y el financista. La pregunta en relación con el
origen del valor y cómo ha de distribuirse en la sociedad, pasó a ocupar un
lugar central en las discusiones.
La figura de William Petty (1623-1687) sintetiza estos cambios. Según él, la
fuente de riqueza deja de ser el excedente del comercio
6
para pasar a ser el
trabajo. Sostiene que el trabajo es el padre de la riqueza y la tierra la madre.
Otros aportes que forman parte de esta transición entre el mercantilismo y el
sistema clásico son los de David Hume (1711-1776), Richard Cantillón (1680-
¿1734?) y John Locke (1632-1704).
Por su parte, los fisiócratas franceses, cuyos más destacados exponentes son
Lambert François Quesnay (1694-1774) y Anne Robert Jacques Turgot (1727-
1781), conformaron otra gran ruptura con el pensamiento mercantilista y tam-
bién nutrieron al sistema clásico
7
de conceptos que luego serían refinados.
Si bien los fisiócratas concebían la naturaleza, y en particular la tierra, como
fuente del valor, pueden rastrearse en ellos elementos que más adelante cons-
tituirían la teoría del valor trabajo de Adam Smith. Al observar que la actividad
agrícola era la única con capacidad de generar un producto mayor a lo necesario
para su producción, es decir, que la producción resultante era superior a la
cantidad necesaria para alimentar a los trabajadores y efectuar la siembra, dedu-
jeron que la tierra era la fuente de la riqueza. Asimismo, advirtieron que las
actividades industriales y comerciales guardaban proporción con la cantidad
producida por la agricultura. De allí el lugar central que dieron a la tierra y al
trabajo agrícola. Al excedente lo llamaron “producto neto” y al trabajo agrícola,
“trabajo productivo”, en contraposición a los demás trabajos de tipo industrial,
artesanal y comercial, a los que denominaron “trabajo estéril”.
6 El concepto de excedente del comercio remite a la simple noción de “comprar barato y
vender caro”.
7 Vale apuntar que la obra de Quesnay irradió su influencia hasta el Río de la Plata puesto que
fue Manuel Belgrano (1770-1820) quien hizo la traducción de las Máximas de Quesnay, una
de las principales obras del autor francés. Véase Fernández López y del Valle Orellana
(1982).
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 1918 | ARIEL FILADORO
De esta concepción se extiende la idea de que los capitalistas colaboran con el
bienestar general y la maximización del ingreso anual de una nación sin propo-
nérselo, puesto que cada uno “solo piensa en su ganancia propia; pero en este
como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover
un fin que no entraba en sus intenciones” (Smith, 1997: 17).
11
Al concebir un mercado de competencia perfecta y para lograr la máxima pro-
ducción, propone no intervenir en la operatoria del mercado. En términos de
comercio, sostiene que es deber del Estado propiciar la libertad tanto interna
como externa para ampliar mercados y estimular la división del trabajo que
crecerá a la par del mercado. La concepción que Smith tiene de la intervención
del Estado, en general, es una extensión de la teoría política de John Locke,
teórico de la propiedad privada y la igualdad ante la ley.
12
En cuanto a la retribución que debe recibir cada una de las clases de la
sociedad, Smith es simple y contundente. “Los salarios pagados a los jorna-
leros y criados, de cualquier clase que sean, deben ser de tal magnitud que
basten, por término medio, para que la raza se perpetúe” (Smith, 1997: 79);
en otras palabras, a los obreros se los retribuye con el salario de subsisten-
cia. Los beneficios del capital son justificados como la ganancia que se da a
aquellos que comprometen su capital, puesto que lo emplean en “dar traba-
jo a gentes laboriosas”. La tierra recibe una renta como resultado de la
condición de monopolio en la que se encuentra su propietario y alcanza el
mayor nivel que el capitalista puede pagar.
b) David Ricardo
El capitalismo desarrollaba su fase industrial mientras David Ricardo (1772-
1823) realizaba su obra; sin embargo, tampoco consiguió ver y vaticinar los
avances hacia los que iría la sociedad industrial. Por ello, aún a principios del
11 Smith toma esta idea de Bernard de Mandeville (1670-1733), quien en su obra La fábula de
las abejas. Vicios privados, beneficios públicos (1714) desarrolla y resuelve una nueva relación entre
lo económico y la moralidad, subordinando esta última a las acciones económicas. Véase
Dumont (1999), quien rastrea los orígenes del proyecto político que representa la obra de
Smith. En este sentido existe una discusión sobre si Smith escribió lo que veía ante sus ojos
o si su obra consiste en precisar un proyecto de sociedad distinto. O ambas cosas a la vez.
12 Para estudiar la teoría política del iusnaturalismo en Locke véase Bobbio (1996). A pesar del
liberalismo de Smith en términos económicos, también vale decir que no criticó –como
podría esperarse– la intervención del Estado si este perseguía fines políticos. Por el contra-
rio, y consecuentemente con la teoría política de Locke, justificaba su intervención en estos
casos.
tratado de Economía Política. Allí el autor escocés recopila sistemática y cohe-
rentemente una gran cantidad de elementos hasta entonces diseminados.
Si bien es contemporáneo de un proceso que más tarde se conoció como
Revolución Industrial, Smith no llega a darse cuenta de su magnitud. Aun así,
pudo captar una serie de elementos que estaban madurando en el incipiente
capitalismo, tal como la división del trabajo y sus efectos sobre la eficiencia
productiva.
Defensor de la teoría del valor trabajo, según la cual las horas de trabajo usadas
para la producción de las mercancías son las que proveen valor, se opuso
enfáticamente a las perspectivas mercantilistas que veían en el oro y la plata la
riqueza nacional. Smith, tomando distancia también del pensamiento fisiocrático,
sostuvo que la riqueza de una nación proviene del trabajo de sus habitantes y,
particularmente, de la “aptitud, destreza y sensatez con que generalmente se
efectúa el trabajo” (Smith [1776] 1997: 3).
Estas facultades productivas del trabajo se potencian, principalmente, por la
división del trabajo en la sociedad, puesto que esta trae mayor destreza a los
trabajadores, ahorro de tiempo en la producción y estimula el desarrollo de
maquinaria. Para graficar este fenómeno, Smith apela al famoso ejemplo de la
fábrica de alfileres donde se asombra de los aumentos de productividad que
consiguen los obreros gracias a la división del trabajo. Describe que en este tipo
de manufacturas un obrero no puede fabricar más de veinte alfileres por día si
trabaja aisladamente; en cambio, tal como observa en una pequeña fábrica, diez
hombres especializados en distintas tareas consiguen una producción de más de
48.000 mil alfileres por día.
En relación con las razones que conducen a la división del trabajo, señala que
esta obedece a la propensión natural del hombre a cambiar una cosa por otra.
Partiendo de un fuerte presupuesto antropológico al considerar al hombre egoísta
por naturaleza, Smith (1997: 17) argumenta: “no es la benevolencia del carnicero,
del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la considera-
ción de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su
egoísmo, ni les hablamos de sus necesidades, sino de sus ventajas”.
10
10 El homo œconomicus de Smith ha sido muy cuestionado. De hecho, estudios antropológicos
como los de Karl Polanyi o Marcel Mauss han mostrado la existencia de sociedades con-
temporáneas donde este principio no se cumple. Véase, por ejemplo, la obra de Mauss
(Manual de Etnografía, 1947; Sociología y Antropología, 1950) y las teorías del don, según las
cuales existe otra racionalidad en órdenes que no apelan al egoísmo de sus participantes.
Tampoco las sociedades anteriores al capitalismo se regían por este presupuesto, como
estudia Polanyi en La gran transformación (1992). El egoísmo del hombre no parece formar
parte de su “naturaleza” biológica, sino que más bien se desprende de su cultura.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 2120 | ARIEL FILADORO
Ricardo individualizó tres factores dinámicos tendientes al crecimiento econó-
mico: la población, la acumulación de capital y el progreso técnico. Esencial-
mente pesimista respecto de la capacidad de conseguir innovaciones técnicas
de manera progresiva, subordinó el crecimiento de la población a lo que consi-
deró el factor central: la acumulación de capital. Esta se lleva adelante cuando
los capitalistas adelantan salarios a los trabajadores y ponen a producir tierras.
Puede entenderse su pesimismo tecnológico, a pesar de que la Revolución
Industrial se desarrollaba frente a sus narices, en virtud de que la agricultura, a
lo largo de siglos, no había sido una actividad muy dinámica tecnológicamente.
En relación con el comercio internacional, también efectuó un aporte muy
duradero: el concepto de división internacional del trabajo en función de las
ventajas comparativas que detente cada nación. “En un sistema de comercio
absolutamente libre, cada país invertirá naturalmente su capital y su trabajo en
empleos tales que sean lo más beneficioso para ambos” (Ricardo [1817] 1994:
102), señala Ricardo. Afinando el concepto de ventajas absolutas de Smith, cada
país se especializará donde sea más eficiente en términos relativos. La figura tan
difundida de “Argentina granero del mundo” o “Inglaterra taller del mundo”
obedece a esta concepción.
También supo ver claramente la oposición de intereses entre industriales y
terratenientes. Como el trigo es el que regula los precios de todas las demás
mercancías –incluido el de la mano de obra–, un aumento en este llevaría a un
aumento de salarios de los empleados industriales, beneficiando a los terrate-
nientes y perjudicando a los capitalistas.
14
Con respecto a la relación entre el
capital y el trabajo, Ricardo presentó los conceptos de tal forma que Marx solo
tuvo que reinterpretarlos para acuñar la categoría de plusvalía. No casualmente
la publicación de la obra de Ricardo fue fuertemente criticada tras su muerte a
pesar de los esfuerzos leales por defenderla y difundirla de su amigo John
Stuart Mill (1806-1873) (Dobb, 1998).
c) Karl Marx
Para el tiempo en el que Karl Marx (1818-1883) publica el primer tomo de El
Capital (1867), su obra de mayor envergadura, la Revolución Industrial estaba
madura en Gran Bretaña, aunque atrasada en Alemania de donde él era oriun-
14 Por esta razón Ricardo se opuso y condenó la vigencia de las Leyes de Granos (Corn Laws,
vigentes en Gran Bretaña entre 1815 y 1846) argumentando que elevaban el precio de la
mano de obra y detenían la acumulación de capital. Estas leyes permitían la importación
de granos solo a partir de determinado precio base, lo que terminaba elevando el precio
del trigo.
siglo XIX, siguió centrando su análisis en torno de la acumulación de capital en
la agricultura.
Ricardo, agente de bolsa y terrateniente que llegó al Parlamento británico, pue-
de pensarse, ciertamente, como un crítico que extiende la obra de Adam Smith.
Muchos de sus conceptos no son más que variantes de los postulados de su
predecesor escocés. En Principios de Economía Política y Tributación (1817), su obra
célebre, Ricardo formula su teoría. A continuación se analizarán los principales
conceptos del sistema ricardiano: la productividad marginal decreciente de la
tierra, la retribución a las clases sociales,
13
el problema del progreso tecnológico
y la división internacional del trabajo.
En relación con el concepto de rendimientos marginales decrecientes de la
tierra, Ricardo observó que las tierras más fértiles –y frecuentemente cercanas
a los lugares de consumo– obtenían un monto mayor de renta. Y explicó este
fenómeno sosteniendo que la renta que percibe el terrateniente por una parcela
está regulada por la diferencia entre lo que rinde su parcela y las de menor
fertilidad. Así, por ejemplo, si una parcela arroja un rinde de 10 toneladas de
trigo por hectárea y las menos fértiles arrojan 8 toneladas, entonces, por efecto
de competencia entre capitalistas, el dueño de la primera parcela recibirá un
monto de renta equivalente a 2 toneladas de trigo. El límite a la explotación de
tierras viene dado por la ecuación costo-beneficio que efectúan los capitalistas;
ellos ocuparán tierras hasta el punto donde, luego de pagar la renta y los sala-
rios, perciban beneficios que consideren satisfactorios.
En cuanto a la distribución del producto entre las distintas clases sociales,
es preciso aclarar que Ricardo retoma la teoría del valor trabajo de Smith.
Al considerar el trabajo humano como una mercancía cuyo precio en trigo
es el valor de reproducción de los asalariados, también suscribe a la idea
del salario de subsistencia. Vale aclarar que este no es considerado nece-
sariamente como el salario mínimo para que el trabajador y su familia no
mueran de hambre, sino que depende de necesidades sociales e históricas.
Los capitalistas recibirán en forma residual lo que quede luego de pagar la
renta y los salarios.
13 Es mucho más que una sencilla cuestión semántica la forma en que se nombran las catego-
rías en economía. El lenguaje muestra y oculta según se nombren las cosas de un modo u
otro. La ciencia económica convencional en la actualidad, en su afán por naturalizar las
relaciones sociales, nombra “factores de la producción” al capital, el trabajo y la tierra,
como si tuviera sentido reducir la producción a una mera combinación de cantidades. Si en
lugar de factores de la producción se hablara más frecuentemente de relaciones de clase
entre capitalistas, trabajadores y terratenientes podrían entreverse de manera más clara las
relaciones humanas y de poder que intervienen en el proceso productivo.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 2322 | ARIEL FILADORO
en el viejo orden, donde la apropiación se basaba en una coacción extraeconómica.
En el capitalismo, la apropiación y extracción del excedente se da en el acto de
producción. El trabajador, por un lado, recibe bajo la forma de salario el valor
necesario para reproducirse y asistir a trabajar, mientras que, por el otro, produ-
ce un valor superior durante su jornada laboral en la fábrica. Esa diferencia es la
que percibe el capitalista en forma de beneficios. Marx concibe a la ganancia,
entonces, como una quita injusta al obrero puesto que es quien realmente
trabaja y genera valor.
Este énfasis en la plusvalía da cuenta del interés puesto por Marx en la
distribución del ingreso desde una perspectiva cualitativa, es decir, en tanto
desigual apropiación del producto por parte de las clases (Dobb, 1998). Según
Marx, detrás de las apariencias de mercado subyace una trama institucional y
relacional que permite a unos ejercer el poder sobre otros apropiándose del
trabajo ajeno.
En cuanto al progreso técnico, Marx consiguió intuir mucho más que Ricardo
las potencialidades que tenía para la sociedad en tanto era susceptible de apli-
carse al trabajo humano. Introdujo los avances técnicos en la producción como
resultado de la necesidad que tienen los capitalistas de competir entre ellos y
enfrentar los conflictos con los trabajadores. La lógica de la competencia capi-
tal-capital y capital-trabajo lleva a que descienda la cantidad de horas de trabajo
necesarias para la producción del conjunto de bienes. Este descenso, que en
principio debería ser un beneficio para toda la sociedad, es capitalizado por una
sola clase: los capitalistas. No obstante, y como contracara de este beneficio
inmediato, el incremento de maquinaria aplicada a la producción a expensas de
trabajo humano –única fuente del valor– redunda en el largo plazo en una caída
tendencial de la tasa de ganancia del conjunto del sistema capitalista. Así, Marx
sostiene que la lógica sistémica contiene dentro de sí el “germen de su propia
destrucción” puesto que la competencia misma entre los capitalistas lleva a una
caída de la tasa de ganancia del conjunto.
Por último, vale destacar que si bien no se extendió en sus escritos sobre “su”
utopía socialista, puede decirse que en ella existiría una apropiación social de
las potencialidades del trabajo y la tecnología sin que estos beneficios fueran
apropiados por ninguna clase en particular.
El historicismo alemán y el institucionalismo norteamericano
El historicismo alemán y el institucionalismo norteamericano, aunque enfatizan
aspectos diferentes, comparten con Marx la crítica al pensamiento económico
dominante. A diferencia del autor de El Capital, sus aportes son básicamente
do. Sus visitas a Manchester y sus estudios en Londres le permiten tomar un
contacto muy cercano con el fenómeno de la producción fabril y las conse-
cuencias sobre los trabajadores. Vale destacar que por entonces existía más
de una corriente crítica tanto en relación con los avances del capitalismo
como con la desigual distribución de sus beneficios y esfuerzos necesarios
para llevar a cabo la producción. La utopía socialista se contrapuso a la reali-
dad por la que atravesaba el modo de producción capitalista. Louis Blanc
(1811-1882), Claude de Saint Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837),
Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) y Robert Owen (1771-1858) son algunos
representantes de corrientes a las que Marx llamó “socialistas utópicas” pues-
to que difería con los medios por los que estos autores buscaban llegar a la
sociedad socialista.
15
Heredero del filósofo alemán Georg F. W. Hegel (1770-1831), Marx concebía el
trabajo humano como la actividad en la que el hombre se realiza como tal. Al
contraponer esta idea con la realidad del capitalismo decimonónico, Marx ob-
servó que los trabajadores, en lugar de realizarse en su trabajo, se sentían
extraños a él; se enajenaban. Denunció que “el hombre [el obrero] solo se
siente ya libremente activo en sus funciones animales: comer, beber y procrear,
y, cuando mucho, en su cuarto, en su arreglo personal, etc., y que en sus
funciones de hombre [el trabajo] solo se siente ya animal. Lo bestial lo convier-
te en humano y lo humano lo convierte en lo bestial” (Marx [1844] 1984: 105).
16
Es a partir de la visualización de estos fenómenos de la realidad, de lecturas
minuciosas de pensadores de distintas disciplinas, y de una intensa actividad
política, como Marx cuestiona el capitalismo y critica los postulados de la Eco-
nomía Política.
Si el paso de Smith a Ricardo fue un refinamiento de determinados conceptos,
el paso de Ricardo a Marx implica no solo eso sino un giro radical. Obsesionado
por encontrar la procedencia del excedente dentro de la teoría del valor trabajo
en un mundo donde aparentemente se intercambian equivalentes, desarrolló el
concepto de plusvalía. Por medio de este mostró que si el valor era generado
por el trabajo de los asalariados, entonces los beneficios del capital eran una
expropiación a los trabajadores de algo que les pertenecía.
Marx intentó mostrar cómo en el capitalismo también existe apropiación del
excedente tal como en el feudalismo, aunque de una manera no tan nítida como
15 Véase Hobsbawm (1997); en especial los capítulos sobre la ideología secular, la ciencia y las
artes.
16 Evidentemente, al visitar las industrias Marx no experimentó la misma fascinación que
Smith cuando este visitó la fábrica de alfileres. Sin embargo, vale aclarar que Marx vio en el
capitalismo fuerzas que consideraba necesario desarrollar puesto que multiplican las capa-
cidades productivas de la sociedad humana.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 2524 | ARIEL FILADORO
Sostuvo que la teoría neoclásica había hecho una sustitución de las fuerzas
sobrenaturales por las nuevas fuerzas naturales benéficas del mercado (Landreth
y Colander, 1998). La noción de un equilibrio deseable sin pruebas resultaba,
según su perspectiva, tan normativa como lo que criticaban los neoclásicos.
Aunque no era socialista formuló fuertes críticas a la institución de la propiedad
privada como “fuente de malestar” que conduce al socialismo.
Otros exponentes destacados fueron John Commons (1862-1945), quien se es-
pecializó en el estudio de casos judiciales a partir de los cuales elaboraba
conceptualizaciones, y W. C. Mitchell (1874-1948), discípulo de Veblen, dedica-
do a la aplicación empírica del método institucionalista.
Los neoclásicos y la teoría subjetiva del valor
Con el advenimiento de la teoría neoclásica, poco tiempo después de que Marx
publicara en 1867 el primer tomo de El Capital, se produce un quiebre muy
fuerte con el pensamiento económico precedente. Sus principales exponentes
fueron: los británicos William Jevons (1835-1882), Alfred Marshall (1842-1924)
y Francis Ysidro Edgeworth (1845-1926); los austríacos Carl Menger (1840-
1921), Friederich von Wieser (1851-1926) y Eugen von Böhm-Bawerk (1851-
1914); y los franceses León Walras (1834-1910) y Vilfredo Pareto (1848-1923),
entre otros. Si bien cada uno de ellos especificó determinados rasgos que con
el tiempo fueron incorporados al cuerpo de la teoría, en este trabajo se tomarán
los principales conceptos, sin precisar específicamente a quién corresponde
cada una de las innovaciones teóricas. En este sentido, también es válido adver-
tir que se presentan los principales lineamientos de la teoría como un conjunto
aproximadamente homogéneo, cuando, tal como en todas las corrientes, existen
matices y diferencias hacia dentro de la misma.
El punto de ruptura más importante con sus predecesores consistió en que el
valor de las mercancías dejó de ser justificado por el tiempo de trabajo necesa-
rio para su producción; es decir, en que abandonaron la teoría del valor trabajo.
Los neoclásicos consideraron la utilidad que los bienes reportan a los consumi-
dores como la fuente del valor. Según su concepción, son los gustos, preferen-
cias y deseos de los consumidores aquello que, luego de confluir en el merca-
do, fija el precio de las mercancías. Levantaron, así, el edificio de la teoría
subjetiva del valor. Las implicancias que este giro trajo fueron –y aún son–
múltiples.
En términos generales, se desvió toda la atención de la producción (oferta) a la
demanda. Las palabras de Jevons, generalmente considerado el primer expo-
nente de la escuela, en su obra Theory of Political Economy (1871) resultan muy
metodológicos, sin poner en cuestión el sistema capitalista. Tanto la tradición
marxista como estos sientan bases argumentales que constituirán los ejes sobre
los que se levantan las corrientes heterodoxas en la actualidad.
La escuela histórica alemana atacó a la economía clásica y sus postulados que
pregonaban una teoría económica válida para todo tiempo y lugar. Según sus
exponentes, la economía y las ciencias sociales deberían trabajar con un método
basado en la historia. Sostenían que la economía clásica estaba en un error al
tratar de imitar la metodología de las ciencias físicas.
Uno de sus primeros exponentes fue Friederich List (1789-1846), quien se
destacó por sus fuertes críticas al librecambismo británico. Argumentaba que
la prédica británica de laissez faire había sido antecedida por un fuerte protec-
cionismo desde la sanción de las Actas de Navegación vigentes desde 1688
por las cuales se reguló prolijamente el comercio de la Corona.
17
Esta política
les permitió, sostenía List, obtener el crecimiento de sus manufacturas y
ampliar su poder político. Su obra Sistema Nacional de Economía (1841) tuvo
gran influencia tanto en la política arancelaria norteamericana –List vivió al-
gún tiempo en Estados Unidos– como en Alemania, donde hacía poco se
había consolidado la Unión Aduanera (Zollverein) en 1834. Sus principios
marcadamente nacionalistas tuvieron duradera vigencia en el marco de una
fuerte competencia por el poderío político y económico que Alemania sostu-
vo con Gran Bretaña.
Otros expositores de la escuela histórica alemana fueron Wilhem Roscher (1817-
1894), Bruno Hildebrand (1812-1878), Karl Knies (1821-1898) y, más tarde, Gustav
von Schmoller (1838-1917).
El institucionalismo norteamericano de principios de siglo XX reconoce a Thorstein
Bunde Veblen (1857-1929) como su representante más fiel. Este pegaba en el
corazón de la economía neoclásica
18
al rechazar sus principios por tratarlos de
no científicos. Su objetivo era constituir una ciencia que reuniera a la economía,
la antropología, la sociología, la psicología y la historia. Criticó también a mar-
xistas e historicistas.
17 Según List, Gran Bretaña solo se lanzó al librecambismo a partir de conseguir su desarro-
llo bajo políticas proteccionistas: “Una nación que por derechos protectores y restricciones
marítimas ha perfeccionado su industria y su marina mercante hasta el punto de no tener la
concurrencia de ninguna otra, no puede tomar decisión más sabia que la de rechazar los
medios de su elevación y predicar a los demás pueblos el advenimiento de la libertad de
comercio, expresar muy alto su arrepentimiento por haber caminado hasta entonces por la
vía del error y de no haber llegado sino tardíamente, al conocimiento de la verdad” (Cita-
do por Vázquez de Prada, 1978, II: 100).
18 La economía neoclásica se analiza en el apartado siguiente.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 2726 | ARIEL FILADORO
los individuos son iguales y eligen “libremente” entre el ocio y el trabajo o
entre invertir y prestar dinero.
Por su parte, el concepto de equilibrio general, al cual Walras dio su formula-
ción matemática, pasa a ocupar un lugar central en la teoría.
21
Al igual que sus
predecesores, Walras deriva los precios de los productos de las necesidades de
los consumidores y del valor de los servicios de los bienes de capital y de los
factores. En otras palabras, los deriva de la interacción entre la oferta y la
demanda. Por el lado de la oferta, los factores productivos (tierra, trabajo y
capital) serán retribuidos conforme a su productividad marginal, que se deter-
mina por cuestiones técnicas y de disponibilidad relativas de cada factor. Por el
lado de la demanda, los consumidores competirán, según sus preferencias, por
los bienes ofrecidos en el mercado. De la interacción entre oferta y demanda
resultarán los precios de cada uno de los productos, que son las señales que
brinda el sistema económico de mercado tanto para consumidores como para
productores y el elemento clave para la autorregulación.
Puesto que estos estudiosos consideraban la economía clásica acotada a un
tiempo y lugar, ambicionaron construir conceptos generales bajo la forma de
leyes, como lo hacen los científicos de las ciencias naturales. De esta manera, la
economía dejó de tener la anterior preocupación por explicar manteniéndose
próxima a los fenómenos de la realidad (verdad semántica) para pasar a priorizar
la coherencia interna de la teoría (verdad sintáctica) a partir de axiomas sobre
los que se monta el universo conceptual.
22
A los efectos de hacer uso de determinado herramental matemático, especial-
mente el cálculo diferencial, se consolidó la concepción esbozada por Smith
del individuo que actúa atomísticamente en la sociedad
23
cuya preocupación no
excede la de maximizar su utilidad, beneficio, ocio, etcétera. A este sujeto ideal
se le añadieron algunas características más para modelizar al agente racional. La
economía pasó a ser, según este modo de análisis, una disciplina cuyo afán
21 Resulta útil aclarar que el concepto de equilibrio parcial de Alfred Marshall no es necesaria-
mente compatible con el de equilibrio general walrasiano aunque, a grandes rasgos, com-
parten ciertos principios. Un análisis de las implicancias de ambos enfoques excede los
límites de este trabajo. En relación con la contribución marshalliana a la teoría neoclásica
pueden mencionarse: la distinción entre corto y largo plazo; el concepto de elasticidad; la
prolija construcción y modelización de las curvas de oferta y demanda por separado; y el
intento por conciliar la teoría subjetiva del valor (determinante en el corto plazo sobre los
precios) con los costos de oferta (determinantes en el largo plazo), entre otros.
22 Esto sucede a pesar del herramental econométrico que la economía neoclásica utiliza en la
actualidad. Las regresiones econométricas no consiguen cerrar la brecha entre los modelos
y la realidad.
23 Por ejemplo, Edgeworth hablaba de hombres-átomo.
gráficas: “La continua reflexión y la investigación me han conducido a la idea,
algo novedosa, de que el valor depende por entero de la utilidad. Las opiniones
prevalecientes establecen que es en el trabajo, más que en la utilidad, donde se
encuentra el origen del valor” (citado por Dobb, 1998). Así, en la satisfacción
de deseos, urgencias y necesidades de los individuos, los autores neoclásicos
pasaron a ubicar la fuente del valor.
De esta forma, tuvo lugar un fuerte reposicionamiento de la dinámica del mer-
cado como asignador de recursos dentro del esquema teórico. Se acotó y sepa-
ró, entonces, el universo de análisis del conocimiento económico. En el pensa-
miento neoclásico, el mercado no es concebido como una institución fruto de
determinadas convenciones sociales, políticas, históricas y económicas, donde
hay beneficiarios y perjudicados, sino que, incuestionablemente, se lo considera
como parte del orden natural de las relaciones humanas. Así, el análisis erradica
todo tipo de discusión en torno a las clases sociales, el excedente y la propiedad
desconociendo, por un lado, las desigualdades fundantes del mercado y, por el
otro, negando también la naturaleza histórica de las instituciones capitalistas. A
partir de esta concepción, se derivaron medidas de política tendientes a brindar
al mercado condiciones para que funcione “correctamente” y, en su propia
dinámica, se autorregule.
Puesto que no consideraban a las relaciones entre clases sociales como dimen-
sión relevante, en el esquema neoclásico todo se reduce a la manera en que
cada agente acude al mercado: ya como individuos-productores (trabajadores),
ya como individuos-ahorradores (capitalistas) (Guerrero, 1997). Se termina de
construir así un mundo perfecto, en equilibrio, donde por medio de los inter-
cambios de mercado la sociedad en su conjunto llega a lugares óptimos y, como
tales, deseables. Cabe mencionar que el concepto de óptimo de Pareto
19
–punto
al que se llega cuando es necesario que un agente
20
esté peor para que otro esté
en mejor situación, es decir, cuando nadie puede beneficiarse sin perjudicar a
otros– nada dice sobre las condiciones iniciales de riqueza individual ignorando
si el “agente” de que se trata es, por ejemplo, millonario o indigente. El esque-
ma de análisis no reconoce diferencias de ingresos ni de propiedad; en él todos
19 El concepto de “óptimo” fue acuñado por Vilfredo Pareto, quien desarrolló su análisis en
torno de la distribución del producto según este principio.
20 También sobre este término es posible reflexionar y analizar las implicancias de llamar a las
cosas de diferente manera, como en el caso de los “factores de la producción” (ver nota
13). El término “agente” no es ingenuo, detrás de él se esconden las diferencias sociales y
económicas que oculta. ¿Qué es un agente? Difícilmente dentro de esta categoría puedan
considerarse la cultura, la psicología o cuestiones sociales que operan constantemente so-
bre seres humanos, agentes de nadie.
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 2928 | ARIEL FILADORO
competitivos y en equilibrio. Así, el crac de 1929 y su ulterior crisis cuestiona-
ron radicalmente el rumbo de la ciencia económica y obligaron a revisar la
conceptualización neoclásica; muy lejos de apuntar a la utopía socialista, esta
revisión no quería más que salvar al propio capitalismo.
John Maynard Keynes y la intervención del Estado
La crisis del 30 trajo, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo
capitalista, innumerables quiebras, tasas de desempleo exorbitantes y caídas
muy fuertes de la producción. Mientras maduraban los frutos de la organiza-
ción fordista de la producción
26
y las capacidades productivas se multiplicaban,
los postulados económicos vigentes no conseguían dar cuenta de la profunda
crisis en la que se vio sumida la economía.
Dentro de la economía apologética del capitalismo había dudas; era necesario
replantear los presupuestos neoclásicos. Y quien tomó este desafío fue el eco-
nomista inglés John Maynard Keynes (1883-1946), un personaje que, aun desde
su perspectiva crítica, no fue menos liberal que sus predecesores. No cabe
duda de que Keynes estaba en las antípodas del pensamiento socialista; su
intención era salvar la economía de mercado capitalista de los errores en los
que estaban sumidos los economistas, quienes sugerían recetas ortodoxas espe-
rando la autorregulación del mercado para salir de la crisis.
Keynes había sido funcionario del Tesoro británico y escrito polémicas obras.
En Teoría general de la ocupación, el interés, y el dinero (1936) formula su crítica a los
postulados de la economía ortodoxa, donde señala: “sus enseñanzas engañan y
son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales” (Keynes [1936]
1997: 15).
Los principales elementos que desarrolla en esta obra son: la abolición de la
vieja ley de Say –con vigencia desde los pensadores clásicos– según la cual la
oferta crea su propia demanda; la posibilidad de equilibrio económico con
desempleo; y la necesidad de estimular la demanda por medio de gastos públicos.
Oponiéndose a la idea de que los mercados se autorregulan en niveles de pleno
empleo, sostuvo que es posible la existencia de una demanda inferior al nivel
que asegure el uso total de los recursos. La vieja ley de Say sostenía que tener
26 Esta organización remite a los cambios introducidos por Henry Ford (1863-1947) en la
fábrica de automóviles que consiguieron aumentar espectacularmente la producción de
aquellas industrias donde eran susceptibles de ser aplicados. La incorporación de la cinta
de montaje en 1918 impuso un mayor ritmo de trabajo y aumentó fuertemente la
productividad.
explicativo enfatiza la modelización de los comportamientos de los individuos y
sus consecuencias. El sujeto “racional” y optimizador que se relaciona con el
mundo según estos parámetros, resulta clave en la teoría neoclásica; de lo
contrario, sería imposible aplicar los procedimientos matemáticos. El método,
en lugar de ampliar posibilidades explicativas, termina de encorsetar el universo
de análisis, lo restringe y acota a su medida.
De esta forma, se intentó conferir a la economía una imagen de ciencia objetiva
y positiva descargada de valores.
24
La formulación matemática de los problemas
pasó a otorgarle, a la vista de sus teóricos y defensores, el tan mentado rigor
científico supuestamente débil en las teorías predecesoras. Este giro ideológico ha
sido cuestionado desde diversas posturas epistemológicas.
25
La difusión y extensión del modo de análisis neoclásico, aunque resistido, no ha
sido menor. Según opinión de diversos autores, su vigencia se desprende de su
abordaje. “Puesto que las discrepancias entre el modelo y la realidad podían
siempre atribuirse a imperfecciones exteriores a la lógica de la construcción
teórica, no es extraño que el edificio neoclásico pudiera mantenerse en pie
tanto tiempo, aparentando una solidez a toda prueba” (Guerrero, 1997: 29). De
esta manera, cualquier incongruencia entre la modelización y la realidad, más
que indagar a la teoría, tiende a señalar que es la realidad la que no se adecua a
los modelos.
En palabras de Michel Aglietta, “es cierto que el monumental edificio construi-
do desde hace un siglo por los teóricos neoclásicos tiene algo de fascinante. La
atracción que ejerce se deriva de su naturaleza a la vez totalizadora y totalitaria.
Dicha teoría es completamente totalizadora porque toda ella se encuentra com-
prendida dentro de un único concepto, el de equilibrio general. Es totalitaria por-
que entraña un análisis simplificador, por el que algunas características econó-
micas constatadas en la observación de las prácticas reales no se admiten en la
teoría, por ser consideradas ‘imperfecciones’, y no un análisis dialéctico, por el
cual los conceptos son transformados gracias a la incorporación de un conteni-
do más concreto” (Aglietta, 1999: 2).
Esta visión de la economía de mercado en equilibrio permanente consiguió
gran difusión durante las primeras décadas del siglo XX y ocupó un lugar cada
vez más importante en la forma de analizar el capitalismo. Pero la realidad,
“obcecada”, se encargó de hacer temblar los modelos de mercados perfectos,
24 La división entre economía positiva, que se atendría a describir los fenómenos de manera
neutral, y economía normativa, que señala “lo que debería ser”, es la manera en que se
refieren los libros de texto de economía a un problema epistemológico de muy compleja
naturaleza.
25 Véase, por ejemplo, Sweezy et al (1972).
UNA GENEALOGÍA POLÍTICA DE LA TEORÍA ECONÓMICA | 3130 | ARIEL FILADORO
En efecto, la corriente estructuralista surgida durante las décadas del 40 y 50
en América Latina desarrolló una postura crítica que ha propiciado la inter-
vención del Estado. Teniendo como meta la consecución del desarrollo
económico para los países latinoamericanos, y en el marco de la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL), el economista argentino Raúl
Prebisch (1901-1986) conceptualizó la relación existente entre países centra-
les y países periféricos.
Así nace el paradigma centro-periferia, el cual considera la inserción de los
países latinoamericanos en la división internacional del trabajo propuesta por
David Ricardo como la causa de los problemas estructurales de estas econo-
mías.
29
El desempleo crónico, los déficits externos y el deterioro en los térmi-
nos del intercambio
30
eran problemáticas –y aún lo son– recurrentes en las
economías menos desarrolladas. Según el modelo centro-periferia, los países
periféricos, especializados en la provisión de materias primas a los países cen-
trales, se encuentran en una condición de recurrente debilidad y asimetría fren-
te a estos últimos, que se han especializado en la elaboración de manufacturas.
Para romper con el modelo centro-periferia, proponen que el Estado tome las
riendas de lo que se llamó “industrialización por sustitución de importaciones”
mediante la inversión en sectores clave de la economía, la provisión de infraes-
tructura básica, el control de las cuentas externas, el arancelamiento selectivo
de bienes importados, y, en muchos casos, la producción directa de bienes y
servicios. Este enfoque ha sido pilar de buena parte de medidas políticas que se
tomaron en países como Argentina, Brasil o México, en la medida en que
brindan elementos conceptuales para justificar el gasto e intromisión del Estado
en aquellos rubros necesarios para el desarrollo.
Luego de llevar adelante estas medidas y reconocer nuevos problemas como la
recurrente inflación y los déficits en las cuentas externas, los estructuralistas
han sido criticados tanto por los ortodoxos –reticentes a la “excesiva” interven-
ción del Estado– como por los representantes de la teoría de la dependencia
surgida a partir de la década del 60 también en América Latina. Esto no signifi-
có, sin embargo, que sus aportes no continúen resultando valiosos.
Retomando la tradición marxista, la teoría de la dependencia profundizó la
crítica al modelo de desarrollo impulsado para los países latinoamericanos.
29 Paul Baran señalaba en La economía política del crecimiento (1957) que la división internacional
del trabajo es similar a la división del trabajo que se da entre un jinete y un caballo.
30 El deterioro en los términos del intercambio es el aumento de precios de los productos
industriales –que venden los países desarrollados– y la caída de precios de las materias
primas –que venden los países subdesarrollados–, y que perjudica estructuralmente la tra-
yectoria económica de los últimos.
producción disponible garantizaba necesariamente una demanda equivalente;
Keynes ve precisamente oferta sin suficiente demanda. De los tres componentes
de la demanda (consumo, inversión y gasto público), Keynes señala la baja
inversión como el factor de mayor importancia en la escasa demanda y, en
menor medida, el bajo poder adquisitivo de los trabajadores.
27
Las medidas que propone para remediar esta situación apuntan a estimular la
demanda deprimida por los gastos que no llevan adelante los inversores priva-
dos ni los consumidores en general. Y lo que propone es que suba el tercer
componente de la demanda –el gasto público– de forma que compense la baja
de los dos primeros. Bajo la forma de inversión y consumo públicos, sostiene
que el Estado debe estimular la demanda con el objetivo de conseguir el pleno
empleo. El déficit fiscal en tiempos de depresión es el mecanismo clave para
conseguir la reactivación de la economía, a expensas del endeudamiento públi-
co y la emisión de moneda. En este mismo sentido también propone favorecer
que los trabajadores del sector privado gasten sus ingresos aumentando, y no
disminuyendo, sus salarios. La economía ortodoxa, por el contrario, sostiene
que es bueno y “natural” que los salarios caigan en tiempos de crisis.
Keynes fue quien, de esta manera, racionalizó dentro de la teoría aquellas
medidas que los gobiernos de todo el mundo capitalista llevaron adelante
para salir de la crisis del 30 y que perduraron para la construcción de los
Estados de bienestar. Sus postulados convencieron al mundo capitalista de la
necesidad –y virtuosidad– de regular el mercado.
28
El estructuralismo latinoamericano y la teoría de la dependencia
Si bien existe un marcado eurocentrismo en la genealogía del pensamiento
económico considerada hasta aquí, los países subdesarrollados o periféricos
han concebido importantes líneas teóricas en materia de pensamiento eco-
nómico, particularmente concentradas en el tipo de problemas por los que
atraviesan estos países.
27 Por ello estaba a favor de la intervención de los sindicatos que pujan por elevar los
salarios. En oposición al pensamiento neoclásico que veía en ellos una “rigidez”, Keynes
ve que si suben los ingresos de los trabajadores, suben sus consumos y se estimula la
demanda.
28 No obstante el éxito obtenido por Keynes, la ortodoxia neoclásica siguió pregonando sus
principios. Así, a partir de los años 80, comenzaron a revisarse medidas regulatorias al
mercado, según los viejos principios neoclásicos más ortodoxos. Esta corriente de políti-
cas pasó a constituir el ideario del neoliberalismo: debilitamiento de los sindicatos, achica-
miento del Estado, etcétera.

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