
FUOC • P01/73002/00149 8 Historia del Derecho romano
c) Roma comienza a existir como una pequeña comunidad, que forma parte de una
federación de treinta pueblos latinos (o, si se quiere, tribus) y, desde luego, no tiene en
sus albores la importancia que pretenden darle los escritores romanos.
Hay que partir del dato geográfico: Roma ocupaba, en efecto, una porción privilegiada
a orillas del Tíber, en un lugar donde éste es fácilmente vadeable y en una encrucijada
de caminos que lo hacía paso obligado para el comercio (los 25 km. que separan Roma
del mar la ponían al abrigo de las incursiones de los piratas). Pues bien, los descubri-
mientos arqueológicos, además de poner de manifiesto asentamientos ininterrumpidos
a partir del siglo X a.C., muestran cambios cualitativos en dichos asentamientos, sobre
todo hacia la mitad del siglo VIII a.C. (es decir, coincidiendo con la fecha que la tradi-
ción asigna a la fundación de Roma: 753 a.C.) Los restos arqueológicos (viviendas y
necrópolis) muestran una auténtica diferenciación social por clases. Como dice Torelli:
“No es difícil reconocer la aparición de una clase aristocrática y, por debajo de ésta, la for-
mación de una estratificación social rudimentaria, producto de las vicisitudes de los perío-
dos precedentes, que han visto gestarse, de manera compleja, la apropiación de los medios
de producción (sobre los que hay que recordar la profunda desigualdad productiva); una
fuerte conflictividad entre las diversas comunidades y una necesidad de integrar, en comu-
nidades singulares, los grupos de procedencia diversa”.
De todas formas, más que de ‘fundación de la ciudad’ hoy se suele hablar de ‘forma-
ción de la ciudad’, pues ésta se realiza a través de un proceso de integración de las
diversas aldeas que se encuentran en las colinas.
En una segunda fase, la pavimentación del Foro y del Comicio (que implica obras de
desecación y canalización de una zona pantanosa por medio de la Cloaca máxima,
que la tradición atribuye a Tarquino el antiguo) supone un momento decisivo en el pro-
ceso de formación del estado-ciudad, pues de esta zona, donde surgirá una porción de
templos y edificios públicos, irradiará toda la vida pública y ciudadana de Roma.
De esta manera, los descubrimientos arqueológicos han modificado la visión global de
la historia de la Roma arcaica. En efecto, mientras antes se partía de un modelo de
expansión lineal (Roma se va engrandeciendo paulatinamente, y va pasando, sin re-
trocesos, de pequeño estado-ciudad a gran potencia), los restos arqueológicos mues-
tran a las claras cómo Roma, tras haber alcanzado un gran esplendor en la última
época de la monarquía y el primer medio siglo de la República, cae en un estancamien-
to económico, social y cultural, que correspondería, a grandes rasgos, con la segunda
mitad del siglo V y todo el siglo IV a.C.
El cuadro de las fuentes refleja bien este dualismo. Así, mientras poseemos una abun-
dante tradición, confirmada muchas veces con restos arqueológicos, para ‘la gran
Roma de los Tarquinos’ y la primera época de la República, a partir de las XII Tablas
(mitad del siglo V a.C.), la tradición y los monumentos arqueológicos se caracterizan
ya por su escasez e incerteza.
Muestra de los altibajos del poder Romano en este período son la conquista de la im-
portante ciudad etrusca de Veyes (396 a.C.), seguida del devastador incendio de Roma
Otros autores…
… se pronuncian por una funda-
ción de Roma en el siglo VI bajo
el dominio etrusco. La cronolo-
gía elegida concuerda, sin em-
bargo, con el relato tradicional
(753 a.C.).