“descarga del pene” relacionada con la presencia de sangre en la orina y cuyos remedios
se basaban en el antimonio, o quizá a la esquistosomosis hematobia.
Segunda persona
Aunque los primeros parásitos observados fueron helmintos, en virtud de su tamaño
macroscópico, también se registraron enfermedades causadas por protozoarios, si bien no
se logró reconocer el agente causal. Por ejemplo, un documento escrito en sánscrito
alrededor del año 1000 a.C. se refiere a la presencia de diarrea con moco y sangre en un
individuo, posiblemente una infección amebiana. A este mismo padecimiento se alude en
textos de Babilonia y Asiria, en los que se refieren problemas de sangre en heces (antes
del siglo VI a.C.). En sus trabajos, Hipócrates informa de abscesos hepáticos y perianales.
Galeno y Celso describieron los abscesos hepáticos, tal vez consecutivos a amibas. A
fines del siglo XI d.C., Avicena mencionó casos de disentería relacionada con absceso
hepático. En cuanto a la leishmaniasis, se han hallado descripciones de las lesiones en
lápidas del siglo VII a.C. De igual manera, hay documentos de médicos orientales y
árabes, como Avicena, que hacen referencia a lesiones ulcerosas, secundarias a infección
por Leishmania. En relación con el paludismo, se tiene noticia de las fiebres periódicas
en China (2700 a.C.) e Hipócrates lo menciona en el siglo V a.C.
Muchos de estos grandes hallazgos se conservan en la forma en que se registraron; por
ejemplo, en el papiro, fabricado en el antiguo Egipto a partir de la planta Cyperus papyrus.
En otras culturas, como las de India, China y Japón, la escritura fue esencial para
consignar tales informaciones. Otro suceso importante fue el descubrimiento de
productos naturales que permitían expresar en tinta los pensamientos. Todo esto explica
que los primeros registros parasitológicos procedan de esas civilizaciones. Sin embargo,
el papel, los colorantes y la escritura no fueron los únicos requisitos para iniciar los
estudios en parasitología; era necesario que las personas se preguntaran por el origen de
las cosas. Sólo en ese sentido se explica la aparición de filósofos y otros pensadores, como
Hipócrates, Aristóteles, Sócrates y Platón, y luego Avicena, Rhazes, Galeno y otros más.
En el imperio de Alejandro Magno la cultura helénica extendió sus territorios al Oriente,
hasta que en el año 146 a.C. la eclipsó la invasión romana. La Edad Antigua finalizó con
el colapso del Imperio Romano; este periodo tuvo carácter militar y la historia de la
parasitología aún no registraba hechos decisivos.
El conocimiento de las parasitosis en la Edad Media como problema de salud no avanzó
demasiado. Sólo en la Biblia hay referencias sobre la existencia de Dracunculus
medinensis, que se describe como una “serpiente dragón” que eliminó a los judíos en el
Mar Rojo después del éxodo de Egipto (1250 a 1200 a.C). En los siglos X y XI, los
trabajos de médicos árabes, basados en los textos romanos y griegos, ya se referían a este
mismo helminto y al padecimiento lo denominaban “vena podrida” o “vena de Medina”.
En esa época la gente trataba de apoyarse en ideas que espiritualmente tienen mucha
fuerza: el poder lo ejercía la Iglesia y se corría el riesgo de que la explicación de la vida
en razón de la naturaleza condujera a la calificación de hereje y a la hoguera, como lo