1ra persona
A medida que los humanos fueron desplazándose en diferentes direcciones, tuvieron que
adaptarse a las condiciones ambientales de una zona particular y alimentarse de sus
fuentes naturales. Hoy se sabe que existe una amplia gama de microorganismos en
diferentes orígenes y que forman parte de la biosfera. Conforme la gente se extendía hacia
nuevas regiones, entraba en contacto no sólo con la flora y la fauna de esas zonas, sino
también con los microorganismos presentes en vegetales, animales, tierra o agua; de igual
modo, algunos animales infectados se convertían en fuente de contaminación para las
personas cuando interactuaban con ellos. Los insectos que portaban algún patógeno lo
transmitían, sea que los humanos se alimentaran o se protegieran de ellos. Así, cuando un
grupo contraía la infección por un parásito, lo adoptaba y transportaba a otros sitios o lo
diseminaba a otras personas o animales. En otras palabras, la migración de la gente
conducía a la transportación del microorganismo infeccioso hacia nuevas áreas en las que
habitualmente no se encontraba.
Antecedentes históricos
La aparición de la parasitología se relaciona con la historia misma de la humanidad; por
tanto, se puede dividir como sigue: a) Edad Antigua (4000 a.C. a 476 d.C.), desde el
descubrimiento de la escritura en el Oriente hasta la caída del Imperio Romano; b) Edad
Media (476 a 1453 d.C.), que concluye con la capitulación del Imperio Bizantino al caer
Constantinopla; c) Edad Moderna (1473 a 1789 d.C.), que se extiende desde el
Renacimiento hasta la Revolución Francesa, y d) Edad Contemporánea, desde la
ilustración hasta la actualidad.
Los hallazgos parasitológicos en la Edad Antigua se refieren a la presencia de gusanos
que pueden observarse a simple vista y que están presentes o se eliminan con las heces.
Se conocen varios registros al respecto. El papiro de Ebers es de los más antiguos (1500
a.C.) y ahí se hallaron las primeras descripciones de parásitos que afectan a las personas,
además de detalles de enfermedades de posible origen parasitario, tal vez gusanos
intestinales. Uno de ellos es, sin duda, el nematodo Dracunculus medinensis, del que se
describe su naturaleza infecciosa y la manera de extraerlo de la piel.
Los estudios de Hipócrates (460-375 a.C.) también contienen descripciones de gusanos
presentes en peces, animales domésticos y humanos. De igual modo, Lucrecio notificó la
palidez en los mineros, quizá consecutiva a infecciones por uncinarias. Los documentos
de médicos latinos también son valiosos. Celso (25 a.C. a 50 d.C.) y Galeno de Pérgamo
(129-200 d.C.) comunicaron la existencia de helmintos, como Ascaris lumbricoides,
Enterobius vermicularis y Taenia.
Al parecer, los médicos árabes Rhazes (850-923 d.C.) y Avicena (980-1073 d.C.)
describieron a Ascaris lumbricoides, Enterobius, Taenia y Dracunculus medinensis. Una
estatua del faraón Mentuhotep II en Egipto, hacia el año 2000 a.C., sugiere que sufrió
elefantiosis. La esquistosomosis es otra parasitosis que se detalla desde esa época en el
papiro de Ebers, en el que se encuentra la palabra “aaa” que pudiera referirse a la
“descarga del pene” relacionada con la presencia de sangre en la orina y cuyos remedios
se basaban en el antimonio, o quizá a la esquistosomosis hematobia.
Segunda persona
Aunque los primeros parásitos observados fueron helmintos, en virtud de su tamaño
macroscópico, también se registraron enfermedades causadas por protozoarios, si bien no
se logró reconocer el agente causal. Por ejemplo, un documento escrito en sánscrito
alrededor del año 1000 a.C. se refiere a la presencia de diarrea con moco y sangre en un
individuo, posiblemente una infección amebiana. A este mismo padecimiento se alude en
textos de Babilonia y Asiria, en los que se refieren problemas de sangre en heces (antes
del siglo VI a.C.). En sus trabajos, Hipócrates informa de abscesos hepáticos y perianales.
Galeno y Celso describieron los abscesos hepáticos, tal vez consecutivos a amibas. A
fines del siglo XI d.C., Avicena mencionó casos de disentería relacionada con absceso
hepático. En cuanto a la leishmaniasis, se han hallado descripciones de las lesiones en
lápidas del siglo VII a.C. De igual manera, hay documentos de médicos orientales y
árabes, como Avicena, que hacen referencia a lesiones ulcerosas, secundarias a infección
por Leishmania. En relación con el paludismo, se tiene noticia de las fiebres periódicas
en China (2700 a.C.) e Hipócrates lo menciona en el siglo V a.C.
Muchos de estos grandes hallazgos se conservan en la forma en que se registraron; por
ejemplo, en el papiro, fabricado en el antiguo Egipto a partir de la planta Cyperus papyrus.
En otras culturas, como las de India, China y Japón, la escritura fue esencial para
consignar tales informaciones. Otro suceso importante fue el descubrimiento de
productos naturales que permitían expresar en tinta los pensamientos. Todo esto explica
que los primeros registros parasitológicos procedan de esas civilizaciones. Sin embargo,
el papel, los colorantes y la escritura no fueron los únicos requisitos para iniciar los
estudios en parasitología; era necesario que las personas se preguntaran por el origen de
las cosas. Sólo en ese sentido se explica la aparición de filósofos y otros pensadores, como
Hipócrates, Aristóteles, Sócrates y Platón, y luego Avicena, Rhazes, Galeno y otros más.
En el imperio de Alejandro Magno la cultura helénica extendió sus territorios al Oriente,
hasta que en el año 146 a.C. la eclipsó la invasión romana. La Edad Antigua finalizó con
el colapso del Imperio Romano; este periodo tuvo carácter militar y la historia de la
parasitología aún no registraba hechos decisivos.
El conocimiento de las parasitosis en la Edad Media como problema de salud no avanzó
demasiado. Sólo en la Biblia hay referencias sobre la existencia de Dracunculus
medinensis, que se describe como una “serpiente dragón” que eliminó a los judíos en el
Mar Rojo después del éxodo de Egipto (1250 a 1200 a.C). En los siglos X y XI, los
trabajos de médicos árabes, basados en los textos romanos y griegos, ya se referían a este
mismo helminto y al padecimiento lo denominaban “vena podrida” o “vena de Medina”.
En esa época la gente trataba de apoyarse en ideas que espiritualmente tienen mucha
fuerza: el poder lo ejercía la Iglesia y se corría el riesgo de que la explicación de la vida
en razón de la naturaleza condujera a la calificación de hereje y a la hoguera, como lo
ordenó la Santa Inquisición en el siglo XIII. Numerosos libros, quizá registros de
fenómenos naturales, irrumpieron en el conocimiento científico. naturales, irrumpieron
en el conocimiento científico.
3ra Persona
Principales descubrimientos
En el Renacimiento, dentro de los grandes descubrimientos, Carl von Linné (Linneo)
describió seis gusanos: Ascaris lumbricoides, Ascaris vermicularis (Enterobius
vermicularis), Gordius medinensis (Dracunculus medinensis), Fasciola hepatica, Taenia
solium y Taenia lata (Diphyllobothrium latum). En el siglo XVII, el médico inglés
Edward Tyzon detalló la anatomía de Ascaris lumbricoides, igual que el italiano
Francesco Redi. En 1674, Georgius Velschius, estudió a Dracunculus medinensis
4ta persona
En el ámbito microbiológico, Girolamo Fracastoro, en 1546, propuso la existencia de
microorganismos invisibles como causa de enfermedades, y en el siglo XVI se registró la
filariasis linfática.
En 1681, Antonj van Leeuwenhoek descubrió al protozoario Giardia lamblia en heces
diarreicas de él mismo. Francesco Redi expuso su teoría de la generación espontánea, en
la que sostenía que los organismos derivan de material inerte. Estos hallazgos fueron
apoyados por el pensamiento filosófico y humanista de Andreas Vesalio, a quien el
descrédito del dogma escolástico lo llevó a la experimentación.
La Edad Contemporánea, que comenzó en 1789 con la toma de la Bastilla, marcó el inicio
de hallazgos muy importantes para la ciencia, en especial en la parasitología. Schwann y
Schleiden desarrollaron su teoría celular entre 1838 y 1839. En 1798, el cirujano de la
armada francesa, A.J. Renoult, describió los primeros casos de hematuria en la
esquistosomiosis manifestada entre los soldados, y en ese mismo año Edward Jenner
probó su vacuna contra la viruela.
A finales del siglo XVII, Edward Tyson explicó la morfología de las tenias y su fisiología.
. Entre 1881 y 1882, Pasteur descubrió el bacilo de la tuberculosis y preparó la vacuna
contra el carbunco.
Además, en 1862, el médico francés Joseph Davaine demostró, con el uso de parásitos,
que la transmisión de Ascaris lumbricoides se debía a la ingestión de sus huevos; el
italiano Giovanni Battista Gras se infectó a mismo con huevos de Ascaris lumbricoides,
y después de varias semanas los halló en su excremento. Hacia 1922, el médico japonés
Shimesu Koino, quien también se incubó el parásito, describió su ciclo biológico.
Alrededor de 1838, el médico italiano Angelo Dubini notificó la presencia de uncinarias
en seres humanos y en 1854 Wilhelm Griesinger explicó esta enfermedad. Más adelante,
en 1879, el veterinario italiano Edoardo Perroncito describió la infección en mineros.
Arthur se infectó de manera accidental a finales de 1800 y demostró que la transmisión
tiene lugar a través de la piel. En 1821 se reconoció el papel de Trichinella spiralis en las
infecciones en cerdos, y en 1835 James Piaget descubrió que el gusano infecta al humano,
aunque el informe lo redactó Richard Owen. En 1859, Rudolf Virchow detalló la fase
adulta de este organismo y Zenker propuso que los humanos contraemos la infección al
comer carne cruda de cerdo.
En 1876, el médico francés Louis Alexis Normand dio a conocer la fase larvaria de Stro
ngyloids stercoralis y la enfermedad que produce, y la fase
adulta lo fue por el profesor Arthur René Jean Baptiste Bavay.
Durante 1901 y 1902, el médico belga Paul van Durme descubrió que la infección se
desarrolla a través de la piel, y Loos se infectó a sí mismo para demostrar que la ruta de
entrada es a través de la piel y la presencia de las larvas a los 60 días de infección.
Más adelante, en la década de 1940-1949, se demostró que en las personas
inmunosuprimidas es notablemente mayor la diseminación del parásito. En 1836, Forbes
identificó a Dracunculus medinensis en el agua y lo describió, y en 1870 se reconoció su
ciclo biológico a partir de crustáceos. El ciclo completo de Dracunculus fue descrito por
el bacteriólogo Dyneshvar Atmarán Turkhud en 1913, quien inoculó a voluntarios
humanos con Cyclops infectados.
Patrick Manson, en 1877, detalló el ciclo biológico de los nematodos que causan la filariasis; és
te es uno de los mayores hallazgos en la historia de la parasitología.
En cuanto a los trematodos, su descubrimiento (ocurrido entre 1874 y 1918) se relacionó
con Paragonimus westermani, que Ringer reconoció en pulmones humanos en 1879; en
1880, Manson y von Baelz encontraron los huevos de este parásito en el esputo, así como
de Clonorchis sinensis y especies de Opistorchis. Entre 1916 y 1922, varios japoneses
describieron la participación y los ciclos de caracoles, en particular Semisulcospira. A
mediados del siglo XIX, Küchenmeister informó las diferencias entre T. solium y T.
saginata, y en 1784, Johan August mencionó la relación con protozoarios y sus
enfermedades.
El médico ruso Friedrich Lösch descubrió el agente causal de la amebosis mediante
experimentos en perros.
Ronald Ross y David Thompson, en 1911, describieron las olas sucesivas de la
parasitemia.
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