Ahora, el alhajero. El papá de Dora le ha regalado muchas alhajas a su madre. También a Dora. Hace
algunos años hubo una gran pelea a causa de una alhaja: la mamá quería algo especial, unos aros en
forma de gota de perlas. Su padre en lugar de eso, trajo una pulsera.
Ella se puso furiosa y dijo que le regale eso a otra. El Sr. K además, le había regalado a Dora un alhajero.
Alhajero es una designación de genitales femeninos. Si el Sr. K le ha obsequiado uno, ella debería
retribuirle el regalo. En esta serie, su mama es sustituida por la Sra. K.
“Por la noche podría pasar algo que nos obligase a salir”. Si se traslada esto a un percance de la infancia,
sería mojar la cama. Para evitar que los niños hagan esto, se los despierta. Eso hace el padre en el sueño.
Se infiere que Dora mojó la cama por más tiempo que el corriente. La causa más probable es por una
masturbación infantil. Dora mojó la cama casi al momento que tuvo su primera disnea. En esa época, su
padre se había ido de viaje. Ahora bien, las acciones sintomáticas y otros indicios me llevaron a suponer
que la niña espió con las orejas una visita nocturna del padre a su mujer y lo oyó jadear en el coito. La
disnea y las palpitaciones son fragmentos desprendidos de la acción del coito. Bajo la influencia de
la coexcitacion que le sobrevino aquella vez, pudo producirse un ímpetu en la sexualidad de la pequeña,
quien sustituyo la inclinación a masturbarse por la inclinación a la angustia. Así se le repitió como ataque
de asma.
La niña resuelve a huir con su padre, huye a refugiarse en él. Del peligro presente, el padre mismo es el
culpable. Por tanto, el designio de huir de la casa no es en sí sonable sino que se asocia con otro designio
infantil: el deseo de sustituir al Sr. K por su padre. Se habría despertado una inclinación infantil hacia el
padre a fin de poder mantener en la represión el amor reprimido hacia el Sr. K.
El alhajero es el resultado de los mecanismos de condensación y desplazamiento del sueño.
CAPITULO 3: EL SEGUNDO SUEÑO
“Ando paseando por una ciudad que no conozco, veo calles y plazas. Llego a una casa donde
yo vivo, voy a mi habitación y encuentro una carta de mi mamá. Escribe que no quiso avisarme que mi
padre enfermó, que ahora murió, y “si tú quieres, puedes venir”. Me encamino a la estación ferroviaria,
pregunto unas 100 veces donde está la estación y siempre me contestan “5 minutos”. Veo después frente a
mí un bosque denso; penetro en él y pregunto a un hombre, quien dice “2 horas y media”. Me pide
acompañarme, lo rechazo y me marcho. Veo frente a mí la estación y no puedo alcanzarla. Después estoy
en casa. Me llego a la portería y pregunto al portero por nuestra vivienda. La muchacha de servicio me
abre y dice “La mamá y los otros ya están en el cementerio”.
Deambula por una ciudad, que asegura no es B. Se agregó el recuerdo de un monumento en la plaza.
Para navidad le habían enviado un álbum con postales, estaba en una cajita. Preguntó a su mama,
¿Dónde está la cajita? El remitente era una joven a quien Dora había conocido.
El deambular tiene que ver con una de las ocasiones diurnas; había recibido la visita de un primito al cual
llevó a pasear por Viena y recordaron otro momento en el cual como extranjera paseó por Dresde. Ahí otro
primo (joven ingeniero, se identifica con él porque él se esfuerza por poseer a una mujer) quiso hacer de
guía, pero lo rechazó y se fue sola deteniéndose frente a las imágenes que le gustaban. Permaneció 2
horas frente al cuadro “La Madonna”.
Preguntó unas 100 veces. Ayer el padre pidió coñac, Dora pide a su madre la llave del bar pero esta
estaba ensimismada en una conversación entonces Dora le dice “te he preguntado 100 veces dónde está