
Librodot Sigmund Freud
Obsesiones y fobias
En muchas obsesiones verdaderas es evidente que el estado emotivo es lo principal,
puesto que persiste inalterado, variando, en cambio, la idea a él asociada. Así, la sujeto de
nuestra observación número 1 tenía remordimientos muy varios: de haber robado, de haber
maltratado a sus hermanas, de haber fabricado moneda falsa, etc. Igualmente, las personas
que dudan, dudan de muchas cosas a la vez sucesivamente. El estado emotivo permanece
en estos casos invariable, mutándose, en cambio, la idea. En otros es ésta también fija,
como en la muchacha de nuestra observación número 4, que profesaba un odio
incomprensible a todas las criadas de la casa, cambiando, no obstante, de persona.
Pues bien: un escrupuloso análisis psicológico de estos casos muestra que el estado
emotivo como tal está siempre justificado. La muchacha número 1, que siente
remordimientos, tiene suficientes motivos para ello; las mujeres de la observación número
3, que dudaban de su resistencia contra las tentaciones, sabían muy bien por qué, y la
muchacha número 4, que detestaba a las criadas, tenía perfecta razón para quejarse de
ellas. El sello patológico de estos casos consiste, pues, únicamente en los dos singulares
caracteres siguientes: 1º. Que el estado emotivo se ha eternizado. 2º. Que la idea asociada
no es ya la idea justa, la idea original, relacionada con la etiología de la obsesión, sino una
idea sustitutiva de la misma.
Prueba de ello es que en los antecedentes del enfermo, y en la época inicial de la
obsesión, puede hallarse siempre la idea original, después sustituida. Tales ideas
sustituidas tienen caracteres comunes, correspondiendo a impresiones verdaderamente
penosas de la vida sexual del individuo, que éste se ha forzado en olvidar, sin conseguir
más que reemplazar la idea inconciliable por otra, poco apropiada para asociarse al estado
emotivo, el cual, por su parte, ha permanecido sin alteración. A esta forzosa conexión del
estado emotivo y la idea asociada es a la que se debe el carácter absurdo de las obsesiones.
Expondré aquí mis observaciones y daré luego como conclusión una tentativa de
explicación teórica.
Observación número 1. -Una muchacha, que se hacía reproches de haber robado,
fabricado moneda falsa, etc., según sus lecturas cotidianas, dándose, sin embargo, cuenta
de lo absurdo de tales reproches.
Rectificación de la sustitución. -Se reprochaba el onanismo, que practicaba en
secreto, sin poder renunciar a él.
Quedó curada por medio de una escrupulosa observación, que la impidió
masturbarse.
Observación número 2. -Un joven estudiante de Medicina, que padecía una
obsesión análoga. Se reprochaba múltiples actos inmorales: haber matado a su prima,
desflorado a su hermana, incendiado una casa, etc. Llegó a sentir la necesidad de volverse
continuamente en la calle para convencerse de que no había matado al transeúnte con
quien acababa de cruzarse.
Rectificación. -Había leído en un libro de divulgación médica que el onanismo, al
cual se entregaba, desmoralizaba al individuo, habiéndole impresionado mucho la noticia.
Observación número 3. -Varias mujeres que se quejaban de la obsesión de arrojarse
por la ventana, herir a sus hijos con cuchillos, tijeras, etc.
Rectificación. Tentaciones obsesivas típicas. -Tratábase de mujeres insatisfechas
en su matrimonio, que se debatían contra los deseos y las ideas voluptuosas que surgían en
ellas a la vista de otros hombres.