
contribuye esencialmente, a producir lo que se denominu
su carácter.
•*
Al comienzo de todo, en la fase primitiva oral del in-divi-
duo,
es por completo imposible distinguir entre investidura
de objeto e identificación.''' Más tarde, lo único que puede
suponerse es que las investiduras de objeto parten del ello,
que siente las aspiraciones eróticas como necesidades. El yo,
todavía endeble al principio, recibe noticia de las investidu-
ras de objeto, les presta su aquiescencia o busca defenderse
de ellas mediante el proceso de la represión.*'
Si un tal objeto sexual es resignado, porque parece que
debe serlo o porque no hay otro remedio, no es raro que
a cambio sobrevenga la alteración del yo que es preciso
describir como erección del objeto en el yo, lo mismo que
en la melancolía; todavía no nos resultan familiares las cir-
cunstancias de esta sustitución. Quizás el yo, mediante esta
introyección que es una suerte de regresión al mecanismo
de la fase oral, facilite o posibilite la resignación del objeto.
Quizás esta identificación sea en general la condición bajo la
cual el ello resigna sus objetos. Comoquiera que fuese, es
-
este un proceso muy frecuente, sobre todo en fases tempra-
nas del desarrollo, y puede dar lugar a esta concepción: el
carácter del yo es una sedimentación de las investiduras
de objeto resignadas, contiene la historia de estas eleccio-
nes de objeto. Desde luego, de entrada es preciso atribuir
a una escala de la capacidad de resistencia {Kesktenz) la
medida en que el carácter de una persona adopta estos influ-
jos provenientes de la historia de las elecciones eróticas de
objeto o se defiende de ellos. En los rasgos de carácter
de mujeres que han tenido muchas experiencias amorosas,
uno cree poder pesquis"ar fácilmente los saldos de sus inves-
tiduras de objeto. También cabe considerar una simultanei-
dad de investidura de objeto e identificación, vale decir, una
alteración del carácter antes que el objeto haya sido resig-
*' [Al final del artículo «Carácter y erotismo anal» (Freud, 1908¿),
AE, 9, pág. 158, ofrezco en una nota 'al pie ulteriores referencias a
otros pasajes en que Freud se ocupa de la formación del carácter.]
•'' [Cf. Psicología de las masas (1921í), AH, 18, pág. 99.J
" Un interesante paralelo a la sustitución de la elección de obje-
to por identificación ofrece la creencia de los primitivos de que las
propiedades del animal incorporado como alimento se conservan
como rasgos eje carácter en quien lo come, al igual que las pro-
hibiciones basadas en ella. Según es sabido, esta creencia constituye
también una de las bases del canibalismo y se continúa, dentro de
la serie de los usos del banquete totémico, hasta la Sagrada Comu-
nión. [Cf. Tólem y tabú (1912-13), AE, 13, págs. 85, 143-4, 156,
ctc.~\
Los efectos que dicha creencia atribuye al apoderamiento oral
del objeto valen para la posterior elección sexual de objeto.
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