
la madre atraviesan por tres etapas o fases y cobran los caracteres de cada una
de ellas: deseos orales, sádico-anales, y fálicos (ligazón-madre preedípica).
Subrogan tanto mociones activas como pasivas. Son ambivalentes, tanto de
naturaleza tierna como hostil-agresiva. Los síntomas histéricos derivan de
fantasías, no de episodios reales. La fantasía de seducción por el padre es la
expresión del complejo en la mujer. En la prehistoria la seductora es la madre,
quien, menester del cuidado corporal, provocó sensaciones placenteras en los
genitales.
El destino es que está ligazón con la madre se vaya a pique y de sitio a la ligazón
con el padre. El extrañamiento de la madre se produce con hostilidad, y acaba en
odio. Una parte de él se supera y otra permanece. Se reprocha haber suministrado
poca leche (falta de amor); el ansia del niño es insaciable, y nunca se consoló por
la pérdida del pecho. Se le reprocha el hermanito, al cual se le dio el alimento que
se le sacó a él. Se siente destronado, arroja un odio celoso sobre el hermano y
desarrolla hacia la madre infiel una desobediencia e involuciona sobre el gobierno
de las excreciones. El niño exige exclusividad, no admite ser compartido. Una
fuente de la hostilidad lo proporcionan los múltiples deseos sexuales, variables de
acuerdo con la fase libidinal, que no son satisfechos. Pero estos factores ocurren
en ambos niño y niña, sin producir la misma enajenación en el niño con la madre.
Cuando la madre prohíbe el quehacer placentero de los genitales (en la etapa
fálica), y el niño erige el Complejo de Castración, la diferencia anatómica entre los
sexos se imprime en consecuencias psíquicas. La niña hace responsable a la
madre de su falta de pene y no le perdona ese perjuicio.
En el varón el Complejo de Castración surge por la visión de los genitales
femeninos, y darse cuenta que el miembro no es necesario en el cuerpo. Empieza
a creer en las amenazas, y cae bajo el influjo de la angustia de castración. En la
niña se inicia por la visión de los genitales del varón, se siente perjudicada, le
gustaría tener algo así, cae presa de la envidia del pene que deja huellas
imborrables en su desarrollo y en la formación de su carácter. Se aferra al deseo
de tener algo así, y conserva este deseo en lo inconsciente, reteniendo una
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