
Organización genital infantil
La diferencia con la organización pre genital reside solo en el hecho de que la unificación de las pulsiones parciales y
su subordinación al primado de los genitales no son establecidas en la infancia, o lo son de manera muy incompleta.
Por tanto, la instauración de ese primado a servicio de la reproducción es la última fase por la que atraviesa la
organización sexual. Luego se retracta y plantea sobre que el primado de los genitales no se consuma en la primera
infancia o que o hace de manera incompleta, si bien no alcanza una verdadera unificación de pulsiones parciales bajo
el primado de los genitales, en el apogeo del proceso de desarrollo de la sexualidad infantil el interés por los
genitales y el quehacer genital cobra una significación dominante, que poco le va en extremo a la de la edad adulta.
El carácter principal de esta organización genital infantil es, al mismo tiempo, su diferencia respecto de la
organización genital definitiva de adulto. Reside en que, para ambos sexos, solo desempeña un papel un genital, el
masculino. Por tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo. Los varoncitos desconocen esta falta;
creen ver un miembro a pesar de todo, hacen compatible la contradicción entre observación y prejuicio mediante el
engaño de que es pequeño y que ya va a crecer, y después, poco a poco, llegan a la conclusión de que estuvo
presente y fue removido, la falta de pene es entendida como resultado de una castración. El niño cree solo personas
despreciables del sexo femenino probablemente culpables de las mismas mociones prohibidas en el que él mismos
incurrió, habrían perdido el genital. Pero las personas respetables como lo es su madre siguen conservando pene.
Solo más tarde, cuando aborda que solo mujeres pueden parir hijos, también la madre perderá el pene, y
comenzaran teorías complejísimas de como destinadas a explicar el trueque del pene por el hijo. Como por ejemplo
que vive en el intestino y es parido por el ano.
En el estadio de la organización pre genital sádico-anal no se haba de masculino o femenino sino de pasivo o activo.
En el siguiente, la organización genital infantil, hay algo masculino pero no femenino, la oposición se da con un
genital masculino o castrado. Solo en la culminación del desarrollo de la época de la pubertad, la polaridad sexual
coincide con lo masculino y femenino. Lo masculino reúne el sujeto, la actividad y la posesión del pene; lo femenino
el objeto la pasividad. La vagina es apreciada como albergue del pene, y recibe la herencia del vientre materno.
El sepultamiento del complejo de Edipo
El complejo de Edipo revela cada vez más su significación como fenómeno central del periodo sexual de la primera
infancia. Después cae sepultado y es seguido por el periodo de latencia. La niñita, que quiere considerarse la amada
predilecta de su padre, forzosamente tendrá que vivencia alguna reprimenda por parte de él, y se verá arrojada de
los cielos,. El varoncito, que considera a la madre como s propiedad, hace la experiencia de que ella le quita amor y
cuidados para entregárselos a un recién nacido. Así, el complejo de Edipo iría hacia al fracaso como resultado de su
imposibilidad interna. La organización genital fálica del niño tiene el fundamento a raíz de la amenaza de castración.
La autoridad del padre, o de ambos progenitores, incorporada en el yo, forma ahí el núcleo del superyó, que toma
prestado del padre la severidad, eternizar la prohibición del incesto y, así, asegura al yo contra el retorno de la
posesión libidinosa de objeto. Todo este proceso salvo a los genitales, alejó el peligro de la pérdida y canceló su
función. Con este proceso se inicia el periodo de latencia, que viene a interrumpir el desarrollo sexual del niño.
Este proceso no es solo una represión; sino a una destrucción y cancelación del complejo. También el sexo femenino
desarrollara un complejo de Edipo, un superyó y un periodo de latencia, además de una organización fálica y un
complejo de castración, pero no de igual manera. El clítoris de la niñita se comporta al comienzo en un todo como un
pene, pero, por la comparación, percibe que es demasiado corto y siente inferioridad, se consuela con la idea de que
ya va a crecer. Comprende su falta actual mediante el supuesto de que una vez poseyó y lo perdió por castración y a
otras mujeres le atribuye un genital grande y completo, es decir, masculino. Excluida de la angustia de la castración,
está ausente también un poderoso motivo para instituir el superyó e interrumpir la organización genital infantil. Su
complejo de Edipo culmina en el deseo de recibir como regalo un hijo del padre, es abandonado poco a poco ya que
este no se cumple nunca.
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