1
Final Psicoanálisis II
El texto “Más allá del principio de placer” (1920) se lo considera importante entre la bibliografía
de Freud porque revisa toda la concepción que tenía hasta ese momento de lo que era el aparato
anímico, como funcionaba y los principios que lo regían. Y también hace una revisión de la teoría
de las pulsiones. En la primera tópica freudiana se plantea un aparato psíquico con distintas
instancias consiente, preconsciente e inconsciente, estas poseen reglas y modos de
funcionamiento. Y no tiene un lugar físico en donde pueda observarse. En un primer momento
Freud nos dice que este aparato psíquico funciona subiendo y bajando la tensión a través del
principio de placer. Pero este principio luego es relevado por el principio de realidad, que sin
resignar la ganancia de placer, pospone la satisfacción y tolera provisoriamente el displacer en el
rodeo hacia el placer en la realidad.
En el capítulo I Freud hace una exposición metapsicológica del Psicoanálisis en el sentido
económico. Se focaliza en las sensaciones de placer y displacer, entendiendo a estos conceptos
como la cantidad de excitación presente en la vida anímica, a el displacer corresponde a un
incremento de esa cantidad y el placer a una reducción de ella. Hasta ese momento Freud piensa
que todos los procesos anímicos están regidos por el principio de placer (que consiste en alejarse o
evitar el displacer para buscar el placer), Freud cree esto porque plantea la hipótesis de que el
aparato anímico se afana por mantener lo más baja posible, o constante, la cantidad de excitación
presente en él. Entonces si el trabajo del aparato anímico se empeña en mantener baja la cantidad
de excitación, todo lo que la incremente se sentirá como displacentero. Pero Freud expone unas
líneas abajo en el texto que es incorrecto hablar de un imperio del principio de placer sobre el
decurso de los procesos anímicos, dice que en el alma hay una tendencia al principio de placer
pero que ciertas fuerzas la contrarían, de suerte que el resultado final no es siempre la tendencia al
placer. Sabemos que el principio de placer es un modo de trabajo primario del aparato psíquico y
el primer caso de una inhibición del principio de placer tiene carácter de una ley. Bajo el influjo de
las pulsiones de autoconservación del yo, es revelado por el principio de realidad, que sin resignar
el propósito de una ganancia final de placer pospone la satisfacción, renuncia a diversas
posibilidades de lograrla y tolera provisoriamente el displacer en el largo rodeo hacia el placer.
En resumidas cuentas se podría decir que Freud plantea un relevo del principio de placer por el de
realidad y hace una serie de objeción que contrarían al principio de placer. Una de las objeciones
es el mismo principio de realidad ya que tolera el displacer para alcanzar el placer en la realidad
mediante un rodeo, luego están las pulsiones parciales o las escisiones del yo, que en el desarrollo
de algunas aspiraciones pulsionales entran en contradicción con el resto del yo, entonces son
escindidas y reprimidas. Pero cuando estas pulsiones parciales reprimidas buscan y encuentran
satisfacción mediante caminos colaterales el yo lo siente como displacer. Después Freud nos habla
de la neurosis traumática común y la neurosis de guerra, en la neurosis traumática común se
destacan dos rasgos 1) que el centro de gravedad de la causación parece situarse en el factor
sorpresa, terror y 2) que un daño físico contrarresta en la mayoría de los casos la producción de la
neurosis. Freud define angustia como un estado de expectativa frente al peligro y preparación para
él, aunque el peligro es desconocido; el miedo requiere un objeto determinado y el terror es el
¿Qué dice en el texto de Freud
sobre la primera tópica?
¿Cómo caracteriza
al principio de
placer?
¿Qué dice del relevo
del principio de placer
por el de realidad?
Definición
terror, miedo
y angustia
2
estado en el que se cae cuando se corre un peligro sin estar preparado: destaca el factor sorpresa.
Este autor expone que la vida onírica de la neurosis traumática reconduce al enfermo, una y otra
vez, a la situación de su accidente, del cual despierta con renovado terror. El enfermo queda fijado
psíquicamente al trauma. Tales fijaciones a la vivencia que desencadeno la enfermedad se
encuentran también en la histeria. La otra objeción que contraria el principio de placer son los
sueños de la neurosis de guerra. Esta objeción contradice la doctrina de que el sueño es el
cumplimiento de un deseo ya que los sujetos con neurosis de guerra sueñan con las vivencias
traumáticas y se reiteran. La tercera objeción que se plantea en el texto es el análisis del juego
infantil, que consiste en un juego autocreado de un varoncito de un años y medio que tenía una
buena relación con sus padres, no los molestaba durante la noche, obedecía las prohibiciones
impuestas y no lloraba cunado su madre lo abandonaba durante varias horas. Este buen niño
exhibía el hábito de arrojar lejos de si todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance, y al
hacerlo decía <<o-o-o-o>> (esto significaba fort: se fue). Un día Freud observo que el niño tenía
un carretel de madera atado con un piolín y arrojaba el carretel tras su cunita haciendo desaparecer
el objeto, luego el niño decía <<o-o-o-o>>. Después volvía a sacar el carretel de la cuna
profiriendo con un amistoso <<Da>> (acá esta). Ese era el juego completo desaparecer y aparecer.
La más de las veces solo había repetido el primer acto aunque el mayor placer correspondía al
segundo. La interpretación del juego se entrama con el gran logro cultural del niño: su renuncia
pulsional (renuncia a la satisfacción pulsional) de admitir sin protestas la partida de la madre. Se
resarcía escenificando por mismo ese desaparecer y regresar. Este relato Freud lo utiliza para
dar cuenta de la segunda tópica y se basa en la compulsión a la repetición. Además vemos que
Freud pone al lenguaje en un lugar muy importante en este relato porque el lenguaje es la
condición para que se constituya el aparato psíquico neurótico. El niño para poder ser analizado
por Freud debe poder decir fonemas (ej.: o-o-o-o), que en un primer momento este fonema
contendrá todas las palabras. La partida de la madre hace posible que el niño hable. También
Freud nos dice que el niño ingresa a la cultura (refiriéndose a una renuncia pulsional) debido a que
incorpora el lenguaje.
En el capítulo III del texto Freud plantea que para el psicoanalista no había otra aspiración que la
de colegir, reconstruir y comunicaren el momento oportuno lo inconsciente oculto para el
enfermo. Pero como esto no solucionaba la terea terapéutica se planteó otro propósito inmediato
para el psicoanálisis, que era instar al enfermo a corroborar la construcción mediante su propio
recuerdo. A raíz de este empeño, el centro de gravedad recayó en las resistencias de aquel; el arte
consistía ahora en descubrirlas a la brevedad, en mostrárselas y, por medio de la influencia
humana (este era el lugar de la sugestión, que actuaba como «trasferencia»), moverlo a que las
resignase. Después, se vio que la meta propuesta, el devenir-conciente de lo inconciente, tampoco
podía alcanzarse plenamente por este camino. El enfermo puede no recordar todo lo que hay en él
de reprimido. El enfermo se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez de
recordarlo, como el médico preferiría, en calidad de fragmento del pasado. Esta reproducción, que
emerge con fidelidad no deseada, tiene siempre por contenido un fragmento de la vida sexual
infantil y, por tanto, del complejo de Edipo y sus ramificaciones; y regularmente se juega {se
escenifica} en el terreno de la trasferencia, esto es, de la relación con el médico. Cuando en el
tratamiento las cosas se han llevado hasta este punto, puede decirse que la anterior neurosis ha
sido sustituida por una nueva, una neurosis de trasferencia. El medico tiene que dejarle revivenciar
Vida onírica de la neurosis
traumática y su relación con
la histeria
¿Cuál es el relato
para dar cuenta de
la segunda tópica?
¿Qué lugar tiene el
lenguaje en el
relato de Freud?
3
cierto fragmento de su vida olvidada, cuidando que al par que lo hace conserve cierto grado de
reflexión en virtud del cual esa realidad aparente pueda individualizarse cada vez como reflejo de
un pasado olvidado. Con esto se habrá ganado el convencimiento del paciente y el éxito
terapéutico que depende de aquel. Para hallar más inteligible esta «compulsión de repetición» que
se exterioriza en el curso del tratamiento psicoanalítico de los neuróticos, es preciso ante todo
librarse de un error, a saber, que en la lucha contra las resistencias uno se enfrenta con la
resistencia de lo «inconciente». Lo inconciente, vale decir, lo «reprimido», no ofrece resistencia
alguna a los esfuerzos de la cura; y aun no aspira a otra cosa que a irrumpir hasta la o hasta la
descarga. La resistencia en la cura proviene de los mismos estratos y sistemas superiores de la vida
psíquica que en su momento llevaron a cabo la represión. La resistencia del yo concierne y
preconciente está al servicio del principio de placer. En efecto: quiere ahorrar el displacer que se
excitaría por la liberación de lo reprimido, en tanto nosotros nos empeñamos en conseguir que ese
displacer se tolere invocando el principio de realidad. Ahora, ¿qué relación guarda con el principio
de placer la compulsión de repetición, la exteriorización forzosa de lo reprimido? Es claro que, las
más de las veces, lo que la compulsión de repetición hace revivenciar no puede menos que
provocar displacer al yo, puesto que saca a luz operaciones de mociones pulsionales reprimidas.
Empero, ya hemos considerado esta clase de displacer: no contradice al principio de placer, es
displacer para un sistema y satisfacción para el otro. Pero el hecho nuevo y asombroso que ahora
debemos describir es que la compulsión de repetición devuelve también vivencias pasadas que no
contienen posibilidad alguna de placer, que tampoco en aquel momento pudieron ser
satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas desde entonces. A modo de
síntesis se podría decir que para Freud el nuevo hecho asombroso es que hay una representación
que nunca fue placentera para ningún sistema.
E1 florecimiento temprano de la vida sexual infantil estaba destinado a sepultarse porque sus
deseos eran inconciliables con la realidad y por la insuficiencia de la etapa evolutiva en que se
encontraba el niño. Ese florecimiento se fue a pique a raíz de las más penosas ocasiones y en
medio de sensaciones hondamente dolorosas. La pérdida de amor y el fracaso dejaron como
secuela un daño permanente del sentimiento de sí, en calidad de cicatriz narcisista. El vínculo
tierno establecido casi siempre con el progenitor del otro sexo sucumbió al desengaño, a la vana
espera de una satisfacción, a los celos que provocó el nacimiento de un hermanito, prueba
indubitable de la infidelidad del amado o la amada; su propio intento, emprendido con seriedad
trágica, de hacer él mismo un hijo así, fracasó vergonzosamente; el retiro de la ternura que se
prodigaba al niñito, la exigencia creciente de la educación, palabras serias y un ocasional castigo
habían terminado por revelarle todo el alcance del desaire que le reservaban. Así llega a su fin el
amor típico de la infancia; su ocaso responde a unos pocos tipos, que aparecen con regularidad.
Los neuróticos repiten en la trasferencia todas estas ocasiones indeseadas y estas situaciones
afectivas dolorosas. Se afanan por interrumpir la cura incompleta, saben procurarse de nuevo la
impresión del desaire, fuerzan al médico a dirigirles palabras duras y a conducirse fríamente con
ellos, hallan los objetos apropiados para sus celos, sustituyen al hijo tan ansiado del tiempo
primordial por el designio o la promesa de un gran regalo, casi siempre tan poco real como aquel.
Nada de eso pudo procurar placer entonces. Se trata de la acción de pulsiones que estaban
destinadas a conducir a la satisfacción; pero ya en aquel momento no la produjeron, sino que
¿Cuál es el
nuevo hecho
asombroso?
¿Qué dice de la repetición
de los neuróticos en la
transferencia?
4
conllevaron únicamente displacer. Es experiencia se hizo en vano. Se la repite a pesar de todo; una
compulsión esfuerza a ello.
En vista de estas observaciones relativas a la conducta durante la trasferencia y al destino fatal de
los seres humanos, osaremos suponer que en la vida anímica existe realmente una compulsión de
repetición que se instaura más allá del principio de placer. Y ahora nos inclinaremos a referir a ella
los sueños de los enfermos de neurosis traumática y la impulsión al juego en el niño.
A partir del capítulo IV Freud expone que todo es especulación. Comienza hablando del sistema
conciente y preconciente, y se pone biologisista. Luego comenta acerca de las vivencias
traumáticas, que son excitaciones externas que poseen fuerza suficiente para perforar la
protección antiestímulo. Creo que el concepto de trauma pide esa referencia a un apartamiento de
los estímulos que de ordinario resulta eficaz. Un suceso como el trauma externo provocará una
perturbación enorme en la economía energética del organismo y pondrá en acción todos los
medios de defensa. Pero en un primer momento el principio de placer quedará abolido. Ya no
podrá impedirse que el aparato anímico resulte anegado por grandes volúmenes de estímulo;
entonces, la tarea planteada es más bien esta otra: dominar el estímulo, ligar psíquicamente los
volúmenes de estímulo que penetraron violentamente a fin de conducirlos, después, a su
tramitación. Es probable que el displacer específico del dolor corporal se deba a que la protección
antiestímulo fue perforada en un área circunscrita. Y entonces, desde este lugar de la periferia
afluyen al aparato anímico central excitaciones continuas, como las que por lo regular sólo podrían
venirle del interior del aparato. ¿Y qué clase de reacción de la vida anímica esperaríamos frente a
esa intrusión? De todas partes es movilizada la energía de investidura a fin de crear una
investidura energética de nivel correspondiente. Se produce una enorme «contrainvestidura» en
favor de la cual se empobrecen todos los otros sistemas psíquicos, de suerte que el resultado es
una extensa parálisis o rebajamiento de cualquier otra operación psíquica.
En este mismo capítulo Freud nos habla de las neurosis traumáticas común y las concibe como el
resultado de una vasta ruptura de la protección antiestimulo. Freud busca comprender el efecto de
la neurosis traumática por la ruptura de la protección antiestímulo del órgano anímico y las tareas
que ello plantea. Pero también el terror conserva para Freud su valor. Tiene por condición la falta
del apronte angustiado este último conlleva la sobreinvestidura de los sistemas que reciben
primero el estímulo. A raíz de esta investidura más baja, pues, los sistemas no están en buena
situación para ligar los volúmenes de excitación sobrevinientes, y por eso las consecuencias de la
ruptura de la protección antiestímulo se producen tanto más fácilmente. Descubrimos, así, que el
apronte angustiado, con su sobreinvestidura de los sistemas recipientes, constituye la última
trinchera de la protección antiestímulo. En toda una serie de traumas, el factor decisivo para el
desenlace quizá sea la diferencia entre los sistemas no preparados y los preparados por
sobreinvestidura; claro que a partir de una cierta intensidad del trauma, esa diferencia dejará de
pesar. Si en la neurosis traumática los sueños reconducen tan regularmente al enfermo a la
situación en que sufrió el accidente, es palmario que no están al servicio del cumplimiento de
deseo, cuya producción alucinatoria devino la función de los sueños bajo el imperio del principio
de placer. Pero tenemos derecho a suponer que por esa vía contribuyen a otra tarea que debe
resolverse antes de que el principio de placer pueda iniciar su imperio. Estos sueños buscan
recuperar el dominio sobre el estímulo por medio de un desarrollo de angustia cuya omisión causó
la neurosis traumática. Nos proporcionan así una perspectiva sobre una función del aparato
¿Qué dice sobre el
displacer específico
del dolor corporal?
¿Cómo concibe a la
neurosis
traumática?
¿Qué comenta acerca
de los sueños de la
neurosis traumática?
5
anímico que, sin contradecir al principio de placer, es empero independiente de él y parece más
originaria que el propósito de ganar placer y evitar displacer. Despues Freud expone que a las
«neurosis de guerra» bien podría tratarse de neurosis traumáticas facilitadas por un conflicto en el
yo. Las posibilidades de contraer neurosis se reducen cuando el trauma es acompañado por una
herida física. La violencia mecánica del trauma liberaría el quantum de excitación sexual, cuya
acción traumática es debida a la falta de apronte angustiado; y, por otra parte, la herida física
simultánea ligaría el exceso de excitación al reclamar una sobreinvestidura narcisista del órgano
doliente.
Ya en el capítulo V Freud Las excitaciones que ingresan al aparato sin el resguardo de la
protección, adquieren la mayor importancia económica y dan lugar a perturbaciones. Las fuentes
de esa excitación interna son las pulsiones: los representantes de todas las fuerzas eficaces del
interior del cuerpo que se transfieren al aparato anímico. Las mociones pulsionales obedecen al
proceso vil. En el icc las investiduras pueden transferirse, desplazarse y condensarse. Se llama
proceso psíquico primario a la modalidad de estos procesos que ocurren en el icc, a diferencia del
proceso secundario, que rige nuestra vida normal de vigilia. Debido a que todas las mociones
pulsionales afectan a los sistemas icc, obedecen al proceso psíquico primario; y por otra parte, este
se identifica con la investidura móvil y el proceso secundario con las alteraciones de la investidura
ligada. La tarea de los estratos superiores del aparato anímico sería ligar la excitación de las
pulsiones que entra en operación en el proceso primario. El fracaso de esta ligazón provocaría una
perturbación análoga a la neurosis traumática; solo tras una ligazón lograda podría establecerse el
principio de placer. Las exteriorizaciones de una compulsión de repetición muestran en alto grado
un carácter pulsional y se encuentran en oposición al principio de placer. En el caso del juego
infantil, el niño repite la vivencia displacentera porque mediante su actividad consigue un dominio
sobre la impresión intensa que el que era posible en el vivenciar pasivo. Cada nueva repetición
parece perfeccionar ese dominio; pero la repetición de vivencias placenteras será bastante para el
niño. En el adulto la novedad es condición de goce, la repetición no. En cambio, en el niño se
muestra firme a la repetición. La repetición, el reencuentro de la identidad, constituye una fuente
de placer. En el análisis la compulsión de repetición de la transferencia se sitúa más allá del
principio de placer. El enfermo se comporta de manera infantil, muestra que las huellas mnémicas
reprimidas de sus vivencias de tiempo primordial subsisten en estado no ligado y son
insusceptibles de proceso secundario. La compulsión a la repetición es un carácter universal de las
pulsiones. Una pulsión es un esfuerzo, inherente a lo vivo, de reproducir un estado anterior que lo
vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas.
En el capítulo VI las pulsiones sexuales son llamadas así por su relación con los sexos y con la
función de reproducción. Con la tesis de la libido narcisista y el concepto de libido, la pulsión
sexual se convirtió en Eros, que procura esforzar las partes de la sustancia viva unas hacia otras y
unirlas; y las llamadas pulsiones sexuales aparecieron como la parte de este Eros vuelta hacia el
objeto. Eros actúa desde el comienzo de la vida como "pulsión de vida", entra en oposición con la
"pulsión de muerte" nacida por la animación de lo inorgánico. Llamamos pulsiones yoicas a
aquellas orientaciones pulsionales que podían diferenciarse de las pulsiones sexuales dirigidas al
objeto; pusimos las pulsiones yoicas en oposición a las pulsiones sexuales. Más tarde entramos en
el análisis del yo y aclaramos que una parte de las pulsiones yoicas es de naturaleza libidinosa y
¿Qué die sobre la
posibilidad de contraer
neurosis traumática?
Relación neurosis
traumática y
pulsión
¿Cómo se entrama lo
pulsional con la compulsión
de repetición?
¿Cuál es el
nuevo dualismo
pulsional?
6
toma por objeto al yo propio. Estas pulsiones de autoconservación narcisistas debieron
computarse, entonces, entre las pulsiones sexuales libidinosas. La oposición entre pulsiones yoicas
y pulsiones sexuales se convirtió en la que media entre pulsiones yoicas y pulsiones de objeto,
ambas de naturaleza libidinosas. Pero en su lugar surgió una nueva oposición entre pulsiones
libidinosas (yoica y de objeto) y otras que están en el interior del yo y quizá puedan indagar en las
pulsiones de destrucción. La especulación convirtió esta oposición en la que media entre pulsiones
de vida y pulsiones de muerte.
¿Qué comenta acerca de los
procesos primarios y secundarios,
y de la energía ligada y no ligada?
final psianalisis II.docx
browser_emoji Estamos procesando este archivo...
browser_emoji Lamentablemente la previsualización de este archivo no está disponible. De todas maneras puedes descargarlo y ver si te es útil.
Descargar
. . . . .