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cierto fragmento de su vida olvidada, cuidando que al par que lo hace conserve cierto grado de
reflexión en virtud del cual esa realidad aparente pueda individualizarse cada vez como reflejo de
un pasado olvidado. Con esto se habrá ganado el convencimiento del paciente y el éxito
terapéutico que depende de aquel. Para hallar más inteligible esta «compulsión de repetición» que
se exterioriza en el curso del tratamiento psicoanalítico de los neuróticos, es preciso ante todo
librarse de un error, a saber, que en la lucha contra las resistencias uno se enfrenta con la
resistencia de lo «inconciente». Lo inconciente, vale decir, lo «reprimido», no ofrece resistencia
alguna a los esfuerzos de la cura; y aun no aspira a otra cosa que a irrumpir hasta la o hasta la
descarga. La resistencia en la cura proviene de los mismos estratos y sistemas superiores de la vida
psíquica que en su momento llevaron a cabo la represión. La resistencia del yo concierne y
preconciente está al servicio del principio de placer. En efecto: quiere ahorrar el displacer que se
excitaría por la liberación de lo reprimido, en tanto nosotros nos empeñamos en conseguir que ese
displacer se tolere invocando el principio de realidad. Ahora, ¿qué relación guarda con el principio
de placer la compulsión de repetición, la exteriorización forzosa de lo reprimido? Es claro que, las
más de las veces, lo que la compulsión de repetición hace revivenciar no puede menos que
provocar displacer al yo, puesto que saca a luz operaciones de mociones pulsionales reprimidas.
Empero, ya hemos considerado esta clase de displacer: no contradice al principio de placer, es
displacer para un sistema y satisfacción para el otro. Pero el hecho nuevo y asombroso que ahora
debemos describir es que la compulsión de repetición devuelve también vivencias pasadas que no
contienen posibilidad alguna de placer, que tampoco en aquel momento pudieron ser
satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas desde entonces. A modo de
síntesis se podría decir que para Freud el nuevo hecho asombroso es que hay una representación
que nunca fue placentera para ningún sistema.
E1 florecimiento temprano de la vida sexual infantil estaba destinado a sepultarse porque sus
deseos eran inconciliables con la realidad y por la insuficiencia de la etapa evolutiva en que se
encontraba el niño. Ese florecimiento se fue a pique a raíz de las más penosas ocasiones y en
medio de sensaciones hondamente dolorosas. La pérdida de amor y el fracaso dejaron como
secuela un daño permanente del sentimiento de sí, en calidad de cicatriz narcisista. El vínculo
tierno establecido casi siempre con el progenitor del otro sexo sucumbió al desengaño, a la vana
espera de una satisfacción, a los celos que provocó el nacimiento de un hermanito, prueba
indubitable de la infidelidad del amado o la amada; su propio intento, emprendido con seriedad
trágica, de hacer él mismo un hijo así, fracasó vergonzosamente; el retiro de la ternura que se
prodigaba al niñito, la exigencia creciente de la educación, palabras serias y un ocasional castigo
habían terminado por revelarle todo el alcance del desaire que le reservaban. Así llega a su fin el
amor típico de la infancia; su ocaso responde a unos pocos tipos, que aparecen con regularidad.
Los neuróticos repiten en la trasferencia todas estas ocasiones indeseadas y estas situaciones
afectivas dolorosas. Se afanan por interrumpir la cura incompleta, saben procurarse de nuevo la
impresión del desaire, fuerzan al médico a dirigirles palabras duras y a conducirse fríamente con
ellos, hallan los objetos apropiados para sus celos, sustituyen al hijo tan ansiado del tiempo
primordial por el designio o la promesa de un gran regalo, casi siempre tan poco real como aquel.
Nada de eso pudo procurar placer entonces. Se trata de la acción de pulsiones que estaban
destinadas a conducir a la satisfacción; pero ya en aquel momento no la produjeron, sino que
¿Qué relación se establece
entre la compulsión de
repetición y el principio
de placer?
¿Cuál es el
nuevo hecho
asombroso?
¿Qué dice de la repetición
de los neuróticos en la
transferencia?